~ I N D I C E ~
Hemos subido nuevos vídeos en nuestra página, si quieres acceder a ellos, pincha en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/user/2afundacion
☼ T E M A S
» TEMA 1: EL HOMBRE NUEVO
» TEMA 2: LA EDUCACION MENTA Y SUPRAMENTAL
» TEMA 3: ¿UN GUIA PARA ESTOS TIEMPOS?
» TEMA 4: LA FE Y LA DUDA
» TEMA 5: ¿POR QUÉ NUESTRO MUNDO FUE CREADO CON LA PRESENCIA DEL DOLOR, EL SUFRIMIENTO Y LA MUERTE?
» TEMA 6: EL ASCENSO DE LA VIDA
» TEMA 7: UN ENCUENTRO QUE CAMBIARIA EL MUNDO
» TEMA 8: EL ESPIRITU REVOLUCIONARIO
» TEMA 9: SOCIOLOGIA DE LA NUEVA HUMANIDAD
» TEMA 10: LAS ONCE ACTITUDES BASICAS DEL SADHAKA
» TEMA 11: LAS NUEVE ACTITUDES DE LA SADHAKA DIARIA
» TEMA 12: ACERCA DE LA MEDITACION
» TEMA 13: LOS PELIGROS DE LA ZONA INTERMEDIA
» TEMA 14: EL VALLE DEL FALSO RESPLANDOR
» TEMA 15: LA EVOLUCION MAS ALLA DEL HOMBRE
» TEMA 16: EL ORIGEN Y EL REMEDIO DE LA FALSEDAD, EL ERROR, LA EQUIVOCACIÓN Y EL MAL
» TEMA 17: NUESTRO ESFUERZO CONSISTIÓ......
» TEMA 18: CARTA A BARIN
» TEMA 19: LA FE DEL GUERRERO ARIO
» TEMA 20: EL DESCUBRIMIENTO SUPREMO
» TEMA 21: LA SUPERMENTE Y LA VIDA DIVINA
» TEMA 22: ¿NINGUN DESEO?...
» TEMA 23: EL VIAJE DEL ALMA
» TEMA 24: UN NUEVO COMIENZO PARA NOSOTROS
» TEMA 25: REFUNDACION
» TEMA 26: EL ALIMENTO ESPIRITURAL
» TEMA 27: ESPACIO Y TIEMPO
» TEMA 28: LA VIDA ES UNA EVOLUCION DE LA CONSCIENCIA
» TEMA 29: EL PURO EXISTENTE
☼ D O C U M E N T O S
» DOCUMENTO I: ENTREVISTA A SRI AMAL KIRAN
» DOCUMENTO II: CONMEMORACION DE SRI AUROBINDO EN LA SORBONA (5 DE DICIEMBRE DE 1955) EXTRACTOS
» DOCUMENTO III: EL CAMINO
» DOCUMENTO IV: LA PRIMERA EXPERIENCIA MEDITATIVA DE SRI AUROBINDO
» DOCUMENTO V: DOCE DIAS TRANQUILOS
◘◘◘◘◘◘◘◙◘◘◘◘◘◘◘
- T E M A S -
TEMA 1: « EL HOMBRE NUEVO »
La idea del prototipo del “hombre nuevo”, ha creado recientemente muchas discusiones con no muy buenos resultados. El hombre normal es propenso a resentirse por sta “denominación”, ya que presiente como si fuera privilegio de unos pocos ascender a las alturas para dominar a los demás, por algún poder limitador de la dignidad o libertad humana.
Es como si el Hombre nuevo fuera una glorificación de un raro y solitario superego, que ha superado a los otros en las cualidades humanas.
No obstante este significado del Hombre nuevo, no es más que una parodia intolerante y mezquina. El evangelio de esta verdadera humanidad nos lo presenta como el ideal magnánimo, misericordioso y noble para toda la raza humana en vías de desarrollo. El Hombre nuevo es el fruto del equerimiento hecho al hombre mismo por la evolución de la Naturaleza hacia lo Superior, y que ya casi se adivina. Y cuando eso se imagina y se comprende, es la Idea que llega a ser la semilla más potente que queda ser sembrada en la tierra, para un nuevo crecimiento.
AUTORECONOCIMIENTO
El Hombre nuevo puede auto reconocerse por un mandato (algo que sabe) esencialmente interno; es como una ley secreta de su Unidad que conoce la ley de otro ser y la del ser del mundo.
Siente una NECESIDAD que le compele y obliga a realizar sus grandes posibilidades propias, por un mandato divino que le llega a la superficie mental pero en esencia es un impulso interno de su alma que busca exteriorizarse en el individuo.
“Tenemos entonces dos principios en la Vida: la necesidad o la voluntad del ego separado de sobrevivir en su distinción y conservar su identidad, y la compulsión impuesta por la Naturaleza de fundirse con los demás”
Pero Dios es muy complejo y la tentación del intelecto humano es buscar el camino más corto y fácil hacia la Naturaleza Superior. Por lo que generalmente optamos por dedicarnos compulsivamente a algún trabajo relacionado con la ayuda o el amor que satisfaga temporalmente nuestros impulsos. O bien buscamos nuestra salvación individual, escapando al cielo en un acto de supremo egoísmo, dejando a los demás abandonados en la tierra. Si los más preparados pretendieran escaparse de esta manera liberándose a ellos mismos, que sería de los menos preparados, abandonados a su suerte en esta tierra. El hombre nuevo siente la necesidad de quedarse en esta tierra hasta que la última alma humana sea liberada del yugo de la esclavitud.
“Sin embargo, ésta no puede ser la última etapa; esa sólo puede alcanzarse cuando se armonicen los dos principios, cuando el individuo pueda persistir en la conciencia de su individualidad y con todo fundirse con los demás sin alteración del preservador equilibrio ni interrupción de la supervivencia.”
EL DESCUBRIMIENTO DEL AMOR
¿Qué puede ser más divino que el amor? Pero la adoración y la devoción son impotentes por sí solas para resolver las discordias del mundo. “
La asociación con el amor como su principio secreto y su emergente cima es el modelo, el poder de esta nueva relación y, por lo tanto, el principio rector del desarrollo en el tercer estado de la vida. La preservación consciente de la individualidad junto con la conscientemente aceptada necesidad y deseo de intercambio, auto-entrega y fusión con otros individuos, es necesaria para el funcionamiento del principio del amor; pues si queda abolida, la actividad del amor cesa, cualquiera sea el lugar que tome”
Jesús, El CRISTO el Avatar adorado del Amor, es un ejemplo Divino, su memoria es luminosa e imperecedera. Pero seguirá siendo ineficaz para nosotros y para la vida hasta que no lo bajemos de la Cruz y armonicemos la adoración y devoción con el resto de las cualidades Divinas que son necesarias para nuestro desarrollo hacia el hombre nuevo.
Dios no solo es Amor; otro de los nombres de Dios es Conocimiento. Cuando en el Templo que adoramos o en la ONG que trabajamos le cerramos las puertas al Poder del Conocimiento (error que cometemos continuamente), esterilizamos nuestras raíces secretas y secamos el pozo de nuestra vida interior, convertimos la Unidad en un cero inexistente y encontraremos al final que nuestro loto del corazón está embotado, muerto o marchitado, descubrimos que hemos alcanzado la muerte y no la gran existencia.
Y todo esto ocurre porque no hemos reconocido la complejidad del enigma que debemos resolver aquí.
Generamos contradicciones y oposiciones entre las palabras AMOR, PODER, CONOCIMIENTO, etc., y todos estos nombres son Dios. El enigma se resuelve armonizando los contrarios, viendo la real UNIDAD en los opuestos. El Amor por sí solo no puede resolver las discordias del mundo, ni puede impulsar tu naturaleza hacia su transmutación .
“Los individuos y los agregados (grupos de individuos), que desarrollan primordialmente la ley de asociación y la ley de amor, de ayuda común, bondad, afecto, camaradería, unidad, que armonizan más exitosamente la supervivencia y mutua auto-entrega, el grupo que incrementa al individuo y viceversa, y el individuo que incrementa al individuo y el grupo que hace lo propio con otro grupo, mediante intercambio mutuo, serán los más aptos para la supervivencia en este estado terciario de la evolución.”
EL SECRETO ES LA UNIDAD
Dios es el UNO que todo abarca; no existe nada que no sea EL, y a través de nosotros se busca a SI mismo, evoluciona desde nuestra ignorancia hacia ese hombre nuevo que ya emerge.
Una UNIDAD compleja que abrace y entienda todo lo que nos rodea es el secreto que tenemos que descubrir y hacerlo consciente para poder determinar nuestras acciones y saber que es lo que tenemos que hacer para que nuestros esfuerzos no se pierdan en sueños frustrados por nuestra relación con los demás.
CUANDO NUESTRO CORAZON LLENO DE AMOR SE CALMA, POR EL CONOCIMIENTO EN NUESTRA MENTE; EL CORAZON SE VA ILUMINANDO Y PURIFICANDO EN SUS PASIONES E IMPULSOS EGOICOS.
Cuando el cerebro luminoso del Conocimiento acepte y transforme las inspiraciones oscuras del corazón y se preste el mismo a dominar sus ideas de “ego separado” sometiéndose a una Voluntad Superior que busca realizar la Unidad aquí en la tierra; el Hombre nuevo comprenderá que su alma sacrificada le impulsará a la NECESIDAD de experimentar esa Unidad con un grupo de personas afines, aceptando todos los choques que surgirán de esta relación, como la oportunidad que le brinda la Voluntad Superior, para transmutarlos por el Poder contenido en un Amor, que unido al Conocimiento, le otorgara el Poder de escalar la cima de la Unidad por el paso estrecho y provisional del grupo y la creación progresiva del alma grupal, en la unidad gnóstica.
El Hombre nuevo no será un diferenciado ser de la integral UNIDAD. El hombre nuevo consciente de la integral unidad, sentirá a los otros como algo mayor que él mismo, integrándose en ellos e integrando a ellos en él, abarcando la vida de grupo como algo mayor que su propia vida, sometiéndose al grupo y el grupo sometiéndose a él, en una relación mutua de crecimiento del grupo y crecimiento del individuo. Al final del sendero el nuevo grupo, la nueva comunidad gnóstica habrá materializado una nueva realidad del Espíritu, el Alma grupal (célula transitiva hacia la Unidad del UNO). Individuos libres conscientes de la Unidad en los muchos e individuales en el accionar del espíritu, constructores de una nueva tierra, materializadores de un cielo de tierra.
“El amor mismo al principio obedece a la ley del hambre y disfruta el recibir y sacar de los demás, más bien que el darse y rendirse a los demás, que admite principalmente como precio necesario para obtener la cosa que desea. Pero aquí no ha llegado aún a su verdadera naturaleza; su verdadera ley es establecer un comercio igual en el que la dicha de dar se iguale a la dicha de recibir y tienda, al fin, a convertirse en aún mayor; pero eso ocurre cuando se lanza más allá de sí, bajo la presión de la llama física para alcanzar la realización de la completa unidad y, por lo tanto, ha de realizar a aquellos que le parecieron como separados, aquello que le pareció (no-yo) como un ser (yo) más grande y querido que su propia individualidad. En su origen-vital, la ley del amor es el impulso de realizarse y lograrse uno mismo en los demás y por los demás, de enriquecerse enriqueciendo, de poseer y ser poseído pues sin ser poseído no se posee uno mismo por completo.
La incapacidad inerte de la existencia atómica de poseerse, la sujeción del individuo material al (no-yo), pertenece al primer estado de la vida. La conciencia de la limitación y la lucha por poseer, por dominar al ser (yo) y al de los demás (no-yo), es el modelo del estado secundario. Aquí también el desarrollo hacia el tercer estado trae una transformación de los términos originales dentro de un logro y una armonía que repite los términos mientras aparentemente los contradice. Adviene, a través de la asociación y del amor un reconocimiento de los demás (no-yo) como ser (yo) mayor y, por lo tanto, una sumisión conscientemente aceptada a su ley y necesidad que realiza el creciente impulso de la vida de grupo a absorber al individuo; y hay una posesión nuevamente, por parte del individuo, de la vida de los demás como la suya propia y de todo lo que ha de dársele como suyo propio, que realiza el impulso opuesto de la posesión individual. Esta relación de mutualidad entre el individuo y el mundo en que vive no puede expresarse, completarse ni asegurarse a menos que se establezca la misma relación entre individuo eindividuo y entre grupo y grupo. Todo el difícil esfuerzo del hombre en pro de la armonización de la autoafirmación y de la libertad, por la que se posee a sí mismo, con la asociación y amor, fraternidad, camaradería, en las que se entrega a los demás, --(sus ideales de armonioso equilibrio, justicia, mutualidad, igualdad por los que crea un equilibrio de los dos opuestos)--, son en realidad un intento inevitablemente Predeterminado en sus lineamientos para resolver el problema original de la Naturaleza, el problema de la Vida misma, mediante la resolución del conflicto entre los dos opuestos que se presentan en los fundamentos mismos de la Vida en la Materia. La resolución es intentada por el principio superior de la Mente que sólo puede hallar el camino hacia la armonía buscada, aunque la armonía misma solo pueda hallarse en un Poder todavía más allá de nosotros.”
Sri Aurobindo nos legó en su libro póstumo “la manifestación supramental sobre la tierra”, las inmensas posibilidades para cualquier grupo de seres humanos que aspiren unidos en su empeño a una forma de vida colectiva perfecta e individual, o que aspiren a la vida divina, serán asistidos desde Arriba en la consecución de su aspiración y esa sería, por lo menos, la consecuencia mínima de la acción de la Supermente.
“Las notas en cursiva pertenecen al capítulo 21 de la Vida Divina. Bibliografía para ampliar: Los últimos 5 capítulos de la Vida Divina”
ACERCA DE LA PRACTICA
La evolución es la continua materialización del espíritu en el cuerpo, vida y mente humanos, transformándolos y elevándolos al mismo tiempo hacia cimas más altas, sutilizando la mente, lo vital y el cuerpo físico (los planos materializados de nuestra naturaleza), sirviendo al objetivo de la Naturaleza evolutiva de alcanzar lo Superior, con el fin próximo de materializar una consciencia nueva, el “hombre nuevo”, que representará la promesa del espíritu de alcanzar cotas todavía más elevadas. Para aquel que tiene la necesidad y la aspiración, la pregunta que se hace podría ser: ¿cómo se realiza esto? ¿ qué tengo que hacer?.
Toda experiencia espiritual, debe ser realizada aquí, para que pueda servir a la humanidad. El que busca experiencias para sí mismo, para ascender hasta las alturas celestiales, se olvida de los demás, busca unirse a Dios dejando atrás a todos los demás; es el mayor acto de egoísmo. Pues el plan divino consiste en que la tierra se divinice y se convierta en un Cielo de tierra, no debemos buscar el cielo (al cielo no le hacemos ninguna falta), sino materializarlo aquí mismo. Es el Espíritu mediante su presión desde arriba, quien responde descendiendo a la llamada de la aspiración desde abajo. Es el Espíritu el que se materializa progresivamente en la materia humana, modificándola y sutilizándola, debemos ser conscientes de este proceso en nuestro despertar al conocimiento.
Por lo tanto si yo quiero materializar el Amor, de poco me sirve imaginar y sentir que quiero a todo el mundo, ir de vez en cuando a un curso “espiritual” y salir satisfecho de lo bueno que uno es y lo bien que me siento. De nada me sirve sentirme virtuoso, por mis buenas acciones y pensar que esto es suficiente. Esto no son más que autoengaños del corazón que la mente consiente, sin conseguir nada estable y transformado en nosotros.
Materializar en uno mismo el Amor, no es trabajo sencillo, necesita de un gran esfuerzo de apertura a los demás, formando un grupo donde se aprende a vivir esta experiencia intensa de roces y choques entre individuos, ideas, actitudes, formas de ser……… con los otros (no yo) hasta que la intensa experiencia de sufrir lo que nos molesta de los demás nos vaya abriendo a un conocimiento que se nos desvela como fruto o gracia de nuestra aspiración inquebrantable a soportar la experiencia, esta aceptación desembocara en una consciencia de Unidad cada vez más abarcante y comprehendente de los otros como si fueran (yo) mismo, iluminando nuestra mente y Enamorando a nuestro corazón.
Este mundo material es de experiencia, la experiencia del Amor debe vivirse para materializarse en nosotros y poder sentir su capacidad transformadora.
¿Cómo se practica y se materializa el Amor? Como indica Sri Aurobindo, el camino para el ser individual esta abierto, nosotros os sugerimos el camino grupal, por su asistencia desde lo superior y por su capacidad de acelerar vuestra evolución; no negamos otros caminos que el infinito prevea para el logro de sus fines.
- En primer lugar esto te obliga a buscar y unirte en un grupo de personas dispuestas a vivir y compartir esta experiencia intensa.
- En segundo lugar debes saber que lo vais a pasar muy mal, porque las personas que os unáis para trabajar juntas, aportáis vuestra aspiración, pero también aportáis todas vuestras imperfecciones, y es muy probable que las fuerzas de separación que actuarán sobre el ego de vuestras imperfecciones terminen rompiendo el grupo.
- Para soportar esta primera fase de rechazo, debéis aguantar sin abandonar el grupo. El que no aguanta no consigue materializar el Amor. El que aguanta esta primera fase de intenso rechazo entre las individualidades del grupo, aportando comprensión, dulzura, armonía y ecuanimidad; tendrá posibilidades de avanzar.
- No debéis ocuparos ni preocuparos por las personas que abandonan, ya que la Providencia Divina esta con ellas, sabiendo en cada momento lo que necesitan.
- No debéis crear reglas, ni organización, ni liderazgo alguno. Dejad que el Espíritu realice su labor entre vosotros, que la jerarquía y la organización Divina, sabrá crear los obstáculos y las soluciones para que vuestra experiencia con el paso del tiempo vaya siendo consciente de que el proceso es asistido desde arriba.
- Al principio no os juntéis frecuentemente, sería insoportable, debéis juntaros como mucho 1 o 2 veces por semana, y poco a poco poneros a prueba con convivencias cortas de un fin de semana por ejemplo. Ser sinceros y expresar vuestras emociones, no acumuléis tensiones en vuestro interior sin exponerlas a los demás.
- Con el tiempo, los que aguanten, experimentarán la necesidad interior de querer verse y juntarse más a menudo. Es ese momento, el que indica el comienzo de la creación de un alma grupal.
- Más adelante comenzareis a aspirar a una convivencia mas estrecha, en ese momento sin daros cuenta el Amor subconscientemente se habrá empezado a instalar en vuestro corazón. Os ocurrirá que os seguirán molestando las cosas de los otros que no os gusten, pero algo dentro de vosotros empezará a mirarlo de otra manera; y las tensiones interiores y los deseos de separación durarán menos tiempo.
- En el futuro, seréis conscientes de que vuestra mente ya no es la misma, el esfuerzo aceptable de haber vivido la experiencia y aguantado las fuerzas de separación, os aportará una consciencia mental más elevada, capaz de comprender y luego ser consciente del alcance del fenómeno en marcha, un conocimiento mucho más vasto y abarcante se habrá instalado en vuestro cerebro, vuestro ego individual se habrá sutilizado, vuestro corazón se irá calmando y el Amor ya tiene posibilidad de materializarse en vosotros, ya no podréis entender la vida sin el grupo, observareis que algo más grande que uno mismo se esta materializando y apunta a una cima todavía más alta.
- Otras fases intermedias habrán en vuestra formación grupal que no es relevante explicarlas, sino que las experimentéis por vosotros mismos. Lo importante es haber llegado hasta aquí porque ya habría una cierta garantía de éxito en la consolidación de la formación grupal.
- Al final los que quedéis en el grupo descubriréis que no Ama el que quiere, sino el que Puede; porque se necesita el Poder para Amar y este Poder se obtiene cuando el Conocimiento y Amor se unen.
- En la fase de consolidación del grupo, seréis conscientes que la única forma de vencer a las fuerzas de separación que sentís cuando algo de los demás hermanos no os gusta, no entienden o no comparten, es el conocimiento de que ellos son como tú, una parte del infinito y como infinito son libres y únicos; y este conocimiento os dará el Poder de la aceptación por el Amor y sentiréis que el Yo grupal es Mayor que vuestro propio (yo) , porque el Poder del Amor negará la entrada a la fuerza de separación y el Alma grupal se manifestará en vosotros sintiéndoos UNO, la convivencia y el trabajo común os llevará a la acción Divina sobre el mundo alrededor vuestro. No se detiene aquí el proceso ascendente, vuestra próxima meta, apunta a cimas más altas.
Podría ser que vuestro destino os lleve a materializar al ser espiritual, convirtiéndoos en lo que Sri Aurobindo denomina un grupo gnóstico de conocimiento e irradiaréis un magnetismo transformador al mundo que os rodea, transformándoos y transformándolo para la Vida Divina sobre la Tierra. Mantenedores de vuestra individualidad y unidos en lo Total , verdaderos anarquistas espirituales.
Esta es la gran aventura de la Consciencia que presiona sobre la Humanidad de hoy; de este esfuerzo evolutivo saldrá el “hombre nuevo”.
--------------------- O --------------------
Bibliografía: los cinco últimos capítulos de La Vida Divina por Sri Aurobindo.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 2: ♦ LA EDUCACION MENTAL Y SUPRAMENTAL ♦
M.K. Raina (India)
Profesor y director del Departamento de Psicología de la Enseñanza y de Fundamentos de la Educación, Consejo Nacional de Investigaciones y Capacitación en Pedagogía, Nueva Delhi. Fue Miembro Superior del Consejo Indio de Investigaciones en Ciencias Sociales, Universidad Jawaharlal Nehru, Nueva Delhi. Recibió el Premio VKRV Rao de Ciencias Sociales y el Primer Premio de Creatividad del Consejo Mundial de Niños Dotados y de Talento, Estados Unidos de América. Recientemente ha publicado estudios acerca de Rabindranath Tagore. Sus dos últimos libros son Creativity Passion [Pasión por la creatividad] e International Perspectives in Creativity Research [Perspectivas internacionales de las investigaciones sobre la creatividad]. Es director adjunto de la Encyclopedia of Psychology [Enciclopedia de psicología] y colaborador de la Encyclopedia of Creativity [Enciclopedia de la creatividad] y de la Encyclopedia of Psychology and Neuroscience [Enciclopedia de psicología y neurociencia].
SRI AUROBINDO
(1872–1950)
Explorador y aventurero de la conciencia (Das, 1977, 1999; Joshi, 1998a), visionario de la evolución (Satprem, 1984), Sri Aurobindo (1972a, pág. 49) había revelado: “Nadie puede escribir acerca de mi vida porque no ha estado en la superficie como para que el hombre la vea”, apreciación que encuentra ecos en Rabindranath Tagore (véase Raina, 1997), el poeta-artista, compatriota bengalí y premio Nobel de literatura, que con Aurobindo se sentía en una profunda reciprocidad y que también había advertido que no debemos buscar al poeta en su biografía. De hecho, a juicio de McDermott (1972), “interpretar la vida de una gran personalidad espiritual es siempre una empresa traicionera, y la vida de Sri Aurobindo es particularmente inescrutable” (pág. 15).
Nacido en Calcuta, entonces la capital de la India británica, el 15 de agosto de 1872, Aurobindo Ackroyd Ghose –el segundo nombre occidental se lo puso su padre al nacer– era el tercer hijo del doctor Krishnadhan Ghose y de Swarnalata Devi. El tratamiento “Sri”, usado tradicionalmente como señal de respeto o veneración, formaba parte de su nombre. En sánscrito, “aurobindo” significa loto. Su padre lo eligió pensando que era único, sin saber que en el lenguaje del ocultismo, el loto es el símbolo de la conciencia divina.
Aurobindo recibió su primera educación en un colegio de monjas para niños europeos; en 1879, su padre lo llevó a Inglaterra para que cursara estudios en Manchester y más tarde en la St. Paul’s School de Londres. Gracias a una beca de la St. Paul’s, Aurobindo pudo ingresar en 1889 en el King’s College de la Universidad de Cambridge. Ganó la práctica totalidad de los premios de griego y latín. En 1892 aprobó la primera parte del examen de fin de carrera de Clásicas con las mejores notas. El mismo año salió airoso del examen de ingreso en la Administración Pública de la India, pero no se presentó a la prueba de equitación y no fue nombrado funcionario.
Sri Aurobindo, que había comenzado a escribir a edad temprana, ya durante sus años de escolar en Manchester (1879–1984), siguió cultivando su creatividad en todas las turbulentas fases de su vida, incluso durante su encarcelamiento. Su primer libro, una colección de poemas titulada Songs to Myrtilla [Canciones a Myrtilla], fue publicado en 1895. En el tiempo transcurrido entre ese momento y el último libro que publicó en vida, Savitri (1950), escribió numerosas obras sobre yoga, cultura y sociología, además de poesías y obras de teatro, contribuciones todas ellas de gran importancia y variedad al pensamiento y la acción humanos.
Sri Aurobindo creó una nueva cosmología y una nueva metafísica en su libro ‘Life divine’ [La Vida divina], “considerada la obra maestra del siglo en el campo de la filosofía” (Vrekhem 1999, pág. 44). En esta obra y en sus cartas revolucionó la concepción misma de la psicología y le dio un nuevo fundamento. Formuló un enfoque profundamente nuevo de la sociología en ‘The human cycle‘ [El ciclo humano], demostrando a través de un análisis perspicaz de los sistemas pasados y presentes de pensamiento social y político cómo la base de un orden social nuevo y duradero ha de ser una actitud verdaderamente espiritual. Extendió la aplicación de este mismo enfoque a la esfera de la política internacional en ‘The ideal of human unity‘ [El ideal de la unidad humana] y en sus escritos sobre educación formuló una teoría que, con algunas variaciones, podría adaptarse a todas las naciones del mundo para fomentar el crecimiento de la conciencia integral en todos los alumnos y devolver al Espíritu su autoridad legítima sobre una materia desarrollada y aprovechada al máximo. En ‘The synthesis of Yoga‘ [La síntesis del yoga] demostró cómo todos los sistemas de yoga se combinan y convergen en el camino a la Supermente. En ‘The secret of the Vedas‘ [El secreto de los Vedas], ‘The essays on the Gita‘ [Los ensayos sobre el Gita] y en sus escritos sobre los Upanishads, inicia nuevas formas de estudio de los textos indios antiguos que harían época, arrojando nueva luz en lo filosófico y reduciendo la antropología y la antropomorfología al lugar que en justicia les corresponde en un plan equilibrado de conocimientos. Ofreció una interpretación iluminadora de la cultura india a través de los siglos en ‘The foundations of Indian culture‘ [Los cimientos de la cultura india].
En su intrincado poema épico Savitri, Sri Aurobindo desvela la consumación de los muchos estilos poéticos que ensayó en todas sus obras. Se ha estimado que sus 24.000 versos blancos forman el poema más extenso escrito jamás en inglés. En ‘The future poetry‘ [La poesía futura], Sri Aurobindo elaboró una teoría literaria (Heehs, 1989, 1998), tenida por una original contribución a la estética en su concepto de poesía (Gokak, 1973).
Todas esas obras, junto a sus traducciones, cartas y obras menores, fueron compiladas y publicadas sistemáticamente tras dejar su cuerpo fisico, el 5 de diciembre de 1950. En 1972, con ocasión del centenario de su nacimiento, salió a la luz una nueva edición en 30 volúmenes. La Academia Sueca examinó su candidatura al premio Nobel de 1950, el último año de vida de Sri Aurobindo (Heehs, 1989).
Hay muchas maneras de acercarse a Sri Aurobindo, pero la luz que se puede alcanzar de él, como observó Joshi (1998b), dependerá de la altura y de la amplitud de la búsqueda de cada cual. Planteándonos las preguntas más hondas acerca del mundo y de sus posibilidades futuras y del papel que hemos de desempeñar en él y cómo hemos de prepararnos para cumplirlo, nos encontraremos con la verdadera EXISTENCIA de Sri Aurobindo y nos sentiremos realmente preparados para estudiarlo a él y a la conciencia supramental que descubrió e hizo descender a la tierra.
Tres problemas fundamentales orientaron la búsqueda espiritual y la reflexión filosófica y contribuyeron a configurar las teorías principales de nuestro autor. Ellos son: la paradoja de la vida nacional de la India, el supuesto conflicto entre espiritualidad y acción, y la evolución del ser humano. La búsqueda de soluciones a estos problemas guarda relación con la tensión única y creativa que en su propia experiencia se dio entre la espiritualidad y la política, tanto en sus años de revolucionario como durante sus cuatro décadas de sadhana (transmutación espiritual) en Pondichery (Chaudhuri, 1972; McDermott, 1972). Los escritos de Aurobindo proporcionan la fuerza que se necesita para la acción, la realización y la transformación, reflejada en su filosofía, a la que llega a través de la experiencia interior. Así, escribió (ver Heehs, 1989, pág. 110): “A decir verdad, nunca me sentí satisfecho hasta que llegó la experiencia y sobre esta experiencia fundé más tarde mi filosofía”. Su filosofía integral (ver Sorokin, 1960) nace de su yoga, y no a la inversa.
Dos frases tomadas de los escritos de Sri Aurobindo resumen su mensaje: “perfección integral” y “transformación espiritual de la humanidad”. Su llamamiento a la integralidad y a la síntesis de todos los caminos espirituales, aparece clarísimamente reflejado en las siguientes afirmaciones: “Nosotros, los del día venidero, nos situamos a la cabeza de una nueva era de desarrollo que debe conducir a una nueva y más amplia síntesis. […] No pertenecemos a los amaneceres del pasado sino a los mediodías del futuro” (en Joshi, 1998b, pág. 3). Sri Aurobindo considera que la educación es fundamental para alcanzar la perfección integral.
LA EDUCACIÓN INTEGRAL AL SERVICIO DEL CRECIMIENTO DEL ALMA
Originalmente poeta y político, no filósofo, Sri Aurobindo dedicó 45 de sus 78 años de vida a la práctica del Yoga Integral y Supramental y concibió una práctica de Transformación completa, afirmando la realidad del mundo desde el punto de vista Supremo y el valor de la acción sociopolítica desde el punto de vista espiritual. (Chaudhuri, 1972). Tenía plena conciencia de la importancia de las variaciones en el concepto de hombre, de su vida y destino, de la nación y de la humanidad y de la vida del género humano, que aparecen reflejadas en las respectivas filosofías de la educación, y concibió su plan de educación integral enraizado en el “alma en desarrollo de la India, al servicio de sus necesidades futuras, de la grandeza de su autocreación venidera, de su espíritu eterno” (Sri Aurobindo en Sen, 1952, pág. 3). La India, según Sri Aurobindo (1990, pág. 15), siempre ha visto en el ser humano un alma, una porción de la Divinidad envuelta en la mente y el cuerpo, una manifestación consciente en la Naturaleza del ser y el espíritu universales. En su filosofía de la educación (ibíd., pág. 9), Sri Aurobindo sostenía el principio básico, pero comúnmente olvidado, de que “es el Espíritu, la cuestión viva y palpitante de que tenemos que ocuparnos, y no se trata, pues, de escoger entre el modernismo y la antigüedad, sino entre una civilización importada y las posibilidades mayores de la mente y la naturaleza indias; no entre el presente y el pasado, sino entre el presente y el futuro”. De acuerdo con Sri Aurobindo, al concebir una educación verdadera y viva, hay que tener en cuenta tres cosas: el ser humano, el individuo en lo que tiene de común con los demás y en su singularidad, la nación o pueblo y la humanidad universal.
A tenor de ello, Aurobindo concebía la educación como un instrumento para que el Espíritu actuara verdaderamente en la mente y el cuerpo de cada cual y de la nación. Concibió una educación que, en el caso del individuo, tuviese por objeto central el crecimiento del alma y de sus potencias y posibilidades, y que en el caso de la nación, tuviese por primer objetivo la conservación, el fortalecimiento y el enriquecimiento del alma–nación y de su dharma (virtud), y que alzase a ambos, individuo y nación, a las potencias de la vida y a la mente y el alma ascendentes de la humanidad. En ningún momento perderá de vista el objeto principal del hombre, el despertar y el desarrollo de su Ser espiritual (ibíd., pág. 16). Es éste el concepto que inspira la educación integral verdadera y viva.
La integralidad de la educación se concibe como un proceso de crecimiento orgánico y el modo en que se pueden desarrollar e integrar las distintas facultades dependerá de la inclinación, el ritmo de progresión y la ley de desarrollo de cada niño, de su Swabhava (disposición intrínseca) y Swadharma (naturaleza interior). No se concibe la educación integral como yuxtaposición de una serie de materias ni tan siquiera como yuxtaposición de una variedad de facultades. La idea es dar facilidades para diversas facultades y materias y distintas combinaciones de búsquedas de conocimiento, poder, armonía y destreza en obras. Estas facultades se proporcionan de manera tal que puedan ser utilizadas por cada alumno y por el profesor con el fin de que se pueda alentar un proceso natural de desarrollo armonioso.
ANTAHKARNA (MENTE): EL INSTRUMENTO DEL EDUCADOR
Según Sri Aurobindo, la mente, o antahkarna, compuesta de cuatro capas, es el instrumento del educador.
El depósito de impresiones mentales anteriores, la citta, o almacén de la memoria, que debemos diferenciar del acto específico de la memoria, es el cimiento sobre el que descansan las demás capas. La memoria pasiva o citta no necesita adiestramiento, es automática y por naturaleza suficiente para su tarea; ni el más leve objeto de conocimiento que penetra en su campo de aplicación deja de ser aprehendido, colocado e impecablemente conservado en ese admirable receptáculo. Es la memoria activa, una función más elevada pero desarrollada con menos perfección, la que necesita mejora. La Manas, o mente propiamente dicha, el sexto sentido de la psicología india, es la segunda capa. Tiene por función recibir las imágenes de las cosas traducidas en vista, oído, olfato, gusto y tacto, los cinco sentidos, y traducirlas de nuevo a pensamientos-sensaciones. Por lo tanto, para que no se atrofien ni dañen por falta de uso es crucial emplear correctamente los seis sentidos, adiestrados por el propio niño bajo la dirección del maestro, hasta lograr la exactitud precisa y la sensibilidad fina y sutil de la que son capaces. Además, sea cual sea la asistencia que puedan proporcionar los órganos de acción, debe emplearse a fondo. La mano, por ejemplo, ha de adiestrarse para reproducir lo que el ojo ve y lo que la mente percibe. El habla, hasta conseguir una expresión perfecta del conocimiento que posee toda la antahkarna. El verdadero instrumento de la reflexión, la tercera capa, es el intelecto o buddhi. Ordena y dispone del conocimiento adquirido por las demás partes de la máquina. Por lejos, la parte más importante de las tres mencionadas hasta ahora para la educación, Sri Aurobindo considera que el intelecto está compuesto de distintos grupos de funciones, divisibles en dos clases principales, las funciones y facultades de la mano derecha y las funciones y facultades de la mano izquierda (por sus consecuencias en el contexto de la especialización hemisférica y la educación, ver Raina, 1979).
Las facultades de la mano derecha son globales, creativas y sintéticas; las de la mano izquierda, críticas y analíticas. A la mano derecha pertenecen el juicio, la imaginación, la memoria, la observación; a la izquierda, la comparación y el razonamiento. Las facultades críticas distinguen, comparan, clasifican, generalizan, deducen, infieren y concluyen; son las partes que componen la razón lógica. Las facultades de la mano derecha engloban, ordenan, juzgan por derecho propio, captan, retienen y manipulan. La mente de la mano derecha es la dueña del conocimiento, la de la mano izquierda su sirviente. La mano izquierda sólo toca el cuerpo del conocimiento, la mano derecha penetra en su alma. La mano izquierda se limita a la verdad establecida, la mano derecha capta lo que aún es difícil de aprehender y de establecer. Ambas son esenciales para la plenitud de la razón humana. Estas importantes funciones de la máquina deben ser llevadas a su capacidad de trabajo más elevada y refinada para que la educación del niño no sea imperfecta y unilateral (Aurobindo, 1990, pág. 24).
Sri Aurobindo añade que existe otra capa más de facultades que, aun sin haberse desarrollado completamente en el hombre, está alcanzando gradualmente un desarrollo más amplio y una evolución más perfecta.
Conocemos los poderes característicos de este estrato superior del conocimiento principalmente a través de los fenómenos de la genialidad: el discernimiento fuera de lo normal, la percepción intuitiva de la verdad, la inspiración plena del habla, la visión directa del conocimiento hasta el punto de que a menudo constituye una revelación, convirtiendo al sujeto en profeta de la verdad. Estos poderes son poco comunes en su desarrollo más elevado, aunque muchos los poseen de manera imperfecta o a rachas. La razón crítica de la humanidad aún desconfía grandemente de ellos debido a una mezcla de error, capricho y una imaginación sesgada que obstruye y distorsiona su funcionamiento perfecto. Sin embargo, está claro que la humanidad no podría haber alcanzado su estadio actual de no haber sido por la ayuda de estas facultades. Es una cuestión a la que los educadores todavía no se han enfrentado: qué hacer con este elemento grandioso y desconcertante, el elemento de genialidad en el alumno. El mero instructor hace todo lo posible por desalentar y reprimir el genio; el maestro más liberal lo acoge de buen grado (ibíd., pág. 25).
LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN FÍSICA Y MORAL
Al intentar realizar una síntesis de los valores de Oriente y Occidente en la filosofía contemporánea de la educación, Sri Aurobindo insistió en que un cuerpo sano es una condición necesaria para los logros intelectuales o espirituales. Para él, la educación física no sólo significa el correcto funcionamiento de los distintos órganos del cuerpo, sino también el fomento de la fortaleza, del equilibrio y de un sentido de la belleza. La belleza es el ideal que la vida física tiene que hacer realidad. “Si lo que buscamos es la perfección total del ser”, dice Sri Aurobindo, “no puede dejarse de lado su parte física, ya que el cuerpo es la base material, el instrumento que hemos de usar. [...] La perfección del cuerpo, la mayor perfección que podamos alcanzar con los medios a nuestra disposición, ha de ser el objetivo final de la cultura física”. Por tanto, “el desarrollo de la conciencia física ha de ser siempre una parte importante de nuestro propósito, pero para ello el desarrollo adecuado del propio cuerpo es un elemento esencial; la salud, la fortaleza, la buena forma física son las necesidades primeras, pero el propio armazón físico ha de ser el mejor posible” (ibíd., págs. 68 y 69).
La educación del intelecto, dice Aurobindo, divorciada de la perfección de la naturaleza moral y emocional es perjudicial para el progreso humano. Él admite las dificultades con que se tropieza al intentar dar una formación moral adecuada en la escuela y en la universidad. Distingue el corazón de la mente y dice que instruir la mente no es instruir el corazón. Se percata del peligro de usar manuales escolares de moral con ese fin, porque hacen que la reflexión sobre las cosas elevadas sea mecánica y artificial, y todo lo que es mecánico y artificial no sirve para el bien. Además, con pertinencia señala que “el intento de hacer que los niños sean morales y religiosos por medio de la enseñanza de libros de texto de moral y religión es vanidad y engaño, precisamente porque el corazón no es la mente y al instruir la mente no se mejora necesariamente el corazón” (ibíd., pág. 27).
Para Sri Aurobindo, la mejor formación moral para un hombre consiste en “habituarse a las emociones correctas, a las asociaciones más nobles, a las mejores costumbres mentales, emocionales y físicas, y a llevar a cabo la acción correcta siguiendo los impulsos fundamentales de su naturaleza Esencial” (ibíd., pág. 27). Como educación moral y religiosa, cualquier intento de imponer a los niños una disciplina determinada, haciéndolos encajar en un molde determinado, forzándolos al camino deseado es esencialmente hipócrita y despiadado. Sólo lo que el ser humano admira y acepta se convierte en parte de sí mismo; el resto es una máscara. Por otro lado, descuidar la educación moral y religiosa equivale a corromper el género humano. En la formación moral, Sri Aurobindo destaca el valor de la sugerencia y desaprueba la imposición. “La primera regla de la formación moral”, dice, “es sugerir e invitar, no ordenar ni imponer. El mejor método de sugerencia es el ejemplo personal, la conversación diaria y los libros leídos día a día” (pág. 29).
“Por lo tanto, es menester dar a cada niño”, dice Aurobindo, “la oportunidad práctica y el aliento intelectual necesarios para desarrollar todo lo que haya de mejor en su naturaleza. Si tienen malas cualidades, malas costumbres, malos samaskaras (patrones de comportamiento), tanto de la mente como del cuerpo, no hay que tratarlos con dureza, como delincuentes, sino alentarlos a que se deshagan de ellos a través del Rajayogic (un tipo de yoga), del método de samyama (autocontrol), del rechazo y de la sustitución (ibíd., pág. 30). En vez de desalentar a esas personas, a Aurobindo le gustaría que se las animara a pensar en los rasgos malos, “no como pecados o infracciones, sino como síntomas de una enfermedad que se puede curar, que puede modificarse gracias a un esfuerzo de la voluntad continuo y sostenido, rechazando la falsedad […] y reemplazándola por la verdad, así como el temor por el valor, el egoísmo por el sacrificio y la renuncia, la malicia por el amor” (pág. 30). Las virtudes que aún no están formadas, no han de rechazarse como si de faltas se tratase.
Ninguna enseñanza religiosa, según Aurobindo, tiene valor alguno, “a no ser que sea vivida, y la utilización de distintos tipos de sadhana (autoinstrucción y ejercicio espiritual) constituye la única preparación efectiva para la vida religiosa. Para muchas mentes, el ritual de la oración, del homenaje y de la ceremonia se ha convertido en preparación esencial y, siempre que no constituya un fin en sí mismo, es de gran ayuda para el progreso espiritual; si se niega, es menester poner en su lugar otras formas de meditación, devoción u obligación religiosa. De lo contrario, la enseñanza religiosa es de poca utilidad y casi sería mejor no impartirla” (pág. 31).
LOS PRINCIPIOS DE LA ENSEÑANZA Y LA INSTRUCCIÓN DE LOS SENTIDOS
En una serie de artículos que Sri Aurobindo escribió entre 1909 y 1910, enunció tres principios fundamentales de la enseñanza: “El primer principio de la verdadera enseñanza es que nada puede enseñarse. El profesor no es ni un instructor ni un maestro de tareas; es un ayudante, un guía. Su labor consiste en sugerir, no en imponer”. El segundo principio es que “hay que consultar a la mente en su crecimiento”. Sri Aurobindo indicó que la idea de hacer encajar al niño en el molde deseado por los padres o por el profesor, es una superstición bárbara y propia de ignorantes. Advirtió que obligar a la naturaleza a abandonar su propio Dharma es hacerle un daño permanente, mutilar su crecimiento y deformar su perfección, y que los padres o los maestros no pueden cometer un error mayor que decidir de antemano que un alumno dado ha de desarrollar unas cualidades, capacidades, ideas o virtudes determinadas.
O que ha de estar preparado para una carrera convenida previamente. Y el tercer principio de la educación que Sri Aurobindo estableció es trabajar desde lo próximo a lo alejado, desde lo que es a lo que será. En otras palabras, Sri Aurobindo puso de relieve que la educación ha de proceder a partir de la experiencia directa (vivida) y que incluso lo que es abstracto y está alejado de la experiencia ha de traerse al alcance de ésta. El conocimiento tiene que ser el paso de la experiencia personal a una experiencia más amplia, más intensa y más elevada.
Encontramos en Sri Aurobindo otras directrices. Al explicar los instrumentos de trabajo del maestro, escribe:
[L]a enseñanza, el ejemplo y la influencia; éstos son los tres instrumentos del guru (maestro o guía). Pero el maestro sabio no buscará imponerse ni imponer sus opiniones en la aceptación pasiva de la mente receptiva; contribuirá sólo con lo que sea productivo y seguro como una semilla que crecerá bajo la acogida divina en su interior. Buscará despertar mucho más que instruir; tendrá por objetivo fomentar las facultades y las experiencias a través de un proceso natural y de la expansión libre. Dará un método como ayuda, como instrumento utilizable, no como fórmula imperativa ni como rutina fija. Y estará alerta ante cualquier transformación del instrumento en una limitación, ante la mecanización del proceso (Sri Aurobindo, 1972b, pág. 60). “¿Cuáles son su método y su sistema?”, se pregunta Sri Aurobindo, y contesta “no tiene ningún método y los tiene todos. Su sistema es una organización natural de los procesos y movimientos más elevados de los que sea capaz la Naturaleza. Aplicándolos incluso a los detalles más nimios y a las acciones de apariencia más insignificante con el mismo cuidado y esmero que a los más grandiosos, al final elevan todo a la Luz y lo transforman todo” (ibíd., pág. 55).
“Esta imperfecta naturaleza nuestra”, explica Sri Aurobindo, "contiene los elementos de nuestra perfección, pero en estado embrionario, distorsionados, fuera de lugar, reunidos de manera desordenada o malamente ordenados. Todo este material tiene que ser perfeccionado, purificado, reorganizado, moldeado de nuevo y transformado pacientemente, no despedazado ni talado, ni liquidado o mutilado, no arrasado por la simple coacción o la negación” (ibíd., pág. 233).
Como se observará, estos principios son sutiles y complejos, y no puede extraerse de ellos una fórmula rígida para la práctica. Imponen al maestro una gran responsabilidad y exigen de él las cualidades extraordinarias de un psicólogo profundo (Joshi, 1975).
En cuanto a la formación de los sentidos, Aurobindo no busca otra cosa que la perfección. Esta, dice él, ha de ser una de las principales preocupaciones del maestro. Las dos cosas importantes que se necesitan de los sentidos, señala, son “precisión y sensibilidad”. Para lograrlas, los sentidos dependen de la actividad sin obstáculos de los nervios, que son los canales de su información, y de la aceptación pasiva de la mente, el receptor. En caso de que haya alguna obstrucción, el remedio consiste en purificar el sistema nervioso. “Este proceso restablece indefectiblemente la actividad perfecta y sin obstáculos de los canales y, si se hace bien y meticulosamente, produce una mayor actividad de los sentidos. En la disciplina yoguica se conoce este proceso con el nombre de nadi-suddhi, o purificación de los nervios” (Aurobindo, 1990, pág. 37).
Los seis sentidos que atienden al conocimiento –vista, oído, olfato, tacto y gusto, mente o manas (el sexto sentido de la psicología india)– pueden desarrollarse por medio de los nervios físicos y de los órganos que se encuentran en sus terminaciones, pero para desarrollar el manas hace falta la disciplina yogui suksmadristi, o recepción sutil de imágenes. Aurobindo escribió:
La telepatía, la clarividencia, la clariaudiencia, el presentimiento, el leer los pensamientos y las personalidades y otros muchos descubrimientos modernos son potencias antiquísimas de la mente que se han dejado sin desarrollar y que pertenecen al manas. El desarrollo del sexto sentido nunca ha sido parte de la formación humana. En un futuro ocupará, sin ninguna duda, un lugar en la necesaria formación preliminar del instrumento humano. Entretanto, no hay razón por la que la mente no hubiera de formarse para informar correctamente al intelecto, de manera que nuestro pensamiento pueda comenzar con impresiones, si no completas, sí absolutamente correctas (ibíd., págs. 38 y 39).
Sri Aurobindo analiza las causas de la ineficacia de los sentidos como recolectores de información y la atribuye a su “uso insuficiente”. Dice que los alumnos tienen que superar la inercia tamásica (mente y sentidos obtusos) y acostumbrarse a percibir las imágenes, los sonidos y demás estímulos que los rodean, distinguir unos de otros, identificar su naturaleza, propiedades y orígenes, y fijarlos en la citta para que siempre estén listos para responder cuando se lo pida la memoria. Según él, la “atención” es el factor principal del conocimiento, que considera como condición primera de una memoria y una precisión adecuadas. Además de la atención, dice Aurobindo, “la concentración en varias cosas al mismo tiempo” es a menudo indispensable. Sostiene que es perfectamente posible desarrollar la capacidad de la doble concentración, triple concentración y concentración múltiple, ya que se trata de una cuestión de abhyasa, o práctica natural continuada.
Junto a las facultades de la memoria, el juicio, la observación, la comparación, el contraste y la analogía, ayudas indispensables en la adquisición del conocimiento, Aurobindo destaca la imaginación como instrumento más importante e indispensable. Se la ha dividido en tres funciones: la formación de imágenes mentales; la capacidad de crear pensamientos, imágenes e imitaciones o nuevas combinaciones de pensamientos e imágenes existentes; y la apreciación del Alma en las cosas, la belleza, el encanto, la grandeza, la sugestividad oculta, la emoción y la vida espiritual omnipresente en el mundo. “Desde todos los ángulos, es tan importante como la formación de las facultades que observan y comparan las cosas externas” (pág. 47). Estas facultades mentales, como dice Aurobindo, han de ejercitarse primero en las cosas y después en las palabras y las ideas. Todo esto ha de hacerse de manera informal, recurriendo a la curiosidad y al interés, y evitando la enseñanza y memorización de normas.
Sri Aurobindo critica la enseñanza por fragmentos, práctica común en el sistema de educación actual. La enseñanza no integral, dice, ha de ser relegada al cuarto trastero de añoranzas pasadas. Y es crítico, ya que “cada vez se enseña un poco de una materia, en conjunción con otras muchas, con el resultado de que lo que podría aprenderse bien en sólo un año, malamente se aprende en siete, y el niño sale mal equipado, abastecido de paquetes imperfectos de conocimiento, sin dominar ninguno de los grandes compartimentos del conocimiento humano” (ibíd., pág. 32).
De ese sistema de educación dice Aurobindo que es el que intenta “intensificar esta práctica de la enseñanza por fragmentos en la base y en el centro, y cambiarla de repente a una grandiosa especialización en la parte superior. Esto es apoyar el triángulo en el vértice con la esperanza de que se sostenga” (pág. 32). Aurobindo, pues, encontró algún sentido al sistema antiguo, que era más racional que el moderno: “Aunque no impartía una variedad tan grande de informaciones, construía una cultura más profunda, más noble y mucho más real. La superficialidad, la ligereza discursiva y la voluble mutabilidad de la generalidad de las mentes modernas se deben en gran medida al pésimo principio de enseñar por fragmentos” (pág. 32).
No obstante, Aurobindo deja claro que en el futuro la educación no necesitará someternos al sistema antiguo o al moderno, sino seleccionar sólo los medios más perfectos y rápidos de dominio del conocimiento. Para él, todo niño es indagador, investigador, analizador, anatomista despiadado. Apela a esas cualidades que posee y déjalo adquirir sin darse cuenta el carácter adecuado y el necesario saber fundamental del científico. Todos los niños tienen una curiosidad intelectual insaciable y una inclinación por la indagación metafísica. Utilízala para llevarlo poco a poco a la comprensión del mundo y de sí mismo. Todo niño tiene el don de la imitación y un toque de poder imaginativo. Utilízalos para darle la base de la facultad del artista (págs. 34 y 35). Dejando trabajar a la Naturaleza, obtenemos los beneficios de los dones que nos ha otorgado. Aurobindo insiste mucho en que la atención del maestro debe ir dirigida ante todo al medio y a los instrumentos y en que, mientras éstos no estén perfeccionados, el multiplicar las materias de enseñanza frecuente supone una pérdida de tiempo y de energía. “El idioma materno”, dice, “constituye el medio adecuado de educación y por ello las primeras energías del niño han de ir encaminadas al dominio completo del medio” (pág. 34). En relación con la enseñanza de lenguas, aboga que el momento apropiado para que el niño inicie el estudio de muchos idiomas llega una vez que los instrumentos mentales están lo suficientemente desarrollados para adquirir un idioma con facilidad y rapidez; no cuando el niño entiende parcialmente lo que se le enseña y lo domina con dificultad e imperfectamente. Cree en el valor disciplinario de aprender un idioma, especialmente el idioma propio que, dice, nos prepara para dominar los demás. Mantiene que con la facilidad desarrollada en el propio idioma, dominar otros es más sencillo.
LA EDUCACIÓN PSÍQUICA Y ESPIRITUAL
Aurobindo también habla de la educación mental y psíquica, pero su interés verdadero radica en un estadio aún más elevado, que, según él, es la educación espiritual o supramental. Esta no implica la aniquilación del individuo, sino su enriquecimiento a través del contacto con el Absoluto. El estadio espiritual transciende el estadio mental y el psíquico. La justificación de la educación psíquica y espiritual reside en tres importantes consideraciones: a) la educación ha de proporcionar al individuo una exploración constante de algo que está en lo más recóndito de la complejidad psicológica de la conciencia humana; b) la cuestión más importante es plantearse el propósito de la vida humana, y el propósito de la propia vida y el papel que uno desempeña en la sociedad; y sólo se puede responder acertadamente a estos interrogantes cuando las esferas psíquicas y espirituales han sido exploradas y cuando uno está habilitado para desarrollar las facultades psíquicas y espirituales del Conocimiento; y c), la crisis contemporánea de la humanidad ha acaecido debido al desequilibrio entre el progreso material y el insuficiente progreso espiritual. Si, por lo tanto, se ha de responder a esta crisis, hay que fomentar el desarrollo de la Conciencia psíquica y Espiritual.
Aurobindo intenta establecer una distinción entre lo psíquico y lo espiritual de la siguiente forma: en la vida psíquica, el individuo siente una continuidad ininterrumpida en el mundo de las formas y considera el “nivel” como una función inmortal en un tiempo interminable y en un espacio ilimitado. La Conciencia Espiritual va más allá del tiempo y del espacio y es una identificación con el infinito y lo eterno. Aurobindo expresa la misma idea cuando dice que en la vida Psíquica hay que descartar el egoísmo, y que en la vida Espiritual no existe un sentido del ser separado. Insiste en que no se trata de la aniquilación del individuo, sino de su transformación, propósito último de la educación integral. Cuando el hombre alcanza esa educación, se produce una transformación total de la materia. Él la llama educación Supramental, ya que se produce no sólo en las conciencias de los seres individuales, sino en la sustancia misma de la que están hechos e incluso en el medio físico en el que viven.
Sri Aurobindo y la Madre iniciaron un experimento educativo sin precedentes (Joshi, 1998c) cuando, en 1943, se establece una escuela en el retiro de Sri Aurobindo (Sri Aurobindo Ashram) en Pondichery con apenas 20 alumnos. La escuela pronto empezó a crecer y, en 1951, cuando el número de estudiantes había aumentado y debían organizarse estudios de enseñanza superior, se amplió y convirtió en el Centro Universitario Internacional Sri Aurobindo. El Centro fue concebido como uno de los mejores medios para preparar a la humanidad para un futuro caracterizado por la manifestación de una luz y una energía nuevas, la luz y la energía supramentales. Fue creado para que la elite de la humanidad pudiera estar preparada y trabajar por una unificación progresiva del género humano; al mismo tiempo, tendría que estar preparada para encarnar la nueva fuerza que descendería a la tierra para transformarla. El Centro llevó a cabo un programa de investigaciones experimentales bajo la orientación directa de la Madre y se convirtió en un laboratorio de la educación del mañana (para más detalles, véase Tewari, 1998).
La doctrina pedagógica de Sri Aurobindo está vinculada estrechamente con su visión futurista del destino humano, reflejada en la siguiente afirmación: “Han de ser niños del pasado, poseedores del presente, creadores del futuro. El pasado constituye nuestros cimientos, el presente nuestra materia, el futuro nuestro fin y nuestra cumbre” (Aurobindo, 1990, pág. 12). La mente mística y supramental de Aurobindo (1971) articuló un concepto de la vida que era único, ya que la concibió como una oportunidad espléndida y múltiple de descubrir, llevar a la práctica y expresar lo Divino; consiguientemente, visualizó un sistema de educación que pudiera ayudar a la expresión de las potencialidades no realizadas, de acuerdo con su concepto de vida. Este planteamiento exigía una visión creativa y una aventura extraordinaria. Para él, el destino humano es una ascensión hacia la supermente, hacia la realización del Altísimo, y su doctrina de la educación proporciona un marco convincente y flexible para lograr ese objetivo.
Referencias
Aurobindo, S. 1971. Social and political thought [Pensamiento social y político]. Pondichery, Sri Aurobindo Ashram.
——. 1972a. On himself [Sobre sí mismo]. Pondichery, Sri Aurobindo Ashram. (Edición del Centenario, vol. 26.)
——. 1972b. The synthesis of yoga [La síntesis del yoga]. Pondichery, Sri Aurobindo Ashram. (Edición del Centenario, vol. 21.)
——. 1978. Saritri : a legend and a symbol [Saritri : una leyenda y un símbolo]. Pomona, California, Auromere.
——. 1984. La synthèse des yoga [La síntesis del yoga]. Pondichéry, Sri Aurobindo Ashram. Buchet Chastel.
——. 1990. On education [Sobre la educación]. Pondichery, Sri Aurobindo Ashram. (Reimpresión.)
Chaudhuri, H. 1972. “The philosophy and yoga of Sri Aurobindo” [La filosofía y el yoga de Sri Aurobindo]. Philosophy east and west (Honolulú, Hawaï), vol. 22, págs. 5-14.
Das, M. 1977. Sri Aurobindo. Nueva Delhi, Sahitya Akademi.
——. 1999. Sri Aurobindo on education [Sri Aurobindo sobre la educación]. Nueva Delhi, National Council for Teacher Education.
Gokak, V.K. 1973. Sri Aurobindo seer and poet [Sri Aurobindo, profeta y poeta]. Nueva Delhi, Abhinav Publications.
Heehs, P. 1989. Sri Aurobindo: a brief biography [Sri Aurobindo: breve biografía]. Delhi, Oxford University Press.
——. 1998. The essential writings of Sri Aurobindo [Escritos esenciales de Sri Aurobindo]. Delhi, Oxford University Press.
Joshi, K. 1975. Education for personality development [Educación para el desarrollo de la personalidad]. (Conferencia de la National Institute of Education Lecture Series pronunciada en el National Council of Educational Research and Training, Nueva Delhi, los días 22 y 24 de febrero de 1975.)
——. 1998a. Sri Aurobindo. (Conferencia pronunciada en el Indian Institute of Technology, Nueva Delhi, el 21 de noviembre de 1998).
——. 1998b. Philosophy and yoga of Sri Aurobindo [Filosofía y yoga de Sri Aurobindo]. (Conferencia pronunciada en Rajendra Bhawan, Deen Dayal Upadhayaya Marg, Nueva Delhi, el 23 de noviembre de 1998.)
——. 1998c. An experiment in education for tomorrow [Un experimento de educación para el mañana] (Conferencia pronunciada en el Indian Institute of Technology, Nueva Delhi, el 22 de noviembre de 1998.)
McDermott, R.A. 1972. The experiential basis of Sri Aurobindo’s integral Yoga [La base experiencial del yoga integral de Sri Aurobindo]. Philosophy east and west (Honolulú, Hawaï), vol. 22, págs. 15-23.
Raina, M.K. 1979. Education of the left and the right [Educación de la izquierda y de la derecha]. International review of education (Hamburgo), vol. 25, págs. 7-20.
——. 1997. Most dear to all the muses – Mapping Tagorean networks of enterprise – A study in creative complexity [“El más querido de todas las musas”: establecer redes tagoreanas de empresa. Un estudio de la complejidad creativa]. Creativity research journal (Mahwah, Nueva Jersey), vol. 10, págs. 153-73.
Satprem. 1984. Sri Aurobindo or the adventure of consciousness [Sri Aurobindo o la aventura de la conciencia]. Nueva York, Institute for Evolutionary Research.
Sen, I. 1952. Integral education [Educación integral]. Pondichery, Aurobindo International University Centre.
Sorokin, P.A. 1960. “The integral yoga of Sri Aurobindo” [El yoga integral de Sri Aurobindo]. En: Chaudhari, H.; Spiegelberg, F. (comps.), The integral philosophy of Sri Aurobindo. Londres, Allen & Unwin.
Tewari, D. 1998. Auroville: an experiment in education [Auroville: un experimento de educación]. (Conferencia pronunciada en el Indian Institute of Technology, Nueva Delhi, el 22 de noviembre de 1998.)
Vrekhem, G.V. 1999. Beyond man [Más allá del hombre]. Delhi, Oxford University Press.
- COLABORACION EXTERNA -
A continuación transcribimos los comentarios facilitados por Carmen Marco, en relación a este tema:
Si concebimos la Educación como un instrumento para que el Espíritu actúe verdaderamente en la mente y en los cuerpos de la persona y de la nación, entonces es necesario reconocer y constatar el carácter integral, polifacético y complejo del proceso educativo. Se trata de que la simiente que hay dentro de todos los seres humanos y que está repleta de misteriosas posibilidades de crecimiento, pueda llegar a fructificar a través de un proceso educativo completo que abarque lo físico, lo mental y lo espiritual. Tenemos que empezar por hacer referencia y auscultar a los múltiples agentes que en las sociedades modernas intervienen más o menos activamente en ese proceso; además de a las familias, me refiero a los poderosos medios de comunicación: la televisión, Internet, la propaganda… y la representación teatral de los políticos a través de ellos.
En los años en que Sri Aurobindo vivió y concibió sus filosofías sobre la educación, no había prácticamente ninguna de las superestructuras, engranajes y parafernalias que se han ido creando en las sociedades actuales y que tanto intervienen e interfieren en el proceso educativo. La educación del siglo XXI está “contaminada” por la gran presencia, fuerza y poderío de la imagen; la facilidad con que son captadas las imágenes, su inmediatez y contundencia hacen que nos sintamos impactados, deslumbrados y aturdidos por su presencia envolvente, y ello ha transformado de manera muy profunda las posibilidades y las relaciones educativas.
M. K. Raina hace referencia a dos conceptos muy importantes de Aurobindo en su concepción de la Educación, siempre al servicio del crecimiento del alma: 1. La integralidad (totalidad, lo íntegro o completo). 2. La síntesis.
Ambos conceptos son, para mí, parte constituyente del propio proceso educativo, y también me parecen necesarios para que acompañen e iluminen nuestras actitudes y comportamientos vitales, los métodos intelectuales que seguimos y la búsqueda espiritual que llevamos a cabo.
1. Por lo que respecta al primer concepto, lo íntegro, la primera consecuencia en su aplicación educativa sería, para mí, la no separación entre Letras y Ciencias. Esta defensa que hago de una enseñanza más holística en la que exista una interrelación entre las llamadas “Letras” y las “Ciencias” podemos ponerla en relación con el rechazo contundente que realiza Aurobindo hacia la enseñanza por fragmentos, ya que achaca a esa fragmentación casi todos los males de las mentes modernas: “la superficialidad, la ligereza discursiva y la voluble mutabilidad”. Interpretación de las causas que comparto plenamente, y a la que añado la ya señalada del predomino de la imagen sobre la palabra, por lo tanto, la rapidez de la vista se impone sobre la mayor atención y buena disponibilidad que necesita el oído ejercitando la escucha activa, además hay un ambiente social generalizado que exalta lo rápido sobre lo lento, lo fácil sobre lo complejo y los tópicos simplistas sobre las elaboraciones complejas. La presencia omnipotente de la imagen a través de los medios de comunicación sustituye la vida real por un simulacro artificioso y al mismo tiempo, muestra el mundo real en los telediarios y programas de testimonios como si de una película o un show se tratara. Los hechos reales más crueles acaban pareciendo un trampantojo que adorna el salón de nuestras casas.
La educación integral no es una simple yuxtaposición de materias, asignaturas o facultades, sino que es en la posibilidad de combinar distintas búsquedas de conocimiento y destrezas donde cada alumno puede desarrollar su propia armonía alentado por el profesor. Esta concepción de Aurobindo, que comparto plenamente, me gusta acompañarla con un símil: la educación integral es para mí como una red de pescadores formada por mallas adecuadas para que se retenga en ellas lo que necesitamos para nuestro alimento y salga para volver a su lugar aquello que de momento no nos sirve. Se trata de pescar en el océano de la sabiduría colectiva de la humanidad utilizando en cada momento las redes más adecuadas a la situación temporal de cada alumno. En algunas cosmovisiones orientales se establece un paralelismo simbólico entre la red y el firmamento: la red del cielo está formada por estrellas, constelaciones… que están en una malla amplia pero de la que no se pierde nada. En las alturas cósmicas y en las profundidades marinas, unas redes bien utilizadas permiten adquirir el conocimiento por observación, captura y asimilación. En las redes siempre he visto una hermosa semejanza con los ligamentos fibrosos que permiten mantener unidas de forma elástica las articulaciones en el cuerpo humano. O los hilos de urdimbre y trama que, convenientemente ligados, constituyen un tejido unitario y útil. Actualmente, Internet es la red de redes y puede ser una gran ayuda para el proceso educativo; también se han señalado los peligros, pero eso mismo ocurre en la vida, por ejemplo, un medicamento puede ayudar a curarnos o puede matarnos, depende del uso que hagamos de él, me gusta mucho recordar una cita extraída de Lazarillo de Tormes cuando el ciego está curando a Lázaro con el vino y le dice: “¿Qué te parece, Lázaro, lo que te enfermó te sana y da salud?
Internet es también como un gran laberinto en el que podemos perdernos en sus múltiples caminos y vericuetos, muchos de ellos sin salida, y que nunca nos conducirán al centro, al corazón mismo del conocimiento; el centro como símbolo del espíritu creativo es lo que buscamos en este “navegar” por Internet, en este caminar por el laberinto nos acercamos y alejamos alternativamente de ese centro unificador en el que reside la sacralidad de la sabiduría.
Por otra parte, la “Perfección Integral” de Sri Aurobindo busca establecer una íntima relación entre Espíritu, mente y cuerpo que logre desarrollar las fuerzas latentes, ejercitar las posibles virtudes naturales, pulir las aristas y los defectos de carácter, de modo que, fomentando la conciencia integral de los alumnos, se alcance la máxima Evolución del Ser. La búsqueda de esa “Perfección Integral” me interesa ponerla en relación con la alimentación actual, generalmente muy desnaturalizada por diversos procesos industriales que consiguen enmascarar los productos naturales para hacerlos supuestamente más atractivos, más “fáciles” o más cómodos. Fue en el siglo XVIII cuando se inició el refinamiento de los alimentos; guiados, a mi modo de ver, por una estética neoclásica amanerada que suponía la perversión de la belleza clásica. Este amaneramiento estético fue desplazándose a otros ámbitos humanos; entre ellos, como ya he indicado, al de la alimentación. Proceso que en la actualidad ha llegado a su paroxismo con los transgénicos, los aditivos que enmascaran: potenciadores del sabor, colorantes, etc. Un cuerpo sobrealimentado con productos artificiales difícilmente va a ser un buen receptáculo para que se desarrolle en él esa conciencia de búsqueda de la perfección integral. Para ayudar a despertar en nuestros alumnos “su Ser espiritual” que todos llevan dentro, es necesario contribuir con unos buenos hábitos alimentarios, higiénicos, gimnásticos…
2. En cuanto al concepto de síntesis, Aurobindo estaba preparado por su educación y, quizás predispuesto de forma natural a asimilar y sintetizar los valores de Oriente y Occidente.
¿Son realmente valores distintos los que existen en Oriente y en Occidente? Algunos cuestionamos esta dicotomía excluyente que parece marcada a fuego, ya que la evolución de la humanidad no puede representarse con dos líneas horizontales y paralelas, sino más bien con una serie de círculos y espirales que se han encontrado o separado varias veces a lo largo de la historia. ¿La India tiene unos valores más próximos a Japón que los de Japón con respecto a Europa? ¿Los valores de la antigua Persia tienen algo que ver con los valores del actual Irán? ¿La espiritualidad de la Europa medieval estaba próxima a la de Oriente Medio? ¿Rusia tiene valores orientales u occidentales? ¿Y Australia?... Cuando actualmente se habla de valores orientales y occidentales, me parece que estamos haciendo un reduccionismo fijándonos solamente en estereotipos del siglo XIX. Para mí, la síntesis aplicada a la educación tiene mucho que ver con potenciar en los alumnos una actitud abierta, desprovista de presuposiciones y prejuicios, así como una libertad de pensamiento ejercitada diariamente con diálogos socráticos, por ejemplo; ya que la verdadera libertad es cuestionar los tópicos a partir de la reflexión guiada por el maestro y no dejarse arrastrar por la masa y atreverse a pensar aun a riesgo de alejarse a veces de las mayorías. Ahora bien, eso exige grupos muy pequeños de aprendizaje, en aulas masificadas es prácticamente imposible llevar a cabo esas técnicas.
Antes hemos hablado de la íntima relación entre Espíritu, mente y cuerpo; en relación con ello, destacamos que para Aurobindo la educación física suponía el buen funcionamiento del cuerpo, el fomento de la fortaleza, del equilibrio y de la belleza. Me interesa fijarme en este último término porque es un concepto equívoco del que algunos filósofos decimonónicos de pensamientos materialistas han huido para no ser acusados de frivolidad, Sin embargo para mí la Belleza es una idea y una vivencia profundamente espiritual. ¿Dónde hay más belleza que en el Arte y especialmente en la Palabra Poética? Y la Poesía, o es espiritual o no es realmente tal.
Según M. K. Raina, Aurobindo pensaba que la belleza es el ideal que la vida física tiene que hacer realidad. Efectivamente, pero me interesa resaltar que el concepto de “Belleza” no es unívoco, además es cambiante en relación con el espacio y el tiempo. Bien es cierto que, afinando mucho, podemos encontrar ciertos componentes de “lo bello” que superan las contingencias espaciales y temporales: ese “algo” que sale de dentro y se irradia a través de la mirada o, quizás, también a través de la sonrisa. ¿La Belleza tiene que ver con la moral, con la inteligencia, con la bondad, con la espiritualidad? ¿Puede haber Belleza en un rostro anciano surcado de arrugas? ¿Puede haber Belleza en un acto malévolo? Estas preguntas lanzadas al aire en un pequeño grupo pueden llevarnos por caminos de reflexión y elaboración muy creativos.
Para mí, la verdadera Belleza es expresión de la propia naturaleza y, por lo tanto, alejamiento de la impostura. También es contención, es cuidado y pulido de las aristas. La Belleza es superación del concepto “tiempo” mediante la no aceptación de las modas, ya que éstas siempre son contingencias superficiales. Es también el respeto al “espacio”, ya que cuando el objeto o el ser están en su “lugar” siempre tienen belleza natural, espontánea; por el contrario, la des-ubicación siempre es fealdad y caos destructivo (diferente a ese otro caos constructivo). La Belleza puede estar en el número y en la palabra, en la pintura artística y en la figura geométrica. Por eso (y por otras razones) hemos defendido antes la no separación entre Letras y Ciencias. En definitiva, siento que la verdadera Belleza guarda estrecha relación con la Verdad de la Naturaleza y misteriosas y profundas conexiones con la Bondad.
Poéticamente expresé hace unos años algunos sentimientos sobre
LA BELLEZA
No es el tiempo el que rapta la Belleza,
Es el cansancio el que la vela,
El acto de posesión el que la extenúa
Porque la Belleza no está en sí
Si no en el contemplador no posesivo
Hacedor de un acto desinteresado de Amor.
¡Belleza eterna!
Hija de las estrellas errantes,
Llanura leve en la espiral cósmica,
Morada clandestina,
Tú existes aunque yo no te comprenda,
No concibo humana tu fuerza
Pero te adoro.
Cuando Aurobindo reconoce la dificultad de formar moralmente a los alumnos utilizando manuales porque así el procedimiento es artificioso y mecanicista, pone el dedo en la llaga de lo que está pasando actualmente con la educación en nuestro país: el fracaso de muchos alumnos, los altos índices de absentismo, la agresividad y apatía son un fiel reflejo de los problemas sociales y políticos que rodean a los alumnos y también, claro, a maestros y profesores; de modo que las posibles enseñanzas morales que se imparten, se reciben como consignas, descontextualizadas e incluso artificiosas y contradictorias con actitudes públicas y comportamientos de las personas y personajes que deberían ser modelos a respetar y emular. Precisamente por la esterilidad de los manuales éticos y por la contradicción entre los contenidos de éstos y los malos ejemplos que se reciben a través de los medios de comunicación y el bombardeo de imágenes y discursos vacuos, es por lo que nos parece improcedente, inadecuada y peligrosa la nueva “asignatura” llamada Educación para la Ciudadanía. Cuando Aurobindo dice que ninguna enseñanza religiosa tiene valor alguno “a no ser que sea vivida”, creo que podemos relacionarlo precisamente con esta imposibilidad de enseñar a ser ciudadanos conscientes a través de un manual y de una asignatura. Si algo de moralidad ciudadana y de conciencia humanística puede enseñarse será empapando con esos valores toda la vida social, familiar y educativa para que, a través del ejemplo y las vivencias, funcionen la captación y la asimilación gracias a la sugerencia y a la seducción.
Para ir concluyendo: lo íntegro y la síntesis, convertidos en actitudes y procedimientos físicos, intelectuales y espirituales, son necesarios para lograr el máximo estadio de la formación, es decir, la Educación Supramental que para Aurobindo supone una exploración en lo más recóndito de la conciencia humana y el descubrimiento del papel que cada uno debe desempeñar en la sociedad. Es además adquirir una Conciencia Espiritual que supere las contingencias espaciales y temporales, y también el sentimiento de separación. Para mí, esto se logra buceando en la Memoria genética de la Humanidad y descubriendo el Destino individual en el seno del Destino colectivo, y que poetizo con estas palabras:
Alcanzar la otra orilla, recobrar
El tesoro familiar de la Humanidad.
Carmen Marco Báguena - Enero 2009
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 3: ■ ¿UNA GUÍA PARA ESTOS TIEMPOS? ■
“Padre Santo, guarda en tu nombre a éstos que me has dado, para que sean uno como nosotros. Pero no ruego solo por estos, sino por cuantos crean en mi por su palabra, para que todos sean uno, como tu Padre estas en mi y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros. Yo les he dado la gloria que tu me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno.”
Evangelio de San Juan
Escuchemos ahora al Señor:
Ésta es la solución, ésta es la redención, ésta es la perfección que Yo ofrezco a todos aquellos que pueden escuchar una voz divina en su interior y son capaces de esta fe y de este conocimiento. Pero para elevarte a esta condición preeminente, es necesario en primer lugar, y este es un paso radicalmente decisivo, alejarte de todo lo que pertenece a tu naturaleza inferior, y fijarte, por la concentración de la voluntad y de la inteligencia, sobre lo que es superior a la voluntad o a la inteligencia, superior a la mente, al corazón, a los sentidos y al cuerpo. Y ante todo debes volverte hacia tu propio yo eterno, inmutable e impersonal, que es el mismo en todas las criaturas. Mientras vivas en el ego y en la personalidad mental, estarás dando vueltas una y otra vez sobre los mismos círculos y no podrás obtener ningún resultado real. Dirige tu voluntad hacia el interior más allá del corazón y de sus deseos, más allá de los sentidos y de lo que les atrae; eleva tu voluntad por encima de la mente, de sus asociaciones, de sus apegos, más allá de sus deseos, de sus pensamientos y de sus impulsos limitados. Arriba a algo dentro de ti que es eterno, que jamás cambia, que es calmo, imperturbable, igual, imparcial ante todas las cosas, personas y acontecimientos, que no es afectado por ninguna acción, no modificado por las representaciones de la Naturaleza. Sé eso, sé el yo eterno, sé el Brahman. Si puedes llegar a ser eso mediante una experiencia espiritual permanente, tendrás una base asegurada sobre la que instalarte, liberado de las limitaciones de tu personalidad creada por el ego mental, y al abrigo de cualquier caída de la paz y del conocimiento, libre del ego.
Así pues, no te será posible despersonalizar tu ser en tanto que nutras a tu ego, te dejes halagar por él y te aferres a él o a cualquier cosa que le pertenezca. El deseo y las pasiones que emergen del deseo son el indicio y el “nudo” primordial del ego. Es el deseo quien te hace decir sin cesar “yo” y “mío”, y quien, a través de un egoísmo persistente, te sujeta a la satisfacción y a la insatisfacción, a lo atractivo y a lo repulsivo, a la esperanza y a la desesperación, a la alegría y al dolor, a tus pobres amores y a tus pequeños odios, a la cólera y a la pasión, a tu apego al éxito y a las cosas placenteras, a tu dolor y a tu sufrimiento ante el fracaso y cosas desagradables. El deseo entraña siempre confusión de la mente y limitación de la voluntad, una visión egoísta y distorsionada de las cosas, quiebra y obscurece el conocimiento. El deseo y sus preferencias son, con la violencia, la primera raíz firme que alimenta el pecado y el error. Mientras acaricies el deseo, no puede haber tranquilidad inmaculada y segura, ni luz estable, ni conocimiento calmo y puro. No puede haber existencia justa -porque el deseo es una perversión del espíritu-, ni base sólida para un pensamiento y una acción justos, ni tampoco para sentimientos justos. El deseo, si se le permite subsistir, cualquiera que sea el color con el que se oculte, es una amenaza perpetua, incluso para el más sabio, y puede hacer que se derrumbe la mente en cualquier momento, sutilmente o con violencia, incluso poseyendo la base más firme y experimentada en cuanto a seguridad. El deseo es el principal enemigo de la perfección espiritual.
Mata, entonces, al deseo; rechaza el apego a la posesión y al goce de la apariencia exterior de las cosas. Sepárate de todo lo que te llega en forma de contactos y solicitaciones exteriores, en forma de objetos-deseo de la mente y de los sentidos. Aprende a soportar y a rechazar todo asalto de las pasiones, y a permanecer al abrigo en tu yo interior, soporta incluso las reacciones adversas de tu multipersonalidad, aunque se enfurezcan todos tus nervios, hasta que por fin dejen de afectar a alguna parte de tu naturaleza. Resiste y repele de forma parecida los formidables ataques, incluso los contactos más suavemente insinuantes, de alegría y de dolor. Rechaza la simpatía y la antipatía, destruye la preferencia y el odio, arranca de raíz la tentación de evadirte y la repugnancia. Ten una indiferencia calma frente a estas cosas y frente a todos los objetos de deseo en toda tu naturaleza. Posa sobre ellos la mirada silenciosa y tranquila de un espíritu impersonal.
El resultado será una igualdad absoluta y el poder de una calma imperturbable que el espíritu universal conserva ante sus creaciones, afrontando siempre la acción múltiple de la Naturaleza. Mira todo con mirada ecuánime; recibe con corazón igual y con una mente igual todo lo que te llegue, éxito y fracaso, honor y deshonor, estima y amor de los hombres, así como su desprecio, su persecución y su odio, todos los acontecimientos que para los demás podrían ser causa de alegría, y todos los acontecimientos que para los demás podrían ser motivo de aflicción. Considera a todas las personas con mirada ecuánime, a los buenos y a los malvados, a los sabios y a los alienados, a los brahmines y a los parias, al hombre en su cénit y a todas las criaturas más insignificantes. Accede con trato igual a todos los hombres, cualesquiera que sean sus relaciones contigo, a los amigos y aliados, a los neutrales e indiferentes, a los adversarios y enemigos, a los que aman y a los que odian. Todo esto concierne al ego y tú estás llamado a liberarte de él; son relaciones personales, y debes observar todo con la mirada profunda del espíritu impersonal; son diferencias temporales y personales que debes ver, pero no dejarte influir por ellas; porque debes fijarte, no sobre estas diferencias, sino sobre lo que es idéntico en todos, sobre el yo único que todos son, sobre el Divino en cada criatura y sobre el funcionamiento único de la Naturaleza, que es la voluntad igual de Dios en los hombres, en las cosas, en las energías, en los acontecimientos, en todo esfuerzo, en todo resultado, en todo fruto, cualquiera que sea, el accionar del mundo.
La acción, sin embargo, se cumplirá en ti, porque la Naturaleza está siempre trabajando; pero debes saber y sentir que tu yo no es el autor de la acción. Observa simplemente, observa sin emoción el funcionamiento de la Naturaleza, el juego de sus cualidades, y la magia de los gunas (tendencias predominantes en tu naturaleza). Observa impasible esta acción en ti mismo; observa todo lo que ocurre alrededor de ti, y verás que en los demás se produce el mismo proceso. Observa que el resultado de tus obras y las de los demás, difiere constantemente de lo que tú o ellos deseáis u os proponéis; que no es el fruto de tus obras tuyo, ni suyo, ni de los otros, sino el fijado de forma omnipotente por un Poder más grande, que quiere y actúa aquí abajo en la Naturaleza universal. Observa asimismo que incluso la voluntad que pones en tus obras no es la tuya, sino la de la Naturaleza. Es la voluntad del sentido del ego en ti, y está determinada por la cualidad que predomina en tu composición, y que la Naturaleza ha desarrollado en el pasado, o bien la ha presentado en el momento actual. Esta voluntad depende del juego de tu personalidad natural, formación de la Naturaleza que no es tu persona verdadera. Retrocede de esta formación exterior y entra en tu silencioso yo interior; verás que tú, en tanto que Alma, eres inactivo, y que, no obstante, la Naturaleza continúa ejecutando siempre sus obras de acuerdo con sus gunas. Fíjate en esta inactividad y en esta tranquilidad interior; no te consideres nunca como el hacedor. Permanece estabilizado en ti mismo, por encima del juego, libre de la agitada acción de los gunas. Vive seguro en la pureza de un espíritu impersonal, vive sin que te perturbe el oleaje mortal que persiste en tus miembros.
Si puedes hacer esto, entonces te encontrarás promovido a una gran liberación, a una vasta libertad y a una paz profunda. Entonces serás consciente de Dios, e inmortal, poseído de tu existencia esencial e intemporal, independiente de la mente, de la vida y del cuerpo, seguro de tu ser espiritual, indemne a las reacciones de la Naturaleza, no manchado por la pasión, el pecado, el dolor y el sufrimiento. Entonces no dependerás, para tu alegría y tu deseo, de algo mortal, exterior o mundano, pero poseerás, de forma inalienable, la felicidad, que se basta a sí misma, de un espíritu calmo y eterno. Entonces habrás dejado de ser una criatura mental, y te habrás convertido en un espíritu sin límites, el Brahman. Rechazando de tu mente toda semilla de pensamiento y toda raíz de deseo, alejando la imagen del nacimiento en el cuerpo, puedes pasar, en el momento de tu fin, a esta eternidad del Yo silencioso, concentrándote en el Eterno puro y transfiriendo poderosamente tu consciencia al Infinito, al Absoluto.
*
* *
Sin embargo, ésta no es toda la verdad del Yoga; y este fin y este modo de partir, por grandes que sean, no son lo que Yo te propongo. Porque Yo soy el Obrero eterno dentro de ti y te pido que trabajes. Yo no espero de ti un consentimiento pasivo a un movimiento mecánico de Naturaleza de la que, en tu ego, estás completamente separado, indiferente y distante, sino una acción completa y divina, ejecutada como el instrumento inteligente y diligente del Divino, para Dios en ti y en los demás, y para el bien del mundo. Esta acción te la propongo en primer lugar, como es natural, como un medio para alcanzar perfección en la suprema Naturaleza espiritual, pero también como una parte integrante de esta perfección. La acción forma parte del conocimiento integral de Dios, de Su verdad misteriosa y más grande, y de una vida enteramente vivida en el Divino; la acción puede y debe continuarse incluso después de alcanzadas la perfección y la libertad. Yo te pido la acción del hijo de Dios, las obras del Siddha. Hay que añadir algo al Yoga ya descrito, (porque éste no era más que un primer Yoga del conocimiento). Existe también un Yoga de la acción en la iluminación de la experiencia de Dios; las obras deben devenir una en Espíritu con el conocimiento. Porque las obras cumplidas con una total visión de Dios y de uno mismo, en una visión de Dios en el mundo y del mundo en Dios, son en sí mismas un movimiento del conocimiento, un movimiento de la luz, un medio indispensable de la perfección espiritual de la que ellas son parte integrante.
Así pues, añade ahora también a la experiencia de una alta impersonalidad el conocimiento de que el Supremo, al que se aborda como el Yo puro y silencioso, puede ser abordado igualmente como un Espíritu vasto y dinámico, origen de todas las obras, Señor de los mundos y Amo de la acción, del esfuerzo y del sacrificio del hombre. Este mecanismo de la Naturaleza que aparentemente actúa por sí mismo, disimula una Voluntad divina inmanente que le obliga, le guía y conforma sus propósitos. Pero tú no puedes sentir ni conocer esa Voluntad mientras estés encerrado en la estrecha célula de tu personalidad, ciego y encadenado a tu punto de vista nacido del ego y de sus deseos. Porque no puedes responder completamente a ella más que cuando el conocimiento te haya hecho impersonal, y ensanchado para ver todas las cosas en el yo y en Dios, y el yo y Dios en todas las cosas. Todo deviene aquí por el poder del Espíritu; todo el mundo realiza Sus obras por la inmanencia de Dios en las cosas y por Su presencia en el corazón de cada criatura. El Creador de los mundos no está limitado por Sus creaciones; el Señor de las obras no está atado por sus obras; la Voluntad divina no está sometida a su labor y a los resultados de su labor, porque es omnipotente, posee todo y en todo conoce la felicidad. Pero, sin embargo, el Señor domina sus creaciones desde Su trascendencia; desciende como Avatar; está aquí abajo en ti; desde dentro, regula todas las cosas según los pasos de Su naturaleza. Y tú también debes realizar las obras en Él, según la naturaleza divina y siguiendo su progreso insensible a la limitación, al apego o al sometimiento. Actúa para el mejor bien de todos, actúa para mantener el progreso del mundo, para sostener o conducir a sus pueblos. La acción que se te ha exigido es la del Yogui liberado; es el flujo espontáneo de una energía libre que es el bien de Dios; es un movimiento ecuánime, es una labor sin egoísmo ni deseo.
El primer paso por este camino de la acción, camino libre, igual y divino, consiste en desprenderte del apego al fruto y a la recompensa, y en no trabajar más que por la obra misma que debe hacerse. Porque debes sentir profundamente que los frutos pertenecen, no a ti, sino al Señor del mundo. Consagra tu labor y deja sus retribuciones al Espíritu que se manifiesta y se realiza en el movimiento universal. El resultado de tu acción está determinado por su sola voluntad; y cualquiera que él sea, la buena o mala fortuna, el éxito o fracaso, el Espíritu se sirve de él para realizar su propósito universal. Que la voluntad personal y toda la naturaleza instrumental operen sin deseo alguno y de una forma enteramente desinteresada, es la primera regla del Karmayoga. No exijas ningún fruto, acepta todos los resultados que te sean dados, y acéptalos con igualdad y con una alegría calma, tanto si son exitosos como si el sentimiento fuese de fracaso, tanto en la prosperidad como en la aflicción; continúa sin miedo, sin turbarte ni desfallecer, avanzando por el escarpado sendero de la acción divina.
Éste no es más que el primer paso sobre el sendero. Porque tú debes estar no sólo desapegado del resultado de tus obras, sino también de tu trabajo. Deja de considerar tus obras como tuyas; del mismo modo que has abandonado los frutos de tu trabajo, igualmente debes someter tu trabajo al Señor de la acción y del sacrificio. Reconoce que tu naturaleza determina tu acción; tu naturaleza gobierna el movimiento inmediato y decide el giro y el desarrollo que se manifestarán a tu espíritu en los senderos de la fuerza ejecutiva de la Naturaleza. No hagas que intervenga ya la voluntad personal que confunde los pasos de tu mente al seguir la vía que lleva a Dios. Acepta la acción propia de tu naturaleza. Haz de todo lo que realices –desde el esfuerzo mayor y más inusual hasta el más pequeño acto cotidiano-, haz de cada acto de tu mente, de cada acto de tu corazón, de cada acto de tu cuerpo, de cada disposición interior y exterior, de cada pensamiento, voluntad y sentimiento, de cada paso, pausa y movimiento, un sacrificio al Señor.
Conoce a continuación que tú eres una porción eterna del Eterno, y que los poderes de tu naturaleza no son nada sin Él; no son sino la expresión parcial de Él mismo. Es el Infinito Divino quien se realiza progresivamente en tu naturaleza. Es el supremo poder-de-ser, es la Shakti del Señor (el Divino Universal) quien forma tu naturaleza y toma forma en ella. Así pues, abandona todo sentimiento de que tú seas el autor; ve al Eterno como el único autor de la acción. Deja que tu ser natural, que tu mismo seas una ocasión, un instrumento, un canal de su poder, un medio para su manifestación. Ofrécele tu voluntad y hazla una con Su voluntad eterna; somete todas tus acciones en el silencio de tu yo y espíritu al Amo trascendente de tu naturaleza. Esto no puede hacerse realmente ni perfectamente mientras exista en ti el menor sentido del ego, o la menor pretensión mental, o la menor insistencia vital. La acción ejecutada en el más mínimo grado por el ego, o teñida del deseo y de la voluntad del ego, no es un sacrificio perfecto. No puede ser ejecutada bien y verdaderamente, mientras exista desigualdad o alguna señal de retroceso y preferencia ignorantes. Pero cuando existe una perfecta igualdad frente a todas las obras, resultados, cosas y personas, una consagración al Altísimo y no al deseo ni al ego, entonces la Voluntad divina determina todas las obras sin ningún tropiezo ni desviación, y el Poder divino las ejecuta libremente sin ninguna interferencia inferior ni reacción falsa en la pureza y en la seguridad de tu naturaleza transmutada. Que por tu mediación la Voluntad divina forme cada acto tuyo en su inmaculada soberanía, es el supremo grado de perfección que llega cuando se ejecutan las obras en Yoga. Hecho esto, tu naturaleza seguirá su marcha cósmica en una unión completa y constante con el Supremo, expresará el Yo más alto, y obedecerá a la voluntad del Señor.
Esta vía de las obras divinas es una liberación mucho mejor, una vía y una solución más perfectas que la renuncia física a la vida y a las obras. Una abstención física no es enteramente posible y, en la medida en que lo sea, no es indispensable para la libertad del espíritu; es, además, un ejemplo peligroso porque su influencia extravía a los hombres ordinarios. Los mejores, los más grandes, establecen la norma que el resto de la humanidad se esfuerza por seguir. Entonces, ya que la acción es la naturaleza del espíritu encarnado, ya que las obras son la voluntad del Trabajador eterno, los grandes espíritus, las mentes dominadoras, deben establecer este ejemplo. Deben ser ellos los trabajadores universales, ejecutando sin reservas todas las obras del mundo - trabajadores divinos, libres, gozosos y sin deseo, almas y naturalezas liberadas.
*
* *
La mente de conocimiento y la voluntad de acción no son todo; hay en ti un corazón que desea la felicidad. Aquí también, en el poder e iluminación del corazón, en su imperioso deseo de felicidad, de satisfacción del alma, es preciso transformar tu naturaleza, cambiarla, y elevarla a un único éxtasis consciente con el Divino. El conocimiento del yo impersonal aporta su propio Ananda; existe una alegría de la impersonalidad, una alegría singular del espíritu puro. Pero un conocimiento integral hace partícipe de una triple y mayor “felicidad”. Abre las puertas de la dicha del Trascendente; da la libertad en el deleite sin límites de una impersonalidad universal; descubre el arrobamiento de toda esta múltiple manifestación; porque hay una alegría del Eterno en la Naturaleza. Este gozo en el Hijo, una porción aquí abajo del Divino, toma la forma de un éxtasis fundamentado en la Divinidad, que es su origen, en su yo supremo, en el Amo de su existencia. El amor y la adoración de Dios íntegros se extienden hasta llegar a ser un amor del mundo, de todas sus formas, de todos sus poderes y de todas sus criaturas; en todos, es visto el Divino, encontrado, adorado, servido o sentido en la unidad. Añade al conocimiento y a las obras esta corona de la eterna alegría triuna; admite este amor, aprende esta adoración; hazlo espíritu único con las obras y el conocimiento. Éste es el ápice de la perfecta perfección.
Este yoga de amor te dará una fuerza potencial muy alta para llegar a la vastedad, la unidad y la libertad espirituales. Pero debe ser un amor que es uno con el conocimiento de Dios. Hay una devoción que busca a Dios en el sufrimiento para obtener consuelo, auxilio y liberación; hay una devoción que le busca por Sus dones, por la ayuda y la protección divinas, y como fuente de satisfacción del deseo; existe una devoción que, a pesar de ser ignorante, se dirige a Él para la luz y el conocimiento. Y mientras uno esté limitado a estas formas, puede persistir aquí, incluso en su más alta y su más noble orientación hacia Dios. Pero cuando el amante de Dios es también el conocedor de Dios, deviene un solo yo con el Amado; porque él es el elegido del Más Alto, el electo del Espíritu. Desarrolla en ti este amor absorbido de Dios; el corazón, espiritualizado y elevado por encima de las limitaciones de su naturaleza inferior, te revelará de la forma más íntima los secretos del ser inmensurable de Dios, penetrará en ti todo el contacto, todo el influjo y toda la gloria de su Poder divino y te abrirá los misterios de un éxtasis eterno. El amor perfecto es la llave de un conocimiento perfecto.
Este amor integral de Dios exige también un trabajo integral por el Divino en ti mismo y en todas las criaturas. El hombre ordinario ejecuta las obras obedeciendo a algún deseo, pecaminoso o virtuoso, a algún impulso vital, bajo o alto, a alguna elección mental, común o exaltada, o bien por algún motivo en el que se mezclan lo mental y lo vital. Pero la obra que tú ejecutes debe ser libre y sin deseo; la obra realizada sin deseo no crea reacción, no impone ninguna servidumbre. Ejecutada en una perfecta igualdad y en una calma y paz imperturbables, pero sin ninguna pasión divina, es, en primer lugar, el maravilloso yugo de una obligación espiritual, kartavyam karma; después, la elevación de un sacrificio divino; y en su más alta expresión, puede ser la de de un consentimiento calmo y gozoso en una unidad activa. La unidad en el amor hará mucho más; reemplazará a la calma impasible del comienzo por un potente y profundo éxtasis, no por el pequeño ardor del deseo egoísta, sino por el océano de un Ananda infinito. Introducirá en tus obras el sentimiento emocionante y la pasión pura y divina de la presencia del Amado; se producirá una alegría intensa al trabajar por Dios en ti mismo y por Dios en todos los seres. El amor es la corona de las obras y la corona del conocimiento.
Este amor que es conocimiento, este amor que puede ser el corazón profundo de tu acción, será tu fuerza más eficaz para una consagración absoluta y una perfección completa. Una unión integral del ser del individuo con el Ser divino es la condición de una vida espiritual perfecta Vuélvete, pues, completamente hacia el Divino; haz que toda tu naturaleza sea una con Él por el conocimiento, el amor y las obras. Vuelve completamente hacia Él tu mente, tu corazón y tu voluntad, toda tu consciencia, e incluso tus mismos sentidos y tu mismo cuerpo, y remítelos sin reservas a Sus manos. Deja que tu consciencia sea soberanamente moldeada por Él en un molde sin defecto de Su consciencia divina. Deja que tu corazón se convierta en un resplandeciente e inflamado corazón del Divino. Deja que tu voluntad sea una acción impecable de Su voluntad. Deja que tus mismos sentidos y tu mismo cuerpo se conviertan en la sensación extática y el cuerpo extático del Divino. Adórale y participa en los sacrificios que Le ofrezcas con todo tu ser; recuérdalo en cada pensamiento y en cada sentimiento, en cada impulso y en cada acto. Persevera hasta que todas estas cosas sean completamente Suyas y hasta que, desde Su constante presencia transmutadora, haya ocupado incluso la más común y la más exterior de las cosas, lo mismo que la cámara más sagrada y más secreta de tu espíritu.
*Extracto del “Mensaje de la Gîtâ”
LA LEY DE LA UNION
Todo amor verdadero y todo sacrificio son, en su esencia, una contradicción impuesta por la Naturaleza para enfrentarnos con nuestro egoísmo primario y su error separativo (nuestra consciencia relativa nos presenta la realidad como si estuviéramos separados de los demás, nos identificamos con nuestro yo individual; no podemos concebir una realidad en la que todos somos uno);no obstante, la Naturaleza persiste en su intento de volver a recuperar la unidad desde una primera fragmentación necesaria, todo choque entre egos con conciencia separada, es parte de la experiencia que nos lleva de una forma inconsciente para nosotros hacia un despertar a la realidad mayor. Toda unidad entre las criaturas es, en su esencia, un auto-encuentro, una fusión con aquello de lo que estábamos separados y un descubrimiento del propio yo en los demás.
Pero sólo un amor y unidad divinos pueden poseer en la luz lo que las formas humanas buscan en la oscuridad. Los seres humanos engañados por su naturaleza viven en la oscuridad, buscan la luz y la luz despertará dentro de ellos como consecuencia de la experiencia y empezará por la comprensión de que los demás son su verdadero yo. Pues la verdadera unidad no es meramente una asociación y aglomeración como la de las células físicas, unidas por una vida de intereses comunes: tampoco es entendimiento emotivo, simpatía, solidaridad ni estrecha aproximación. Entonces sólo estaríamos realmente unificados con los que se hallan separados de nosotros por las divisiones de la Naturaleza, cuando anulamos la división y nos descubrimos en lo que nos parecía ajeno a nosotros. La asociación es una unidad vital y física; su sacrificio es de ayuda y concesiones mutuas. La proximidad, la simpatía y la solidaridad crean una unidad mental, moral y emocional; les corresponde un sacrificio de mutuo apoyo y mutuas gratificaciones. Pero la verdadera unidad es espiritual; su sacrificio es una autoentrega mutua, una interfusión de nuestra sustancia interior. La ley del sacrificio viaja en la Naturaleza hacia su culminación en su autoentrega completa y sin reservas; despierta en el dador y en el objeto del sacrificio la conciencia de un yo común. Esta culminación del sacrificio es hasta la cima del amor y devoción humanos cuando procuran convertirse en divinos; pues también allí la cima más excelsa del amor se proyecta en un cielo de autoentrega completa y mutua, y su cúspide es la arrobada fusión de las almas.
Esta idea más honda de la ley terrestre está en el meollo de la doctrina que sobre las obras (trabajar para el Divino) da el Gita; el núcleo de su doctrina es una unión espiritual con el Supremo mediante el sacrificio, una autoentrega sin reservas al Eterno. La concepción vulgar del sacrificio es un acto de dolorosa autoinmolación, de austera mortificación, de autoanulación difícil: este género de sacrificio puede llegar incluso hasta la automutilación y la autotortura. Estas cosas pueden ser temporariamente necesarias en el duro esfuerzo humano por superar el yo natural; si el egoísmo es violento y obstinado, a veces ha de encontrar como respuesta una fuerte represión interna y una violencia que lo contrabalancee. Pero el Gita no anima a ninguna clase de abuso de violencia sobre uno mismo; pues el yo interior es realmente la Deidad que evoluciona, es Krishna, es la Divinidad; no ha de ser perturbado ni torturado como los Titanes del mundo lo perturban y torturan (se refiere a las Fuerzas de la oscuridad que tientan y someten al ego humano, haciéndolo presa de sus apetencias), sino crecientemente fomentado, apreciado, abierto luminosamente a una Luz, fortaleza, dicha y amplitud divinas. No es al propio yo sino a la banda de enemigos interiores del espíritu que tenemos que desanimar, desalojar, eliminar sobre el altar de la evolución espiritual; éstos pueden ser extirpados sin miramientos; sus nombres son: deseo, ira, fanatismo, dogmatismo, codicia y apego a los goces y dolores externos; son la cohorte de demonios usurpadores causantes de los errores y sufrimientos del alma. Han de considerarse no como parte nuestra sino como intrusos y pervertidores de la naturaleza real y más divina de nuestro yo; han de ser sacrificados en el más severo sentido de la palabra, cualquiera que sea el dolor que, por reflejo, puedan lanzar sobre la conciencia de quien busca la perfección.
Mas la verdadera esencia del sacrificio no es la autoinmolación, es la autoentrega; su objeto no es la autoeliminación sino la autorrealización; su método no es la automortificación sino una vida mayor; no es una automutilación sino una transformación consciente de nuestras partes humanas naturales en miembros divinos, no es una autotortura sino un pasaje de una satisfacción inferior a una Bienaventuranza o Ananda mayor. Para una parte inmadura o turbia de nuestra naturaleza superficial hay solo una cosa dolorosa al comienzo; es la disciplina que debemos exigirnos indispensablemente, la necesaria negación de toda forma de impulsos egóicos, para realizar la fusión del ego incompleto; mas para eso puede haber una rápida y enorme compensación en el descubrimiento de completarnos de una forma real, mayor y última, en los demás, en todas las cosas, en la unidad cósmica, en la libertad del Yo y Espíritu trascendentales, en el arrobamiento del contacto de la Divinidad. Nuestro sacrificio no es una entrega sin devolución alguna ni una aceptación fructífera de la otra parte; es un intercambio entre el alma encarnada y la Naturaleza consciente en nosotros y el Espíritu eterno. Pues aunque no debemos exigir compensación o ganancia, en nosotros existe un conocimiento profundo de que es inevitable una maravillosa compensación y Gracia obtenidas por regreso o reintegro en el Yo Real. El alma sabe que no se entrega a Dios en vano; sin reclamar nada, recibe, con todo, la riqueza infinita del Poder y Presencia divinos.
Por último, ha de considerarse el receptor del sacrificio y el modo del sacrificio. El sacrificio puede ofrecerse a los demás o a los Poderes divinos; puede ofrecerse al Todo cósmico o al supremo Trascendente. El culto tributado pude asumir cualquier forma, desde la consagración de una hoja o una flor, un vaso de agua, un puñado de arroz, una rebanada de pan, hasta la de todo lo que poseemos y la sumisión de todo lo que somos. Cualquiera que sea el receptor, cualquiera que sea el don, es el Supremo, el Eterno en las cosas, quien lo recibe y acepta, aunque sea rechazado o ignorado por el receptor inmediato. Pues el Supremo que trasciende al universo, está también aquí, aunque velado, en nosotros, en el mundo y en sus sucesos: está allí como Testigo y Receptor omnisciente de todas nuestras obras y su Maestro secreto. Todas nuestras acciones, todos nuestros esfuerzos, incluso nuestros pecados, tropiezos, sufrimientos y luchas, independientemente de que seamos conscientes o inconscientes de ellos, son gobernados en última instancia por el Uno. Todo se vuelve hacia él en sus innumerables formas y es ofrecido, mediante ellas, a la Omnipresencia única. Tal como sea la forma y el espíritu con que nos aproximamos a él, de esa forma y con ese espíritu recibe el sacrificio.
Asimismo, el fruto del sacrificio de las obras (trabajar para el Divino) varía de acuerdo con la obra, de acuerdo con la intención en la obra y de acuerdo con el espíritu que está detrás de la intención. Pero todos los demás sacrificios son parciales, egoístas, mixtos, temporales e incompletos, (incluso los ofrecidos a los Poderes y Principios supremos mantienen este carácter: el resultado también es parcial, limitado, temporal, mixto en sus reacciones, sólo efectivo para una finalidad menor o intermedia. El único sacrificio enteramente aceptable es una última, suprema y suma autoentrega ), es esa sumisión ofrendada, con devoción y conocimiento, libremente y sin reservas, al Uno que es a la vez nuestro Yo inmanente, el circundante Todo constitutivo, la Realidad suprema más allá de ésta o cualquier manifestación y, secretamente, todas estas juntas, ocultas por doquier, la Trascendencia inmanente. Pues al alma que se le brinda totalmente, Dios también se le entrega por completo. Sólo quien ofrenda su naturaleza toda, halla al Yo. Sólo quien puede darlo todo, disfruta por doquier al Todo Divino. Sólo un supremo autoabandono confiado en el Supremo, alcanza al Supremo. Sólo la sublimación mediante sacrificio de todo cuanto es nuestra naturaleza, puede capacitarnos para encarnar al Supremo y vivir así en la conciencia inmanente del Espíritu trascendente.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 4: ♦ LA FE Y LA DUDA ♦
Las tres partes de la perfección de nuestra naturaleza instrumental (1.-la perfección de la inteligencia, del corazón, de la consciencia vital y del cuerpo, 2.- la perfección de los fundamentales poderes del alma, 3.- la perfección del sometimiento de nuestros instrumentos y acción al Divino Universal “Shakti”), depende, en todo momento, de su progresión, de un cuarto poder que encubierta y abiertamente es el pivote de todo esfuerzo y acción: la fe, o ”sraddhá”. La fe perfecta es un asentimiento de todo el ser a la verdad vista por éste u ofrecida para su aceptación, y en su accionar central es la fe del alma en su propia voluntad de ser, de lograr, de devenir en su idea del yo y las cosas y en su conocimiento; del cual la creencia del intelecto, el consentimiento del corazón y del deseo de la mente vital de poseer y realizar son las figuras externas. Esta fe del alma, en alguna forma en sí, es indispensable para la acción del ser y sin ella el hombre no puede dar ni un solo paso en la vida, y mucho menos dar paso alguno en pos de una perfección aun irrealizada. Es algo tan central y esencial que el Gita puede decir justamente acerca de ella que cualquiera sea la sraddhá del hombre, eso es él, y puede añadirse que cualquiera sea la fe que el hombre tenga de lo que es posible en sí mismo y luche en ese sentido, eso es lo que él hombre puede llegar a ser y devenir. Hay una clase de fe en Dios y Shakti, fe en la presencia y poder de la Divinidad Individual en nosotros y en el Universo, fe en que todo en el mundo es el accionar de la única Shakti divina, fe en que todos los pasos del Yoga (sendero de unión con Dios), sus luchas y sufrimiento, sus fracasos al igual que sus triunfos, satisfacciones y victorias son utilidades y necesidades de su accionar y que mediante una firme y fuerte dependencia de la Divinidad y su Shakti en nosotros y una total autosumisión a éstos podemos alcanzar la unidad, libertad, victoria y perfección.
El enemigo de la fe es la duda, y con todo la duda es también una utilidad y una necesidad, porque el hombre, en su ignorancia y en su esfuerzo progresivo en pos del conocimiento, necesita ser visitado por la duda; de otro modo, se obstinaría en una creyente ignorancia y un conocimiento limitado, siendo incapaz de escapar de sus errores. Esta utilidad y necesidad de la duda no desaparece por completo cuando entramos en el sendero del Yoga. El Yoga integral no apunta meramente a un conocimiento de algún principio fundamental, sino a un Conocimiento, una gnosis que se aplicará a toda la vida y acción del mundo, cubriéndolas, y en esta búsqueda del conocimiento entramos en el camino y somos acompañados, durante muchas millas, por las irregeneradas actividades de la mente antes que éstas se purifiquen y transformen mediante una luz mayor: llevamos con nosotros una cantidad de creencias e ideas intelectuales que de ningún modo son correctas en su totalidad ni perfectas y una legión de nuevas ideas y sugestiones se nos cruzan después reclamando nuestra credulidad, pudiendonos resultar fatal que nos creyéramos siempre éstas ideas o sugestiones, tal como se nos presentan sin consideración respecto a su posible error, limitación o imperfección. Y en una etapa del Yoga es menester rehusar aceptar como definitiva y final cualquier clase de idea u opinión en su forma intelectual y debemos mantenerla en inquisitivo suspenso hasta que sea comprobada y ubicada adecuadamente, y revista la luminosa forma de la Verdad, corroborada por una experiencia espiritual iluminada por el Conocimiento supramental. Y en mucha mayor proporción este es el caso de los deseos e impulsos de la mente vital, que a menudo han de aceptarse provisionalmente como señales inmediatas de una acción temporariamente necesaria antes que logremos una guía plena, pero sin apegarnos siempre con el completo asentimiento del alma, pues eventualmente todos estos deseos e impulsos han de ser rechazados o transformados y reemplazados por impulsos de la voluntad divina que asume los movimientos vitales. La fe del corazón, las creencias emocionales, los asentimientos son sólo necesarios sobre la marcha, pero no pueden ser siempre guías seguros hasta que también éstos sean asumidos, purificados, transformados, y eventualmente reemplazados por los asentimientos luminosos de un Ananda divino que está en unidad con la voluntad y conocimiento divinos. Quien marcha en pos del Yoga no puede depositar una fe completa y permanente en nada de la naturaleza inferior que abarque desde la razón hasta la voluntad vital, y sólo puede hacerlo, al final, en la verdad, poder y Ananda espirituales que, en la razón espiritual, se convierten en sus únicos guías, luminarias y amos de la acción.
Empero, la fe es necesaria en todos y cada uno de los pasos pues se trata de un necesario asentimiento del alma y sin este asentimiento no puede haber progreso. Nuestra fe debe morar primero en la verdad y principios esenciales del Yoga, y hasta si esto está oscurecido en el intelecto, abatido en el corazón, agotado y exhausto por constante negación y fracaso en el deseo de la mente vital, en lo más recóndito del alma debe haber algo que se apegue y retorne a ello, de otro modo quedamos fuera del sendero y lo abandonamos por debilidad e incapacidad para soportar una temporaria derrota, contrariedad, dificultad y peligro. En el Yoga, como en la vida, es el hombre que persiste infatigablemente hasta el fin afrontando toda derrota, desilusión, todo contraste, sucesos y poderes hostiles y contradictorios, el que finalmente conquista y logra justificar su fe porque para el alma y para Shakti en el hombre nada es imposible. E incluso una fe ciega e ignorante es una posesión mejor que la duda escéptica que da la espalda a nuestras posibilidades espirituales, o que la constante garrulería del intelecto estrecho, mezquinamente crítico y exento de creación, asúyá, que persigue a nuestro esfuerzo con paralizante incertidumbre. Sin embargo, quien busca el Yoga integral debe dominar estas dos imperfecciones. Aquello a lo que dio su asentimiento y hacia lo cual enderezó su mente, corazón y voluntad, la perfección divina de todo el ser humano, es, en apariencia, una imposibilidad para la inteligencia normal, puesto que se opone a los hechos reales de la vida y será contradicho largamente por la experiencia inmediata, como ocurre con todos los fines remotos y difíciles, y también es negado por muchos que tienen experiencia espiritual pero creen que nuestra naturaleza actual es la única naturaleza posible del hombre en el cuerpo y que sólo despojándonos de la vida terrena o hasta de todo existencia individual podemos arribar a una perfección celestial o a la liberación de la extinción. En la persecución de tal objetivo habrá un vasto campo de objeciones, críticas de esa razón ignorante y persistente que se funda plausiblemente sobre las apariencias del momento, la reserva del hecho y la experiencia indagados, rehúsa ir más allá y cuestiona la validez de todos los índices e iluminaciones que apuntan más adelante; y si cede ante estas estrechas sugestiones, no llegará o será seriamente obstaculizado o largamente demorado en su viaje. Por otra parte, la ignorancia y ceguera de la fe, son obstáculos para un gran triunfo, invitan a mucha contrariedad y desilusión, se apegan a falsas finalidades e impiden el avance hacia mayores formulaciones de la verdad y la perfección. La Shakti, en su accionar, golpeará brutalmente todas las formas de ignorancia y ceguera e incluso todo cuanto en ella confíe equivocada o supersticiosamente, y debemos estar preparados para abandonar un apego demasiado persistente a las formas de la fe para adherir sólo a la realidad salvadora. El carácter de sraddhá necesario para el Yoga integral es una fe grande, amplia e inteligente, inteligente con la inteligencia de una razón mayor que asiente a las posibilidades elevadas.
Esta sraddhá – la palabra fe es inadecuada para expresarla – es, en realidad, una influencia proveniente del Espíritu supremo y su luz es un mensaje derivado de nuestro ser supramental que reclama que la naturaleza inferior se eleve de su mezquino presente hacia un gran autodevenir y autosuperación. Y lo que recibe la influencia y responde al reclamo no es tanto el intelecto, el corazón ni la mente vital, sino el alma interior que es quien mejor conoce la verdad de su propio destino y misión. Las circunstancias que provocan nuestro primer ingreso en el sendero no son el índice real de lo que ha de producirse en nosotros. Allí el intelecto, el corazón, o los deseos de la mente vital pueden ocupar un lugar prominente, o incluso asumir accidentes fortuitos e incentivos externos; pero si todo se resume a esto, entonces no puede haber seguridad en cuanto a nuestra fidelidad al reclamo y a nuestra duradera perseverancia en el Sendero. El intelecto puede abandonar la idea que lo atrajo, el corazón puede desfallecer o fallarnos, el deseo de la mente vital puede volcarse hacia otros objetivos. Mas las circunstancias externas son sólo una cobertura del accionar real del Espíritu, y si es el Espíritu el que recibió el contacto, si es el alma interior la que recibió la llamada, la sraddha seguirá firme y resistirá todos los intentos encaminados a derrotarla o matarla. No es que las dudas intelectuales no asalten, el corazón no vacile, el contrariado deseo de la mente vital no se tumbe, agotado, a un costado del camino. Eso es casi inevitable a veces, tal vez a menudo, especialmente con respecto a nosotros, hijos de una era de intelectualidad y escepticismo y de una negación materialista de la verdad espiritual que aún no descorrió de la faz del sol de una realidad mayor que sus nubes pintadas y todavía se opone a la luz de la intuición espiritual y la recóndita experiencia. Es muy posible que existan muchos de aquellos penosos oscurecimientos de los que hasta los Rishis Védicos tanto se quejabán, “los prolongados exilios de la luz”, y éstos pueden ser tan densos, la noche del alma puede ser tan negra, que la fe puede parecer que nos abandonó por completo. Mas a través de esto, todo el espíritu interior no soltará sus amarras invisibles y el alma retornará con nuevo vigor a su seguridad que sólo se eclipsó y no se extinguió, pues no puede haber extinción una vez que el yo interior conoció y se resolvió. La Divinidad se aferra en todo y si parece que nos deja caer es sólo para levantarnos más alto. Experimentaremos con tanta frecuencia este retorno salvador que las negaciones de la duda llegarán a ser, eventualmente imposibles y, una vez que la base de la igualdad se asiente firmemente y, más aun, cuando surja el sol de la gnosis, la duda misma desaparecerá porque concluyó su causa y su utilidad.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 5: ◘ ¿POR QUÉ NUESTRO MUNDO FUE CREADO CON LA PRESENCIA DEL DOLOR, EL SUFRIMIENTO Y LA MUERTE? ◘
El 5 de Diciembre de 1955, la prestigiosa Universidad de la Sorbona en Paris dedicó un homenaje a una persona aun desconocida para gran parte de la humanidad. Su nombre es Sri Aurobindo. Ocurre con los grandes maestros de la humanidad que suelen pasar desapercibidos para ella misma durante siglos o muchas décadas, las Grandes Obras suelen adelantarse a su tiempo, y el hombre contemporaneo a ellas no suele estar preparado para percibirlas. Sri Aurobindo nos ha legado una de las obras escritas mas vastas e iluminadoras de la historia humana, y posteriormente durante un retiro voluntario de veintiséis años en su habitación, logra transmutar su naturaleza y atraer a la tierra las fuerzas que actualmente operan en el desarrollo humano. Sri Aurobindo trabajó como un científico escrupuloso, prestándose el mismo al experimento y convirtiéndose en un laboratorio viviente, que repetía una y otra vez los experimentos en su propio cuerpo ratificando las experiencias hasta su completa fiabilidad y consumación.
. Sri Aurobindo se educó hasta los veinte años en Inglaterra, volviendo a la India después sin haber conocido nada de su país de origen, ni siquiera el idioma. Después de un periodo revolucionario contra la dominación inglesa, Sri Aurobindo inició su camino de transformación espiritual, haciendo evolucionar su cuerpo, vida y mente hasta niveles inimaginables para un ser humano normal, acompañado de cerca por una pléyade de discípulos seleccionados, muchos de ellos europeos y americanos, de gran nivel intelectual, físicos, médicos, ingenieros, arquitectos e incluso un químico nuclear que luego seria el secretario general del ashram. Su enorme esfuerzo nos permite ahora acercarnos al mundo de lo velado, de lo no conocido; gracias a que el se convirtió en el Gran Mensajero de lo Incomunicable. La obra inmensa de Sri Aurobindo nos deja trozos tan sabrosos como el que a continuación relatamos, donde intenta explicar mediante imágenes a la mente desarrollada el porqué de este mundo, e intenta acercar a la mente racional aquello que él visitó, intentando responder una de las grandes preguntas de la Humanidad ¿Por qué nuestro mundo fue creado con la presencia del dolor, el sufrimiento y la muerte?
SRI AUROBINDO
EL ENIGMA DE ESTE MUNDO
¿CUÁL ES EL PROPÓSITO Y ORIGEN DE LA DESARMONÍA?
¿POR QUÉ SE PRODUJO ESTA DIVISIÓN, ESTE EGO, ESTE MUNDO DE DOLOROSA EVOLUCIÓN?
¿POR QUÉ EL MAL Y EL SUFRIMIENTO DEBEN HACER INTRUSIÓN EN EL BIEN, LA BIENAVENTURANZA Y LA PAZ DIVINAS? Es difícil responder a la inteligencia humana en su propio nivel de consciencia, porque la consciencia a la cual pertenece el origen de este Universo, en la cual se halla; por decirlo así, completamente “justificada” la experiencia de una creación de este tipo, es una consciencia, es un Conocimiento supraintelectual, es una inteligencia cósmica y no una inteligencia humana e individual; esta Consciencia ve en espacios más vastos, posee otra visión y cognición, otros términos de conocimiento distintos de la razón y el sentimiento humanos.
A la mente humana uno podría responderle que, mientras en sí mismo el Infinito puede estar libre de esas perturbaciones (dolor, sufrimiento y muerte), una vez que la manifestación universal comenzó, empezaron también las infinitas posibilidades y entre las infinitas posibilidades a las que la manifestación universal tiene por función dar lugar, una de ellas fue evidentemente la negación, la relativa negación efectiva y con todas sus consecuencias del Poder, la Verdad, la Luz, la Paz , el Bien y la Inmortalidad.
Si nos preguntamos “por qué” además de ser posible esta manifestación, también fue aceptada y aprobada; la respuesta más próxima a la Verdad cósmica que la inteligencia humana puede concebir es que: en las relaciones o en la transición del Divino en su Unidad, al Divino en su Multiplicidad (el universo o cosmos), esta “ominosa posibilidad” se hizo, en cierto punto, inevitable.
Y esto fue así, porque una vez aparecida esta manifestación, supuso para el Alma (LA MADRE) en descenso a la manifestación evolutiva una atracción irresistible que crea la inevitabilidad; una atracción que en términos humanos al nivel terrestre puede ser interpretada como la llamada de lo desconocido, el gozo del peligro, el reto de la dificultad y la aventura, la voluntad de intentar lo imposible, y de experimentar lo incalculable, la voluntad de crear algo nuevo aun no creado, con el propio SER y la vida como materiales, la fascinación por resolver las contradicciones y su difícil armonización; son estas razones, traducidas a otra Consciencia, a una consciencia suprafísica y suprahumana, mucho más alta y más vasta que la mental, las que constituyeron la “tentación que condujo a la caída”, y la consiguiente inmersión de la Madre en lo inconsciente.
Porque para el ser original de luz (LA MADRE), situado en el filo del descenso al abismo de esta manifestación de materia inconsciente, lo único que le era desconocido eran las profundidades del abismo, las posibilidades del Divino en la Ignorancia y la Inconsciencia de la materia del universo creado.
Por el otro lado, por la parte de la Unidad Divina (EL PADRE), fue una vasta aquiescencia hacia LA MADRE a punto del descenso, llena de compasión, de consentimiento, de ayuda; fue un Supremo Conocimiento de que esto debía ser así, que habiendo aparecido debía ser realizado, que su aparición es en cierto sentido parte de una incalculable e infinita sabiduría; y que si el sumergirse en la Noche era inevitable, el gran emerger en un Día nuevo y sin precedentes era también una certeza; y que sólo así podía tener lugar una cierta manifestación de la Verdad Suprema, por la puesta en obra de los contrarios fenoménicos, bien y mal, como punto de partida de la evolución en este universo y con esta condición, ir ascendiendo en una emergente transformación evolutiva.
Esta aquiescencia comprendía también la voluntad del gran Sacrificio, el descenso del Divino mismo a la Inconsciencia para tomar sobre sí la carga de la Ignorancia y sus consecuencias, para intervenir como el Avatar y el santo, marchando entre el doble signo de la Cruz y la Victoria hacia la culminación y la salvación del mundo.
Podría pensarse que lo dicho es ¿Una traducción demasiado imaginativa de la Verdad inexpresable?. Pero sin imágenes ¿cómo presentar o relatar al intelecto un misterio que aun esta mucho más allá de él?. Sólo cuando se ha cruzado la barrera de la inteligencia limitada y se ha tomado parte en la experiencia cósmica y en el Conocimiento que ve las cosas por Identidad, se revelan las supremas realidades que están tras estas imágenes correspondientes al hecho terrestre, y sus formulaciones divinas se dejan percibir como algo simple, natural, implícito en la esencia de las cosas.
Sólo penetrando en una Consciencia mayor, puede uno captar la inevitabilidad de la creación y su propósito.
F I N
La obra y la practica creada por Sri Aurobindo, hoy representan la gran esperanza para esta humanidad saciada, mas no satisfecha con sus logros actuales y conforme sea entendida por el individuo, se comprenderá que la geografía del camino ascendente evolutivo ha sido desarrollada y realizada, sus cambios marcados, sus senderos trazados y diagramados exhaustivamente. Sri Aurobindo podría conducir al hombre mental desarrollado hasta sus más excelsas cumbres. Sri Aurobindo, el Señor de la Síntesis, el Mensajero de lo Incomunicable dejó el futuro hecho, ahora depende del hombre seguir contrayendo el continuo espacio-tiempo, y lograr alcanzar la Verdad evolutiva que nos liberara del hambre, el dolor, el sufrimiento y la muerte.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 6: ♦ EL ASCENSO DE LA VIDA ♦
-SRI AUROBINDO-
Que el sendero de la Palabra conduzca a los dioses hacia las Aguas por la labor de la Mente… Oh Llama, tú vas al océano del Cielo, hacia los dioses; tú haces que se encuentren juntos los dioses de los planos, las aguas que están en el reino de la luz por encima del sol y las aguas que habitan debajo .
El Señor del Deleite conquista el tercer estado; mantiene y gobierna acorde al Alma de la universalidad; como un halcón, como un milano, se asienta sobre la nave y la eleva, descubridor de la Luz, manifiesta el cuarto estado y hiende al océano pues es el agitador de estas aguas.
Tres veces Vishnú anduvo y mantuvo su pie levantado del polvo primero; tres pasos ha dado, el Guardián, el Invencible, y desde más allá sostiene sus leyes. Escudriña las actividades de Vishnú y contempla de donde ha manifestado sus leyes. Ese es su paso supremo visto siempre por los videntes como un ojo extendido en el cielo; que el iluminado, el despierto encienda en una llama resplandeciente, incluso el paso supremo de Vishnu.....
Rig Veda.
Hemos visto que así como la ego-dividida mente mortal, progenitora de la limitación, la ignorancia y las dualidades, es sólo una oscura figura de la Supermente, de la auto-luminosa Conciencia divina en sus primeros tratos con la aparente negación de sí, desde la cual comienza nuestro Cosmos, de igual manera la Vida, —(en la medida que emerge en nuestro universo material, una energía de la divisora Mente subconsciente, sumergida, aprisionada en la Materia, la Vida como progenitora de la muerte, el hambre y la incapacidad)—, es sólo una oscura figura de la divina Fuerza superconsciente cuyos términos supremos son inmortalidad, deleite satisfecho y omnipotencia. Esta relación fija la naturaleza de ese gran proceso cósmico del que somos parte; determina los términos primeros, medios y últimos de nuestra evolución. Los primeros términos de la Vida son la división, una subconsciente voluntad conducida-por-la-fuerza, que se presenta no como voluntad sino como mudo apremio de la energía física, y la impotencia de una sujeción inerte a las fuerzas mecánicas que gobiernan el intercambio entre la forma y su entorno. Esta inconciencia y esta ciega pero potente acción de la Energía son el modelo del universo material tal como el científico lo ve y ésta su visión de las cosas se extiende y cambia por completo las bases de la existencia; es la conciencia de la Materia y el tipo realizado de vida material. Pero interviene un nuevo equilibrio, un nuevo juego de términos que aumenta en proporción conforme la Vida se libera de esta forma y empieza a evolucionar hacia la Mente consciente; pues los términos medios de la Vida son muerte y devorarse mutuamente, hambre y deseo consciente, el sentido de un espacio y capacidad limitados, y la lucha por crecer, expandir, conquistar y poseer. Estos tres términos son la base de ese estado de evolución que la teoría darwiniana primero clarificó para el conocimiento humano. Pues el fenómeno de la muerte implica en sí una lucha por sobrevivir, dado que la muerte es solo el término negativo en el que la Vida se esconde de sí y tienta a su propio ser positivo para que busque la inmortalidad. El fenómeno del hambre y el deseo implica una lucha en pro de un estado de satisfacción y seguridad, dado que el deseo es sólo el estimulo por el que la Vida tienta a su propio ser positivo a elevarse de la negación de su insatisfecha hambre hacia la posesión plena del deleite de la existencia. El fenómeno de la capacidad limitada implica lucha en pro de la expansión, del dominio y la posesión, —la posesión del yo y la conquista del entorno—, dado que limitación y defecto son sólo la negación por la que la Vida tienta a su propio ser positivo para que vaya en pos de la perfección de la cual es eternamente capaz. La lucha por la vida no sólo es lucha por sobrevivir, también es lucha por la posesión y la perfección, dado que aferrándose al entorno en mayor o menor grado, mediante auto-adaptación a él o adaptándolo a uno mismo mediante su aceptación y conciliación o por su conquista y cambio, puede asegurarse la supervivencia, e igualmente es cierto que sólo una perfección cada vez mayor puede asegurar una continua permanencia, una supervivencia duradera. Esta es la verdad que el darwinismo procuró expresar con la fórmula de la supervivencia de los más aptos.
Pero así como la mente científica procuro extender a la Vida el principio mecánico apropiado a la existencia y ocultó la conciencia mecánica en la Materia, sin ver que había ingresado un nuevo principio cuya razón misma de ser es someter a sí mismo lo mecánico, de igual manera la fórmula darwiniana fue usada para extender con demasiada amplitud el principio agresivo de la Vida, el egoísmo vital del individuo, el instinto y proceso de auto-preservación, auto-afirmación y vida agresiva. Pues estos dos primeros estados de la Vida contienen en sí mismos las semillas de un nuevo principio y de otro estado que debe crecer en proporción a cómo la Mente evoluciona a partir de la materia a través de la fórmula vital dentro de su propia ley. Y estas cosas deben cambiar más todavía cuando así como la Vida evoluciona hacia arriba en pos de la Mente, de igual manera la Mente evoluciona hacia arriba en pos de la Supermente o Espíritu. Precisamente porque la lucha por la supervivencia, el impulso en pos de la permanencia, está contradicho por la ley de la muerte, la vida individual está compelida, y usada, para asegurar la permanencia más bien para su especie que para sí misma; pero esto no puede hacerse sin la cooperación de los demás; y el principio de cooperación y mutua ayuda, el deseo de los demás, el deseo de la esposa, del hijo, del amigo y auxiliador, del grupo asociado, de la práctica de asociación, de la unión e intercambio conscientes son las semillas a partir de las cuales florece el principio del amor. Admitamos que el amor sea al principio sólo un extendido egoísmo y que este aspecto de extendido egoísmo persista y domine, como aún persiste y domina en las etapas superiores de la evolución: con todo, en la medida en que la mente evoluciona y se descubre cada vez más, llega por la experiencia de la vida, del amor y de la mutua ayuda a percibir que el individuo natural es un término menor del ser y existe por lo universal. Una vez que se descubre esto —como descubre inevitablemente el hombre al ser mental— su destino está determinado; pues ha alcanzado el punto en el que la Mente puede empezar a abrirse a la verdad de que hay algo más allá de ella; desde ese momento su evolución, aunque oscura y lenta, en pos de ese algo superior, en pos del Espíritu, en pos de la supermente, en pos del superhombre, está inevitablemente predeterminada.
Por lo tanto, la Vida está predestinada por su propia naturaleza a un tercer estado, un tercer juego de términos de su auto-expresión. Si examinamos este ascenso de la Vida veremos que los últimos términos de su evolución real, los términos de lo que hemos llamado su tercer estado, deben necesariamente ser, en apariencia, la precisa contradicción y opuesto, aunque de hecho sean la precisa realización y transfiguración de sus primeras condiciones. La Vida empieza con las extremas divisiones y rigurosas formas de la Materia, y de esta rigurosa división, el átomo, que es la base de toda forma material, es el modelo preciso. El átomo está aparte de todos los demás incluso en su unión con ellos, rechaza la muerte y la disolución bajo cualquier fuerza ordinaria y es el modelo físico del ego separado que define su existencia contra el principio de la fusión en la Naturaleza. Mas la unidad es tan fuerte principio en la Naturaleza como la división; es ciertamente el principio maestro del que la división es sólo un término subordinado, y para el principio de la unidad toda forma dividida debe, por lo tanto, subordinarse, de un modo u otro, por necesidad mecánica, por compulsión, por asentimiento o por inducción. Por lo tanto, si la Naturaleza para sus propios fines, a fin de tener principalmente una base firme para sus combinaciones y una fijada simiente de las formas, permite al átomo resistir ordinariamente el proceso de fusión por disolución, ella lo compele a someterse al proceso de fusión por agregación; el átomo, al ser el agregado primero, es también la base primera de las unidades agregadas.
Cuando la Vida alcanza su segundo estado, el que reconocemos como vitalidad, toma la delantera el fenómeno contrario y la base física del ego vital es obligada a consentir la disolución. Sus componentes son disgregados de modo que los elementos de una vida pueden usarse para entrar en la formación elemental de otras vidas. La extensión en la cual reina esta ley en la Naturaleza no ha sido aún plenamente reconocida y ciertamente no puede serlo hasta que tengamos una ciencia de la vida mental y de la existencia espiritual tan sólida como nuestra actual ciencia de la vida física y de la existencia de la Materia. Con todo podemos ver ampliamente que no sólo los elementos de nuestro cuerpo físico, sino también los de nuestro más sutil ser vital, de nuestra energía-vital, de nuestro deseo-energía, de nuestros poderes, anhelos y pasiones, entran durante nuestra vida y después de nuestra muerte en la existencia-vital de los demás. Un antiguo conocimiento oculto nos dice que tenemos tanto una estructura vital como física y ésta también es disuelta tras la muerte y se presta para la constitución de otros cuerpos vitales; nuestras energías vitales, mientras vivimos, se mezclan continuamente con las energías de otros seres. Una ley parecida gobierna las relaciones mutuas de nuestra vida mental con la vida mental de otras criaturas pensantes. Hay una constante disolución y dispersión, y una reconstrucción efectuada por el choque de mente sobre mente con un constante intercambio y fusión de elementos. Intercambio, entremezcla y fusión de ser con ser, es el proceso mismo de la vida, una ley de su existencia.
Tenemos entonces dos principios en la Vida: la necesidad o la voluntad del ego separado de sobrevivir en su distinción y conservar su identidad, y la compulsión impuesta por la Naturaleza de fundirse con los demás. En el mundo físico ella hace mucho hincapié sobre el primer impulso; pues necesita crear estables formas separadas, dado que su primero y realmente su más difícil problema consiste en crear y mantener para ella cualquier cosa de esa índole como separativa supervivencia de individualidad y una forma estable para ello en el incesante flujo y movimiento de la Energía y en la unidad del infinito. Por lo tanto, en la vida atómica, la forma individual persiste como la base y asegura, mediante su agregación con otros atomos, la existencia más o menos prolongada de las formas agregadas que serán la base de individualizaciones vitales y mentales. Pero tan pronto la Naturaleza ha asegurado suficiente firmeza a este respecto para el seguro manejo de sus ulteriores operaciones, invierte el proceso; la forma individual perece y la vida agregada se beneficia con los elementos de la forma que se disuelve de esa manera. Sin embargo, ésta no puede ser la última etapa; esa sólo puede alcanzarse cuando se armonicen los dos principios, cuando el individuo pueda persistir en la conciencia de su individualidad y con todo fundirse con los demás sin alteración del preservador equilibrio ni interrupción de la supervivencia.
Los términos del problema presuponen el pleno emerger de la Mente; pues en la vitalidad sin mente consciente no puede haber ecuación, sino sólo un temporal equilibrio inestable que culmina en la muerte del cuerpo, la disolución del individuo y la dispersión de sus elementos en la universalidad. La naturaleza de la Vida física prohíbe la idea de una forma individual que posea el mismo poder inherente de persistencia y, por lo tanto, de continuada existencia individual como los átomos de que está compuesta. Sólo un ser mental, sostenido por el nudo (nodo) psíquico dentro del cual se expresa o empieza a expresarse el alma secreta, puede esperanzadamente persistir mediante su poder de vincular el pasado al futuro en una corriente de continuidad que la disgregación de la forma puede quebrar en la memoria física sin necesidad de que se rompa en el ser mental y que, incluso mediante un eventual desarrollo, puede tender un puente sobre la brecha de la memoria física, creada por la muerte y el nacimiento del cuerpo. Tal como es, en el imperfecto desarrollo actual de la mente corporizada, el ser mental es consciente en la masa de un pasado y un futuro que se extienden mas allá de la vida del cuerpo; toma conciencia de un pasado individual, de vidas individuales que crearon la suya y de las cuales él es un desarrollo y modificada reproducción y de futuras vidas individuales que él crea a partir de sí; es consciente también de una agregada vida pasada y futura a través de la cual su propia continuidad corre como una de sus fibras. Esto que es evidente para la ciencia física en los términos de la herencia, llega a ser de otro modo evidente para el alma en evolución detrás del ser mental en los términos de la personalidad persistente. El ser mental que expresa esta alma-conciencia es, por lo tanto, el nudo (nodo) del individuo persistente y de la persistente vida agregada con otros individuos; en él su unión y armonía se tornan posibles.
La asociación con el amor como su principio secreto y su emergente cima es el modelo, el poder de esta nueva relación y, por lo tanto, el principio rector del desarrollo en el tercer estado de la vida. La preservación consciente de la individualidad junto con la conscientemente aceptada necesidad y deseo de intercambio, auto-entrega y fusión con otros individuos, es necesaria para el funcionamiento del principio del amor; pues si queda abolida, la actividad del amor cesa, cualquiera sea el lugar que tome. El logro del amor por entera auto-inmolación, incluso con una ilusión de auto-aniquilación, es, por cierto, una idea y un impulso en el ser mental, pero apunta a un desarrollo más allá de este tercer estado de la Vida. Este tercer estado es una condición en la que progresivamente nos elevamos más allá de la lucha por la vida consistente en devorarse mutuamente y en la supervivencia de los más aptos para esa lucha; pues cada vez hay más supervivencia por mutua ayuda y auto-perfeccionamiento mediante adaptación mutua, intercambio y fusión. La Vida es autoafirmación de ser, incluso desarrollo y supervivencia del ego, pero de un ser que ha necesitado de otros seres, un ego que procura encontrar e incluir otros egos y ser incluido en la vida de éstos. Los individuos y los agregados (grupos de individuos), que desarrollan primordialmente la ley de asociación y la ley de amor, de ayuda común, bondad, afecto, camaradería, unidad, que armonizan más exitosamente la supervivencia y mutua auto-entrega, el grupo que incrementa al individuo y viceversa, y el individuo que incrementa al individuo y el grupo que hace lo propio con otro grupo, mediante intercambio mutuo, serán los más aptos para la supervivencia en este estado terciario de la evolución.
Este desarrollo es significativo del cada vez más creciente predominio de la Mente que progresivamente impone su propia ley cada vez más sobre la existencia material. Pues la mente por su mayor sutileza no necesita devorar para asimilar, poseer y crecer; cuanto más da, más recibe y crece; y cuanto más se funde en los demás, éstos más se funden en ella, incrementando así el ámbito de su ser. La vida física se vacía cuando da demasiado y se arruina cuando devora demasiado; pero aunque la Mente en proporción a como se inclina sobre la ley de la Materia sufre la misma limitación, con todo, en el otro lado, en proporción a como crece en su propia ley, tiende a vencer esta limitación, y en proporción a como vence la limitación material, dando y recibiendo, llega a ser una sola. Pues en su ascenso crece en pos de la regla de unidad consciente en la diferenciación que es la ley divina del manifiesto Sachchidananda.
El segundo término del estado original de la vida es la voluntad subconsciente que en el estado secundario se convierte en hambre y deseo consciente, —hambre y deseo, la primera simiente de la mente consciente—. El crecimiento dentro del tercer estado de la vida por el principio de asociación, el crecimiento del amor, no deja sin efecto la ley del deseo, sino que más bien la transforma y realiza. El amor es en su naturaleza el deseo de darse a los demás y recibir a los demás en intercambio; es comercio entre ser y ser: La vida física no desea darse, sólo desea recibir. Es cierto que está compelida a darse, pues la vida que sólo recibe y no da debe tornarse estéril, marchitarse y perecer, —(si es que esa clase de vida es posible aquí o en cualquier mundo)—; pero está compelida, sin quererlo, y obedece al impulso subconsciente de la Naturaleza (Fuerza Consciente creadora de los mundos) sin participar conscientemente en él. Incluso cuando el amor interviene, al principio la auto-entrega todavía conserva en alto grado el carácter mecánico de la voluntad subconsciente en el átomo. El amor mismo al principio obedece a la ley del hambre y disfruta el recibir y sacar de los demás, más bien que el darse y rendirse a los demás, que admite principalmente como precio necesario para obtener la cosa que desea. Pero aquí no ha llegado aún a su verdadera naturaleza; su verdadera ley es establecer un comercio igual en el que la dicha de dar se iguale a la dicha de recibir y tienda, al fin, a convertirse en aun mayor; pero eso ocurre cuando se lanza más allá de sí, bajo la presión de la llama física para alcanzar la realización de la completa unidad y, por lo tanto, ha de realizar a aquellos que le parecieron como separados, a aquellos que le pareció (no-yo) como un ser (yo) más grande y querido que su propia individualidad. En su origen-vital, la ley del amor es el impulso de realizarse y lograrse uno mismo en los demás y por los demás, de enriquecerse enriqueciendo, de poseer y ser poseído pues sin ser poseído no se posee uno mismo por completo.
La incapacidad inerte de la existencia atómica de poseerse, la sujeción del individuo material al (no-yo), pertenece al primer estado de la vida. La conciencia de la limitación y la lucha por poseer, por dominar al ser (yo) y al los demás (no-yo), es el modelo del estado secundario. Aquí también el desarrollo hacia el tercer estado trae una transformación de los términos originales dentro de un logro y una armonía que repite los términos mientras aparentemente los contradice. Adviene, a través de la asociación y del amor un reconocimiento de los demás (no-yo) como ser (yo) mayor y, por lo tanto, una sumisión conscientemente aceptada a su ley y necesidad que realiza el creciente impulso de la vida de grupo a absorber al individuo; y hay una posesión nuevamente, por parte del individuo, de la vida de los demás como la suya propia y de todo lo que ha de dársele como suyo propio, que realiza el impulso opuesto de la posesión individual. Esta relación de mutualidad entre el individuo y el mundo en que vive no puede expresarse, completarse ni asegurarse a menos que se establezca la misma relación entre individuo e individuo y entre grupo y grupo. Todo el difícil esfuerzo del hombre en pro de la armonización de la autoafirmación y de la libertad, por la que se posee a sí mismo, por la asociación y el amor, fraternidad, camaradería, en las que se entrega a los demás, —(sus ideales de armonioso equilibrio, justicia, mutualidad, igualdad por los que crea un equilibrio de los dos opuestos)—, son en realidad un intento inevitablemente Predeterminado en sus lineamientos para resolver el problema original de la Naturaleza, el problema de la Vida misma, mediante la resolución del conflicto entre los dos opuestos que se presentan en los fundamentos mismos de la Vida en la Materia. La resolución es intentada por el principio superior de la Mente que sólo puede hallar el camino hacia la armonía buscada, aunque la armonía misma solo pueda hallarse en un Poder todavía más allá de nosotros.
Pues, si los datos con que hemos partido son correctos, el fin del camino, la meta misma sólo puede ser alcanzada por la Mente yendo más allá de Sí misma dentro de eso que está más allá de la Mente, dado que de Eso (la Mente) es sólo un término inferior y un instrumento primeramente para el descenso en la forma y la individualidad, y secundariamente para el re-ascenso a la realidad que la forma corporizada y la individualidad representan. Por lo tanto, la solución perfecta del problema de la Vida no es posible realizarla por asociación, intercambio ni conveniencias solo del amor o a través de la ley de la mente y del corazón . Debe llegar por un cuarto estado de la vida en el que la eterna unidad de los muchos se realiza a través del espíritu y el fundamento consciente de todas las operaciones de la vida no estriba más en la división del cuerpo, ni en las pasiones y hambres de la vitalidad, ni en las agrupadoras e imperfectas armonías de la mente, ni en una combinación de todos estos, sino en la unidad y libertad del Espíritu.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 7: ♦ UN ENCUENTRO QUE CAMBIARIA EL MUNDO ♦
-SRI AUROBINDO-
El 29 de marzo de 1914 en ese momento se produjo una unión mística entre la India y Europa. Aquel día la Madre conoció a Sri Aurobindo a las 15.30 en la antigua casa de huéspedes. Su encuentro marcó el inicio de las inconmensurables posibilidades espirituales que hoy se presentan en la vida de la humanidad.
Por aquel entonces la Madre tenía 36 años. Tal vez recordéis que Paul Richard ( sú segundo esposo) ya había tenido la ocasión de conocer a Sri Aurobindo, cuya personalidad le impactó enormemente. A su vuelta le hizo saber sus impresiones a la Madre jugando así un papel decisivo en el logro de esta predestinada unión. Al parecer, le dijo a Sri Aurobindo que cuando regresara a la India podría hacerlo acompañado de una mujer que era “espiritualmente mucho más avanzada que él mismo”. La Madre había contactado a Sri Aurobindo en sus sueños y visiones. Solía asociarlo con Sri Krishna. Sólo cuando vio en persona a Sri Aurobindo pudo identificar al Krishna que se le presentaba.
Cuando la madre llegó a la casa donde Sri Aurobindo vivía, el la esperaba en el rellano de la escalera, nada mas verlo ella lo reconoció y una vez dentro Paul Richard y Sri Aurobindo se sentaron en las únicas dos sillas que había alrededor de la mesa (la mesa y las dos sillas habían sido alquiladas apresuradamente para recibirlos), la madre se sentó entre ellos y su frente coincidía con el tablero de la mesa, en silencio escuchaba a los dos hombres mientras hablaban y sin darse cuenta comenzó a sentir como su mente entraba en el Silencio, comprendió que estaba recibiendo de Sri Aurobindo (Su Khrisna) el mayor regalo que su aspiración pudiese soñar, desde entonces este Silencio nunca le abandono.
En su libro Plegarias y meditaciones, la Madre hizo constar su impresión acerca de su encuentro con Sri Aurobindo en términos inolvidables. Dijo así: “[…] Poco importa que haya miles de seres hundidos en la más profunda ignorancia. El que vimos ayer está sobre la Tierra; basta su presencia para demostrar que llegará un día en que la sombra se transforme en luz, y en que, efectivamente, tu reino “Oh Señor” se instale sobre la Tierra.
Oh Señor, artífice divino de esta maravilla, mi corazón desborda gratitud y alegría cuando pienso en ella, mi esperanza no tiene límites.
Mi adoración trasciende toda palabra, mi respeto es silencioso.”
La revista Arya
Hoy en día no se habla mucho de la revista Arya. Conocemos más cosas sobre La vida divina de Sri Aurobindo y sobre otras de sus grandes obras. Sin embargo, la versión original de todos estos libros, a excepción de Savitri, apareció por primera vez publicada en la revista Arya.
Sri Aurobindo llegó a Pondicherry en 1910. Durante cuatro largos años se mantuvo en un estado de introspección sin manifestarse en modo alguno públicamente. Como consecuencia, la aparición de Arya tomó a todos por sorpresa, ya que el mundo exterior y sus antiguos admiradores pensaban que lo habían perdido al convertirse en un “yogui” o en un “volcán extinguido”. El volcán volvió a entrar en erupción; despertó una sensación de sobrecogimiento y veneración en el seno de las minorías más selectas demostrando que estaba más que activo. Es más, el material que empezó a publicarse todos los meses en Arya provocaba el asombro entre los lectores. Filósofos y eruditos del momento no podían hacerse ni con el lenguaje ni con la sustancia de su filosofía espiritual. Incluso hoy en día existen muchos filósofos para quienes La vida divina continúa siendo un enigma. Los pocos que consiguieron asimilar el pensamiento de esta gran obra no supieron cómo manifestar su alegría, admiración y asombro. Se dieron cuenta de que Sri Aurobindo constituía un manantial de infinito saber yóguico. Asimismo, también asombraba el hecho de que continuara escribiendo de manera simultánea sobre cuatro o cinco temas distintos, manteniendo su mente en silencio y sobrepasando las más altas cotas del poder intelectual. Cada mes escribía unas sesenta y cuatro páginas.
Cuando la Madre y Paul Richard llegaron a Pondicherry, Richard, que era un gran erudito y conocía la extraordinaria profundidad intelectual de Sri Aurobindo sugirió: “Comencemos a publicar una revista filosófica. El mundo ha de conocer tu visión integral y tu profundo saber espiritual, aunque lo has de plasmar en un lenguaje que pueda entender la mente humana.”
Así fue cómo nació la revista Arya.
El 15 de agosto de 1914 apareció el primer número de la revista coincidiendo con la celebración del cuarenta y dos cumpleaños de Sri Aurobindo. Asimismo, fue el año en que estalló la Primera Guerra Mundial. La edición de la revista se prolongó interrumpidamente durante seis años. Tras el primer año, la Madre y Richard tuvieron que partir a Francia, por lo que Sri Aurobindo también se tuvo que ocupar de los asuntos de carácter material de la revista. Aunque resulte extraño decirlo, la revista supuso un éxito a nivel económico.
He aquí una lista de la mayoría de los libros que nacieron de los escritos publicados en Arya:
1. La Vida divina. Acerca de la posibilidad de la humanidad de alcanzar una vida divina.
2. La síntesis del yoga. Acerca de la amplia experiencia de Sri Aurobindo en la práctica de distintos tipos de yoga.
3. El ciclo humano (publicado entonces bajo el nombre de La psicología del desarrollo social). Acerca del progresivo desarrollo de la sociedad en todos sus aspectos.
4. El ideal de la unidad humana. Acerca de la posibilidad de unificar la totalidad de la raza humana.
5. El secreto del Veda. Acerca de la espiritualidad existente en los himnos del Rig-Veda.
6. La poesía futura.
7. Los fundamentos de la cultura india.
8. Los Upanishads. Comentario
9. Ensayos sobre la Gita.
¡Reflexionad por un momento sobre la naturaleza de los temas tratados y sobre su diversidad! Puede decirse que cada uno de ellos constituye la última palabra del conocimiento o más bien de la suprema verdad espiritual. ¡Y qué lenguaje y estilo más maravillosos! Es lo que se conoce como perfección del discurso. Pero, ¿cómo llegó a producirse semejante milagro? Sri Aurobindo señalaba que ello era posible mediante la práctica del yoga, y no a través de un proceso basado en el razonamiento. Para él, todo saber, pensamiento y palabra se encuentran situados en los niveles superiores de consciencia, en un estado perfectamente definido, y, cuando la mente se torna silenciosa, afluyen casi en masa. De no ser así, sería imposible para cualquier mente humana, por muy sublime que fuese, poder escribir libros de semejante excelencia, incluso a lo largo de una vida entera, y no digamos en un período de seis años. Tales creaciones inmortales propagan una nueva luz mostrando nuevos caminos y nuevas dimensiones. La Madre decía que provocan cambios en las mentas humanas. Cuando en el futuro leáis estos libros, comprenderéis su grandeza, puede que con mayor facilidad que nosotros. Ojalá no comentéis como nosotros lo hicimos: “Somos incapaces de descifrar La vida divina,” y así, Sri Aurobindo no os tendrá que responder bromeando: “Leed un párrafo ininteligible de La vida divina, sentaos luego con la mente en blanco y observad lo que os llega de las divinidades intuitivas. Probablemente os gasten bromas, aunque ¿qué importa? Uno aprende de los propios errores y camina hacia el éxito a través de los propios fracasos.”
El 21 de febrero de 1915 los seguidores de Sri Aurobindo celebraron por primera vez el cumpleaños de la Madre. Al día siguiente tuvo que partir a Francia debido al estallido de la Primera Guerra Mundial. Cuando apareció la revista Arya, la Madre se ocupó de la parte material llevando al día las cuentas, un listado de suscriptores, etc. Al mismo tiempo, se dedicaba a ayudar a Paul Richard a traducir Arya del inglés al francés para la edición francesa de la revista.
Entre 1915 y 1916 Sri Aurobindo y la Madre se mantuvieron en contacto por carta. Intercambiaban sus experiencias espirituales, hablaban sobre las intenciones y los propósitos que compartían en la vida así como sobre los múltiples obstáculos que tendrían que superar antes de alcanzar su objetivo final. Así fue cómo dos grandes almas consagraron sus vidas a traer al mundo una nueva luz que nunca antes había iluminado la Tierra.
El regreso de la Madre en 1920
La intensa y austera práctica de la sadhana
Desde 1915, año en que la Madre partió a Francia, hasta 1920, año en que regresó, podemos dar cuenta de una visión global de los acontecimientos acaecidos deteniéndonos únicamente en los hechos más significativos.
En primer lugar, Mrinalini, la mujer de Sri Aurobindo, falleció en Calcuta el año 1918 de camino a Pondicherry.
Después, Sri Aurobindo tuvo que responsabilizarse por completo de gestionar la revista Arya y de ejercer como su redactor, cosa que ya hemos mencionado anteriormente. Su tiempo libre lo dedicaba a reunirse con importantes líderes de otros lugares, algunos de los cuales le ofrecieron sin éxito la presidencia del Congreso Nacional Indio en más de una ocasión, a mantener debates y divertidas charlas con sus compañeros sobre temas diversos y a enseñarles a unos cuantos lengua y literatura. La mayor parte del día permanecía concentrado sumido en un profundo estado de meditación. Puede que ahora seáis demasiado jóvenes para comprender los efectos que tuvo semejante meditación, aunque podéis saber que su cuerpo experimentó un inusual cambio como consecuencia de dicha meditación.
Kapali Shastri, un famoso erudito y filósofo védico que más tarde acabaría convirtiéndose en discípulo de Sri Aurobindo y se integraría en la vida del Ashram, escribió: “Al verle después de seis años, en 1923, a punto estuve de gritar asombrado ‘¡Oh, Dios! ¿Qué más pruebas necesito? Antes su tez tenía un tono marrón oscuro y ahora le envuelve un dorado halo.’ ”
Otro discípulo, Abalal Purana, se quedó impresionado al ver a Sri Aurobindo por segunda vez en 1921. Así lo narró: “Durante el intervalo de dos años su cuerpo había sufrido una transformación que sólo podía describirse como milagrosa. En 1918 el color de su piel era la propia de un bengalí, es decir, bastante oscura, aunque había un brillo en su rostro y su mirada era penetrante… Me encontré con unas mejillas rosáceas y un cuerpo que irradiaba una suave luz de un blanco amarillento. El cambio fue tan espectacular e inesperado que no pude evitar preguntarle asombrado: ‘¿Qué le ha ocurrido?’ En lugar de responderme directamente, eludió la pregunta; como me había dejado crecer barba, él me preguntó: ‘Y, ¿qué es lo que te ha ocurrido a ti?’ Pero después, durante el transcurso de nuestra charla, me explicó que cuando la consciencia superior, tras haber descendido al nivel mental, baja al vital, e incluso más abajo del vital, es entonces cuando tiene lugar una transformación en el sistema nervioso del ser, e incluso en el propio ser físico…”
Sri Aurobindo decía que su sadhana se había tornado más intensa tras la llegada de la Madre, y que con su ayuda, había logrado hacer en un año lo que le hubiera llevado hacer en diez.
La Madre regresó definitivamente el 24 de abril de 1920 tras pasar cuatro años en Japón y se la alojó en una vieja casa junto al mar. Más tarde se mudó a La antigua casa de huéspedes donde vivía Sri Aurobindo junto a sus jóvenes seguidores.
Nolini Kanta Gupta nos cuenta cómo ocurrió:
“Vivíamos en La casa de huéspedes y recuerdo bien que Sri Aurobindo tenía la costumbre de pasar a verla los domingos para cenar con ella. Nosotros también solíamos ir y compartir la cena. Está de más decir que la Madre se encargaba de organizar ella misma el menú y de supervisar la cocina en persona; asimismo, ella también cocinaba algunos platos…
Pues bien, durante la estancia de la Madre en esta casa se desencadenó un día una fuerte tormenta. La casa era vieja y daba la sensación que iba a derrumbarse. Entonces Sri Aurobindo dijo: ‘No podemos consentir que la Madre permanezca aquí durante mucho más tiempo. Debe venirse a vivir con nosotros.’ Así es como la Madre se instaló con nosotros y se convirtió para siempre en nuestra Madre.”
Con la llegada de la Madre, su estilo de vida experimentó un cambio radical. La primera tarea de la Madre consistió en ocuparse y atender las necesidades materiales de Sri Aurobindo. “La Madre llegó y nos hizo ver a Sri Aurobindo como maestro y señor del yoga. Hasta aquel momento, lo conocíamos como un estimado e íntimo amigo, y aunque en nuestro fuero interno sabíamos que era un gurú, cuando nos relacionábamos, parecía que nos comportásemos como si él fuera simplemente uno de nosotros. Asimismo, se mostraba reacio a que se empleasen los términos “gurú” y “Ashram” en relación con él, puesto que las antiguas y tradicionales asociaciones que evocaban estas palabras apenas tenían cabida en su tarea de nueva creación. No obstante, la Madre nos enseñó con sus palabras y actitudes demostrándonos en la práctica el significado de lo que era ser un discípulo y un maestro; ella siempre ponía en práctica cuanto predicaba. Nos mostró lo qué era realmente la cortesía, sentándose en el suelo y no delante o al mismo nivel que Sri Aurobindo…”
He aquí otro interesante episodio narrado por Nolini Kanta Gupta: “[…] Un día ocurrió un hecho bastante insólito. Recibimos la vista de un sanyasi. Era un hombre de aspecto llamativo, alto y atractivo; un enorme turbante le envolvía la cabeza de la que se asomaban algunos mechones deslizándose por encima de los hombros. También estaban allí presentes tres o cuatro discípulos. Éste imploró el darshan de Sri Aurobindo, si bien el darshan resultó convertirse en algo espectacular. Fue entonces cuando el sanyasi reveló su identidad. Sri Aurobindo exclamó al reconocerlo: ‘¡Dios bendito!’, ya que bajo las holgadas y tupidas vestimentas propias de un sanyasi se había ocultado nuestro antiguo camarada Amarendra, Amarendranath Chatterji, el célebre líder terrorista, por cuya captura el gobierno británico había movido cielo y tierra, es decir, había removido el mundo de los vivos y los muertos, llegando incluso a revolver los infiernos en las profundidades. Puede que también hubiesen puesto un precio a su cabeza. Pero, ¡ahí estaba él en persona! Se respiraba un ambiente cargado de entusiasmo y de alegría, aunque salpicado también por sentimientos de temor, ya que nadie sabía qué es lo que podrían hacer los británicos y los franceses en caso de que la noticia se conociese.” Sri Aurobindo le aconsejó que abandonara la actividad revolucionaria, y así lo hizo.
Prestad ahora atención a un interesante episodio, cuyos hechos se conocen en la actualidad como magia negra.
Durante el invierno de 1912, Vattel, un cocinero que había sido despedido del personal de servicio de Sri Aurobindo, decidió hacerle la vida imposible en su propia casa. Consiguió reunir el apoyo del faquir Mahomedan, el cual, valiéndose de algún procedimiento de magia negra, logró que cayeran piedras dentro de la vivienda. El propio Sri Aurobindo nos relató así el incidente:
“El apedreamiento comenzó con el discreto lanzamiento de unas cuantas piedras en la cocina de La casa de huéspedes, aparentemente desde el otro lado de la terraza, aunque allí no había nadie. El fenómeno empezó al caer la noche prolongándose al principio durante media hora. Sin embargo, día tras día el apedreamiento se volvió más frecuente y virulento, incrementándose también el tamaño de las piedras la duración de los ataques, que, en ocasiones, se prolongaban durante varias horas, hasta que al final, una o media hora antes de la medianoche, el apedreo se convirtió en un bombardeo continuo. Y ya no sólo se apedreaba la cocina, sino también otros lugares de la casa, como por ejemplo el porche. Al principio, nos pensamos que se trataba de un acto provocado por personas, por lo que mandamos llamar a la policía, aunque la investigación duró poco tiempo y cuando una piedra pasó zumbando inexplicablemente entre las piernas de uno de los agentes en el porche, la policía abandonó el caso presa del pánico. Decidimos investigar por nuestra cuenta, pero no había nadie que lanzase piedras en los lugares donde éstas parecían estar o de donde podrían provenir. Finalmente, como queriéndonos sacar amablemente de dudas, las piedras empezaron a caer dentro de las habitaciones cerradas de la casa; una de las piedras, que avisté inmediatamente después de caer, y que era de un tamaño gigantesco, descansaba llana y cómodamente sobre una mesa de mimbre, como si aquél fuese su propio lugar de descanso. Y así continuó el ataque hasta que los proyectiles se volvieron mortíferos. Hasta el momento, el apedreamiento había tenido un carácter inofensivo, a excepción del apaleamiento diario a la puerta de Bijoy durante los últimos días que pude presenciar la noche anterior al fin. Las piedras iban volando a muy pocos metros por encima del suelo; no venían de lejos sino que aparecían de repente y, por la dirección que llevaban, debieron de haber sido lanzadas muy cerca del complejo de La casa de huéspedes o desde el mismo porche. Sin embargo, toda la casa estaba perfectamente iluminada y vi que allí no había rastro humano ni tampoco podía haberlo habido. Al final, el joven criado medio tonto, que era el punto neurálgico de los ataques y se alojaba en la habitación de Bijoy bajo su protección, comenzó a sufrir severos ataques sangrando de una herida por el impacto de las piedras que se colaban dentro de la habitación cerrada. Me dirigí a la habitación reclamado por Bijoy y vi cómo cayó sobre el muchacho la última piedra: Bijoy y el criado estaban sentados el uno junto al otro y la piedra fue arrojada hacia ellos de frente sin que hubiese nadie a la vista lanzándola. Ambos estaban solos en la habitación, de modo que ¡a menos que fuese El hombre invisible de Wells…!
Hasta ahora, tan sólo habíamos estado observando y tanteando el terreno, aunque no bastaba, ya que la situación se estaba volviendo peligrosa y algo tenía que hacerse al respecto. La Madre, sabedora de cómo funcionaban estas cosas, resolvió que aquél fenómeno se debía a un nexo existente entre el joven criado y la casa; de modo que, si el nexo se rompía apartándose el criado de la casa, el apedreamiento cesaría. Decidimos mandarle a casa de Hrishikesh y de inmediato cesó el fenómeno por completo; después de lo sucedido, ya no volvió a caer ni una sola piedra y la paz acabó reinando.”
No obstante, todo terminó cuando la mujer de Vattel se presentó sumida en un extremo estado de desesperación e imploró la clemencia de Sri Aurobindo y de La Madre. Su marido sabía bastante de ocultismo como para darse cuenta de que ambos habían logrado repeler las fuerzas ocultas. Cuando semejantes fuerzas se invocan contra alguien que es capaz de repelerlas, se vuelven inevitablemente contra quien las ha provocado originalmente. Así es cómo Vattel había caído enfermo. Sri Aurobindo, impulsado por su generosidad, perdonó a aquel individuo diciéndole a su mujer: “No necesita morir por esto.” Tras sus palabras, Vattel logró recuperarse.
Ya os he contado antes que, inmediatamente después de que la Madre se trasladara a La casa de huéspedes, se produjo un cambio gradual en el ambiente que respiraba la pequeña familia de Sri Aurobindo. Por todas partes reinaba el orden, la belleza, la disciplina y la compostura. Sri Aurobindo había dejado de ser su amigo o su camarada, ahora era el gurú. La Madre les inculcó este sentimiento y consiguió despertar en ellos una seria vocación por la sadhana. Hasta entonces, Sri Aurobindo se había negado a tener discípulos; sin embargo, la Madre cambió por completo el estilo y la organización de la comunidad.
En 1922 algunos discípulos se mudaron a La casa de la biblioteca, que actualmente se conoce con el nombre de Casa de la prosperidad. La Madre formó un grupo de sadhakas ocupándose ella misma de suministrarles alimentos, buscarles alojamiento, ocuparse de su sadhana, etc. El número de adeptos fue aumentando progresivamente, predominando las comunidades integradas por bengalíes y gujaratis. Hubo incluso unas cuantas mujeres que también se sumaron al grupo. El Ashram fue creciendo gradualmente por sí solo, con la Madre y Sri Aurobindo al frente, aunque se le llamó oficialmente “Ashram” en 1926 tras descender el nivel de consciencia de la Sobremente en el cuerpo de Sri Aurobindo.
En poco tiempo la Madre comenzó a ponerse al frente de todas las actividades, mientras que Sri Aurobindo permanecía en un segundo plano. El contacto de la Madre con los discípulos fue creciendo. Sri Aurobindo solía reunirse con ellos para charlar al caer la tarde.
Desde principios de noviembre de 1926, aquellas conversaciones giraban en torno a la sadhana. El tema abordado era principalmente la fuerza supramental, si tal fuerza podía descender a la Tierra. Según Sri Aurobindo, el descenso de dicha fuerza reduciría en gran medida el sufrimiento, las carencias y la ignorancia de la humanidad. Estas discusiones hicieron que sus discípulos llegaran a albergar el sentimiento de que un poder inmenso estaba a punto de descender, llegando incluso a presentir algunos de ellos su presencia. Asimismo, también recibía visitas, como la de Chittaranjan Das, Lala Lajpat Rai, Sarala Devi y Rabindranath Tagore. En 1928 Rabindranath, durante el viaje que emprendió por Europa a bordo del vapor Shantily, desembarcó en Pondicherry y se reunió con Sri Aurobindo. Tras el encuentro, se sintió tan abrumado que, al regresar al vapor, el premio Nobel escribió un artículo sobre él. He aquí un extracto: “Durante mucho tiempo he albergado en mi corazón el deseo de poder ver a Sri Aurobindo Ghosh, y, por fin, se ha cumplido. Enseguida me di cuenta de que lo que había andado buscando lo había alcanzado, y, mediante este largo proceso de realización, había sido capaz de ir acumulando un silencioso poder de inspiración. Su rostro irradiaba una luz interior y su serena presencia dejaba claro que la India le hablaría al mundo a través de su voz. Le dije: ‘Tienes la palabra y estamos esperando a aceptarla de ti.’ Permanecí allí aunque sin quedarme mucho tiempo percatándome de que su alma no se sentía oprimida ante los patrones marcados por algunas doctrinas tiránicas. Hacía años había visto a Aurobindo en su temprana etapa de heroica juventud y le canté: ‘Aurobindo, acepta el saludo de Rabindra.’
Ahora veía cómo le envolvía con mayor intensidad un aire de inmensa y reticente sabiduría y volví a contarle en silencio:
‘Aurobindo, acepta el saludo de Rabindra.’ ”
24 de noviembre
Por fin llegó el día que todos habían estado esperando. Desde principios de noviembre, la presión de una fuerza superior comenzó a aumentar llegando a alcanzar su apogeo el día 24. Sin embargo, los discípulos no tenían ni la más remota idea de lo que en realidad iba a ocurrir. Por la tarde se encontraban todos ocupados en sus propios quehaceres; algunos habían ido a dar un paseo a orillas del mar. El sol estaba a punto de ponerse cuando la Madre les envió un mensaje urgente a los discípulos para reunirse en el porche de La casa de la biblioteca. Todos volvieron a toda prisa. El ambiente tenía un carácter solemne, los discípulos se mostraban tranquilos, impacientes y reservados. Había algunos que podían sentir una enorme presión en sus cabezas. Nolini Kanta Gupta es quien mejor explica lo que realmente ocurrió: “En cuanto llegué, me encontré con una escena maravillosa. Sri Aurobindo estaba sentado en una silla y la Madre lo hacía a sus pies. Ambos estaban frente a nosotros. Nos sentamos. Se respiraba una atmósfera celestial: la mano izquierda de Sri Aurobindo descansaba sobre la cabeza de la Madre y la derecha la extendía como en un gesto de bendición hacia nosotros. Todos los allí presentes permanecimos en silencio, en un estado de calma y de solemne expectación. Entonces, le ofrecimos nuestro pranam a Sri Aurobindo y a la Madre… Al cabo de un rato, se metieron dentro de la casa…
Desde aquel momento, Sri Aurobindo dejó de asistir a las charlas que se celebraban al atardecer. Así pues, la Madre tomó las riendas de la comunidad siendo ella la que se manifestaba. Todas nuestras comunicaciones eran con ella.”
Al 24 de noviembre se le conoce como el “día Siddhi”: el “día de la perfección espiritual”. Seguro que tenéis curiosidad por saber lo que realmente ocurrió y la trascendencia que tuvo este día. De momento, sois demasiado jóvenes para comprender su repercusión. No obstante, permitidme que os cite las siguientes palabras de Sri Aurobindo para que os hagáis una ligera idea:
“El 24 de noviembre de 1926 fue el día del descenso de Sri Krishna en el cuerpo. Esto es, el descenso del Dios de la Sobremente que preparará el camino del descenso de la Supermente.” Y es que el descenso de la Supermente era el objetivo de la sadhana de Sri Aurobindo. El descenso de Sri Krishna significaba que su divina consciencia, que descendía a través del nivel de consciencia corporal de Sri Aurobindo, se extendería al mundo de la materia. En un lenguaje más sencillo podemos decir que Sri Aurobindo se unió al dios Krishna en cuerpo, mente y alma. Quizá recordéis la visión que tuvo de Vasudeva en la prisión de Alipore. Pues bien, ahora lo había recibido en su nivel de consciencia corporal.
El siguiente paso consiste en la transformación del mundo mediante el descenso de la Supermente. Con este propósito, Sri Aurobindo decidió retirarse en soledad para poder dedicar todas sus energías a hacer descender al mundo el inmenso poder, la luz y el conocimiento de la Supermente; de ahí que la Madre se pusiese al frente del Ashram.
Es posible que no hayáis podido comprender mucho de lo que os he contado. No obstante, recordad que este día marcó el comienzo de una nueva era en el mundo del yoga de Sri Aurobindo. Se fundó el “Ashram de Sri Aurobindo”, y la Madre se convirtió en la “madre” del Ashram. Se ocupó por completo de su gestión recibiendo desde atrás el apoyo de Sri Aurobindo. Como es natural, sus responsabilidades fueron en aumento. Tenía la costumbre de celebrar sesiones de meditación colectiva por las noches. Hacía descender la consciencia de los dioses en las consciencias de los sadhakas, los cuales percibieron a raíz de ello experiencias insólitas. Se notaba cómo una extraordinaria fuerza, poder, luz, inmensidad y otra serie de elementos divinos descendían en los sadhakas, sintiendo y pensando cada uno de ellos como si fuesen dioses. A este período se le conoce como la Edad de Oro del Ashram, aunque esta fase no duró mucho tiempo. La Madre dejó de hacer descender los poderes divinos, ya que los sadhakas no estaban aún preparados para resistir la presión de semejante descenso. Así pues, bajó al mero nivel de consciencia física, por así decirlo, a la vida cotidiana. El maravilloso poema de Sri Aurobindo titulado “La labor de un Dios” refleja gráficamente esta etapa. A pesar de que Sri Aurobindo vivía recluido sin recibir a nadie que no fuera la Madre, mantenía un estrecho contacto con todos los acontecimientos que se sucedían en el mundo. Leía la prensa todos los días y estaba al corriente de todos aquellos sucesos de mayor o menor importancia que afectaban a Japón y a China, del movimiento de liberación de la India, de las elecciones presidenciales de Norteamérica, de terremotos, hambrunas… de todo. Y, cuando la ocasión lo exigía, cambiaba incluso el curso de los acontecimientos mediante el poder de su fuerza yóguica.
Además de estas ocupaciones, dedicaba gran parte de su tiempo a mantenerse en contacto por correspondencia con los sadhakas y a contestar sus cartas acerca de su sadhana. De este modo le prestaba ayuda a la Madre en sus tareas. Se estableció una norma que consistía en que cada discípulo tenía que escribirle a Sri Aurobindo y a la Madre sobre su estado físico y mental para así poder recibir orientación y ayuda por su parte. Esta iniciativa se adoptó en consonancia con la nueva fase de sadhana. Así pues, os podéis imaginar lo diferente que es nuestro yoga de otro tipo de yogas.
La nueva norma desencadenó un aluvión de cartas, ya que casi todos los discípulos les mantenían estrechamente informados sobre sus diversas experiencias, sobre las dificultades y obstáculos que encontraban en su sadhana, sobre los sufrimientos del cuerpo y de la mente. Sri Aurobindo le leía estas cartas a la Madre, a quien consultaba para anotar las instrucciones oportunas. Un sadhaka recibió unas tres mil cartas en un período de siete u ocho años. Sri Aurobindo dedicaba aproximadamente nueve horas diarias a las cartas, pasando noches en vela para poder responderlas. Cuando en una ocasión un sadhaka le presentó una queja, por haberse retrasado al contestarle, Sri Aurobindo le contestó de este modo: “No puedes hacerte una idea de la cantidad de tiempo que tengo que dedicar para poder dar respuesta a todas estas cartas.” Así que no hace falta que nadie os diga que su retiro en soledad de ningún modo consistía en llevar una vida dedicada al ocio y al disfrute. A la pregunta de por qué renunció a todo y decidió vivir recluido, él contestó: “Es una necesidad temporal. Si tuviera que haber hecho todo lo que la Madre está haciendo, entonces mi auténtico trabajo habría quedado completamente desatendido.”
Tres veces al año, más adelante fueron cuatro, la Madre y Sri Aurobindo aparecían juntos ante sus devotos. Era lo que popularmente se conocía como el Darshan.
El Darshan
Es imposible que os podáis imaginar lo que era realmente este Darshan. Aunque los sadhakas y devotos aguardaban con impaciencia la llegada de este día en cuestión de minutos, muchos eran los que acudían en masa desde lugares muy remotos para ver especialmente a Sri Aurobindo.
¿A qué se debía tal impaciencia? ¿Era por la simple curiosidad de ver a un gran hombre? Más que eso. El propio Sri Aurobindo dijo que durante los días de Darshan una tremenda fuerza descendía desde las alturas manifestándose en él y en la Madre para el mundo. Mientras que algunos pudieron percibir la presencia del dios Shiva y de su shakti sentados ante ellos u otros aspectos del Divino, tales como la manifestación del Dios Krishna en Sri Aurobindo, hubo otros que tuvieron leves experiencias.
El hecho de poder presenciar durante un instante el Darshan ha provocado cambios inimaginables en la vida de muchos. Para los sadhakas este incomparable momento suponía un gran paso hacia poder encontrar la luz en su sadhana. La gente que tuvo la excepcional buena suerte de poderle ver sólo una vez no fue nunca capaz de olvidar aquello ni un solo momento. Sentado majestuosamente, con el torso envuelto en un chaddar, le dirigía a cada uno de los presentes una fugaz y penetrante mirada y la Madre, sentada a su derecha, ataviada con un sari de seda y con una especie de cinta similar a una corona rodeándole la cabeza, se deshacía en radiantes sonrisas.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 8: ♦ EL ESPÍRITU REVOLUCIONARIO ♦
La guerra y la destrucción -dice- constituyen un principio universal que gobierna no sólo nuestra vida puramente material aquí abajo, sino aun nuestra existencia mental y moral. Es de toda evidencia, prácticamente, que en su vida intelectual, social, política y moral, no puede el hombre avanzar, sin lucha alguna, un solo paso; una lucha entre lo que existe y vive y lo que trata de llegar a ser y a vivir, y entre todo cuanto se halla atrás de lo uno y de lo otro. Es imposible, al menos en el estado actual de la humanidad y de las cosas, avanzar, crecer y realizarse y, al mismo tiempo, observar real y absolutamente el principio de inocencia que se nos propone como la mejor y más elevada norma de conducta. ¿Emplearemos nosotros solamente la fuerza del alma y no destruiremos nunca nada por la guerra ni aun por la violencia física para defendernos?. Hasta aquí estamos de acuerdo.
Pero mientras las fuerzas del alma alcanzan la eficacia necesaria, las fuerzas demoníacas en los hombres y las naciones aplastan, demuelen, asesinan, incendian y violan, como hoy lo vemos; podrán entonces hacerlo cómodamente y sin estorbos, y vosotros habréis causado tal vez con vuestra abstención la pérdida de tantas vidas como los otros con su violencia... No basta con tener las manos limpias y el alma inmaculada para que la ley de la batalla y de la destrucción desaparezca del mundo; es menester que cuanto forma su base desaparezca primero de la humanidad. La inmovilidad y la inercia que rehúsan emplear los medios de resistencia al mal o que son incapaces de servirse de ellos, no abrogarán la ley, ni mucho menos. En realidad, la inercia hace mucho mayor daño que el principio dinámico de la lucha, que crea, al menos, más de lo que destruye. En consecuencia, desdeñar el punto de vista de la acción individual, abstenerse de la lucha en su forma física más visible y de la destrucción que la acompaña de modo inevitable, nos da tal vez una satisfacción moral, pero deja intacto al Destructor de las criaturas.
Y si nuestra abstención deja indemne al Destructor de las criaturas, tampoco nuestras guerras lo suprimen, aunque prácticamente sea necesario mancharse en ellas las manos. A mediados de la primera guerra mundial hacía observar Sri Aurobindo con fuerza profética: La derrota de Alemania... no basta para extirpar el espíritu que en Alemania se encarna; probablemente se producirá una nueva encarnación del mismo espíritu en otra parte, en otra raza o en otro imperio y será necesario entonces librar una vez más la batalla. Todas las viejas fuerzas están vivas y no sirve de mucho quebrantar o abatir el cuerpo que ellos animan, porque muy bien saben transmigrar. Alemania abatió el espíritu napoleónico en 1813 y demolió los restos de la hegemonía francesa en Europa en 1870; esta propia Alemania ha venido a ser la encarnación de lo que ella misma había abatido. Fácilmente puede el fenómeno repetirse en una escala mucho mayor.
Hoy hemos podido comprobar como las viejas fuerzas saben transmigrar.
El propio Gandhi, viendo que todos los años de no-violencia venían a parar en las terribles violencias que caracterizaron la partición de la India en 1947, observaba con tristeza poco antes de su muerte: "El sentimiento de violencia que secretamente hemos alimentado, vuelve sobre nosotros y nos liamos a golpes cuando se trata de compartir el poder... Ahora que ha sido sacudido el yugo de la servidumbre, todas las fuerzas del mal salen a la superficie". Porque ni la no-violencia ni la violencia alcanzan la fuente del Mal.
En plena guerra de 1940, por los mismos días en que abrazaba el partido de los Aliados porque, "prácticamente", así era necesario proceder, Sri Aurobindo escribía a un discípulo: Usted cree que cuanto ocurre en Europa es una guerra entre las potencias de la luz y las potencias de las tinieblas, pero esto no es más cierto ahora que durante la primera guerra mundial. Es una guerra entre dos especies de Ignorancia... El ojo del yogui no ve solamente los acontecimientos exteriores y los personajes y las causas exteriores, sino también las poderosas fuerzas que los precipitan a la acción. Si los hombres que combaten son instrumentos que se hallan en manos de los jefes de Estado y de los financieros, éstos, a su vez, son simples títeres que se hallan en las garras de fuerzas ocultas. Cuando se ha adquirido el hábito de contemplar las cosas hasta el fondo, ya no se inclina uno a conmoverse por las apariencias ni siquiera a esperar que los cambios políticos o sociales, o las mudanzas de índole institucional, puedan poner remedio a la situación. Sri Aurobindo había cobrado consciencia de esas "enormes fuerzas" ocultas y de la infiltración constante de lo suprafísico en lo físico; sus energías no se desenvolvían ya en torno de un problema moral, harto somero después de todo -violencia o no-violencia- sino alrededor de un problema de eficacia; y veía claramente, también por experiencia, que para curar el mal del mundo es preciso curar primero "lo que en el hombre se halla en la base" y que nada se puede curar afuera si no se cura primero lo de adentro, porque es la misma cosa; no se puede dominar lo externo si no se domina lo interior, porque es la misma cosa; no se puede transformar la materia externa sin transformar nuestra materia interior, porque es también y será siempre la misma cosa; no hay sino una Naturaleza, un mundo, una materia, y mientras queramos proceder al revés, a ninguna parte llegaremos.
Y si nos parece que el remedio es difícil, entonces no queda ninguna esperanza para el hombre ni para el mundo, porque todas nuestras panaceas exteriores y nuestras morales de agua de rosas están condenadas a la nada y a la destrucción en manos de esas potencias ocultas: La única solución -dice Sri Aurobindo- se halla en el advenimiento de otra consciencia que ya no será juguete de esas fuerzas, sino más poderosa que ellas, y que podrá obligarlas a cambiar o a desaparecer. Hacia esta nueva consciencia -SUPRAMENTAL- se encaminaba Sri Aurobindo en medio de su propia acción revolucionaria. Y su determinación no podía ser otra más que CONQUISTARLA O PERECER EN EL INTENTO.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 9: ~ SOCIOLOGÍA DE LA NUEVA HUMANIDAD ~
La empresa nacerá por todas partes a la vez –ha nacido ya, balbucea aquí y allí, se golpea contra los muros sin saber-, y poco a poco se desvelará su verdadero rostro, justo en el momento en que los hombres ya no puedan atraparla en la trampa de un sistema o de una lógica o de un lugar privilegiado; es la hora en la que todo será el lugar privilegiado aquí abajo, en cada corazón, en cada país. Y los hombres ni siquiera sabrán cómo han sido preparados para esta Maravilla.
Los que saben un poco, los que adivinan, los que comienzan a percibir la gran Ola de Verdad, no caerán en la trampa del “reclutamiento suprahumano”. La Tierra está desigualmente preparada, los hombres son espiritualmente desiguales, a pesar de nuestras protestas democráticas –aunque sean esencialmente iguales y vastos en el gran Yo, y en un solo cuerpo de miles de rostros-, no todos se han convertido en la grandeza que son: están en camino, unos se quedan rezagados, otros parecen ir más deprisa, pero los rodeos de aquéllos forman parte también de la gran geografía de nuestro indivisible dominio, su retraso o el freno que parecen poner a nuestro movimiento forma parte de la redondez de la perfección a la que tendemos y nos obliga a una minuciosidad de verdad más amplia. Ellos también van por su camino, y además ¿qué hay fuera del camino, puesto que todo es el Camino? Los que saben un poco, los que adivinan, saben en primer lugar, por haberlo experimentado en su propia sustancia, que los hombres no se reúnen realmente por medio de artificios- y a los que persisten en sus artificios, todo se les derrumba finalmente y el “encuentro” es breve, y breves son la hermosa escuela, la bonita secta, la pequeña burbuja irisada de un momento de entusiasmo o de fe – los hombres se reúnen por una ley más fina y más discreta, por un pequeñísimo faro interior, intermitente y que apenas se reconoce, pero que atraviesa el tiempo y los espacios y que trae aquí y allí su rayo semejante, su frecuencia gemela, su foco de luz de igual intensidad, y se va. Y no sigue sin saber, coge el tren, el avión, recorre este país o ese otro, cree que busca esto o aquello, que está en busca de una aventura, de lo pintoresco de una droga o de una filosofía. Uno cree. Cree muchas cosas. Piensa que tiene que tener ese poder o esa solución, esa panacea o esa revolución, ese eslogan o ese otro; cree que se ha marchado porque tenía esa sed o esa rebeldía, ese amor decepcionado o esa necesidad de acción, esa esperanza o ese viejo barullo insoluble en su corazón. Y luego, ¡no hay nada de todo eso!. Uno se detiene un día, sin saber por qué, sin haber querido llegar aquí, sin haber buscado este lugar o este rostro, esta insignificante aldea bajo las estrellas de un hemisferio u otro, y es aquí: está aquí. Ha abierto su única puerta, ha encontrado su fuego semejante, esta mirada siempre conocida, y él está exactamente donde hace falta, para hacer el trabajo que hace falta. El mundo es un fabuloso reloj, pero solamente si sabemos el secreto de estos pequeños fuegos que brillan en otro espacio, que palpitan en un gran mar interior en el que nuestras barcas van como atraídas por un invisible faro.
Son diez o veinte, cincuenta quizá, aquí o allá, bajo esta latitud u otra, que quieren trabajar un rincón de tierra más verídica, trabajar un rincón de hombre para hacer crecer en ellos mismos un ser más verdadero, quizás hacer juntos un Laboratorio del superhombre, colocar una primera piedra en la Ciudad de la Verdad sobre la Tierra. Ellos no saben, no saben nada, salvo que tienen necesidad de otra cosa, y que existe una Ley de Armonía, un “algo” maravilloso del Futuro que pide encarnarse. Y quieren encontrar las condiciones de esta encarnación, prestarse a la prueba, entregar su sustancia a esta experiencia en vivo. No saben nada salvo que todo tiene que ser diferente: en los corazones, en los gestos, en la materia y en el cultivo de esta materia. No intentan hacer una nueva civilización sino otro hombre; no una super-ciudad entre millones de edificios del mundo, sino un puesto de escucha de las fuerzas del futuro, un supremo yantra de la Verdad, un conducto, un canal para intentar captar e inscribir en la materia una primera nota de la gran Armonía, un primer signo tangible del mundo nuevo. No se presentan como campeones de nada, ni son los defensores de ninguna libertad, ni los agresores de ningún “ismo”: simplemente intentan juntos, son los campeones de su propia pequeña nota pura, que no es la de ningún vecino. Y que sin embargo es la nota de todo el mundo. No son de ningún país, ni de una familia, ni de una religión o partido: han tomado partido por ellos mismos, que no es el partido de ningún otro, y sin embargo es el partido del mundo; porque lo que llega a ser verdadero en un punto, se vuelve verdadero para todo el mundo y une a todo el mundo; son de una familia que hay que inventar, de un país que aún no ha nacido. No buscan enderezar ni a los demás ni a nadie, ni derramar sobre el mundo caridades glorificantes, ni cuidar a los pobres o a los leprosos: buscan curar en ellos mismos la gran pobreza de la pequeñez, el elfo gris de la miseria íntima, conquistar en ellos mismos tan sólo una pequeña parcela de verdad, tan sólo un pequeño rayo de armonía; puesto que, si esa Enfermedad es curada en nuestro propio corazón, o en algunos corazones, el mundo se encontrará más ligero, y por nuestra claridad, la Ley de la Verdad entrará mejor en la materia e irradiará alrededor espontáneamente. ¿Qué liberación, qué alivio puede aportar al mundo el que pena en su propio corazón?. No trabajan para ellos mismos, aunque sean el primer terreno de experimentación, sino en ofrenda, pura y simple, a “esto” que no conocen realmente, pero que se estremece al borde del mundo como la aurora de una nueva era. Son los prospectores del nuevo ciclo. Se han entregado al futuro, con cuerpos y bienes, como se lanza uno al fuego sin mirar atrás. Son los servidores del infinito en lo finito, de la totalidad en lo ínfimo, de lo eterno en cada instante y en cada gesto. Crean su cielo a cada paso y tallan el nuevo mundo en la banalidad diaria. No tienen miedo al fracaso, porque han dejado tras de sí, a la vez, los fracasos y los éxitos de la prisión – están en la única infalibilidad de una pequeña nota entonada.
Pero estos constructores del mundo nuevo tendrán mucho cuidado de no construir una nueva prisión, aunque ésta sea ideal y bien iluminada. De hecho, comprenderán, y pronto, que esta Ciudad de la Verdad no existirá y no podrá existir mientras que no estén ellos mismos totalmente en la Verdad, y que esta tierra a construir es, en primer lugar y ante todo, el terreno de su propia transformación. Con la Verdad no se trampea. Se puede hacer trampas con los hombres, pronunciar discursos y declaraciones de principios, pero la Verdad se burla de todo ello: te atrapa en los hechos, y a cada paso os lanza la mentira a la cara. Es un faro sin piedad aunque sea invisible. Es muy simple, os atrapa en todos los rincones y en todos los rodeos, y como es una Verdad de la materia, demuele vuestros planes, obstaculiza vuestro gesto, os pone súbitamente ante una falta de material, una falta de obreros, una falta de dinero, suscita esa rebeldía, lanza a las personas unas contra otras, siembra la imposibilidad y el caos –hasta que, de pronto, el buscador comprende que sigue un falso camino, que está construyendo el viejo edificio mentiroso con ladrillos nuevos, y segregando su pequeño egoísmo, su pequeña ambición, su pequeño ideal, su flaca idea de la verdad y del bien. Entonces abre los ojos, abre las manos, y se acuerda de la gran Ley, deja que el ritmo se deslice, y se hace claro, claro, transparente, flexible a la Verdad o a cualquier cosa que quiera ser –cualquier cosa, pero que sea esto, el gesto exacto, el pensamiento preciso, el trabajo verdadero, la verdad pura que se expresa como quiere, cuando quiere, y de la manera en que ella quiere. Un segundo, y el buscador se abandona. Un segundo, y llama a este mundo nuevo –tan nuevo que no comprende nada de él, pero al que quiere servir, encarnar, hacer crecer en esta Tierra rebelde, y ¡qué importa lo que piense de ello, lo que sienta, lo que juzgue! ¡oh! ¡qué importa!, pero que sea la verdadera cosa, la única cosa querida e inevitable. Y todo se vuelca en la luz –en un segundo. Todo se hace posible al instante; los materiales llegan, los obreros, el dinero, el muro se derrumba, y esa pequeña construcción egoísta que estaba edificando se torna en una posibilidad dinámica que él ni tan siquiera había sospechado. Cien veces, mil veces, lo experimenta a todos los niveles, personales, colectivos, en ese batiente de ventana que ajusta para su habitación o en el millón súbito que “cae del cielo” para construir un estadio olímpico. Nunca hay “problemas materiales”, solamente hay problemas interiores. Y si no está aquí la Verdad, incluso los millones se pudrirán en el terreno. Es una fabulosa experiencia de cada minuto, una puesta a prueba de la Verdad, y más maravilloso aún, una puesta a prueba del poder de la Verdad. Aprende paso a paso a descubrir la eficacia de la Verdad, la suprema eficacia de un segundo claro –el buscador entra en un mundo de pequeñas maravillas continuas. Aprende a tener confianza en la Verdad, como si todos esos golpes, esos fallos, esas querellas, esa confusión, le condujeran sabiamente, pacientemente, pero implacablemente, a tomar la actitud justa, a descubrir el verdadero resorte, la verdadera mirada, el grito de verdad que derriba los muros y hace estallar todos los posibles en el imposible caos. Es una transmutación acelerada y como multiplicada, tanto por las resistencias de cada uno como por sus buenas voluntades –como si, en realidad, las resistencias y las buenas voluntades, si bien tanto como el mal, debieran cambiarse en otra cosa, otra voluntad, una voluntad-visión de Verdad que a cada instante decide el gesto y el hecho.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 10: « LAS ONCE ACTITUDES BASICAS DEL SADHAKA »
PRIMERA PARTE (CINCO ACTITUDES)
Cuando un viajero decide emprender un largo y minucioso viaje, primero tiene que preparar todo lo necesario para el trayecto que pretende recorrer, de otro modo podría tener dificultades en cualquier momento de su viaje. Lo mismo ocurre con el viajero espiritual. Cuando comienza su peregrinaje espiritual cuyo último fin es estar unido a la consciencia divina y convertirse en un instrumento apropiado para la manifestación del Divino, también debe reunir desde el principio los requisitos esenciales para tener éxito en su peregrinaje; porque el camino de la sadhana es mucho más difícil, mucho más asediado por las dificultades y peligros que cualquier otro viaje en la vida exterior. Sin estos requisitos que le ayudarán a lo largo de todo el camino, el peregrino espiritual caería con frecuencia en el foso de una profunda confusión y depresión psicológicas; aún más, podría interrumpir su viaje y abandonar el sendero completamente, o, lo que es peor, podría ser atraído hacia un desvío quedando seriamente amenazado su destino espiritual.
Pero, ¿cuáles son, al fin y al cabo, estos requisitos que el sadhaka debe procurarse antes de poder viajar por el sendero sin ser abofeteado a cada paso con toda clase de dificultades psicológicas? La respuesta es: estos requisitos no son más que un cierto número de virtudes esenciales del carácter que deberán mantener con firmeza al sadhaka en el lugar adecuado, a través de las múltiples vicisitudes de su empresa interior.
Porque sabemos que nuestra sadhana del yoga integral no rechaza el mundo ni la vida; en cambio, lo que proponemos hacer en ella es purificar y transformar la naturaleza, nuestra naturaleza personal y la naturaleza del mundo, tanto como sea posible y a continuación ofrecerlas al Divino como un instrumento digno para su manifestación divina sobre la tierra. Nuestra aspiración no es simplemente para disfrutar del deleite de la realización espiritual en nuestra consciencia interior; el objetivo de nuestro yoga es que nuestra naturaleza y nuestro ser exterior deben participar también plena e integralmente de la realización espiritual. En las inimitables palabras de Sri Aurobindo: “..nos proponemos conquistarnos a nosotros mismos y al mundo para Dios; estamos decididos a ofrecerle nuestro ser actual así como nuestro ser potencial…”(La Síntesis del Yoga)
Siendo este nuestro objetivo, no podemos darle la espalda a la naturaleza, ni apartarnos de ella mientras sea posible; ni nos es permitido dejar de lado el torbellino de la vida y buscar el reposo de un refugio lleno de paz en un aislamiento interior y exterior. Nuestra sadhana espiritual debe ser emprendida en la propia naturaleza y en campo de batalla de la vida. Por eso debemos estar preparados para hacer frente e intentar resolver con éxito todo género de dificultades intrínsecas a esta elección básica que hemos hecho.
Sin duda, todas las sadhanas espirituales son difíciles; sus senderos son “cortantes como el filo de una navaja, duros de recorrer”. El nuestro es todavía más difícil, aparentemente más obstinado. La razón es que nuestra actual naturaleza está casi toda bajo el asedio de la ignorancia cósmica; está contaminada por millones de clases de corrupción, tamásica y rajásica. Al aceptar esta naturaleza perversa como el campo de nuestra sadhana, que es equivalente a decidir permanecer en la misma morada con una serpiente venenosa, se corre el riesgo constante de ser mordido a veces por el reptil enemigo. Pero no por eso debemos abandonar nuestra noble empresa. ¿No ha recordado Sri Aurobindo a los discípulos del sendero integral que “La vida es el campo de una manifestación divina, incompleta todavía; aquí, en la vida, sobre la tierra, en el cuerpo…tenemos que revelar a la Divinidad; aquí, debemos hacer real para nuestra consciencia su grandeza, luz y dulzura trascendentes, aquí debemos poseerlas, y, en la medida de lo posible, expresarlas. Debemos, entonces aceptar la vida en nuestro yoga a fin de transmutarla profundamente; nos está prohibido rehuir las dificultades que esta aceptación pudiera añadir a nuestro esfuerzo?”. (La Síntesis del Yoga).
Bien, tal es nuestra aspiración en este yoga, tal es el plan de acción frente a nuestra incorregible naturaleza presente. Pero la aspiración no puede llevarse a cabo en un día, ni nuestra naturaleza responderá tan fácilmente a nuestra presión transformadora sobre ella. Por lo tanto, el sadhaka tendrá que emprender su guerra espiritual por un largo período de tiempo. Tendrá que afrontar y abordar muchas veces una situación difícil. Diferentes tipos de obstáculos interiores y exteriores, bloquearán el camino de su progreso; tendrá que atravesar serias pruebas. Más aún, no será sólo su naturaleza personal la que intentará ofrecer resistencia a cada paso con su obstinación; también la naturaleza universal buscará erigir un muro de oscuridad en su camino, porque esta naturaleza, bajo la incitación de la ignorancia cósmica se opone mortalmente a la posibilidad de que cualquier sadhaka escape a su prisión y experimente un nuevo nacimiento espiritual en la luz celestial. Recordemos al respecto la advertencia pronunciada por Sri Aurobindo: “Cuando el alma se dirige hacia el Divino, puede producirse una resistencia en la mente, cuya forma más frecuente es la negación y la duda, lo cual puede engendrar un sufrimiento mental y vital. Y además, podría existir una resistencia en la naturaleza vital cuyo principal carácter es el deseo y el apego a los objetos de deseo…La consciencia física también podría ofrecer una resistencia que es, en general, la de una inercia fundamental, una oscuridad en la sustancia misma del físico…Existe, además, la resistencia de la naturaleza universal, que no quiere que el ser escape de la ignorancia hacia la luz”.
También la Madre advertía, del mismo modo, a los sadhakas del yoga integral: “El yoga integral consiste en una serie ininterrumpida de exámenes que uno debe pasar sin aviso previo, por lo tanto, hace que estés siempre alerta y atento”.
La madre ha dicho, además, con respecto a la naturaleza de estas pruebas: “Los tres tipos de exámenes son: (1) los establecidos por las fuerzas de la naturaleza, (2) los establecidos por las fuerzas divinas y espirituales, y (3) los establecidos por las fuerzas hostiles. Los últimos son los más engañosos en su apariencia, y si uno no está preparado para la sorpresa o se halla desprevenido, debe permanecer en un estado de constante vigilancia, sinceridad y humildad”
Ahora bien, las preguntas pertinentes que pueden perturbar al sadhaka son: ¿Cómo puede uno superar estas pruebas con éxito?, ¿qué hay que hacer para que el camino de peregrinaje espiritual sea fácil de recorrer?, y finalmente, ¿qué puede hacer el sadhaka para que las dificultades y sufrimientos inevitables del sendero no actúen únicamente como obstáculos negativos, sino que por el contrario se conviertan en excelentes oportunidades que conduzcan al florecimiento de la consciencia espiritual del sakhaka?
De aquí, entonces, la necesidad de una preparación preliminar en la vida de la sadhana y de que el sadhaka acumule los requisitos básicos del sendero. Hemos indicado ya que una parte muy importante del proceso de adquisición de tales requisitos básicos consiste en que el sadhaka cultive un cierto número de virtudes que deben constituir el núcleo de su carácter.
Al hablar de las tres categorías de examinadores que elaboran constantemente pruebas para los sadhakas del yoga integral, y de las virtudes especialmente requeridas para pasar exitosamente estos exámenes en el sendero, la Madre ha mencionado particularmente las siguientes:
(1) perseverancia; (2) alegría; (3) audacia; (4) plasticidad; (5) confianza; (6) entusiasmo; (7) generosidad; (8) vigilancia; (9) humildad; (10) sinceridad; (11) aspiración; (12) rectitud.
Éstas y otras virtudes del mismo género serán constantemente exigidas en cada etapa del viaje espiritual, y cuando estén firmemente arraigadas, protegerán y fortalecerán el carácter del sadhaka sirviéndole de arma y coraza en su incesante batalla espiritual contra las fuerzas de la oscuridad establecidas.
Nos proponemos hablar, aunque brevemente, sobre algunas de estas virtudes espirituales esenciales precisamente en este primer capítulo del libro, porque son apropiadas para levantar la sólida fundamentación de la sadhana, ya que sin ellas la superestructura del edificio del yoga integral no puede ser erigida de ninguna manera.
La primera virtud que el sadhaka debe cultivar en toda su extensión y mantener siempre durante el transcurso de su sadhana espiritual es:
1. Un amor y devoción absolutos al Divino y a su Shakti
Debemos hacer de esta preciosa virtud el rasgo principal de nuestra naturaleza y de nuestra consciencia. Nuestro amor por el Divino debe poseer una simplicidad pura y una rectitud psíquica. Este amor y devoción deben ser totalmente incondicionales, sin esperar nada a cambio y no deben ser empañados por la confusión creada por los cuestionamientos intelectuales. Podemos fácilmente ponernos a salvo de numerosas dificultades y desastres psicológicos, así como de los diversos peligros y arenas movedizas del sendero si podemos hacer firmes, constantes y absolutamente invariables nuestro amor y devoción, nuestra fe y confianza en la Madre Divina y en su amor. En este caso descubriremos, para nuestra sorpresa, que ninguna desgracia, -por más grave en su apariencia y por muy repentina que aparezca en el camino y aflija seriamente nuestra mente y nuestro corazón, e incluso nuestro organismo físico-, podrá producirse en la consciencia del sadhaka, ni siquiera la insinuación más insignificante de protesta o queja, ni mucho menos alguna rebeldía o abandono; nuestra fe y confianza en el Divino y en su amor no sufrirá ni la más mínima mella, ningún peligro del sendero significará para nosotros tal peligro, y ningún dolor exterior ocasionará al sadhaka aflicción psicológica alguna.
Establecidos sólidamente en esta particular virtud de amor y confianza sinceros en el Divino no tardaremos en darnos cuenta, sobre la base de la evidencia directa de nuestra experiencia personal, que “Dios es nuestro amigo sabio y perfecto, porque sabe cuándo golpear y cuándo acariciar, cuándo matar igual que cuándo salvar y socorrer… Hemos de tener fe en el amor y en la sabiduría de Dios,… que ejecuta todo para nuestro bien, incluso cuando está aparentemente oculto en el mal”.
La segunda virtud espiritual que debemos desarrollar para ayudar al progreso de nuestra sadhana es:
2. Una actitud optimista y un estado de alegría constante
Sri Aurobindo nos ha dicho:” Una alegría, una calma y una confianza sátwicas son el temperamento apropiado para este yoga (el yoga integral)…”
Y esto es fácil de entender. Porque una vez hayamos establecido en nuestro interior una disposición permanente de tranquila ecuanimidad, podremos percibir claramente que todo lo que ocurre en el tortuoso viaje de nuestra vida, sea agradable o desagradable, o incluso aparentemente desastroso, tiene a la vez, invariablemente, dos aspectos diferentes: uno, positivo, prometedor, que conduce a un bien futuro; el otro, ominoso, que adopta la forma aparente de un mal.
Ahora bien, esto es sólo porque en nuestra disposición dominada por el ego, concentramos nuestra atención únicamente en los elementos negativos, ignorando completamente el aspecto positivo de la situación, nuestra consciencia queda fácilmente obnubilada, falseados los juicios, heridos los sentimientos, y desbordado nuestro corazón por una insoportable ansiedad y desorden.
Pero si queremos construir una vida espiritual auténtica, es esencial que cambiemos nuestro modo de ver las cosas. Frente a cualquier acontecimiento imprevisto en nuestra vida, debemos aprender a percibir inmediatamente su lado positivo y estar feliz por ello; nuestra consciencia debe enfatizar este lado positivo y esto nos hará palpablemente conocedores del gran bien espiritual que se ha estado gestando tras la apariencia de la maldad y la oscuridad.
Y si podemos actuar de manera que en cada ocasión se desarrolle en nosotros una actitud inherentemente optimista, el curso de nuestra vida cambiará su carácter y se dulcificará en todas las circunstancias, y seremos sin duda intensamente conscientes de la luz, presente incluso en medio de una oscuridad sofocante. Sri Aurobindo ha calificado esto como el “camino soleado” sobre el que el sadhaka avanzará hacia la meta con pasos seguros y gozosos, “con absoluta confianza en la Madre, sin temer nada, sin ningún tipo de pesar…”, con “una alegre ecuanimidad, incluso frente a las dificultades…”.
3. Una resignación gozosa ante la providencia divina
El camino de la sadhana no puede sino estar lleno de confusiones y dificultades. En cualquier momento de la vida del sadhaka puede pillarle desprevenido alguna desgracia incomprensible. Y en esos instantes críticos y cruciales le es muy difícil mantenerse en equilibrio. Para poder conservar la sangre fría en estas situaciones difíciles y peligrosas, el sadhaka debe imprimir en su corazón, desde el principio de su sadhana, la siguiente verdad cardinal de la vida espiritual en relación al Divino, y volver a ella inmediatamente cada vez que tenga la impresión de salirse del sendero correcto: “Los caminos del Divino no son como los de la mente humana ni siguen nuestros esquemas, y no es posible juzgarlos ni decidir por Él lo que se debe hacer o no, porque el Divino lo sabe mucho mejor que nosotros. Si de alguna manera admitimos al Divino, me parece que tanto la razón verdadera como la Bhakti estarán de acuerdo en exigir una fe y una consagración implícitas”:
Por lo tanto, la constante contraseña de un sadhaka debe ser de una absoluta adaptabilidad y una resignación gozosa a todo designio de la providencia divina. Su mantra en todo tiempo y lugar, ya sea en el bienestar o en la desgracia, en los períodos de sol brillante o en los días nublados, debería ser: “Hágase tú voluntad”; y no a regañadientes, ni con una resistencia estoica, sino con la plena adhesión de la totalidad del ser, con un asentimiento y una aceptación gozosas. Meditemos sobre las siguientes palabras de Sri Aurobindo: “Recordar las verdaderas bases del yoga…la obediencia a la voluntad divina, la no aserción de la propia voluntad, son el primer mantra…aprende en primer lugar a obedecer absolutamente..”
4. Ausencia de preocupaciones y de ansiedades
Debemos desechar del campo de nuestra consciencia todo pensamiento inútil e incapacitador como los siguientes: “¿Quién sabe lo que va a ocurrirme?, y ¿Qué desgracias me deparará mi desconocido destino en un futuro próximo?”
No, un sadhaka debe aprender a estar totalmente libre de toda preocupación y ansiedad frente a su futuro. Su actitud debería ser: “Siempre que algo me suceda en el futuro, fruto del designio divino, será porque tengo que ocuparme de ello. ¿Por qué alimentar anticipadamente toda clase de presentimientos negativos? En su lugar, mi actitud deberá ser aceptada con gratitud todas las cosas agradables que el Divino me ofrece en su amorosa bondad, incluso en este momento preciso. Cualquier cosa que el Divino desee que yo sea en el momento presente de mi vida, intentaré sinceramente serlo; cualquier cosa que yo considere que es mi deber espiritual en este momento, la haré con perfecta sinceridad, únicamente como una ofrenda a mi amado divino. Y aquí termina mi labor y mi ocupación. No necesito cavilar ansiosamente respecto a la incertidumbre de mi futuro, ni está justificado derramar lágrimas inútiles por mis caídas y fracasos pasados. Concentrarme sólo en el presente y tratar de sacarle el máximo partido a sus posibilidades: es todo lo que debo hacer como sadhaka.
Esta es, sin duda, una gran virtud que hay que adquirir y aplicar en la práctica actual, si el sadhaka quiere eludir muchos males innecesarios y perfectamente evitables de la vida.
5. Total eliminación del egocentrismo
Es lamentable comprobar que de forma universal la mayor parte de nosotros, al hacer frente a un acontecimiento, situación o circunstancia, o en cualquier contacto con los demás seres, en general, lo evaluamos únicamente en términos de si nos conforta o nos angustia, si nos complace o nos desagrada, si sirve o no sirve a nuestro ego y a sus intereses. Este es un defecto muy serio, que aflige a muchos sadhakas, viciando enormemente el curso de su sadhana. Esta nociva actitud egocéntrica debe ser eliminada por todos los sadhakas del yoga integral si quieren progresar con paso firme en la sadhana; deben reemplazarla por una actitud geocéntrica frente a cualquier evento de la vida. “No lo que yo deseo, sino lo que el Divino desea en este momento” debe ser la única consideración como sadhaka. Sri Aurobindo lo dijo muy claramente. He aquí sus palabras: “El hombre egocéntrico experimenta y toma las cosas según le afectan: me complacen o me disgustan, me producen alegría o me causan malestar, halagan mi orgullo, mi vanidad, mi ambición o lo hieren, satisface mis deseos o los frustra, etc. El hombre desinteresado no mira las cosas de esa manera; trata de ver lo que son las cosas en sí mismas y lo que serían si él no estuviera, cuál es su significado, cómo encajan dentro del esquema de cosas, o incluso experimenta calma y ecuanimidad, remito todo al Divino…” “aprende a hacer que no sea el ego, sino el Divino, el centro de su existencia, y piensa, actúa y siente sólo para el Divino..”
Así pues, éste es el quinto requisito esencial del sendero: no juzgar nunca, o, mejor dicho, no juzgar equivocadamente las cosas desde el punto de vista del ego personal, sino remitir todo a la voluntad omnisapiente y omniamorosa del Divino.
(Extraído del libro “La Práctica del Yoga Integral de Sri Aurobindo”, de Jugal Kishore Mukherjee)
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 10: « LAS ONCE ACTITUDES BASICAS DEL SADHAKA »
SEGUNDA PARTE (SEIS ACTITUDES)
6. Actitud justa en todo momento
Gran parte del progreso en la sadhana, si se quiere llevar a cabo con la mínima perturbación que la obstaculice, depende de si el sadhaka puede adoptar y mantenerla actitud justa en cualquier circunstancia, interior o exterior, que se le presente en el camino. La Madre ha señalado que la mayor parte de la gente no se da cuenta de que una actitud justa posee un gran poder determinante. Simplemente puede hacer maravillas, y cambiar completamente el curso del determinismo. Pero ¿qué entendemos por actitud justa?
Seguramente no es una actitud considerada justa por el patrón ético ordinario, ni sancionada por las reglas sociales o religiosas convencionales, o dictadas por lo que llamamos consciencia propia. Es más bien, dadas las circunstancias imperantes, una actitud que nos conduzca al crecimiento espiritual del individuo.
Pero ¿cómo determina el sadhaka cuál es la actitud correcta en una situación dada? Si su gurú está físicamente presente, la solución puede ser relativamente fácil. Sólo tiene que plantearle el problema y solicitar sus instrucciones. El único punto de incertidumbre en este caso es si el sadhaka querría o sería capaz de cumplir las instrucciones del gurú sin las dudas producto de los impulsos ciegos y arrogantes de su naturaleza egoísta.
Cuando el gurú no está presente físicamente, el sadhaka puede adoptar otro camino, tan seguro como uno podría esperar de él. Evidentemente, nos referimos al despertar del ser psíquico y a ponerlo al frente de la consciencia del sadhaka. Sobre sus efectos sumamente beneficiosos para la sadhana, Sri Aurobindo dice:
“Una guía, un gobierno comienza desde dentro, expone cada movimiento a la luz de la Verdad, repele lo que es falso, oscuro, opuesto a la realización divina; cada región del ser, cada rincón, cada una de sus esquinas, cada movimiento, formación, dirección, inclinación de pensamiento, voluntad, emoción, sensación, acción, reacción, motivo, disposición, propensión, deseo, hábito del físico consciente o subconsciente, incluso el más oculto, camuflado, silencioso, recóndito, es iluminado por la luz psíquica infalible, disipadas sus confusiones, desembrollados sus embrollos, señaladas y eliminadas sus oscuridades, engaños, autoengaños…”(La Vida Divina)
De la cita anterior de Sri Aurobindo podemos deducir fácilmente que, bajo la guía activa del psíquico, conocer en cada momento la naturaleza de la actitud justa que es requerida al sadhaka para que la adopte y la ponga en práctica con eficacia en la situación real a la que se enfrenta, llega a ser un juego de niños para él.
Pero la dificultad está en que esta afloración psíquica es una realización que el sadhaka puede esperar sólo en una etapa muy avanzada de su sadhana, y no es accesible a los novicios en la sadhana. Y aquí, en el primer capítulo de este libro, estamos hablando de aquellos sadhakas que sin duda determinaron, seria y sinceramente, seguir el sendero del yoga integral, pero que están todavía, en este momento, en la etapa de reunir los requisitos esenciales necesarios para la realización exitosa del viaje.
Ahora bien, hemos insistido anteriormente en que mantener la actitud justa en todas las posibles situaciones de la vida es una de las virtudes más fundamentales que todo sadhaka debería tener, incluso en las etapas preliminares de su empeño espiritual. Así que la cuestión surge de nuevo: en ausencia de la presencia física del gurú, y en el todavía imperfecto estatus del despertar psíquico, ¿cómo llegará el sadhaka inexperto a discernir la actitud justa?
Afortunadamente para nosotros, tanto Sri Aurobindo como la Madre han dado en sus extensos escritos suficientes indicaciones respecto a la postura a adoptar en cada situación particular. Un estudio perspicaz de estos escritos seguramente resolverá el problema a cualquier sadhaka que se tome en serio la cuestión.
En cualquier caso, un sadhaka debe adquirir esta destreza de conservar la actitud justa en cada instante de su vida diaria, incluidos los momentos de crisis ocasionales.
7. Coraje y audacia
Sri Aurobindo escribió una vez a un sadhaka que el coraje y el amor son las virtudes gemelas absolutamente indispensables para el progreso en la sadhana: incluso si todas las demás pierden intensidad o se quedan dormidas, estas dos virtudes serán suficientes para salvar al sadhaka.
Es casi una perogrullada decir que cada sadhaka del yoga integral debe ser audaz si desea avanzar con seguridad en el sendero de la sadhana espiritual. Porque sin el constante soporte de esta virtud de la intrepidez, es posible que cometa un desliz o tropiece casi a cada paso. Todas las fuerzas hostiles de los mundos sutiles están siempre en alerta para detectar incluso el indicio más insignificante de miedo y aprensión en la consciencia del sadhaka, de manera que puedan utilizarlos como palanca que les ayudará a derribar el edificio de su dadhana ya construido, y empujarlo fuera del sendero agitando ante él la expectativa irreal de amenazas y advertencias, en su mayoría imaginarias. Debe ser autoequilibrado bajo todo género de circunstancias por más serios que puedan ser sus impactos exteriores.
He aquí algunas palabras de Sri Aurobindo y de la Madre insistiendo en lo indispensable de la virtud de la audacia en la vida del sadhaka:
(1) “Si deseas hacer yoga, debes despojarte del miedo”.
(2) “La primera condición de progreso en la sadhana es no tener miedo, tener confianza y mantener la tranquilidad”.
(3) “El miedo es lo primero que debes rechazar…”.
(4) “Es indispensable alejar el miedo y tener confianza en la acción divina”
(5) “El yogui debe ser audaz, abhi; es absurdo tener miedo ya que uno puede controlar sus estados; éste es un poder muy deseado y muy bien recibido en el yoga”.
Ahora un extracto de la Madre relacionado con el mismo asunto: “Ninguna protección, ninguna gracia puede salvar a aquéllos que rehúsan la purificación indispensable. Y yo añadiría: ese miedo es una impureza, una de las impurezas más grandes, una de aquellas que vienen más directamente de las fuerzas antidivinas que desean destruir la acción divina sobre la tierra; y el primer deber de aquellos que realmente quieren hacer yoga es eliminar de su consciencia, con todas sus fuerzas, con toda sinceridad, con toda la resistencia de que son capaces, incluso la sombra de un temor. Para caminar sobre el sendero uno debe ser intrépido y nunca consentir ese mezquino, insignificante, débil, y feo retroceder sobre uno mismo, que es el miedo”.
Tras el coraje audaz, que debe ser claramente distinguido de un espíritu temerario altivo, llegan las virtudes de la paciencia y de la persistencia, que se yerguen casi en los polos opuestos, pero que son igualmente indispensables para proseguir suavemente con la sadhana. Nos proponemos decir unas palabras acerca de estas humildes virtudes.
8. Paciencia y persistencia
Se dice que Roma no fue construida en un día; la meta del yoga integral tampoco puede ser alcanzada en un corto espacio de tiempo. Cada sadhaka de este sendero debe tener muy claro desde el comienzo exactamente que un espíritu de impaciencia, y la construcción de la vida espiritual, son absolutamente incompatibles. Si uno recorre el camino con la vana esperanza de que conquistará la fortaleza en un día, y de que alcanzará su realización en un tiempo relativamente breve, se verá muy pronto enfrentado al destino de un desventurado pájaro al que le gustaría volar a través de los cielos con sus alas cortadas.
No debemos olvidar nunca que el yoga integral apunta a la total transformación de nuestro ser y de nuestra naturaleza en todas sus partes sin dejar ningún rincón sin tocar. Realmente esto no puede llevarse a cabo en un día. Debemos mantener el fuego de nuestra tapasya ardiendo brillantemente durante muchos años para lograrlo; debemos luchar contra la misma dificultad y debilidad de nuestra naturaleza una y otra vez. Y a causa de este fenómeno tan conocido en el sadhana, Sri Aurobindo nos ha recordado: “La paciencia es nuestra primera gran lección necesaria…una paciencia llena de calma y de fortaleza concentrada”. También ha dicho: “Quienes esperan violentamente, desaparecen rápidamente: ni esperar ni temer, sino estar seguro del propósito de Dios y de su voluntad para lograrlo”.
El sadhaka del yoga integral debe tener muy en cuenta las siguientes palabras de Sri Aurobindo: “El recorrido del yoga es largo; cada centímetro de tierra debe ser ganado con gran resistencia, y ninguna cualidad es tan necesaria para el sadhaka como la paciencia y una decidida perseverancia, con una fe que permanezca firme a través de todas las dificultades, retrasos y aparentes fracasos”.
9. Ausencia de codicia y de deseos
La consciencia espiritual casi puede ser definida como un estado de desinterés perfecto. Y donde no hay ego, con su inevitable sentimiento de privación y sus carencias de millones de cosas, no puede haber ningún deseo. Y donde no existe ningún deseo, no puede haber ningún apego. El ego, el deseo y el apego son los tres principales distintivos de una vida de ignorancia. Y esto es el sufrimiento de nuestro incorregible estado actual. La sadhana no significa nada más que un esfuerzo deliberado y consciente por parte del individuo para escapar de esta casa-prisión de ignorancia y nacer de nuevo en la libertad del espíritu.
Y si esto es así, el programa básico de la sadhana para un sadhaka del yoga integral es siempre desanimar cualquier manifestación del ego y del deseo por muy insignificante e inocua que pueda ser. No debe intentar hacer ninguna discriminación entre deseos grandes y deseos pequeños, deseos nobles y deseos innobles, deseos espirituales y deseos mundanos, pues si no caería seguramente en la peligrosa trampa tendida por el adversario. Los deseos son deseos, igualmente perjudiciales para el bienestar espiritual del sadhaka. Debe tener una aspiración ardiente e incesante; pero a los deseos malos llegarán también. Hay un lugar para la voluntad y la aspiración, no para el deseo. Si existe el deseo, también habrá apego, exigencia, ansia, falta de ecuanimidad, pesar por no recibir; todo esto en es yóguico”.
Otra cosa a tener en cuenta: Un sadhaka digno del nombre debe abstenerse siempre de sondear y emitir juicios sobre cuánto ha recibido en la vida y de cuánto carece, o en qué aspectos sus logros son inferiores a los de los demás. De otro modo, la paz y la satisfacción le abandonarán completamente, y un sofocante sentimiento de injusticia y de privación roerán en todo momento su corazón.
No, debemos ser plenamente indiferentes a todas las carencias, inconveniencias e incomodidades personales manipuladas de forma egoísta. En cambio, hemos de aprender a estar contentos con cualquier cosa que nos llegue por designio divino, o por muy insignificante que sea. Debemos hacer un esfuerzo sincero para adaptarnos a la descripción que Sri Aurobindo dio de un sadhaka ideal:
El sadhaka liberado del yoga integral “no tiene ilusiones personales, no se aferra a las cosas como posesiones personales suyas, recibe lo que la Voluntad divina le trae, no codicia nada, no es celoso de nada, lo que le viene lo acepta sin repulsa y sin apego; permite que lo que salga de él, se reintegre al torbellino de las cosas, sin quejarse, sin pena ni sentimiento de pérdida. Su corazón y su yo se hallan bajo un control perfecto, están libres de la reacción y de la pasión, no responden de forma turbulenta a los contactos de las cosas externas”. (Ensayo Sobre la Gita)
10. Rechazo de la indolencia y de la dilación
Si un sadhaka no quiere limitar su sadhana a un simple conocimiento de libro, o a satisfacer superficialmente algunas convicciones intelectuales, o al “fervor” religioso; si está decidido a avanzar verdaderamente hacia la realización de su meta espiritual, debe despojar su carácter de los defectos gemelos de la indolencia y la dilación. Siempre, en cualquier ocasión, debe sentir sinceramente que tiene ante él un deber espiritual e intentar cumplirlo inmediatamente sin buscar relegarlo a un tiempo posterior. Del mismo modo, si alguna vez llega a darse cuenta de que tiene que superar una debilidad particular, debe hacerlo sin retraso alguno; de ninguna manera, bajo ninguna excusa, permitirá que ese defecto continúe ni por un corto período de tiempo. Siempre debe seguir las instrucciones de la Madre: “Debes darte prisa para hacer tu trabajo aquí y ahora…Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Porque sino el sadhaka comprobará, consternado, que al final de su vida su sadhana ha quedado reducida a la nada. La Madre advierte que “El sendero de para-más-tarde, o el camino de para-mañana conduce solamente al castillo de nada-de nada”. El destino de estos sadhakas dilatorios será, en palabras de la Madre: “…las horas, las circunstancias, la vida, pasan en vano, sin aportar nada, y te despiertas de tu somnolencia en un agujero del que es muy difícil escapar”.
Así pues, cada sadhaka del yoga integral debe decidir, exactamente desde el primer día de su sadhana, que pondrá en práctica en la vida, de forma resuelta y concienzuda, el siguiente consejo de la Madre: “Mientras caminas por el sendero del progreso espiritual, siempre que vayas a enfrentarte a una debilidad –una debilidad que está buscando autoexpresarse a través de tu pensamiento, sentimiento, lenguaje o acción-, inmediatamente adoptas la resolución de no consentirla de ningún modo, ni una sola vez, ni incluso solamente esta vez. Porque sino, no lograrás tu objetivo”.
11. No olvidar la meta
Ahora vayamos a uno de los vicios más maliciosos que no sólo ha puesto en peligro, sino también destruido completamente la vida espiritual de muchos sadhakas. Es lo que nosotros podemos denominar un deplorable estado de “autoolvido”, de olvido total de la propia meta.
No es que el sadhaka pierda teóricamente la visión de la meta espiritual. El recuerda absolutamente la naturaleza precisa de esta meta que situó ante sí mismo cuando pisó por primera vez el sendero espiritual. Continúa teniendo una clara concepción intelectual sobre lo que se espera que haga como sadhaka. Puede incluso hablar elocuentemente a los demás sobre las responsabilidades de un sadhaka sincero. Pero la tragedia es que, por lo que a él corresponde, descuida en la práctica lo que cree en teoría. Y, ¡todo el mundo lo sabe! Que sin una práctica seria y asidua la sadhana no es sadhana en absoluto. ¿No nos ha recordado la Madre con toda claridad? “Un poco de práctica es mejor que un océano de teorías, consejos y buenas resoluciones”.
Pero ¿por qué olvidan muchos sadhakas su verdadera meta en la vida después de cierto lapso de tiempo? La razón es la imperfección básica de la naturaleza humana actual. La Madre ha analizado lúcidamente la situación en su comentario sobre los Thoughts and Aphorisms de Sri Aurobindo. El contenido del siguiente párrafo procede de este comentario:
“Muchos llegan al sendero atraídos por lo verdadero, pero tras algún tiempo lo abandonan. Cuando todo es fácil y tranquilo, uno se queda dormido. La naturaleza humana es aún tan vasta que para muchos es difícil preservar la actitud interior libre de mezclas durante mucho tiempo y mantenerse firme en su posición original de aspirante ardoroso. Casi inmediatamente, la pereza toma el lugar de esta aspiración- no en todos los casos, sino en general- y la actitud licenciosa y el libertinaje se aposentan en el lugar de la libertad verdadera. No existe ninguna moral que limite, así que uno actúa estúpidamente. Parece que es casi imposible para muchos aspirantes lograr que perdure su primera aspiración”.
Estas son las consecuencias letales de dejarse llevar, por eso el sadhaka del yoga integral debe armarse, desde el comienzo, con un talismán de seguridad que puede llamarse “vigilancia constante”. Pero ¿en qué consiste esta virtud de vigilancia que puede actuar como una salvaguarda en el sendero? En palabras de la Madre: “Vigilancia significa estar despierto, estar en guardia, ser sincero, nunca ser tomado por sorpresa. Cuando necesites hacer sadhana, en cada momento de tu vida, hay una elección entre dar un paso que conduzca a la meta, y caer dormido; o incluso algunas veces ir hacia atrás, diciéndote, “!Oh!, para más tarde, ahora no”, y quedarte sentado en el camino”.
Por consiguiente es absolutamente esencial que cada sadhaka del yoga integral permanezca siempre “vigilante” y reaccione efectivamente contra cualquier tendencia a la somnolencia y al extravío. De lo contrario, puede fácilmente ser víctima de tres tipos de tragedia en el sendero, que son:
A. Puede ralentizar su esfuerzo espiritual y quedar completamente satisfecho con llevar una vida mundana ordinaria, teniendo cuidado, por supuesto, en revestirla exteriormente con un envoltorio religioso-espiritual convencional.
B. Puede desviarse y, tras olvidarse de su meta verdadera, que es alcanzar la unión con la consciencia divina, puede concentrar sus esfuerzos en algunas realizaciones secundarias inconscientes, tales como (a) ser un gran erudito “espiritual”, o (b) un exponente efectivo de la doctrina de la sadhana, o (c) un predicador exitoso del sendero, o (d) convertirse en un “gurú” en miniatura, etc. Etc.
C. La tragedia más seria de todas las que pueden afligir al sadhaka olvidadizo es abandonar completamente la vida de espiritualidad, declarándola como un sueño utópico, y caer en la vieja rutina de siempre.
Las tres posibles tragedias (A), (B) y (C) mencionadas más arriba son una importante amenaza para cualquier sadhaka que se relaje y, de paso, se olvide de la meta. Para que no podamos ser víctimas de tal peligro, deberíamos aprendernos de memoria la siguiente admonición de Sri Aurobindo: “…si deseamos aprovechar al máximo la oportunidad que esta vida nos ofrece, si queremos responder adecuadamente a la llamada que hemos recibido y alcanzar la meta que hemos vislumbrado, y no simplemente avanzar un poco hacia ella, es esencial que haya una entrega completa. El secreto del éxito en el yoga es considerarlo, no como una de las metas a alcanzar en la vida, sino como la totalidad de la vida”. (La Síntesis del Yoga)
Llegamos al final de nuestro estudio sobre las virtudes espirituales básicas que un sadhaka debe desarrollar y poner en acción en cada paso de su camino si quiere avanzar sin que las tormentas y tensiones le amenacen continuamente.
No es que no vaya a asaltarle ningún peligro o dificultad durante el desarrollo de su sadhana. No puede esperar un camino de rosas; ningún sadhaka debería esperarlo. Porque la verdadera naturaleza del mundo y nuestro actual modo de vida están moldeados a partir de la ignorancia, que le impedirá esa feliz expectativa.
Pero lo importante para nosotros es que, si va equipado con las nueve virtudes básicas mencionadas, el enfrentarse a todos los rigores y dificultades inevitables con un rostro sonriente y un espíritu de aventura. Y cuando existe un celo por progresar y una alegría interior en el corazón del sadhaka ¿qué importa incluso si algunas dificultades ocasionales atraviesan su sendero espiritual? Porque en tal situación todos los pesares y sufrimientos exteriores, peligros y desastres, no pueden sino perder el veneno de su picadura.
(Extraído del libro “La Práctica del Yoga Integral de Sri Aurobindo”, de Jugal Kishore Mukherjee)
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 11: ~ LAS NUEVE ACTITUDES DE LA SADHANA DIARIA ~
Con ese deseo anémico y falta de fervor, nadie puede esperar construir la vida de sadhana: eso es casi imposible. Así pues, lo primero y principal a lo que un sadhaka debe prestar atención, si anhela algún progreso perceptible, es crear y mantener en su consciencia, de modo ininterrumpido, un ímpetu verdaderamente vivo y sincero hacia el Divino y hacia la manifestación divina. Las siguientes palabras de la Madre deben abrir nuestros ojos y ayudar a liberarnos de cualquier disposición de complacencia indolente: “¿Es el Divino la suprema realidad de tu vida, hasta tal punto que es simplemente imposible para ti actuar fuera de esa realidad? ¿Percibes que tu verdadera razón de ser es el Divino y que sin Él carece de significado tu existencia? Si es así, sólo entonces puede decirse que sientes una llamada para el sendero.
También Sri Aurobindo, en su obra The Synthesis of Yoga, ha establecido la misma condición previa: “El sadhaka ideal debe ser capaz de decir en palabras bíblicas la frase, “Mi celo por la casa del Señor me consume” Por tanto, edificar este “celo por la casa del Señor”, “el celo de toda la naturaleza por una realización divina, el deseo ardiente del corazón y de la mente por la realización del Divino”, debe ser la preocupación constante del sadhaka durante todo el transcurso diario de su vida. Y para ello debe adoptar una sadhana diaria de nueve actitudes:
1.- Ser consciente
Nuestra incorregible naturaleza actual está plagada de defectos, puntos flacos e imperfecciones de muchas clases, conocidas y consentidas, o desconocidas y ocultas tras los velos en el subconsciente. En una sadhana lograda debemos llegar a ser conscientes de todos estos defectos y erradicar su manifestación, constantemente y asiduamente, si deseamos que nuestra sadhana sea realmente efectiva. Cuando una vez se le preguntó a la Madre qué tenía que hacer uno para prepararse para el yoga, contestó de esta manera: “Antes de nada, ser consciente”. Somos conscientes únicamente de una porción insignificante de nuestro ser; somos inconscientes de su mayor parte. Es esta inconsciencia la que nos mantiene bajo nuestra impenitente naturaleza e impide el cambio y la transformación en ella. A través del inconsciente las fuerzas no divinas entran en nosotros y nos esclavizan. Tienes que ser consciente de ti mismo, debes despertar tu naturaleza y movimientos, debes saber por qué y cómo haces las cosas, las percibes o las piensas; debes comprender tus motivos e impulsos y las fuerzas, ocultas y aparentes, que te mueven; en realidad, debes, por así decir, desmontar la maquinaria entera de tu ser.
“Una vez que eres consciente, significa que sabes distinguir y analizar las cosas, que sabes ver qué fuerzas te empujan hacia abajo y cuáles te ayudan a continuar.
Y cuando sabes distinguir lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso, lo divino de lo no divino, tienes que actuar según tu conocimiento; es decir, rechazar decididamente lo uno y aceptar lo otro.
La dualidad se presentará a cada paso y a cada paso tendrás que elegir. Deberás ser paciente, persistente y vigilante, “despierto”, como dicen los adeptos, debes negarte siempre a dar oportunidad de ninguna clase a lo no divino frente a lo divino”.
2.- Estar vigilante
Pero rechazar las fuerzas no divinas y aceptar las divinas a cada paso requiere una constante vigilancia por parte del sadhaka durante todo el período de consciencia de vigilia de su vida diaria. Y esta vigilancia debe actuar de dos maneras diferentes, ambas igualmente esenciales, para el mantenimiento de un progreso estable en el sendero del yoga integral. Estas dos maneras son: 1º detener las tentaciones y no caer nunca; y 2º estar al acecho de las oportunidades para registrar un avance hacia delante. Dejemos que la Madre dilucide este doble procedimiento en la sadhana:
“Cuando deseas hacer sadhana, en cada instante de tu vida se plantea la elección entre optar por el camino que conduce a la meta y el de dormirte, o algunas veces incluso retroceder, y te dices: “!Oh!, más tarde, ahora no”, y te detienes en el camino.
"Estar vigilante no es simplemente resistir a lo que te tira hacia abajo, sino sobre todo estar atento para no perder ninguna oportunidad de progresar, ninguna oportunidad para superar una debilidad, para resistir a una tentación, ninguna oportunidad para aprender algo, para corregir algo, para dominar algo. Si estás vigilante puedes hacer en pocos días lo que de otro modo tardaría años. Si estás vigilante, transformas cada circunstancia de tu vida, cada acción, cada movimiento, en una ocasión para acercarte más a la meta.
“Hay dos clases de vigilancia: activa y pasiva. Hay una vigilancia que te avisa si estás a punto de cometer un error, si estás haciendo una elección equivocada, si estás siendo débil o si permites que te tienten; y existe la vigilancia activa que busca una oportunidad para progresar, busca utilizar cada circunstancia para avanzar más rápidamente.
“Hay una diferencia entre evitar caer y avanzar con mayor rapidez.
Y ambas son absolutamente necesarias”. (Preguntas y Respuestas)
3.-Retroceder
La vigilancia hará al sadhaka consciente de la situación que tiene ante sí. Pero esto no es suficiente. Porque, una vez que uno es consciente, el elemento más importante que va a determinar el destino espiritual del sadhaka es el modo en que va a evaluar la situación y su decisión sobre la acción y reacción consiguientes. Por lo tanto, junto al ejercicio de un espíritu de constante vigilancia, el sadhaka del yoga tendrá que efectuar otra sadhana psicológica en cada instante de su vida diaria. Esto es lo que la Madre ha llamado de forma pintoresca “retroceder”. Resumiendo, en la práctica nunca se debe actuar o reaccionar sin pensar en cualquier evento, situación o circunstancia, más bien hay que aprender a establecer un intervalo de tiempo suficiente entre el estímulo recibido en cualquier momento y la respuesta que él va a darle. Debemos adquirir la capacidad de adentrarnos profundamente, de “retroceder” hacia el interior de uno mismo, y de observar y juzgar de un modo perfectamente desapasionado e impersonal aquello que es verdaderamente útil para la sadhana y aquello que no lo es. No se debe permitir ninguna racionalización o legitimación en cuanto a las debilidades y preferencias propias. He aquí las palabras de la Madre en relación a lo que debe hacer un sadhaka: “No prestarse a las fuerzas superficiales que se mueven en el mundo exterior. Incluso si tienes prisa en hacer algo, retrocede por un momento…Conserva siempre tu paz, resiste a toda tentación de perderla. No decidas nunca nada sin retroceder, nunca digas una palabra sin retroceder; nunca te lances a la acción sin retroceder”
Debe mencionarse otro punto importante: el sadhaka debe desarrollar al mismo tiempo el sentido de la proporción y una perspectiva adecuada. No debe exagerar sin justificación la importancia o la gravedad de los acontecimientos que le afecten en ese momento. Debe evaluarlos en el trasfondo de la infinitud del espacio y de la eternidad en el tiempo. Esto tendrá un efecto más saludable sobre su consciencia y su actitud. Porque entonces el presente perderá toda su agudeza e insistencia y dejará de aparecer enorme ante su percepción. Después de todo la Madre ha manifestado con energía que: “Todo lo que pertenece al mundo ordinario es impermanente y fugaz, de manera que no vale la pena preocuparse. Lo que es perdurable, eterno, inmortal e infinito si vale la pena tenerlo, conquistarlo, poseerlo. Es la luz divina, el amor divino, la vida divina, es también la paz suprema, el gozo perfecto, el dominio absoluto sobre la tierra con la manifestación completa como coronación. Cuando percibes el sentimiento de relatividad de las cosas, entonces, ocurra lo que ocurra, puedes retroceder y observar; puedes permanecer tranquilo y llamar a la fuerza divina y esperar una respuesta. Entonces sabrás exactamente qué hay que hacer”.
Luego viene otra sadhana diaria que el sadhaka nunca debe descuidar. Es “no manifestar en la acción”.
4.-No manifestar en la acción
Vamos a tratar de explicar la técnica de esta sadhana. Todos sabemos que un sadhaka del yoga integral acepta la vida en su integridad, pero sólo para transformarla completamente. No sigue el sendero escapista de las sadhanas tradicionales que aconsejan al aspirante espiritual ponerse en cuarentena mientras le sea posible para quedar a salvo de las tentaciones y dificultades que van a abrumar personas y a la confrontación con diversos acontecimientos y situaciones de la vida.
Pero, en lo que se refiere a nuestra sadhana, hemos fijado como meta la transformación divina de nuestra naturaleza humana actual y una victoria sobre las fuerzas de la vida. Porque, como Sri Aurobindo nos ha recordado: “La Divinidad que adoramos no es solamente una realidad extracósmica remota, sino también una manifestación semivelada, presente y cercana a nosotros, aquí, en el universo. La vida es el campo de una manifestación divina todavía incompleta: aquí, en la vida, sobre la tierra, en el cuerpo…tenemos que revelar a la Divinidad, tenemos que hacer reales a nuestra consciencia su grandeza trascendente, su luz y su dulzura, poseerla aquí y, en la medida de lo posible, expresarla”. (La Síntesis del Yoga)
Siendo este el propósito de nuestra sadhana, debemos lanzarnos de cabeza, sin miedo ni titubeo alguno a las diferentes actividades de la vida. Sin embargo, esto tendrá sus consecuencias negativas: esta aceptación de la vida no puede sino incrementar inmensamente nuestra lucha. Porque nuestra naturaleza, con todos sus defectos, impulsos e instintos, conocidos y no conocidos, abiertos u ocultos, será provocada a cada paso para actuar y reaccionar de un modo no espiritual, porque ésta es su actual svadharma (ley verdadera del ser). Todos los elementos oscuros inherentes a la naturaleza humana presente saldrán de sus madrigueras al contacto con el mundo, emergerán e invadirán nuestra existencia dinámica exterior buscando una manifestación desenfrenada en ella.
En cualquier momento, especialmente en aquellos de decisión crítica, el sadhaka del sendero integral descubrirá que su campo psicológico está convirtiéndose en el terreno de choque de muchas fuerzas e influencias diferentes, del pasado o actuales, interiores y exteriores, propias o importadas de otros. Crean, mediante sus operaciones combinadas, un resultante psicológico que empuja enérgicamente al sadhaka a un comportamiento especial de acción y reacción. El sadhaka pierde, por el momento, toda libertad de elección y queda incapacitado para pensar, sentir, querer, actuar y reaccionar excepto de la manera particular dictada por el resultante. ¿Qué debe hacer, entonces, en tal situación de precariedad?
Dejemos que la gente mundana sucumba al pulso resultante, que lo extienda y le dé una expresión libre. Pero el sadhaka, siendo un sadhaka, no puede hipotecar su libertad a tal innoble modo de proceder. Debe rechazar, sin excepción, todas las ofensivas incompatibles con la meta que se ha impuesto de llevar una vida espiritual. Pero el rechazo no es nunca un asunto fácil. Esta actitud encuentra inevitablemente una resistencia muy seria procedente de los hábitos arraigados y del impulso de los instintos, entonces el sadhaka puede sentirse tentado a dar salida al abrumador impulso, esperando vanamente que solucionarlo a través de la experiencia pueda quizás agotar su poder de recurrencia en el futuro. Pero el resultado será justamente el contrario. La debilidad se hará, gracias a ello, más intensa, cobrará mayor vida y continuará perturbando al sadhaka cada vez más. Sri Aurobindo previno una vez a un sadhaka contra tal falsa teoría. Esto es lo que dijo: “..tú siempre has pensado que dar expresión a un impulso o movimiento es el mejor modo, o incluso el único modo, de rechazarlo. Pero esta es una idea equivocada. Si tú das expresión a la ira, prolongas o confirmas el hábito de recurrencia de la ira, no lo reduces ni te desprendes del hábito. El primer paso para debilitar el poder de la ira en la naturaleza, para luego desprenderte de ella, es rechazar toda expresión de la misma tanto en la acción como en la palabra. Después puede uno continuar, con mayor probabilidad de éxito, alejándola asimismo del pensamiento y de los sentimientos. Y así con todos los demás movimientos falsos…”(Cartas sobre el Yoga Integral)
El método para conseguir una victoria sobre los malos impulsos, que Sri Aurobindo ha sugerido más arriba, es lo que la Madre ha calificado como “Ne pas manifestar Dans l´action” –“no dar expresión en la acción”. En una de sus conversaciones de grupo en 1953, expuso en detalle la técnica de esta sadhana. Lo que sigue a continuación se inspira en lo que dijo a los ashramitas en esa ocasión. (Preguntas y Respuestas)
“Siempre que uno se enfrenta a un mal impulso que viene de su interior, que busca con fuerza un medio de expresión, da normalmente una débil excusa parecida a esta: “Bien, si lo hago esta vez, me convenceré de que es al fin y al cabo malo, y no lo haré más. En realidad, es la última vez que me permito hacerlo, con la loable intención de convencerme de su indeseabilidad para la experiencia presente, lo que seguramente me purificará y la eliminará de forma efectiva”.
Pero este método no funciona en absoluto; porque la teoría no está basada en hechos psicológicos de la naturaleza humana. En lugar de ser purificado, uno queda todavía más absorbido en el impulso y en la debilidad, haciéndose cada vez más difícil una liberación futura.
No; en vez de ceder a la debilidad aunque sea una sola vez, el sadhaka debe tomar una resolución firme a la primera ocasión y decirse: “Bien, esta vez no lo haré, aplicaré toda mi fuerza para impedir su expresión tanto en la palabra como en la acción”.
Sí, hay que concentrarse únicamente en conseguir esta primera victoria sobre el impulso. Cualquier salida del impulso momentáneo que esté buscando expresarse a través del sadhaka, debe ser bloqueada completamente: no es necesario desperdiciar, por el momento, la energía o el esfuerzo que el sadhaka tendría que desplegar para abordar la agitación interior de su consciencia.
Evidentemente, la incitación, el deseo, la pasión, seguirán ahí en el corazón del sadhaka agitándose y resolviéndose, pero él resiste su manifestación en el exterior. Esto no significa reprimir, sólo se trata de una estrategia de batalla. Hay que mantenerse en pie como una roca y tener la determinación de no ejecutar el dictado sugerido por el impulso en la acción.
Si el sadhaka puede hacer esto cada vez que el impulso resultante se hace fuerte, descubrirá que la incitación insistente va perdiendo gradualmente su intensidad: además disminuirá progresivamente la frecuencia de su aparición. Porque, como la Madre ha señalado:
"Todas las fuerzas que hay sobre la tierra tienden a expresarse. Estas fuerzas llegan con el objetivo de manifestarse, y si colocas una barrera o rechazas su expresión, intentan golpear contra la barrera durante un tiempo, pero al final, se agotarán y no se manifestarán, se retraerán…"
El sadhaka pasará entonces a la siguiente fase de la operación de despeje. Intentará liberar su consciencia de la turbulencia del deseo. Habrá todavía muchas batallas por librar en el plano psicológico, pero si el sadhaka practica seria y sinceramente el desapego de la perturbación, poco a poco llegará con toda seguridad un momento en el que la vibración negativa no aparezca ya.
La Madre concluye su explicación con estas palabras de consejo:
“El orden eficaz es comenzar desde fuera: “Lo primero de todo es no hacerlo, después no desearlo, y a continuación, cerrar completamente mis puertas a todos los impulsos: no existen para mí, estoy ahora fuera de todo eso”. Éste es el verdadero orden, el orden auténticamente efectivo. Primero no hacerlo. A continuación, no desearlo y luego, que desaparezca completamente de tu consciencia”.
Este “ne pas manifestar Dans l´action” –“no convertirlo en acción”- debe ser una práctica del sadhaka, no de Pascuas a Ramos, u ocasionalmente, sino de manera permanente, muchas veces al día, a lo largo de toda la práctica de su sadhana.
5.- Integrar al ser
Una de las mayores tragedias que comprometen el progreso espiritual de muchos sadhakas es que no se preocupan suficientemente de armonizar las diferentes partes de su ser. Funcionan como personalidades semidivididas en su vida de sadhana que por fuerzas e influencias muy divergentes empujan y estiran al mismo tiempo en direcciones contrarias.
De hecho, cada ser humano, como Sri Aurobindo ha señalado, es, en su constitución normal, un compuesto, no de una, sino de muchas personalidades, y cada una de estas personalidades tiene sus propias exigencias y su naturaleza diferenciada. La misma situación prevalece asimismo en el caso de un sadhaka, especialmente cuando comienza su sadhana, y aún mucho tiempo después. Su ser presenta la apariencia de un caos toscamente constituido: cada parte del ser subjetivo del sadhaka – su intelecto, su voluntad, su mente-sentido, su ego-deseo, el corazón, el cuerpo-tiene, por así decir, su propia individualidad compleja e independiente de las demás; ni se pone de acuerdo consigo misma ni con las demás. Por consiguiente la consciencia habitual de superficie del sadhaka actúa como una mezcla heterogénea y armoniosa.
Y “esta es la razón de que exista una constante confusión e incluso un conflicto en nuestras diferentes partes que nuestra razón mental y nuestra voluntad intentan controlar y armonizar, encontrando con frecuencia mucha dificultad en crear algún tipo de orden y guía a partir de dicha confusión o conflicto; aun así, habitualmente, estamos demasiado dispersos o nos dejamos llevar por la corriente de nuestra naturaleza y actuamos desde cualquier cosa que llegue en un momento determinado y se imponga sobre los instrumentos de pensamiento y acción…; incluso nuestra elección, aparentemente premeditada, tiene más de automatismo de lo que imaginamos…”
(Sri Aurobindo, La Vida Divina)
El sadhaka debe ir mejorando este estado de cosas con toda la perspicacia de que sea capaz, se verá obligado en el transcurso de su sadhana a destruir constantemente con una mano lo que construye con la otra. La “integración del ser” debe ser su contraseña. No debe actuar como una veleta, que cambia su orientación con el viento. Su corazón, su mente y su voluntad no se deben dejar fascinar separadamente por elementos contrarios: “Cada parte del ser debe venerar el mismo Sol”. El “Sol” es aquí, evidentemente, el Divino y la vida divina. Éste debe el esfuerzo consciente y constante del sadhaka en su comportamiento diario.
6.- Observar, vigilar, controlar, dominar
Como parte de su sadhana regular de cada día, el sadhaka del yoga integral debe aprender a desarrollar en sí mismo la consciencia testigo, que observa constantemente de un modo desapegado y desapasionado todo cuanto ocurre en su naturaleza. Esta consciencia testigo debe crecer con el tiempo hasta llegar a ser una consciencia anumanta (dadora de sanción) que tiene la doble función de proporcionar el consentimiento al movimiento de la naturaleza o de retirar su consentimiento dependiendo de la libre elección del testigo. Es una plataforma verdaderamente útil en nuestra sadhana de transformación; porque de esta manera el ser interior desapegado del sadhaka puede traer la fuerza de la consciencia superior para tratar de transformar la naturaleza en su totalidad, observando durante todo el tiempo la acción de la naturaleza sin que en modo alguno quede afectado por ella, aplicando la fuerza transformadora allí donde sea necesario y poniendo en orden la totalidad del ser igual que uno ajusta una máquina.
El Sadhaka de nuestro sendero debe practicar este ejercicio psicológico de forma ininterrumpida durante su vida diaria. No debe actuar o reaccionar mecánicamente, siendo arrastrado involuntariamente por la corriente de su naturaleza con la que está completamente identificado.
Ha de estar siempre pendiente de los movimientos de la naturaleza e intervenir activamente cada vez que surja la necesidad. Sri Aurobindo ha explicado en una de sus cartas sobre el yoga la razón de este procedimiento en la sadhana. He aquí un pasaje relevante de esa importante carta:
“El Purusha en lo alto no es sólo un testigo, es el dador (o detentador) de la sanción; si rechaza persistentemente el consentimiento a un movimiento de la Prakriti, manteniendo su desapego, entonces tal movimiento, incluso si continúa algún tiempo por la inercia del pasado, habitualmente va perdiendo su influencia, se hace más débil, menos persistente, menos concreto, y al final se desvanece…Este rechazo de la sanción no significa necesariamente una lucha con la Prakriti inferior; debe ser un rechazo tranquilo, persistente, desapegado para dejar sin apoyo, sin aprobación, sin sentido ni justificación, la acción contraria de la naturaleza”. (Cartas sobre el Yoga Integral)
La madre también ha expuesto de una manera muy simple estos cuatro pasos de la sadhana que ha bautizado como el método de “observación, vigilancia, control y dominio”. La Madre hizo una exposición muy simple a propósito, dirigida a los niños del Green Group del Sri Aurobindo Ashram que tenían menos de doce años. Todo cuando se dice a continuación es una adaptación libre del procedimiento delineado por ella:
Hay cuatro movimientos que normalmente son consecutivos, pero que al fin pueden ser simultáneos: observar los pensamientos y sentimientos de uno, es el primero; vigilar los pensamientos y sentimientos de uno, es el segundo; controlar los pensamientos y sentimientos de uno, es el tercero; y dominar los pensamientos y sentimientos de uno, es el cuarto. Observar, vigilar, controlar, dominar. Todo esto para librarse de una mente nociva.
Una mente purificada es, naturalmente, una mente que no admite ningún pensamiento ni sentimiento falsos, y el completo dominio para llegar a este resultado supone la realización definitiva de las cuatro etapas.
Especialmente la primera –observar los propios pensamientos y sentimientos- no es algo fácil. Para observar tus pensamientos y sentimientos debes, ante todo, distanciarte de ellos. Entonces, el primer movimiento es dar un paso atrás y observarlos, de manera que el movimiento de la consciencia que observa y el de los pensamientos y sentimientos no puedan ser confundidos.
Ahora viene el segundo paso: vigilar los pensamientos y sentimientos de uno. Aprender a mirarlos como un juez ilustrado de manera que puedas distinguir entre los buenos y los malos, entre aquellos pensamientos y sentimientos que son útiles y los que son perniciosos, entre los movimientos constructivos que conducen a la victoria y los derrotistas que nos alejan de ella. Es este poder de discernimiento el que debemos adquirir en esta segunda etapa.
A continuación llega la etapa del control; éste es el tercer paso de nuestra disciplina psicológica. Una vez que el juez ilustrado de nuestra consciencia ha distinguido entre los pensamientos y los sentimientos útiles y los perniciosos, llegará el guardián interior que permitirá solamente el paso de aquellos pensamientos y sentimientos ratificados, rechazando estrictamente la admisión de todos los elementos indeseables. Es este movimiento de admisión y rechazo el que conocemos como control, y constituye el tercer estadio de la disciplina.
El cuarto estadio, el del dominio de los movimientos falsos, va a completar casi automáticamente y con éxito los tres estadios previos. Porque una total sinceridad por parte del sadhaka le hará inmune, en la práctica, a los ataques de las fuerzas indeseable”.
Un auténtico sadhaka debe poner en acción en todo momento esta cuádruple disciplina de “observar, vigilar, controlar y dominar”. Debe rehuir, a toda costa, ser insincero en su profesión. Porque la falta de sinceridad es, como ha señalado la Madre, “fingir que deseas vivir la vida espiritual y no hacerlo, fingir que deseas buscar la verdad y no hacerlo, ostentar signos externos de consagración a la vida divina, pero estar interesado interiormente sólo por uno mismo, por el propio egoísmo y por las propias necesidades”. (Preguntas y Respuestas)
7.- Tomar la vida en serio
Queriendo despertar a algunos sadhakas del Ashram de Sri Aurobindo de su habitual torpor y letargo, la Madre les dirigió una severa advertencia con estas palabras:
“Debéis daros prisa en hacer vuestro trabajo aquí, porque es aquí donde verdaderamente podéis hacerlo. No esperéis nada de la muerte. La vida es vuestra salvación. Es en la vida donde debéis transformaros. Es en la tierra donde progresáis, y es sobre la tierra donde os realizáis. Es en el cuerpo donde alcanzaréis la Victoria”. (Preguntas y Respuestas)
Siendo tal la importancia de la vida humana sobre la tierra en un cuerpo material, surge la pregunta: ¿Son los sadhakas, en general, conscientes de esta importancia? ¿Aprovechan cada momento de su vida para cumplir con su responsabilidad? ¿O simplemente pasan sus días como hace la mayoría de los seres humanos ordinarios?
La respuesta a estas preguntas no es muy gratificante. Porque de hecho la mayoría de los que hemos tomado deliberadamente el sendero de la sadhana espiritual nos olvidamos de nuestra meta pasado algún tiempo o, perdiendo todo ardor de nuestra voluntad, somos propensos a relegar la realización de nuestra aspiración fundamental a la vejez de nuestra vida. Comenzamos viviendo una existencia rutinaria y dejamos de recordar, en la práctica, por qué estamos aquí en la tierra y qué se espera de nosotros como sadhakas del sendero integral.
En realidad hay tres clases de personas entre los seres humanos. La mayoría están satisfechos con llevar una vida ordinaria, animal y material. Unos pocos, puede ser un diez por ciento, tratan de llevar una vida más mental, pero su modo de vida es muy limitado. Y por último existe una minoría insignificante que aspira a una vida espiritual mayor, a una vida divina.
Lo que distingue al hombre de las especies subhumanas es un ideal de perfección conscientemente percibido, que uno puede anhelar esperanzadamente y alcanzar, a través de esfuerzos personales adecuados y apropiados.
Pero, ¿cuál es la naturaleza exacta de esta perfección? No existe un acuerdo universal entre los hombres; difieren ampliamente en sus puntos de vista. La mayoría trata de conseguir un cambio mundano adecuado; algunos ansían una conversión religiosa y se fijan como meta una autopreparación suficiente en esta vida para otra existencia después de la muerte; sólo unos pocos se atreven a concebir como la meta de su vida un modo de vida espiritual que tiene como última consumación la unión con el Divino. Entre estas personas mentalizadas espiritualmente, nosotros, los sadhakas del yoga integral, nos distinguimos especialmente por nuestro audaz objetivo de realizar la perfección divina del ser humano aquí sobre la tierra misma. Después de todo, ése es el propósito verdadero de la vida, porque es la meta secreta que la naturaleza terrestre le impone desde el momento que comenzó a poner en funcionamiento su vida de forma evolutiva sobre este planeta. Para citar a Sri Aurobindo:
“Toda vida es un yoga secreto, un oscuro crecimiento de la naturaleza hacia el descubrimiento y realización del principio divino oculto en ella, que cada vez se hace menos oscuro, más autoconsciente y luminoso, más autoposeído en el ser humano mediante la apertura de todos sus instrumentos de conocimiento, voluntad, acción y vida al espíritu dentro de él y en el mundo”. (La Síntesis del Yoga)
Quienes hemos elegido deliberadamente el yoga integral como el camino de nuestra vida no debemos olvidar que la meta de la vida humana no es exactamente llevar una existencia animal gloriosa de forma suntuosa sino acelerar el advenimiento del supremo propósito divino de existencia sobre la tierra. Es cierto que la mayoría de los hombres son totalmente inconscientes de este profundísimo significado y esencia de la existencia humana. Así que dejémosles vivir como mejor crean. Pero ¿qué debemos hacer nosotros, que nos hemos declarado practicantes del yoga sintético de una perfección divina integral? Como sadhakas, ¿estamos cumpliendo nuestra responsabilidad con la sinceridad apropiada? ¡Creo que no! Muchos de nosotros pasamos nuestro tiempo en vanas actividades mundanas siguiendo la disposición común de los seres autoolvidadizos. Mantenemos nuestra promesa espiritual casi marginada, relegándola al estatus de una simple nota de pie de página de nuestra vida.
Pero esto es impropio. Debemos tomar la vida más seriamente y realizar el propósito verdadero de nuestra encarnación humana. Tenemos que aprender lo que la Madre ha denominado como “ciencia de la vida” y aplicar sus principios en cada momento de nuestra existencia diaria de manera que nuestro peregrinar sobre la tierra no quede frustrado. Debemos tomar la vida con la seriedad que merece si queremos llamarnos sadhakas del sendero integral.
8.- Recordar y ofrecer
El Karma yoga, la sadhana a través de las obras, es una parte absolutamente esencial del yoga integral. Siendo nuestro objetivo la entera transformación de nuestra naturaleza en todos sus detalles, la simple meditación sedentaria o una efusión de devoción en un éxtasis no nos ayudarán en la realización de nuestra meta. De este modo podemos reunir alguna experiencia interior, pero nuestra naturaleza exterior permanecerá en su mayor parte como antes, sin transformar. Para que haya una transformación completa debemos llevar a cabo una unión dinámica con el Divino. Y esto no puede ser efectuado más que a través de nuestra autoentrega al Supremo por medio de las obras. Y no sólo a través de unas pocas obras relevantes o de gran importancia, sino que todas las acciones de nuestra vida diaria, triviales o significativas, que cubren la totalidad de nuestra existencia, deben ser ofrecidas al Divino con un espíritu de absoluta autoconsagración. Todas las obras deben ser hechas para el Divino y por el Divino exclusivamente.
La sadhana del yoga integral no puede practicarse de un modo descuidado o con un espíritu frívolo. No se concibe algo así como una sadhana a tiempo parcial: debe ser íntegra y abarca toda la vida en s conjunto. Cómo Sri Aurobindo tan vigorosamente formul: “El secreto del éxito del yoga consiste en considerarlo, no como una meta más a perseguir en vida, sino como la totalidad de la vida”. (La Síntesis del Yoga)
Así pues, ésta debe ser la actitud del sadhaka: “La totalidad de mi vida será entregada absolutamente al Divino. Todos mis esfuerzos serán dedicados a la realización de una vida verdaderamente espiritual. Debo sentir en cada momento que pertenezco al Divino y a nadie ni a nada más. Ya no tengo nada que pueda denominarse “mío”. Sabré y sentiré que todo me viene del Divino y que debo devolverlo ofreciéndolo a su única fuente. Tolo lo que soy, todo lo que tengo y todo lo que hago, debe ofrecerse al Divino con un espíritu de total dedicación”.
Si el sadhaka puede recordar esta determinación en cada momento de su vida cotidiana y llevarla a la práctica de manera ininterrumpida, su vida entera se tornará en una sadhana viva y dinámica, e incluso la cosa más insignificante, a la que antes apenas solíamos prestar atención, dejará de ser trivial y banal; llegará a tener un significado pleno y abrirá un vasto horizonte hacia lo desconocido.
Para hacer de su vida una sadhana vibrante y fecunda, el sadhaka tiene que dedicar todas sus acciones al Divino durante todo el tiempo de su existencia de vigilia. Debe ofrecer todos sus movimientos al Supremo, no sólo cada acción mental, cada pensamiento y cada sentimiento, sino también las actividades más ordinarias y exteriores. Caminando, hablando con los amigos, mientras lee o escribe, cuando se baña, come, se cepilla los dientes, o se hace la cama, todo, todo sin excepción debe ser consagrado conscientemente al Divino, haciéndolo con el constante recuerdo de que su amado supremo está siempre mirándole: debe ejecutar cada acción, incluso la más anodina, tan perfectamente como pueda, con toda la atención consciente de que sea capaz, porque va a ofrecerla al Divino, como un perfecto ramo de flores fragante y bello. Merece la pena recordar aquí lo que Sri Aurobindo ha dicho en relación con el deber diario de un sadhaka del yoga integral: “Esto es, en resumen, lo que se nos pide dirigir toda nuestra vida hacia un sacrificio consciente. Cada instante y cada movimiento de nuestro ser deben convertirse en una continua y consagrada entrega al Eterno. Todas nuestras obras, tanto las más pequeñas ordinarias e insignificantes como las más grandes, excepcionales y nobles, deben ser realizadas como actos consagrados. Nuestra naturaleza individualizada debe vivir en una única consciencia de un movimiento interior y exterior consagrada a Algo que nos sobrepasa y superior a nuestro ego. Sea cual sea el regalo y a quién se lo ofrezcamos, ha de existir en la acción la consciencia de que nuestra ofrenda es al único ser divino en todos los seres”. (La Síntesis del Yoga)
9.- Orar, orar y orar
La vida del sadhaka debe ser una vida de constante oración. Llamarla “oración”, o “aspiración”, e incluso denominarla “llamada”, no tiene mucha importancia. Lo que verdaderamente interesa es una sincera y persistente petición al Supremo de ayuda e intervención del Divino en nombre del sadhaka.
Después de todo, desde un punto de vista espiritual, no es lo que el Divino nos ofrece en respuesta a nuestra llamada, aunque sea de una importancia fundamental. El valor esencial es el establecimiento de un amor y de un vínculo íntimo con el amado divino. Tal como Sri Aurobindo lo formula: “No es …el don de la cosa pedida lo que importa, sino la relación misma, el contacto de la vida del hombre con Dios, el intercambio consciente. En los asuntos y en la búsqueda de beneficios espirituales, esta relación consciente tiene un gran poder, mucho mayor que la lucha y el esfuerzo, basado solamente en nosotros mismos, y proporciona un crecimiento y una experiencia espirituales más plenos”. (La Síntesis del Yoga)
La aspiración de todo sadhaka debe ser de alcanzar, más pronto o más tarde, un estado de consciencia en el que busque al Divino, no por algún beneficio posible, por más grande o noble que sea y que probablemente por el bien del Divino mismo y por nada más, porque tal es la llamada intrínseca de su ser, la verdad más profunda de su Espíritu.
Pero esta búsqueda del Divino, completamente desinteresada, es una posibilidad distante para la mayoría de los sadhakas, accesible sólo a yoghis muy adelantados. En un nivel menos avanzado, un sadhaka puede rogar seguramente por la pureza, la fuerza, la luz, el amor, la sabiduría y la calma de la consciencia divina, e insistir para transformar y perfeccionar su mente, vida y cuerpo. Sin duda puede suplicar al Supremo, paz, gozo perfecto y un dominio total de su naturaleza.
En un nivel todavía inferior es perfectamente permisible para el sadhaka formular sus oraciones de la siguiente manera:
“Oh Divino, guíame por el sendero de la rectitud en cada paso de mi vida. Toma a tu cargo mi existencia entera y moldéala al modo espiritual. Concédeme que mi ser psíquico se coloque en primer plano y gobierne luminosamente todos los movimientos de mi naturaleza. Atiende mi plegaria para que sea capaz de mantener la actitud espiritual justa en todas las circunstancias de mi vida. Envuélveme, oh Divino, con tu presencia transformadora, y cambia mi corazón, mente y cuerpo para que puedan actuar como instrumentos perfectos de tu manifestación”.
También nosotros podemos formular algunas oraciones específicas al Divino; no hay inconveniente alguno en ello. Estas plegarias pueden tomar la forma de:
“Enséñame cada vez más; otórgame cada vez más luz; disipa mi oscuridad. Concédeme que pueda ser ecuánime en mi labor espiritual, que nada en mí, consciente o inconsciente, te traicione por negligencia, al servir a tu misión sagrada. Concédeme que pueda ser un colaborador eficaz y de visión clara en tu obra, y que todo en mi interior pueda fomentar la plenitud de tu manifestación. Oh, mi Amado, llena mi corazón con el encanto de tu amor e inunda mi mente con el esplendor de tu luz”.
Si deseamos orar más impersonalmente, podemos formular nuestra llamada de este modo: “Concede que tu poder soberano pueda manifestarse sobre la tierra y que tu obra sea cumplida; permite que todo se vuelva resplandeciente y transfigurado mediante el conocimiento de la verdad”. (Algunas plegarias citadas anteriormente han sido entresacadas de Plegarias y Meditaciones de la Madre).
En realidad hay muchas plegarias que la consciencia del sadhaka puede encontrar si está dispuesto a buscarlas. Dejemos que toda su vida diaria adopte la forma de un cántico de súplicas ininterrumpido que se elevan ardientemente al amado divino, mientras el sadhaka permanece ocupado en diversas actividades exteriores.
Por otra parte incluso aunque el sadhaka solicite, en diferentes situaciones de su vida, cosas relacionadas con sus intereses mundanos que no poseen más que un valor transitorio, no hay ningún impedimento especial para que sean ofrecidas al Divino. Lo único que debe preocupar al sadhaka es que, en sus oraciones, no debe insistir en su realización sólo para gratificar sus deseos egoístas personales. Su actitud debe ser más bien: “Oh Divino, pido estas cosas en mi ignorancia, pongo mi problema ante ti con la inocencia y el candor de un niño. Ahora puedes hacer con ello tu voluntad en tu divina sabiduría. Aceptaré en cualquier caso tu decisión con un corazón gozoso”. Con esta actitud el sadhaka se mantendrá siempre espiritualmente seguro.
En conclusión, las plegarias son elementos muy importantes en la vida de un sadhaka. Si se ofrecieran con amor y con una simplicidad confiada, ayudarían al aspirante a desarrollar una intimidad cercana al Divino. Por medio de plegarías sinceras el sadhaka llegará pronto a sentir al amado supremo envolviéndolo todo el tiempo con el ambiente cálido de un éxtasis de amor.
Llegamos al final de nuestro largo capítulo sobre la novena actitud en la sadhana diaria que un sadhaka debe poner en práctica de forma incansable si desea que su progreso en el sendero espiritual avance firmemente con un fundamento sólido. Las nueve actitudes en esta sadhana incesante son, como hemos señalado más arriba:
(1) Ser consciente de uno mismo; (2) estar siempre vigilante; (3) dar un paso atrás y examinar; (4) no manifestar en la acción; (5) integrar el ser; (6) observar, vigilar, controlar y dominar; (7) tomar la vida seriamente; (8) recordar y ofrecer; (9) orar siempre. Una observancia fiel de estas nueve actitudes en la sadhana de la vida diaria de un sadhaka no puede sino transformar el sentido total de su existencia, tanto interior como exteriormente, y convertirlo en un aspirante digno de tal nombre.
(Extraído del libro “La Práctica del Yoga Integral de Sri Aurobindo”, de Jugal Kishore Mukherjee)
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 12: « ACERCA DE LA MEDITACION »
Y de nuevo se plantea la cuestión. ¡Cuánto se ha escrito sobre la teoría y la práctica de la meditación! Cuántas clases de meditación han sido expuestas para resultados inmediatos…Pero no parecen haber ayudado mucho a los presupuestos entusiastas. Casi a diario alguien se presenta para preguntar cómo meditar. Y hay una gran cantidad de personas que preguntan por algo tan ambiguo como, qué es la meditación. El otro día un visitante inteligente mencionó que un amigo suyo había dedicado años a la práctica de la meditación y sin embargo no había conseguido nada. ¿Existe alguna ayuda para esas personas frustradas?
La dificultad para contestar tales cuestiones es que la mayoría tienen ideas preconcebidas sobre lo que es la meditación, o lo que debería ser. Piensan en términos de “cursillos”; algunos incluso en cursillos acelerados. Les toma tiempo comprender que no hay un proceso de meditación, sino cientos. El sistema de meditación indicado para ti, depende de la finalidad que persigas. Aunque desde luego hay ciertos aspectos que son comunes a todos.
Para empezar, sentarse simplemente con los ojos entornados no es meditación. Te sientas en esta postura y dejas que las cosas ocurran. Los pensamientos se precipitan, dan vueltas porque la mente no tiene otra cosa en qué ocuparse. Puedes estar sentado durante horas, pero no es probable que nada vaya a ocurrir. Tienes que tener un objetivo. Por ejemplo: Paz, Silencio, Dios, Shiva o Krishna, tu Maestro o cualquier tema de tu predilección. Es fácil empezar con este enfoque. Pero muy pronto pensamientos confusos y perturbadores parecen interferir y sales por la tangente…Necesitas regresar a tu centro. Esto requiere práctica. Debes poner en práctica el sentarte a meditar a horas regulares. En lugar de sentarte varias horas a la vez, es aconsejable hacerlo por breves periodos de tiempo varias veces al día. Esto ayuda a acostumbrar al organismo a la práctica de la meditación. Sri Aurobindo dice que más horas de meditación no implican más progreso. Lo importante es lo que sucede durante las sesiones de meditación. ¿Es lo que la Madre llama una meditación estancada o es una meditación dinámica?
Meditación estancada es en la que dejas que las cosas sucedan. Lo que es preponderante en tu naturaleza, en esos momentos se apodera de ti y te domina. Estás pasivo. Si quieres obtener algún provecho, la meditación ha de ser activa. Debes estar atento para rechazar movimientos irrelevantes y promover los que sustentan tu aspiración. Ahora bien, el objetivo de una meditación sincera es alejarte de la barahúnda de la vida diaria y entrar en un estado de consciencia que te aleje de las presiones de la naturaleza –por lo menos de momento- y te confiera sosiego y receptividad para que pueda establecerse la paz y la calma en tu ser. Aprenderás a sintonizarte con una consciencia más elevada y profunda. Cada sesión te ayudará a forjar esta unión una y otra vez, hasta que se vuelva natural.
Al principio tal vez te duermas. Es normal. Porque cuando el cuerpo no está en movimiento y los sentidos están desconectados de sus objetivos exteriores, la primera reacción es caer en la inercia, dormir. Pero esto es solo temporal. Incluso cuando el estado de sueño ocupa la superficie del ser, alguna actividad está en movimiento interiormente. Este sueño no es el mismo que el sueño nocturno en la cama.
En conexión con esto la postura resulta importante. Es aconsejable sentarse erecto: el pecho, el cuello y la cabeza deben estar en línea recta. Esto garantiza la rectitud de la columna vertebral y en consecuencia la libre circulación de energías en el cuerpo. Si la postura es incorrecta o inclinada, hay una evidente obstrucción. Está por demás indicar que la posición horizontal es totalmente inadecuada porque invita al sueño.
Puede suceder, en algunos casos, que cuando uno se va interiorizando, el cuerpo adopte posturas involuntarias. Puede empezar a temblar o a balancearse. Esto indica una cierta falta de equilibrio en el organismo; el cuerpo es incapaz de resistir y mantener el flujo de energías y trata de ajustarse con tales movimientos. Mientras estos movimientos –algunos sumamente torpes- son encomiados como signos de actividad yóguica en algunas escuelas, no son aconsejables en el Purna Yoga (Yoga Integral).Todo movimiento inconsciente debe detenerse y mantenerlo bajo control. Algunas de las asanas del Hatha Yoga ayudan a estabilizar el cuerpo y desarrollan la resistencia del organismo ante las irrupciones de Fuerza que tienen lugar en el Yoga.
Hablamos de meditación activa, entendiendo con esto una práctica que garantice el recto movimiento de la consciencia. La aspiración debe mantenerse viva. En los primeros pasos se necesita encender la llama una y otra vez. Uno de los problemas a que se enfrenta el aspirante es la invasión de pensamientos. De los varios sistemas a disposición del practicante, el mejor es el de no pelear con los pensamientos. Se deben ignorar, centrando la atención en el propósito de la meditación. Los pensamientos podrán moverse en las periferias de la mente. En ausencia de participación de la mente, se debilitan y no presentan mayores problemas.
Algunos tienden a entrar en estado de semiconsciencia. Pero hay que tener cuidado de no estancarse en ellos. Antes de empezar la meditación se debe fijar una fuerte voluntad de no dejarse arrastrar hacia la inconsciencia, y desarrollar también una aspiración creciente hacia una más alta y más profunda consciencia. Una y otra vez debemos recordarnos a nosotros mismos esta necesidad de cruzar el umbral.
Es muy desconcertante que uno se encuentre ultra sensitivo a los impactos externos durante los ejercicios de meditación. Se puede estar en un agradable estado de paz durante la meditación, pero saliendo de ella la más ligera alteración provoca una reacción desproporcionada de cólera, de enfado. Puede ser cosa de un segundo, pero el mal ya está hecho. Esto es debido a la falta de armonía entre la parte que participa en la meditación y el vital que está normalmente dejado de lado. Se resiente de estar pospuesto y arma un alboroto a la primera oportunidad. Es por consiguiente aconsejable tener un extraordinario cuidado después de la meditación para no caer en manos de elementos negativos. De paso hemos de advertir que esta precaución es necesaria cuando se produce cualquier clase de progreso espiritual. Las fuerzas de la naturaleza están al acecho para hundirte en el momento que te sientes satisfecho de tu progreso y realización.
Naturalmente, lo primero que hay que hacer es recogerse interiormente. En general, se está tan disperso en pensamientos, sentimientos e impulsos que se necesita un cierto esfuerzo para desconectar todo nuestro ser de ese influjo exterior. Pero, ¿dónde podemos replegarnos? Existen dos centros –o tres- que pueden sugerirse. Uno de estos centros puede ser la región del corazón Anahata Chakra. O bien el centro situado entre las cejas Ajna Chakra. O, también, encima de la cabeza Sahasrara Chakra, o detrás de ella. Gradualmente uno va restringiendo las áreas de percepción y se recoge en cualquiera de estos centros. ¿Cómo decidir cuál escoger? En general, la propia naturaleza te indica el lugar más apropiado. Uno se inclina naturalmente hacia el centro que la propia naturaleza le ha dispuesto. No es fácil apartarse de todas las preocupaciones por este sistema. Invertir la tendencia de la propia naturaleza es una tarea que reclama una gran fuerza de voluntad. Unas cuantas respiraciones profundas pueden ser muy eficaces en esta etapa para sosegar los múltiples movimientos de la naturaleza y controlar la mente. No hablamos aquí de Pranayama, que es una ciencia en sí mismo, aplicable a otros propósitos. Haced una respiración más lenta, observadla y descubriréis cómo os vais sosegando. Es fácil entonces situarse de un modo estable en el centro escogido.
Las facultades así recogidas necesitan un foco, o punto en el que concentrarse, para estabilizarse. Aquí comienza la etapa de la concentración, que tan a menudo se confunde con la meditación. En la concentración, fijas tu atención en algo. Puede ser una imagen, una llama, o una efigie de la Deidad (lo que te hayan indicado), o de tu Gurú; puede ser un sonido, un mantra dado por el Gurú. O puede ser también una Idea; por ejemplo: Dios como Amor, como Belleza, como Paz, como Shakti, etc. Debes detenerte, concentrarte fijamente en ello. Aunque el fluir de los pensamientos te distraiga, debes retornar inmediatamente a tu tema de concentración cada vez que te das cuenta de ello. Se sobreentiende que esta clase de concentración no puede ser una operación prolongada. Es menester dejar que la consciencia fluya por el tema elegido, que se introduzca en él y lo desarrolle de diversos modos. Ese proceso de introducirse y de fluir de la consciencia en un movimiento centralizado en un objetivo o tema central es lo que constituye la meditación Dhyana. Tu mente, entonces, se puede decir que fluye como el aceite en la mecha de una lámpara, de un modo estable y continuo.
Sucede algunas veces que en el transcurso de este ejercicio, cuando estás sumergido en el proceso de la meditación, todo en tu cuerpo adquiere un ritmo más lento. La circulación de la sangre, el ritmo cardíaco, el pulso, van cada vez más despacio hasta el punto en que llegas a temer el paro total. Surge incluso el temor de que pueda producirse la muerte. Es una experiencia enervante que muchos han tenido, y algunos han huido de ella con verdadero pánico. Pero es sólo una reacción nerviosa. Aunque la respiración física por su lentitud llegase a un punto de cesación, existe una respiración sutil que te mantendría con vida. El temor, pues, es injustificado. Sri Aurobindo asevera que es el miedo del ego ante la perspectiva de ser absorbido por el Infinito. Ten esto en cuenta, y podrás sonreír si ese temor se origina en ti durante la meditación.
En el curso de la sesión, puedes tener visiones. Pueden referirse a posibles acontecimientos o a configuraciones visuales de tus íntimos deseos o temores; pueden ser imágenes o colores, la mayoría de carácter simbólico. Aunque existen significados tradicionales concernientes a estas formas simbólicas, el significado exacto tiene mucho que ver con la propensión de tu naturaleza e incluso de tu entorno. No te precipites en querer interpretar estas visiones. La mayoría acontecen en el plano vital; no son necesariamente espirituales. Igualmente puedes oír diversos tipos de sonidos El Yoga-Shastra habla de diez clases de sonidos: notas de flauta, címbalos, sonidos de criquet, el rugir del mar, etc. No los sobrestimes, tampoco. En general, ambas cosas, visiones y sonidos son señales indicativas de que tus sentidos sutiles se han abierto y se han tornado activos en los planos sutiles de tu ser. Percibe todo esto con espíritu desapegado. Si los sonidos persisten, incluso en otras horas, cuando estás ocupado en otros asuntos, ignóralos. Todo volverá a normalizarse al cabo de un cierto tiempo.
Lee cuidadosamente lo que ha dicho Sri Aurobindo sobre lo que él llama la Zona Intermedia, donde se presentan brillantes experiencias que captan tu atención. Generalmente se dirigen a tu ego e intentan desviarte de tu objetivo. Por supuesto, no todos deben pasar por esa Zona. No todos tienen las visiones, o las experiencias de sonidos que acabamos de señalar. Mas, por esa razón no pienses que no estás progresando en la sadhana. Lo que realmente importa es el crecimiento de la consciencia, no el tener o no tener esas experiencias.
Y el crecimiento de la consciencia espiritual se deja sentir de una manera inconfundible. Dejas de estar inquieto; hay más calma y serenidad en tu persona. No te contrarías fácilmente por lo que pueda suceder; hay un desasimiento creciente, una mayor ecuanimidad. Desarrollas una confianza inquebrantable en la Gracia Divina, desaparece el miedo. Podrás comprobar fácilmente si hay o no hay progreso en ti a través de tus propias reacciones y respuestas a los aconteceres de la vida diaria.
La Meditación sus fundamentos y su proceso de M.P.Pandit
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 13: ♦ LOS PELIGROS DE LA ZONA INTERMEDIA ♦
Todas estas experiencias son de la misma naturaleza, y lo que se dice de una puede aplicarse a otra. Aparte de algunas experiencias de un carácter personal, el resto son, o bien ideas-verdad, como las que desde ámbitos superiores invaden la consciencia cuando se establece contacto con ciertos planos del ser, o poderosas formaciones (Estructuras dinámicas de carácter oculto que ejercen una influencia y una acción efectivos en el universo físico donde vivimos -Nota del Editor) de los mundos mentales y vitales más vastos, que irrumpen y quieren utilizar al sadhaka para su provecho, cuando se está abierto directamente a estos mundos. Estas cosas, cuando nos invaden o se introducen en nosotros, se presentan con una gran fuerza, con una vívida percepción de inspiración o de iluminación, con una intensa sensación de luz y de gozo, con una impresión de expansión y de poder. El sadhaka se siente liberado de sus límites normales, proyectados a un nuevo mundo de experiencias maravillosas, pletórico, engrandecido, elevado; lo que se presenta ante él, está, además, en consonancia con sus aspiraciones, con sus ambiciones, con sus nociones de la realización espiritual y de la perfección yóguica; estas experiencias llegan, incluso, a adoptar la apariencia de ser, ellas mismas, esa realización y esa perfección. Es muyfácil que el sadhaka sea arrastrado por este esplendor y este ímpetu, y que crea que ha realizado más de lo que verdaderamente ha hecho, que ha llegado a algo final o, por lo menos, a algo soberanamente verdadero. En esta etapa el sadhaka carece, generalmente, del conocimiento y de la experiencia necesarios para comprender que todo esto no es más que un comienzo muy incierto y mezclado; no puede darse cuenta de que todavía está en la Ignorancia cósmica, de que no ha llegado aún a la Verdad cósmica, ni, mucho menos, a la Verdad Trascendental, y que, cualquiera que sean las ideas-verdades formativas o dinámicas que puedan haber descendido hasta él, son sólo parciales, y, por añadidura, disminuidas por llegar hasta él, a través de una consciencia todavía mezclada. Es posible, asimismo, que no se dé cuenta de que, si se lanza a aplicar lo que experimenta o recibe como si fuera algo definitivo, puede suceder, o bien que caiga en la confusión y en el error, o que se encierre en una formación parcial, en la que puede haber algún elemento de Verdad espiritual, pero en la que, probablemente, pesen más las construcciones mentales y vitales más dudosas, que la deformarían por completo. Sólo cuando adquiere la facultad de disociarse de sus experiencias (bien sea en seguida o después de algún tiempo), de situarse por encima de ellas con la desapasionada consciencia-testigo de observar su verdadera naturaleza, sus limitaciones, su composición, y sus mezcolanzas, puede proseguir su andadura hacia una libertad verdadera, y una perfección más alta, más vasta, y más auténtica. Esto hay que efectuarlo una y otra vez. Porque, sea lo que fuere, lo que se presente de este modo al sadhaka de este yoga, tanto si procede de la Sobremente o de la Intuición o de la Mente Iluminada, como de un plano Vital elevado, o de todos estos conjuntamente, no es una cosa definitiva y final; no es la Verdad suprema donde pueda él descansar, sino tan sólo una etapa. Pero es menester, sin embargo, pasar por estas etapas, pues la Verdad Suprema o Supramental no se puede alcanzar de un salto, o, ni siquiera, por medio de muchos saltos; hay que seguir el camino de un progreso firme, paciente, sosegado, que debe discurrir por múltiples etapas intermedias, sin circunscribirse, ni apegarse, a su Verdad, a su Luz, a su Poder, o a su Ananda, menores.
Este es, de hecho, un estado intermedio, una zona de transición entre la consciencia mental ordinaria y el verdadero conocimiento yóguico. El sadhaka puede cruzar esta zona, sin experimentar daño alguno en el transcurso de su travesía, percibiendo de inmediato, o en los comienzos de su andadura, su verdadera naturaleza, y rehusando ser detenido por sus medias-luces, y, por sus experiencias, tentadoras, pero imperfectas, y, a menudo, mezcladas y engañosas; pero, puede, asimismo, perderse en ella, seguir falsas voces y guías tortuosas, y finalizar en un desastre espiritual; o, puede, por último, instalarse en esta zona intermedia, sin interesarse por proseguir su camino, y dirigir, allí, alguna media-verdad creyendo que es la verdad absoluta, o convertirse en un instrumento de los poderes de estos planos de transición –esto es lo que acontece a muchos sadhakas y yoghis. Abrumados por el primer embate y por el sentimiento de poder propio de un estado supra-normal, les deslumbra una pequeña luz que aparece ante ellos como una tremenda iluminación, o el contacto de una fuerza que toman por la suprema expresión de la Fuerza Divina, o, por lo menos, una Fuerza (Shakti) yóguica sumamente poderosa; o bien, acogen a algún poder intermedio (que no siempre se trata de un Poder del Divino) como si fuera el Supremo, y a una consciencia intermedia como la suprema realización. Con gran celeridad, surge en ellos la idea de que han alcanzado la plenitud de la consciencia cósmica cuando en realidad, con lo que han establecido una conexión dinámica no es más que algún aspecto superficial, o una pequeña parte de ella, o con algún plano más vasto en una consciencia plenamente iluminada, cuando, de hecho, sólo la Mente, del Poder-de-vida, o del ámbito físico-sutil; o creen estar recibiendo, imperfectamente, cosas de lo alto, a través de una iluminación parcial de algún plano mental o vital; porque las cosas que descienden, son diminutas, y, con frecuencia, deformadas en el curso de la transmisión a través de estos planos; por otro lado, la mente y el vital, que son el instrumento de recepción del sadhaka, también entienden o transcriben mal, frecuentemente, lo que captan, o lo mezclan con sus propias ideas, sus sentimientos, y sus deseos, que no toman, sin embargo, como suyos, sino como una parte de la Verdad que están recibiendo, porque están mezclados con ella, imitan su forma, son iluminadas por un reflejo de su luz, y adquieren, en virtud de esta asociación y de esta luz prestada, un valor exagerado.
Hay, todavía, peligros peores en esta zona intermedia de experiencia. Porque los planos a los que el sadhaka ha abierto, ahora, su consciencia –no, simplemente, como antes, captando de ellos vislumbres y algún influjo, sino directamente, recibiendo su pleno impacto-, transmiten una multitud de ideas, de impulsos, de formaciones de todo tipo, muchas veces, totalmente opuestas entre sí, incoherentes o incompatibles, pero presentadas de un modo especial para que pasen desapercibidas sus diferencias y sus lagunas con gran fuerza, verosimilitud, y riqueza de argumentos, o con una sensación convincente de certidumbre. Ofuscado por esta sensación de certidumbre, de claridad, por esta apariencia de abundancia y de riqueza, la mente del sadhaka entra en un estado de gran confusión que toma por un orden y una organización más vastos; o bien, empieza a moverse de un lado a otro, vertiginosamente, en incesantes cambios, y alteraciones de rumbo, que él toma por un rápido progreso pero que no conducen a ninguna parte. O hay, también, el peligro opuesto, de convertirse en el instrumento de alguna formación, resplandeciente en apariencia, pero ignorante; porque estos planos intermedios están llenos de pequeñas divinidades, o poderosos daitya (seres de los planos intermedios; hijos de la división), y de seres menores, que desean crear, materializar algo o imponer una formación mental o vital en la vida terrestre, y están ansiosos por utilizar, o influenciar, o incluso poseer, el pensamiento y la voluntad del sadhaka y hacer de él un instrumento para sus fines. Esto es una cosa completamente aparte del peligro bien conocido de los seres realmente hostiles cuyo único propósito es el de crear confusión y falsedad, y corromper la sadhana, originando desastrosos errores no-espirituales. Quienquiera que permita a uno de estos seres, que, a menudo, adoptan un Nombre divino, apoderarse de él, perderá su camino en el yoga. Por otro lado, es, perfectamente posible que el sadhaka sea recibido, al entrar en esta zona, por un Poder del Divino que lo ayude y lo guíe hasta que esté a punto para cosas más grandes; pero, ni siquiera eso confiere una completa seguridad contra los errores y los obstáculos de esta zona; porque nada es más fácil para los poderes de esta zona, o para los poderes hostiles, que imitar la Voz o la Imagen rectora y engañar y descarriar al sadhaka, o para él mismo, atribuir al Divino las creaciones de su propia mente, de su vital, o de su ego.
Porque esta zona intermedia es una región de medias-verdades; y esto en sí no tendría demasiada importancia, puesto que no existe la verdad completa en los niveles inferiores a la Supermente; (Recordamos al lector que, aquí, Sri Aurobindo se refiere a la Consciencia supramental, o Consciencia Verdad, o Consciencia Divina, la denomina en otras ocasiones, que no tiene nada que ver con la mente humana, ni, tampoco, con los planos más altos de la Mente Espiritual, situados por encima de la mente humana –como la Mente Iluminada, la Intuición o la Sobremente-; se trata de una consciencia de una naturaleza y un dinamismo completamente distintos, que posee el Conocimiento por identidad, y que posee también el Poder ilimitado de realización del Conocimiento, de modo simultáneo, inalienable automático a la emergencia de este mismo conocimiento. Nota del Editor) pero estas medias verdades son aquí, frecuentemente, tan parciales o ambiguas en su aplicación que dejan abierto un vasto ámbito para la confusión, el engaño y el error. El sadhaka cree que ya está completamente liberado de su vieja consciencia inferior, porque percibe que está en contacto con algo más grande y más poderoso; pero la vieja consciencia está, todavía allí, no ha sido verdaderamente abolida. Él siente el control o el influjo de un Poder, un Ser o una Fuerza, más grande que él, y aspira ser un instrumento, pensado que se ha desembarazado de su ego; pero esta ilusión de la eliminación del ego, encubre, a menudo, un ego desmedido.Ideas que sólo son parcialmente verdaderas, y que, por una aplicación errónea y excesivamente confiada, se convierten, muchas veces, en falsedades, se apoderan de él, y rigen su mente, alteran los movimientos de su consciencia, y abren las puertas de su ser al error.
El sadhaka es objeto de sugestiones, a menudo de carácter romántico, que gratifican el sentido de su importancia o concuerdan con sus deseos, y que él acepta sin examen previo y sin el control de un discernimiento. Incluso lo que es verdadero, es de tal modo exaltado y extendido, más allá de su auténtico grado, límite y medida, que acaba por general el error. Ésta es una zona que muchos sadhakas han de atravesar, en la que muchos vagan durante mucho tiempo, y de la que muchísimos nunca logran salir. Especialmente, si su sadhana es predominantemente mental o vital, tienen que afrontar, aquí, muchas dificultades y peligros; sólo los que siguen escrupulosamente una dirección estricta, o tienen el ser psíquico predominante sobre su naturaleza, pasan fácilmente a través de esta zona intermedia, como si fuera una ruta segura y bien señalada. Una sinceridad fundamental, y una profunda humildad, evitan, también, muchos peligros y una multitud de problemas. Se puede, entonces, pasar, raudamente, más allá de este ámbito, a una Luz más clara, donde todavía hay mucha mezcolanza, incertidumbre, y lucha, pero donde todo se orienta hacia la Verdad cósmica y no hacia una semi-iluminada prolongación de la Maya (La Ilusión cósmica) y de la Ignorancia.
He descrito en términos generales, con sus principales características y posibilidades, este estado de consciencia que se presenta tan pronto se traspasan los límites de la consciencia normal, porque es aquí donde parece que estas experiencias tengan lugar. Pero cada sadhaka se comporta en ella de modo diferente, unos reaccionan, a veces, según una cierta clase de posibilidades, y otros según otra distinta.
En este caso, parece que la entrada en este ámbito se haya producido durante una tentativa de hacer descender la consciencia cósmica o de abrir un paso para introducirse en ella –poco importa el modo de explicarlo, o si se es consciente de lo que uno está haciendo, o lo entiende en estos términos; en esencia la cosa se reduce a eso. No es en la sobremente donde ha entrado, porque es imposible alcanzar, directamente, el plano sobremental. La sobremente está ciertamente situada por encima y detrás de toda la acción de la consciencia cósmica, pero al principio sólo se puede tener un contacto indirecto con ella; las cosas que descienden de la sobremente pasan a través de niveles intermedios hasta llegar a un plano mental más vasto, al plano vital, y al plano físico sutil, y, cambian y disminuyen de tal suerte en el proceso de transmisión que finalmente no les queda nada del poder y de la verdad completos que poseen en la sobremente o en sus niveles originarios. La mayor parte de estos movimientos no proceden de la sobremente, sino de las regiones de la mente superior. Las ideas que acompañan a estas experiencias, y en las cuales parecen fundamentar su pretensión de ser la verdad, no pertenecen a la sobremente, sino a la mente superior, o a veces, a la mente iluminada; con ellas se mezclan sugestiones procedentes de la mente inferior y de las regiones vitales, y en su aplicación experimentan una considerable disminución, o son erróneamente utilizadas en muchas ocasiones. Todo esto no sería tan grave; es algo frecuente y normal, y hay que pasar por ello para llegar a una atmósfera más clara donde las cosas están mejor organizadas y asentadas sobre una base más firme. Pero, en este caso, el movimiento fue realizado con un espíritu de apresuramiento y de vehemencia excesivos, con una autovaloración y una seguridad en sí mismo exageradas, con una certidumbre prematura, contando solamente con la guía de su propia mente, o del “Divino” según lo concibe o lo percibe en un estadio en el cual el conocimiento es aún sumamente limitado. Y en un tal estadio, aunque la concepción y la experiencia que el sadhaka tiene del Divino sea, esencialmente, genuina, nunca es completa y pura; se mezcla con toda suerte de adscripciones mentales y vitales, y a la Guía divina le incorpora cosas de todo género, creyendo que forman parte de esta guía aunque procedan de fuentes que nada, tienen que ver con ella. Incluso en el supuesto de que exista una guía directa –casi siempre, en estas condiciones, el Divino se limita a actuar desde detrás del velo- es sólo ocasional, y el resto se efectúa a través de la acción de un conjunto de fuerzas; los errores, los tropiezos, y las intromisiones de la Ignorancia, tienen el campo libre, y todo esto se permite porque el sadhaka tiene que superar el examen de las fuerzas que actúan en el mundo, tiene que aprender a través de su propia experiencia, debe crecer a través de la imperfección hacia la perfección –si es capaz de ello, si quiere aprender, si quiere abrir sus ojos para ver sus propios malentendidos y sus propios errores, y aprovecharse de ellos para crecer hacia una Verdad, una Luz y un Conocimiento, más puros.
El resultado de este estado de ánimo es que se comienza a afirmar que todo lo que se presenta en esta región ambigua y llena de mezcolanzas, es la Verdad absoluta y la pura Voluntad divina; las ideas y las sugestiones, que se repiten constantemente, aparecen expresadas con un carácter categórico de auto-afirmación, como si fueran la Verdad entera e irrefutable. El sadhaka tiene la impresión de haberse tornado impersonal y liberado del ego, cuando todo el talante de la mente, su expresión y su espíritu están llenos de una vehemente auto-afirmación, justificada con la creencia incontrovertible de que piensa y actúa como un instrumento y bajo la inspiración del Divino. Por eso, expone con gran agresividad ideas que pueden se válidas para la mente, pero que no lo son para el espíritu; sin embargo, las enuncia como si fueran la verdad espiritual absoluta. Por ejemplo, la igualdad, (con este término (equality) Sri Aurobindo traduce el término sánscrito samata que abarca los conceptos de ecuanimidad, igualdad, imparcialidad, pero va mucho más allá de ellos en su significación corriente, pues designa un estado de consciencia integrado y permanente que presupone una alta realización espiritual -Nota del editor) que, de ese modo, es un simple principio mental (que difiere considerablemente de la samata yóguica) la reivindicación de una “sagrada” independencia, el negarse a aceptar a ningún guru, o la oposición que establece entre el Divino y el Divino humano, etc, etc. Todas estas ideas son posiciones que pueden ser adoptadas por la mente y el vital, y convertidas en principios que éstos tratan de imponer en la vida religiosa o, incluso, en la espiritual, pero que no son, ni pueden ser espirituales en su naturaleza. En esta situación, comienzan, también, a intervenir sugestiones procedentes del plano vital, una pululación de imaginaciones románticas, fantasiosas o ingeniosas interpretaciones ocultas, pseudo-intuiciones, pretendidas iniciaciones a las cosas del más allá, que excitan la mente o la confunden y se presentan, a menudo, de un modo adecuado para adular y potenciar el ego y el sentido de la propia importancia, pero que no están fundados en ninguna realidad espiritual u oculta verificada, de un orden verdadero. Esta región está llena de elementos de este tipo, y si se les da permiso, se agolpan en torno del sadhaka, pero si éste quiere, verdaderamente, llegar hasta el Supremo, debe limitarse, simplemente, a observarlos, y seguir adelante.
No es que en estas cosas no pueda haber nunca alguna verdad, pero por una cosa verdadera hay nueve falsas que la imitan, y sólo un experto ocultista, con la infalible sensibilidad adquirida a través de una larga experiencia, puede dirigirse a sí mismo, sin dar pasos en falso, ni perderse en el laberinto. Cabe la posibilidad de que toda la actitud, toda la acción y toda la expresión, estén hasta tal punto impregnadas de los errores de esta zona intermedia, que seguir hacia delante por esta ruta pueda significar alejarse del Divino y del yoga.
Aquí, todavía se puede elegir entre seguir la guía sumamente mezclada que se pueda obtener en medio de todas estas experiencias o aceptar la verdadera guía. Cada hombre que entra en los dominios de la experiencia yóguica es libre de seguir su propio camino; pero este yoga es un sendero que no todo el mundo puede seguir, sino, solamente, los que aceptan ir en pos de su objetivo, y seguir la ruta indicada, en la cual una dirección segura es indispensable. Es vano, para quienquiera que sea, esperar que pueda ir lejos en este sendero, y, todavía más, que pueda alcanzar la meta, contando, únicamente, con su propia Fuerza y conocimiento interiores, sin la ayuda y el influjo verdaderos. Hasta los mismos yogas tradicionales, practicados desde hace mucho tiempo, es muy difícil poderlos seguir sin la ayuda de un Guru; en este yoga, que, a medida que avanza, pasa a través de ámbitos inexplorados y de intrincadas regiones desconocidas, es completamente imposible. En cuanto al trabajo que se debe efectuar, no es un trabajo para todos los sadhakas de cualquier sendero; no es, tampoco, la obra del Divino “Impersonal”, el cual, en este sentido, no es un poder activo, pero sostiene de un modo imparcial, toda la acción del universo. Es una preparación para los que tienen que avanzar a través del complejo y difícil camino de este yoga, y para ninguno más. Todo el trabajo que se realice aquí debe efectuarse con un espíritu de aceptación, disciplina y don de sí, sin exigencias y condiciones personales, pero con una sumisión consciente y vigilante al control y a la guía. Cualquier trabajo hecho con otro espíritu, promueve un desorden, una confusión, una perturbación de la atmósfera, que nada tienen que ver con el camino espiritual. En éste, las dificultades, los errores, los obstáculos, son también frecuentes, porque en este yoga las personas tienen que ser conducidas pacientemente –dejando, a su vez, espacio a su esfuerzo personal- a través de la experiencia, hasta que salgan de la ignorancia propia de la Mente y de la Vida y lleguen a los ámbitos de un espíritu más vasto y de un conocimiento luminoso. Pero quien vaya sin guía deambulando por las regiones situadas más allá de la consciencia ordinaria corre el peligro de comprometer la base misma del yoga y de perder por completo las condiciones indispensables para la realización de su labor. El paso a través de esta zona intermedia –que no es indispensable, pues muchos pasan por caminos más estrechos, pero más seguros- es una etapa decisiva, y es probable que el resultado sea una creación muy vasta y rica; pero, para quien naufraga en ella, la recuperación es difícil y penosa, y sólo puede lograrse a través de una lucha y un esfuerzo prolongados.
El Enigma de este Mundo (Sri Aurobindo)
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 14: ~ EL VALLE DEL FALSO RESPLANDOR ~
Se siente aquí una corriente desde las fuentes directas de la Verdad que uno no encuentra tan a menudo como desearía (Sri Aurobindo se refiere aquí al escrito de una tercera persona que un discípulo le había hecho llegar para su comentario). Hay aquí una mente que puede no sólo pensar sino ver -y no ve meramente la superficie de las cosas con la que la mayor parte del pensamiento intelectual contiende una y otra vez sin llegar a término o alcanzar una solución definida y como si no hubiera nada más, sino que alcanza el núcleo. Los Tántricos tienen una frase, pa_yant_ v_k, para describir un nivel de la Vak-Shakti, la Palabra que ve; aquí se da pa_yant_ buddhi, una inteligencia que ve. Puede ser porque el vidente interior ha ido más allá del pensamiento, a la experiencia, pero hay muchos que tienen una considerable riqueza de experiencia sin habérseles clarificado el ojo de su pensamiento en esa misma medida: el alma siente, pero la mente continúa con transcripciones mixtas e imperfectas, errores y confusiones en la idea. En esta naturaleza debía de existir ya, preparado, el don de la visión correcta.
Es un logro el haberse librado tan rápida y decisivamente de las trémulas nieblas y confusiones que el moderno intelectualismo toma por la Luz de la Verdad. La mente moderna ha vagado tan larga y persistentemente -y nosotros con ella- por el Valle del Falso Resplandor que no es fácil para nadie dispersar sus nieblas con la luz de la clara visión tan pronto y tan enteramente como se ha hecho aquí. Todo lo que se dice aquí acerca del moderno humanismo y humanitarismo, los vanos esfuerzos del idealista sentimental y del intelectual inefectivo, acerca del eclecticismo sintético y de otras cosas semejantes es admirablemente inteligente, da en el blanco. No a través de estos medios puede la humanidad conseguir el cambio radical de sus formas de vida, que se está volviendo ya imperativo, sino sólo alcanzando la piedra angular de la Realidad tras el velo; no a través de meras ideas y formaciones mentales, sino mediante un cambio de consciencia, una conversión interior y espiritual. Pero es ésta una verdad que sería difícil llegar a oírla en medio del barullo actual de clamores y confusiones y catástrofes.
Una distinción, la distinción muy inteligentemente realizada aquí, entre el plano del proceso fenoménico, de la Prakriti exteriorizada, y el plano de la Realidad Divina, figura entre las primeras palabras de la sabiduría interior. La perspectiva desde la que se la analiza en estas páginas no constituye meramente una explicación ingeniosa: expresa muy sabiamente una de las claras certezas que hallas cuando cruzas la frontera y contemplas el mundo exterior desde el territorio de la experiencia espiritual interna. Cuanto más vas hacia adentro o hacia arriba, más cambia la visión de las cosas, y el conocimiento externo que la Ciencia organiza ocupa su verdadero y muy limitado lugar. La Ciencia, como la mayoría de conocimiento mental y exterior, proporciona solamente la verdad del proceso. Añadiría que no puede darte ni siquiera toda la verdad del proceso: porque alcanzas algunos de los ponderables, pero pierdes todos los importantísimos imponderables; no desentrañas sino las condiciones bajo las cuales ocurren las cosas en la Naturaleza, difícilmente el cómo. Tras todos los triunfos y maravillas de la Ciencia, el principio explicativo, la base lógica, el significado del todo, queda tan obscuro, tan misterioso e incluso más misterioso que antes. El esquema que ha construido a propósito de la evolución, de no sólo todo este rico y vasto y diverso mundo material, sino de la vida y la consciencia y la mente y sus obras, a partir de una burda masa de electrones, idénticos y sólo con variaciones en su número y disposición, constituye una magia irracional más equívoca que la que pudiese concebir la más mística de las imaginaciones. La Ciencia, al final, nos sitúa ante una paradoja fáctica, un accidente organizado y rígidamente determinado, una imposibilidad que de algún modo ha ocurrido: nos ha mostrado una nueva Maya, una Maya material, aghatana-ghatana-pat_yas_, muy hábil en su capacidad de producir lo imposible, un milagro que lógicamente no puede ser y que, sin embargo, de algún modo es real, se halla irresistiblemente organizado, pero es irracional e inexplicable. Y esto ocurre evidentemente porque la Ciencia se ha dejado algo esencial: ha visto y escrutado lo que ha ocurrido y en cierto modo cómo ha ocurrido, pero ha cerrado sus ojos a algo que ha hecho este imposible posible, algo que hay ahí y que debe ser expresado. No hay significación fundamental en las cosas, si no tienes en cuenta la Realidad Divina; porque te quedas absorto ante una inmensa corteza superficial de apariencias manejables y utilizables. Es la magia del Mago lo que tratas de analizar, pero sólo cuando entras en la consciencia del Mago mismo puedes empezar a experimentar el verdadero origen, significado y círculos del Lila. Digo “empezar” porque la Realidad Divina no es tan simple como para que al primer contacto puedas conocer todo acerca de ella o reducirla a una sola fórmula: es el Infinito, y abre ante ti un conocimiento infinito respecto al cual toda la Ciencia en su conjunto no es más que una bagatela. Sin embargo, tocas lo esencial, lo eterno tras las cosas, y a la luz de Eso todo empieza a ser profundamente luminoso, íntimamente inteligible.
Ya te dije una vez lo que opino acerca de los inefectivos picoteos que ciertas mentes científicas bienintencionadas dan en la superficie o en la superficie aparente de esa Realidad espiritual que existe tras las cosas y no necesito ampliarlo. Más importante es el pronóstico de un peligro mayor que llega con el nuevo ataque del adversario, los escépticos, contra la validez de la experiencia espiritual y suprafísica: su nueva estrategia de destrucción, admitiéndola y explicándola a su modo. Esta aprensión podría estar bien fundada; pero dudo que, si estas cosas son alguna vez llamadas a análisis, la mente de la humanidad vaya a quedarse mucho tiempo satisfecha con explicaciones tan torpemente superficiales y externas, explicaciones que no explican nada. Si los defensores de la religión toman una posición poco sana, fácilmente cuestionable, al afirmar sólo la validez subjetiva de la experiencia espiritual, sus oponentes también me parecen estar rindiendo, sin saberlo, las puertas de la fortaleza materialista al consentirse examinar la experiencia espiritual y suprafísica. Su arraigo en el terreno físico, su rechazo a admitir o examinar siquiera las cosas suprafísicas era su poderosa torre de salvación; una vez abandonada, la mente humana, presionando hacia algo menos negativo, más útil y positivo, pasará sobre los cuerpos muertos de sus teorías, sobre los escombros de sus aniquiladoras explicaciones e ingeniosas etiquetas psicológicas. Otro peligro puede alzarse entonces: no una negación final de la Verdad sino la repetición, en viejas o nuevas formas, de un error pasado; por una parte, el resurgimiento de una religiosidad ciega, fanática, obscurantista y sectaria; por la otra, una caída en los pozos y cenagales de lo oculto vitalista y de lo pseudoespiritual, errores que dieron toda su fuerza al ataque materialista del pasado y a sus credos. Pero éstos son fantasmas que hallamos siempre en la línea fronteriza o en el territorio intermedio entre la obscuridad material y el perfecto Esplendor. A pesar de todo, la victoria de la Luz suprema, incluso en la obscurecida consciencia terrestre, constituye la certeza última.
El arte, la poesía, la música no son Yoga, no son cosas espirituales en sí mismas como no lo son la filosofía y la Ciencia. Acecha aquí otra curiosa incapacidad del moderno intelecto: su incapacidad para distinguir entre mente y espíritu, su tendencia a tomar los idealismos mentales, morales, estéticos por la espiritualidad, y sus grados inferiores por valores espirituales. Es una mera verdad el que las intuiciones mentales del metafísico o el poeta se quedan cortas, en su mayoría, respecto de la experiencia espiritual concreta; son distantes relámpagos, neblinosas reflexiones, no rayos desde el centro de Luz. No es menos verdad que, contemplado desde las cimas, no hay mucha diferencia entre las altas eminencias mentales y las modestas ascensiones de esta existencia externa. Todas las energías del Lila son iguales para la visión que contempla desde arriba, todas son disfraces del Divino. Pero uno tiene que añadir que todo puede convertirse en un primer paso en el camino hacia la realización del Divino. Una afirmación filosófica acerca del Atman es una fórmula mental, no conocimiento, no experiencia; sin embargo, el Divino la usa a veces como canal para el contacto: extrañamente, una barrera se desmorona en la mente, se ve algo, un cambio profundo se opera en alguna parte interior, en el terreno de la naturaleza penetra algo sereno, ecuánime, inefable. Uno está en una cumbre montañosa y vislumbra o percibe mentalmente una amplitud que lo impregna todo, una inefable Vastedad en la Naturaleza; entonces, de pronto, llega el contacto, una revelación, una corriente, lo mental se pierde a sí mismo en lo espiritual, uno experimenta la primera invasión del Infinito. O te hallas ante un templo de Kali junto a un río sagrado y ¿qué ves? -una escultura, una pieza de arquitectura llena de encanto, pero en un instante, misteriosa, inesperadamente, hay en su lugar una Presencia, un Poder, un Rostro que mira al tuyo: tu mirada interior ha contemplado a la Madre del Mundo. Contactos similares pueden llegarle a través del arte, la música, la poesía, al autor o a uno que sienta el impacto de la palabra, el significado oculto de una forma, un mensaje en el sonido que lleva en sí más, quizás, de lo que conscientemente pretendió el creador. Todas las cosas, en el Lila, pueden convertirse en ventanas abiertas a la Realidad oculta. Sin embargo, mientras uno permanece satisfecho mirando a través de ventanas, el logro es sólo preliminar: algún día deberá tomar el bordón del peregrino y comenzar el viaje hacia allí donde la Realidad se encuentra eternamente presente y manifiesta. Aun menos satisfactorio espiritualmente puede ser quedarse en las confusas reflexiones: se impone una búsqueda de la Luz que éstas tratan de imaginarse. Pero, puesto que esta Realidad y esta Luz están en nosotros mismos no menos que en alguna región superior sobre el plano mortal, en su búsqueda podemos usar muchas de las fórmulas y actividades de la vida. Así como uno ofrece una flor, una plegaria, un acto al Divino, puede ofrecer también una forma de belleza creada, una canción, un poema, una imagen, una melodía, y lograr a través de ello un contacto, una respuesta, una experiencia. Y cuando se ha penetrado en esta consciencia divina o cuando ésta crece en el propio interior, tampoco entonces queda excluida del Yoga su expresión en la vida a través de estas cosas; estas actividades creativas todavía pueden tener su lugar, aunque intrínsecamente no un lugar mayor que cualquier otra que pueda ser puesta al servicio y uso divinos. El arte, la poesía, la música, tal como son en su funcionamiento ordinario, crean valores mentales y vitales, no espirituales; pero pueden ser dirigidos hacia un fin superior y entonces, como todas las cosas que son capaces de vincular nuestra consciencia al Divino, son transmutadas y se vuelven espirituales y pueden ser admitidas como parte de la vida del Yoga. Todo adquiere nuevos valores no a partir de sí mismo, sino a partir de la consciencia que se sirve de ello. Porque hay sólo una cosa esencial, necesaria, indispensable: tornarse consciente de la Realidad Divina y vivir en ella y vivirla siempre.
EL ENIGMA DE ESTE MUNDO (Sri Aurobindo)
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 15: ~ LA EVOLUCION MAS ALLA DEL HOMBRE ~
A través de la historia de la evolución hay dos aspectos complementarios que constituyen su acción y son necesarios para su totalidad; en la involución de la Naturaleza se halla oculto el poder secreto y el principio del ser, bajo el velo impuesto por la Naturaleza material, y en esa misma Naturaleza mora la fuerza inevitable del principio que impulsa el proceso de emergencia de sus poderes y caracteres inherentes, los rasgos esenciales que constituyen su realidad. A medida que emerge el principio evolutivo, hay también dos rasgos constantes del proceso de emergencia: hay grados por los cuales la involución asciende y manifiesta cada vez más su poder, sus posibilidades, la fuerza de la Divinidad en su interior, y hay una constante manifestación de todos los tipos y formas de su ser que constituyen las encarnaciones visibles, indicativas y eficientes de su naturaleza esencial. En el proceso evolutivo aparecen formas y actividades organizadas de la Materia, los tipos de vida y los seres vivos, los tipos de mente y los seres pensantes, las luminosidades y las grandezas del principio espiritual y los seres espirituales, cuya naturaleza, carácter y personalidad, marcan las etapas de ascenso hacia las alturas mas elevadas de la evolución y las manifestaciones más amplias de lo que es en sí mismo y ha de llegar a ser por la fuerza del tiempo y del Espíritu omni-revelador. Éste es el verdadero sentido y el auténtico impulso de lo que vemos como evolución: la multiplicación y variación de formas no es sino el modo de realizar su proceso.
Cada grado contiene la posibilidad y la certeza de los grados superiores: la emergencia de formas y poderes cada vez más desarrollados señalan hacia formas más perfectas y poderes más grandes que se encuentran más allá de ellos y cada emergencia de la consciencia y de los seres conscientes correspondientes a ella hace posible el ascenso a una consciencia más grande y un orden mayor de seres, hasta llegar a las divinidades últimas por las cuales la Naturaleza está luchando y se halla destinada a mostrar que es capaz. La Materia desarrolló sus formas organizadas hasta que llegó a ser capaz de encarnar organismos vivos; luego, la vida brotó del subconsciente de la planta hasta las formaciones animales conscientes y a través de ellas apareció la vida pensante del ser humano. La mente fundada en la vida desarrolló el intelecto, desarrolló sus tipos de conocimiento y de ignorancia, de verdad y de error hasta alcanzar la percepción y la iluminación espiritual y ahora puede contemplar, de manera tenue, como a través de un cristal, la posibilidad de la supermente y de una existencia consciente-de-la-verdad. En este inexorable ascenso, la mente de Luz es un grado, un estadio inevitable. En tanto que principio evolutivo, marcará una etapa en el ascenso humano y permitirá la evolución de un nuevo tipo de ser humano; este desarrollo debe llevar en sí mismo una gradación ascendente de sus propios poderes y tipos de una humanidad en ascenso que encarnará cada vez más el giro hacia la espiritualidad, la capacidad para la Luz, un ascenso hacia una humanidad divinizada y una vida divina.
En el nacimiento de la mente de Luz y su ascenso hacia su propio yo reconocible, su verdadero estatus y su provincia correspondiente tiene que haber, por la propia naturaleza de las cosas, tal como son, y la naturaleza misma del proceso evolutivo, tal como es actualmente, dos etapas. En la primera, podemos ver la mente de Luz recogiéndose a sí misma a partir de la Ignorancia, reuniendo sus elementos constitutivos, construyendo sus configuraciones y sus tipos, por imperfectos que sean al comienzo y empujándoles hacia la perfección hasta poder cruzar la frontera de la Ignorancia y aparecer en la Luz, en su propia Luz. En la segunda etapa, podemos verla desarrollándose en esa Luz natural más amplia, adoptando sus configuraciones y formas hasta que se une con la supermente y vive como su porción subordinada o su delegada.
En cada una de estas etapas definirá sus propios grados y manifestará el orden de sus seres que la encarnarán y le proporcionarán una vida realizada. De este modo, se edificará, en primer lugar, incluso en la Ignorancia, la posibilidad de un ascenso humano hacia un vivir divino; luego habrá, mediante la iluminación de esta mente de Luz en la realización más elevada, que puede denominarse “mentalidad gnóstica”, en una transformación del ser humano, incluso antes de que se alcance la supermente, incluso en la consciencia terrestre y en una humanidad transformada, una vida divina iluminada.
Así, sea la que sea la enorme carga de lucha y sufrimiento y oscuridad en el mundo, si tal es el resultado que nos aguarda, todo lo ocurrido hasta entonces no será considerado, por el fuerte y aventurero, un precio muy elevado por la gloria que ha de llegar. En cualquier caso, la sombra se levanta; hay una Luz Divina que se inclina sobre el mundo y no se trata sólo de un instante e incomunicable Fulgor.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 16: ♦ EL ORIGEN Y EL REMEDIO DE LA FALSEDAD, EL ERROR, LA EQUIVOCACIÓN Y EL MAL ♦
El Señor no acepta ni el pecado ni la virtud de nadie; porque el conocimiento está velado por la Ignorancia, los hombres mortales son engañados.- Gita
Ellos viven de acuerdo con una idea del yo distinta de la realidad; engañados, apegados, expresando una falsedad, -como si por un encantamiento vieran lo falso como verdadero.-Maitri Upanishad
Ellos viven y se mueven en la Ignorancia y dan vueltas y más vueltas, golpeados y tambaleantes, como ciegos guiados por un ciego.-Mundaka Upanishad
Aquél cuya inteligencia alcanzó la Unidad, se despoja del pecado y la virtud.-Gita
Quien ha hallado la bienaventuranza del eterno ya nunca más es afligido por el pensamiento: ¿ Por qué no he hecho el bien ?¿Por qué he hecho mal?”. Quien conoce al yo, arranca de sí estas cosas.-Taittiriya Upanishad
Éstos son los que tienen conciencia de la gran falsedad en el mundo; crecen en la casa de la Verdad, son los fornidos e invencibles hijos de la Infinitud.-Rig Veda
El primero y el supremo son verdad; en el medio hay falsedad, pero está atrapada entre la verdad por ambos lados y extrae su ser de la verdad (la verdad de la realidad física y la verdad de la realidad espiritual y superconsciente. En las intermedias realidades subjetiva y mental que se asientan entre ellas, la falsedad puede entrar, pues coge, o bien verdad desde arriba, o bien verdad desde abajo como la sustancia a partir de la cual se construye y ambas están presionando sobre ella para volver sus erróneas construcciones a la verdad de la vida y a la verdad del espíritu).-Brihadaranyaka Upanishad
Si la ignorancia es, en su naturaleza, un auto-limitador conocimiento olvidado de la integral auto-conciencia y confinado a una exclusiva concentración en un singular campo o sobre una encubridora superficie del movimiento cósmico, según este criterio ¿qué hemos de hacer con el problema que más agudamente preocupa a la mente humana cuando se vuelve hacia el misterio de su propia existencia y de la existencia cósmica, el problema del mal? Un conocimiento limitado, sostenido por una secreta Omni-Sapiencia como un instrumento para la estructuración, dentro de las limitaciones necesarias, de un restringido orden-mundial puede admitirse como un proceso inteligible de la Conciencia y Energía universales; pero la necesidad de la falsedad y el error, la necesidad del error y el mal, o su utilidad en las obras de la omnipresente Realidad Divina, resulta menos fácilmente admisible. Y con todo, si esa Realidad es lo que hemos supuesto que es, ha de haber alguna necesidad para la aparición de estos fenómenos contrarios, alguna significación, alguna función que han de cumplir en la economía universal. Pues en el completo e inalienable auto-conocimiento del Brahman, que es necesariamente omni-conocimiento, dado que todo lo que existe es el Brahman, tales fenómenos no pueden haberse producido como una casualidad, como si interviniera un accidente, como un olvido o confusión involuntarios de la Conciencia-Fuerza del Omni-Sapiente en el cosmos ni como un inquietante contratiempo para el cual el Espíritu inmanente no estaba preparado y del cual es el prisionero que anda errante por un laberinto del que le resulta muy difícil escapar. Ni puede tratarse de un inexplicable misterio del ser, original y eterno, del cual el divino Omni-Maestro es incapaz de dar una explicación para sí ni para nosotros. Debe haber detrás de eso una significación de la Omni-Sapiencia misma, un poder de la Omni-Conciencia que permite y usa para alguna función indispensable en las actuales obras de nuestra auto-experiencia y experiencia-del-mundo. Este aspecto de la existencia es menester examinarlo ahora más de cerca, determinándolo en su origen y límites de su realidad y su lugar en la Naturaleza.
Este problema puede ser asumido desde tres puntos de vista, --su relación con el Absoluto, la Realidad suprema, su origen y lugar en las obras cósmicas, su acción y punto de sostén en el ser individual--. Es evidente que estos fenómenos contrarios no tienen raíz directa en la suprema Realidad misma, nada hay allí que tenga ese carácter; son creaciones de la Ignorancia y de la Inconciencia, no aspectos fundamentales o primarios del Ser, no originarios de la Trascendencia o del poder infinito del Espíritu Cósmico. A veces se razona que así como la Verdad y el Bien tienen sus absolutos, de igual modo la Falsedad y el Mal deben también tener sus absolutos, o, si no fuese así, entonces ambos deben pertenecer a la relatividad solamente; el Conocimiento y la Ignorancia, la Verdad y la Falsedad, el Bien y el Mal existen sólo en relación uno con otro y más allá de las dualidades aquí carecen de existencia. Pero ésta no es la verdad fundamental de la relación de estos opuestos; pues, en primer lugar, la Falsedad y el Mal son, a diferencia de la Verdad y el Bien, muy claramente, resultados de la Ignorancia y no pueden existir donde no haya Ignorancia: no pueden tener auto-existencia en el Ser Divino, no pueden ser elementos nacidos de la Naturaleza Suprema. Entonces, si el limitado Conocimiento que es la naturaleza de la Ignorancia renuncia a sus limitaciones, si la Ignorancia desaparece en el Conocimiento, el mal y la falsedad ya no pueden durar más: pues ambos son frutos de la inconciencia y de la conciencia equivocada y, si la verdadera o total conciencia está allí reemplazando a la Ignorancia, ya no tienen base alguna para su existencia. Allí por lo tanto no puede haber un absoluto de la falsedad, ni un absoluto del mal; estas cosas son un derivado del movimiento-del-mundo: las sombrías flores de la falsedad, el sufrimiento y el mal tienen su raíz en el negro suelo del Inconsciente Por otra parte, no existe tal obstáculo intrínseco para el Absoluto de la Verdad y el Bien: la relatividad de la verdad y el error, del bien y del mal, es un hecho de nuestra experiencia, pero de modo parecido es un derivado, no es un permanente factor propio de la existencia; pues sólo es cierto para las evaluaciones hechas por la conciencia humana, cierto sólo para nuestro conocimiento parcial y nuestra ignorancia parcial.
La verdad es relativa para nosotros porque nuestro conocimiento está rodeado por la ignorancia. Nuestra visión exacta se detiene ante las apariencias externas que no son la verdad completa de las cosas y, si profundizamos más, las iluminaciones a que arribamos son barruntos o inferencias o intimaciones, no una visión de realidades indudables: nuestras conclusiones son parciales, especulativas o elaboradas, nuestra afirmación de ellas, que es la expresión de nuestro contacto indirecto con la realidad, tiene la naturaleza de representaciones o figuras, de imágenes-mundanas de las percepciones del pensamiento que son, ellas mismas, imágenes, no encarnaciones de la Verdad misma, ni directamente reales ni auténticas. Estas figuras o representaciones son imperfectas y opacas, y llevan consigo su sombra de nesciencia o error; pues parecen negar o excluir otras verdades e incluso la verdad que expresan no adquiere su pleno valor: es un extremo o margen de ella que se proyecta en la forma y el resto es dejado en la invisible sombra o desfigurado o inciertamente visible. Como mucho podría decirse que ninguna afirmación mental de las cosas puede ser completamente verdad; no es Verdad encarnada, pura y desnuda, sino una figura adornada, --a menudo sólo resulta visible el adorno--. Pero esta característica no es aplicable a la verdad percibida por una acción directa de la conciencia o a la verdad del conocimiento por identidad; nuestra visión puede ser limitada pero, hasta donde se extiende, es auténtica, y la autenticidad es un primer paso hacia el absoluto: el error puede apegarse a una visión directa o idéntica de las cosas por un acrecentamiento mental, mediante una errónea o ilegitima extensión o por la mala interpretación mental, pero no entra en la sustancia. Esta auténtica o idéntica visión o experiencia de las cosas es la verdadera naturaleza del conocimiento y es auto-existente dentro del ser, aunque interpretada en nuestras mentes por una secundaria formación que es inauténtica y derivada. La ignorancia en su origen no tiene esta auto-existencia ni esta autenticidad; existe por una limitación, ausencia o suspensión de conocimiento, error por una desviación de la verdad, falsedad por una distorsión de la verdad o su contradicción y negación. Pero no puede decirse lo mismo del conocimiento que en su naturaleza misma sólo existe por una limitación, ausencia o suspensión de la ignorancia: ciertamente puede emerger en la mente humana parcialmente por un proceso de tal limitación o suspensión, por el retroceso de la oscuridad desde una parcial luz, o puede tener el aspecto de ignorancia que se vuelca hacia el conocimiento; pero de hecho, surge por un nacimiento independiente desde nuestras profundidades donde tiene una existencia innata.
Del bien y el mal puede decirse que uno existe por verdadera conciencia, el otro sobrevive sólo por equivocada conciencia: si hay una verdadera conciencia sin mezcla, sólo puede existir el bien; ya no está mezclado con el mal o formado en su presencia. Los valores humanos del bien y el mal, como los de la verdad y el error, son en verdad inciertos y relativos: lo que se sostiene en un lugar o tiempo como verdad, en otro lugar y tiempo se sostiene como error; lo que se considera bien, en otro lugar y en otros tiempos se considera mal. También descubrimos lo que llamamos malos resultados en el bien, y buenos resultados en el mal. Mas este adverso producto del bien produciendo mal se debe a la confusión y mezcla del conocimiento y la ignorancia, a la penetración de la verdadera conciencia por parte de la conciencia errónea, de modo que hay una ignorante y equivocada aplicación de nuestro bien, o se debe a la intervención de fuerzas aflictivas. En el caso opuesto del mal produciendo bien, el resultado más feliz y contradictorio se debe a la intervención de alguna conciencia y fuerza verdaderas que actúan detrás y a despecho de la errónea conciencia y la errónea voluntad o se debe a la intervención de fuerzas rectificadoras. Esta relatividad, esta mezcla es una circunstancia de la mentalidad humana y de las obras de la Fuerza Cósmica en la vida humana; no se trata de la verdad fundamental de bien y mal. Podría objetarse que el mal físico, tal como el dolor y la mayor parte del sufrimiento corporal, no depende del conocimiento y la ignorancia, de la conciencia correcta y errónea, que es inherente a la naturaleza física: pero, fundamentalmente, todo dolor y sufrimiento son el resultado de una insuficiente conciencia-fuerza en el ser superficial que lo hace incapaz de tratar correctamente con el yo y la Naturaleza o incapaz de asimilar y armonizarse con los contactos de la Energía universal; no existirían si en nosotros hubiese una presencia integral de la luminosa Conciencia y Fuerza Divina de un Ser integral. Por lo tanto, la relación de la verdad con la falsedad, del bien con el mal, no es una mutua dependencia, sino que está en la naturaleza de una contradicción como la de la luz y la sombra; la sombra depende de la luz para su existencia, pero la luz no depende, para su existencia, de la sombra. La relación entre el Absoluto y estos contrarios de algunos de sus aspectos fundamentales no es que sean aspectos fundamentales opuestos del Absoluto; la falsedad y el mal no son fundamentales, carecen de poder de infinitud o ser eterno, de auto-existencia incluso por latencia en el Auto-Existente, de autenticidad de una inherencia original.
Es sin duda un hecho que manifiesta a la vez verdad o bien, la concepción de la falsedad y el mal se torna una posibilidad; pues siempre que hay una afirmación su negación se torna concebible. Así como la manifestación de la existencia, la conciencia y el deleite hizo concebible la manifestación de la no-existencia, la inconciencia y la insensibilidad y, pues es concebible, por lo tanto lo es en un modo inevitable, pues todas las posibilidades pugnan hacia la concreción hasta que la alcanzan, de igual manera ocurre con estos contrarios de los aspectos de la Existencia Divina. Puede decirse sobre esto que estos opuestos, dado que deben ser perceptibles inmediatamente por la manifestadora Conciencia en el umbral mismo de la manifestación, pueden asumir el rango de absolutos implícitos y son inseparables de toda existencia cósmica. Pero primero debe notarse que ellos resultan posibles sólo en la manifestación cósmica; no pueden preexistir en el ser intemporal, pues son incompatibles con la unidad y bienaventuranza que son su sustancia. En el cosmos tampoco pueden llegar a ser salvo por una limitación de la verdad y el bien dentro de formas parciales y relativas y por interrupción de la unidad de la existencia y la conciencia dentro de la conciencia separativa y el ser separativo. Pues donde hay unidad y reciprocidad completa de la conciencia-fuerza incluso en la multiplicidad y diversidad, allí la verdad del auto-conocimiento y mutuo conocimiento es automática y el error de la auto-ignorancia y mutua ignorancia es imposible. De igual modo también, donde la verdad existe como un todo sobre una base de auto-consciente unidad, la falsedad no puede entrar y el mal es segregado por la exclusión de la conciencia errónea y la errónea voluntad y su dinamización de la falsedad y el error. Tan pronto entra la separación, estas cosas también pueden entrar; pero incluso esta simultaneidad no es inevitable. Si hay suficiente reciprocidad, incluso en la ausencia de un sentido activo de la unidad, y si los seres separados no incumplen o se desvían de sus normas de conocimiento limitado, la armonía y la verdad pueden aún ser soberanas y el mal no tiene puerta de acceso. No existe, por lo tanto, una auténtica extensión cósmica inevitable de la falsedad y el mal así como no existe un absoluto del mal o de la falsedad; son circunstancias o resultados que surgen sólo en una cierta etapa cuando la separatividad culmina en oposición y la ignorancia en una positiva inconciencia del conocimiento y una resultante conciencia errónea y conocimiento erróneo con su contenido de errónea voluntad, erróneo sentimiento, errónea acción y errónea reacción. La cuestión es en qué coyuntura de la manifestación cósmica entran los opuestos; pues eso puede ser en alguna etapa de la creciente involución de la conciencia en la mente y vida separativas o solo tras la inmersión en la inconciencia. Esto se resuelve en la cuestión de si la falsedad, el error, la equivocación y el mal existen originalmente en los planos mental y vital y son innatos de la mente y la vida o son sólo propios de la manifestación material pues los inflige en la mente y la vida la oscuridad que surge de la Inconciencia. Puede también cuestionarse si, en caso de existir en la mente y vida suprafísicas, serían allí originales e inevitables; pues más bien pueden haber entrado como una consecuencia o una extensión suprafísica de la manifestación material. O, si eso resulta insostenible, puede ser que surgieran como una habilitadora afirmación suprafísica en la Mente y la Vida universales, una necesidad precedente para su aparición en esa manifestación a la que pertenecen más naturalmente como un producto inevitable de la Inconciencia creadora.
Durante largo tiempo la mente humana sostuvo como un conocimiento tradicional que cuando trascendemos el plano material, se descubre que también estas cosas existen en los mundos de más allá de nosotros. En estos planos de la experiencia suprafísica hay poderes y formas de la mente y vida vitales que parecen fundamento prefísico de las discordantes, defectuosas o perversas formas o poderes de la mente-vital y de la vida que parecen ser la fundación pre-física de las formas discordantes, defectuosas o perversas y poderes de la mente-vital y de la fuerza-vital que hallamos en la existencia terrestre. Hay fuerzas, y la experiencia subliminal parece demostrar que hay seres suprafísicos corporizando aquellas fuerzas, que están apegados, en su naturaleza-raíz, a la ignorancia, a la oscuridad de la conciencia, al mal uso de la fuerza, a la perversidad del deleite, a todas las causas y consecuencias de las cosas que llamamos mal. Estos poderes, seres, o fuerzas están en actividad para imponer sus adversas construcciones sobre las criaturas terrestres; ávidas de mantener su reino en la manifestación, se oponen al incremento de la luz, la verdad y el bien y, aún más, son antagonistas del progreso del alma hacia una conciencia divina y una existencia divina. Esta es la característica existencial que vemos figurada en la tradición del conflicto entre los Poderes de la Luz y la Oscuridad, del Bien y el Mal, de la Armonía cósmica y de la Anarquía cósmica, una tradición universal en el antiguo mito y en la religión y común a todos los sistemas del conocimiento oculto.
La teoría de este conocimiento tradicional es perfectamente racional y verificable por la experiencia interior, y se impone si admitimos lo suprafísico y no nos constreñimos a la aceptación del ser material como la única realidad. Así como hay un Yo y Espíritu cósmicos que penetran y sostienen el universo y sus seres, de igual manera también hay una Fuerza cósmica que mueve todas las cosas y en esta original Fuerza cósmica dependen y actúan muchas Fuerzas cósmicas, que son sus poderes o surgen como formas de su acción universal. Cualquier cosa que se formule en el universo tiene una Fuerza o Fuerzas que la sostienen, buscan realizarla o fomentarla, descubren su fundamento en su funcionamiento, su probabilidad de éxito en su éxito, en su crecimiento y en su perseverancia, su auto-realización o su prolongación del ser en su victoria o supervivencia. Así como hay Poderes del Conocimiento o Fuerzas de la Luz, de igual manera hay Poderes de la Ignorancia y tenebrosas Fuerzas de la Oscuridad que trabajan para prolongar el reino de la Ignorancia y la Inconciencia. Así como hay Fuerzas de la Verdad, de igual manera hay Fuerzas que viven por la Falsedad y la sostienen y trabajan en pos de su victoria; así como hay poderes cuya vida está íntimamente ligada a la existencia, la idea y el impulso del Bien, de igual manera hay Fuerzas cuya vida está ligada a la existencia, la idea y el impulso del Mal. Todo ello es esta verdad de lo cósmico Invisible que estaba simbolizada en la antigua creencia de una lucha entre los poderes de la Luz y la Oscuridad, del Bien y del Mal por la posesión del mundo y el gobierno de la vida humana; --éste fue el significado de la contienda entre los Dioses Védicos y sus oponentes, hijos de la Oscuridad y la División, figurados en una tradición posterior como Titán, Gigante y Demonio, Asura, Rakshasa, Pisacha--; la misma tradición se halla en el Doble Principio Zoroastriano y la posterior oposición semítica de Dios y sus ángeles por un lado y de Satán y sus huestes por el otro, --Personalidades y Poderes invisibles que atraen al hombre hacia la Luz, la Verdad y el Bien divinos o lo tientan hacia la sujeción al principio no-divino de la Oscuridad, la Falsedad y el Mal--. El pensamiento moderno no admite otras fuerzas invisibles que aquellas reveladas o elaboradas por la Ciencia; no cree que la Naturaleza sea capaz de crear otros seres que aquellos que nos rodean en el mundo físico: hombres, bestias, pájaros, reptiles, peces, insectos, gérmenes y animalillos. Pero si hay cósmicas e invisibles fuerzas físicas en su naturaleza que actúan sobre el cuerpo de objetos inanimados, no hay razón válida de por qué no ha de haber cósmicas e invisibles fuerzas mentales y vitales en su naturaleza que actúen sobre su mente y su fuerza vital. Y si la Mente y la Vida, fuerzas impersonales, forman seres conscientes o usan personas para corporizarlas en formas físicas y en un mundo físico y pueden actuar sobre la Materia y a través de la Materia, no resulta imposible que en sus propios planos hayan de formar seres conscientes cuya sustancia más sutil sea invisible para nosotros o que hayan de ser capaces de actuar desde aquellos planos sobre los seres de la Naturaleza física. Cualquiera que sea la realidad o mítica irrealidad que podamos adscribir a las tradicionales figuras de la creencia o experiencia pasadas humanas, serían entonces representaciones de cosas que son verdaderas en principio. En ese caso, la fuente primera del bien y del mal no estaría en la vida terrestre ni en la evolución de la Inconciencia, sino en la Vida misma, su fuente sería suprafísica y bien y mal ,así como otros opuestos, se reflejarían aquí desde una mayor Naturaleza suprafísica.
Es cierto que cuando nos sumimos muy profundamente en nosotros mismos lejos de la apariencia superficial, descubrimos que la mente, el corazón y el ser sensitivo del hombre se mueven mediante fuerzas que no están bajo su control y que él puede llegar a ser un instrumento en manos de Energías de carácter cósmico sin conocer el origen de sus acciones. Es retrotrayéndose de la superficie física dentro de su ser interior y conciencia subliminal que toma conciencia directamente de ellas, y es capaz de conocer directamente y tratar con su acción sobre él. Va tomando conciencia de intervenciones que procuran guiarlo en una dirección u otra, de sugestiones e impulsos que se disfrazaron de movimientos originales de su propia mente y contra los cuales tuvo que luchar. Puede advertir que no es una criatura consciente inexplicablemente producida, en un mundo inconsciente, desde una simiente de la Materia inconsciente y desplazándose en una obscura auto-ignorancia, sino un alma corporizada a través de cuya acción la Naturaleza cósmica procura realizarse, el motivo viviente de un vasto debate entre una oscuridad de la Ignorancia de la cual emerge aquí, y una luz del Conocimiento que crece hacia arriba en pos de una culminación imprevista. Las Fuerzas que procuran moverlo, y entre ellas las Fuerzas del bien y el mal, se presentan como poderes de la Naturaleza universal; pero parecen pertenecer no sólo al universo físico, sino también a los planos de la Vida y la Mente más allá de él. Lo primero que podemos notar de importancia sobre el problema que nos preocupa es que estas Fuerzas en su acción parecen a menudo sobrepasar las medidas de la relatividad humana; son en mayor acción superhumanas, divinas, titánicas o demoníacas, pero pueden crear sus formaciones en él en grande o en pequeño, en su grandeza o en su pequeñez, pueden capturarlo y conducirlo por momentos o por períodos, pueden influir sus impulsos o sus actos o poseer su naturaleza toda. Si esa posesión tiene lugar, puede verse impulsado a un exceso de normal humanidad de bien o mal; el mal en especial tiene formas chocantes para el principio de humana mesura, que trascienden los límites de la personalidad humana, y se aproximan a lo gigantesco, a lo excesivo, a lo inconmensurable. Puede entonces cuestionarse si no es un error negar carácter absoluto al mal; pues así como hay un impulso, una aspiración, un anhelo en el hombre hacia una verdad, bien y belleza absolutos, de igual modo estos movimientos --al igual que las trascendentes intensidades alcanzables por el dolor y el sufrimiento-- parecen indicar el intento de auto-realización de un mal absoluto. Pero lo inconmensurable no es un signo de lo absoluto; pues lo absoluto no es en sí una cosa de magnitud; está más allá de la medida, no en el solo sentido de la vastedad, sino en la libertad de su ser esencial; puede manifestarse en lo infinitesimal, al igual que en el infinito. Es cierto que cuando pasamos de lo mental a lo espiritual, --y éste es un pasaje hacia lo absoluto--, una sutil amplitud, y una creciente intensidad de luz, de poder de paz y de éxtasis marcan nuestra salida de nuestras limitaciones: pero esto es al principio sólo un signo de libertad, de altura, de universalidad, todavía no de un absoluto interior de la auto-existencia que es la esencia de la materia. A este absoluto el dolor y el mal no lo pueden alcanzar; están ligados a la limitación y son derivados. Si el dolor se torna inconmensurable, se termina o concluye aquello en lo que se manifiesta, o cae en la insensibilidad o, en raras circunstancias, puede convertirse en un éxtasis de Ananda. Si el mal deviniese único e inconmensurable, destruiría el mundo o destruiría lo que lo lleva y sostiene; devolvería tanto las cosas como a sí mismo, por desintegración, a la no-existencia. Sin duda, los Poderes que sostienen la oscuridad y el mal tienden, por la magnitud de su auto-agrandamiento, a alcanzar una apariencia de infinitud, pero la inmensidad es todo lo que ellos pueden alcanzar y no la infinitud; o, a lo más, son capaces de representar su elemento como una suerte de abismal infinito conmensurado con el Inconsciente, pero es un falso infinito. La auto-existencia, en esencia o por una eterna inherencia al Auto-Existente, es la condición de lo absoluto: el error, la falsedad y el mal son poderes cósmicos, pero relativos en su naturaleza no absolutos, dado que dependen para la existencia de la perversión o contradicción de sus opuestos y no son, como la verdad y el bien, absolutos auto-existentes, aspectos inherentes del Auto-existente supremo.
Un segundo punto en cuestión emerge de la evidencia dada por la existencia suprafísica y prefísica de estos oscuros opuestos: pues eso sugiere que pueden, después de todo, ser originales principios cósmicos. Pero es de notar que su apariencia no se extiende más arriba que los inferiores planos-vitales suprafísicos; son “poderes del Príncipe del Aire”, --el aire es en el antiguo simbolismo el principio de la vida y, por lo tanto, de los mundos-medios en los que el principio vital es predominante y esencial--. Los opuestos adversos no son, entonces, poderes primarios del cosmos, sino creaciones de la Vida o de la Mente en la vida. Sus aspectos e influencias suprafísicas en la naturaleza-terrena pueden explicarse por la coexistencia de mundos de una descendente involución con mundos paralelos de una evolución ascendente, no precisamente creada por la existencia-terrestre, sino creada como un anexo para el orden-mundial descendente y un soporte preparado para las evolutivas formaciones terrestres; aquí puede aparecer el mal, no como inherente a toda la vida, sino como una posibilidad y una preformación que hace inevitable su formación en el emerger evolutivo de la conciencia desde el Inconsciente. Sin embargo esto puede ser, es como un resultado de la Inconciencia por él que podemos observar y entender mejor el origen de la falsedad, del error, de la equivocación y del mal, pues es en el retorno de la Inconciencia hacia la Conciencia que pueden verse tomando su formación y es allí que parecen ser normales e incluso inevitables.
El primer emerger del Inconsciente es la Materia, y en la Materia parecería que la falsedad y el mal no pueden existir, porque ambos son creados por una conciencia superficial dividida e ignorante y por sus reacciones. No existe tal activa organización superficial de la conciencia, ni tales reacciones en las fuerzas u objetos materiales: cualquiera que sea la secreta conciencia inmanente que pueda haber en ellos parece ser una sola, indiferenciada, muda: inertemente inherente e intrínseca a la Energía que constituye el objeto, efectiviza y mantiene la forma mediante la silente Idea oculta en ella, pues, de otro modo es auto-arrebato en la forma de la energía que la ha creado, no-comunicante, e inexpresiva. Incluso si se diferencia de acuerdo con la forma de la Materia en una correspondiente forma del auto-ser rupam rupam pratirupo babhuva, no hay organización psicológica ni sistema de acciones o reacciones conscientes. Es sólo mediante el contacto con seres conscientes que los objetos materiales ejercen poderes o influencias que pueden llamarse buenas o malas: pero ese bien o mal está determinado por la sensación de ayuda o perjuicio por parte de los seres con que se toma contacto, de beneficio o daño por parte de ellos; estos valores no pertenecen al objeto material sino a alguna Fuerza que lo usa o son creados por la conciencia que entra en contacto con él. El fuego calienta al hombre o lo quema, pero todo depende de su uso involuntario o a sabiendas; una hierba medicinal cura o un veneno mata, mas el valor del bien o del mal se pone en acción a través de quien lo emplea: ha de notarse también que un veneno tanto puede curar como matar, una medicina mata o daña al igual que cura o beneficia. El mundo de la pura Materia es neutro, irresponsable; estos valores en los que persiste el ser humano no existen en la Naturaleza material: así como una Naturaleza superior trasciende la dualidad de bien y mal, de igual modo esta Naturaleza inferior cae debajo de ella. La cuestión puede empezar a asumir un aspecto diferente si vamos detrás del conocimiento físico y aceptamos las conclusiones de una indagación oculta, --pues aquí se nos dijo que hay influencias conscientes que se apegan a los objetos y éstos pueden ser buenos o malos--; pero también puede sostenerse que esto no afecta la neutralidad del objeto, que no actúa mediante una conciencia individualizada sino sólo en la medida en que es utilizado para el bien o para el mal o para ambos juntos: la dualidad del bien y el mal no es innata del principio material, está ausente del mundo de la Materia.
La dualidad empieza con la vida consciente y emerge plenamente con el desarrollo de la mente en la vida; la mente vital, la mente del deseo y la sensación, es la creadora del sentido del mal y del hecho del mal. Es más, en la vida animal, el hecho del mal está allí, el mal del sufrimiento y el sentido del sufrimiento, el mal de la violencia y la crueldad, la lucha y la decepción, pero el sentido del mal moral está ausente; en la vida animal no hay dualidad de pecado o virtud, toda acción es neutra y permisible para la preservación de la vida y su mantenimiento y para la satisfacción de los instintos-vitales. Los valores sensorios del bien y el mal son inherentes a la forma del dolor y del placer, de la satisfacción vital y de la frustración vital, pero la idea mental y la respuesta moral de la mente a estos valores son una creación del ser humano. No se colige, como podría apresuradamente inferirse, que sean irrealidades, sólo construcciones mentales, y que el único modo verdadero de recibir las actividades de la Naturaleza sea una neutra indiferencia o una equitativa aceptación o, intelectualmente, una admisión de todo lo que pueda ella hacer como ley divina o natural en la que todo resulta imparcialmente admisible. Ése es ciertamente un solo lado de la verdad: hay una verdad infra-racional de la Vida y la Materia que es imparcial y neutra, y admite todas las cosas como hechos de la Naturaleza y útiles para la creación, preservación o destrucción de la vida, tres movimientos necesarios de la Energía universal que son conexamente indispensables y, cada cual en su sitio, de igual valor. Hay también una verdad de la separada razón que puede considerar todo lo así admitido por la Naturaleza como útil para sus procesos en la vida y la materia, y observar todo cuanto existe con inconmovible y neutra imparcialidad y aceptación: ésta es una razón filosófica y científica que testimonia y procura entender pero considera fútiles las actividades de la Energía cósmica. Hay también una verdad supra-racional que se formula en la experiencia espiritual que puede observar el juego de la posibilidad universal, aceptar todo imparcialmente como las características y consecuencias verdaderas y naturales de un mundo de ignorancia e inconciencia, o admitir todo con calma y compasión como parte de la obra divina, pero mientras espera el despertar de una conciencia y conocimiento superiores como único escape de lo que se le presente como mal, está lista con la ayuda e intervención donde verdaderamente eso resulta útil y posible. Pero, no obstante, está también esta otra verdad media de la conciencia que nos despierta a los valores del bien y el mal, y a la apreciación de su necesidad e importancia; este despertar, cualquiera que sea la sanción o la validez de sus juicios particulares, es uno de los pasos indispensables en el proceso de la Naturaleza evolutiva.
¿Pero de dónde procede, entonces, este despertar? ¿Qué es lo que en el ser humano origina y da su poder y lugar al sentido del bien y del mal? Si consideramos solamente el proceso, podemos estar de acuerdo en que es la mente vital la que hace la distinción. Su primera evaluación es sensoria e individual, --todo cuanto es agradable, útil, beneficioso para el ego-vital es bueno, todo cuanto es desagradable, maligno, injurioso o destructivo es malo--. Su evaluación siguiente es utilitaria y social: todo lo que se considera útil para la vida asociada, todo lo que reclama del individuo a fin de quedar en asociación y regular la asociación para el mejor mantenimiento, satisfacción, evolución, buen orden de la vida asociada y sus unidades, es bueno; todo cuanto tiene en la visión de la sociedad un efecto o tendencia contrarios es malo. Pero la mente pensante llega entonces con sus propias evaluaciones y pugna por descubrir desde una base intelectual, una idea de la ley o principio, racional o cósmico, una ley del Karma tal vez o un sistema ético fundado en la razón o en una base estética, emocional o hedonista. La religión trae consigo sus sanciones; hay una palabra o ley de Dios que prescribe la rectitud aunque la Naturaleza permita o estimule lo contrario, --o tal vez la Verdad y la Rectitud son ellas mismas Dios y no hay otra Divinidad--. Pero, detrás de toda esta convalidación práctica o racional del humano instinto ético hay un sentimiento que es algo más profundo: todas estas normas son demasiado estrictas y rigurosas o complejas y confusas, inciertas, sujetas a la alteración por cambio o evolución mental o vital; empero se siente que hay una más profunda verdad inmanente y algo dentro de nosotros que puede tener la intuición de esa verdad, --en otras palabras, que la sanción real es interior, espiritual y psíquica--. La designación tradicional de este testigo interior es conciencia, un poder de percepción en nosotros semi-mental, semi-intuitivo; pero éste es algo superficial, elaborado, no-confiable: hay en verdad dentro de nosotros, aunque menos fácilmente activo, más enmascarado por los elementos superficiales, un más profundo sentido espiritual, el discernimiento del alma, una innata luz dentro de nuestra naturaleza.
¿Cuál es entonces este testigo espiritual o psíquico o cuál es para él el valor del sentido del bien y del mal? Puede sostenerse que el único uso del sentido del pecado y el mal es que el ser corporizado puede tomar conciencia de la naturaleza de este mundo de inconciencia e ignorancia, despertar a un conocimiento de su mal y sufrimiento y a la naturaleza relativa de su bien y felicidad y apartarse de ello hacia lo que es absoluto. O puede que su uso espiritual consista en purificar la naturaleza mediante la persecución del bien y la negación del mal hasta que esté listo para percibir el bien supremo y apartarse del mundo en pos de Dios, o, como en la insistente ética budista, puede servir para preparar la disolución del ignorante ego-complejo y el escape de la personalidad y el sufrimiento. Pero también puede ser que este despertar sea una necesidad espiritual de la evolución misma, un paso hacia el crecimiento del ser desde la Ignorancia hasta la verdad de la unidad divina y la evolución de una conciencia divina y un ser divino. Pues mucho más que la mente o la vida que pueden volverse hacia el bien o el mal, está la personalidad-anímica, el ser psíquico, que insiste en la distinción, aunque en un mayor sentido que el de la mera diferencia moral. Es el alma en nosotros que se vuelve siempre hacia la Verdad, el Bien y la Belleza, porque es por estas cosas que crece de estatura; el resto, sus opuestos, son parte necesaria de la experiencia, pero han de decrecer con el crecimiento espiritual del ser. La fundamental entidad psíquica en nosotros tiene el deleite de la vida y toda la experiencia como parte de la progresiva manifestación del espíritu, mas el principio mismo de su deleite vital es reunir a partir de todos los contactos y sucesos su divino sentido y esencia secretos, un uso y propósito divinos de modo que, por experiencia, nuestra mente y nuestra vida crezcan desde la Inconciencia hacia una conciencia suprema, desde las divisiones de la Ignorancia hacia una conciencia y conocimiento integradores. Está allí para eso y persigue de una vida a otra su siempre-creciente tendencia e insistencia hacia arriba; el crecimiento del alma es un crecimiento desde la oscuridad hacia la luz, desde la falsedad hacia la verdad, desde el sufrimiento hacia su propio Ananda supremo y universal. La percepción anímica del bien y el mal puede no coincidir con las normas artificiales de la mente, sino que tiene un sentido más profundo, una segura discriminación entre lo que apunta a la Luz superior y lo que apunta fuera de ella. Es verdad que así como la luz inferior está debajo del bien y el mal, de igual manera la luz espiritual superior está más allá del bien y del mal; más esto no es en el sentido de admitir todas las cosas con una neutralidad imparcial o de obedecer igualmente los impulsos del bien y el mal, sino en el sentido de que interviene una ley superior del ser en la que ya no hay lugar ni utilidad para estos valores. Hay una auto-ley de la Verdad suprema que está por encima de todas las normas; hay un Bien supremo y universal, inherente, intrínseco, auto-existente, auto-consciente, auto-movido y determinado, infinitamente plástico con la pura plasticidad de la luminosa conciencia del supremo Infinito.
Entonces, si el mal y la falsedad son productos naturales de la Inconciencia, resultados automáticos de la evolución vital y mental de ella en el proceso de la Ignorancia, hemos de ver cómo surgen, de qué dependen para su existencia y cuál es el remedio o escape. En el emerger superficial de la conciencia mental y vital desde la Inconciencia ha de hallarse el proceso por el cual estos fenómenos llegan a ser. Aquí también hay dos factores determinantes, --y éstos son la causa eficiente del emerger simultáneo de la falsedad y el mal--. Primero, hay una conciencia subyacente y aún oculta y un poder del conocimiento inherente y hay también un sobreyacente estrato de lo que podría llamarse indeterminada o mal-formada materia de la conciencia vital y física; a través de este oscuro y difícil medio la mentalidad que emerge tiene que forzar su camino e imponerse en él mediante un conocimiento elaborado y no ya inherente, pues esta materia está aún llena de nesciencia, pesadamente agobiada y envuelta con la inconciencia de la Materia. Luego, el emerger tiene lugar en una separada forma de la vida que ha de afirmarse contra un principio de inanimada inercia material y un constante tironeo de esa inercia material hacia la desintegración y una recaída en la inanimada Inconciencia original. Esta separada forma-vital tiene también que afirmarse, sostenerse sólo mediante un limitado principio de asociación, contra un mundo externo que es, si no hostil a su existencia, con todo lleno de peligros y sobre los que ha de imponerse, conquistar espacio-vital, arribar a la expresión y propagación, si desea sobrevivir. El resultado de un emerger de la conciencia en estas condiciones es el crecimiento de un auto-afirmante individuo vital y físico, una construcción de la Naturaleza de la vida y la materia con un oculto individuo verdadero, psíquico o espiritual, detrás de ella, para el que la Naturaleza crea este medio eterno de expresión. En la medida en que crece la mentalidad, este individuo vital y material toma la forma más desarrollada de un constantemente auto-afirmante ego mental, vital y físico. Nuestra conciencia superficial y tipo de existencia, nuestro ser natural ha desarrollado su carácter actual bajo la compulsión de estos dos hechos iniciales y básicos del emerger evolutivo.
En su primera apariencia la conciencia tiene la apariencia de un milagro, de un poder ajeno a la Materia que se manifiesta inexplicablemente en un mundo de naturaleza inconsciente, y crece lentamente y con dificultad. El conocimiento es adquirido, creado a partir de nada, aprendido, incrementado, acumulado por una efímera criatura ignorante en la que, al nacer, está enteramente ausente o presente solamente, no como conocimiento, sino en la forma de una heredada capacidad propia de la etapa de desarrollo de esta ignorancia que aprende lentamente. Podría conjeturarse que la conciencia es sólo la Inconciencia original que registra mecánicamente los hechos de la existencia en las células cerebrales con un reflejo o respuesta en las células que automáticamente leen el registro y dictan su respuesta; el registro, reflejo y respuesta juntos constituyen lo que se presenta como conciencia. Pero esto evidentemente no es la verdad toda, pues tal concepto de la conciencia podría valer para la observación y la acción mecánica, --aunque no resulta claro cómo un registro y una respuesta inconscientes pueden tornarse una observación consciente, un sentido consciente de las cosas y sensitivo del yo--, mas no puede tenerse en cuenta de manera creíble para la ideación, imaginación, especulación, el libre juego del intelecto con su material observado. La evolución de la conciencia y el conocimiento no pueden ser consideradas para las funciones citadas, a menos que haya ya una conciencia oculta en las cosas con sus inherentes e innatos poderes emergiendo poco a poco. Además, los hechos de la vida animal y las operaciones de la mente que emerge en la vida nos imponen la conclusión de que hay, en esta conciencia oculta, un Conocimiento o poder subyacente del conocimiento que llega a la superficie por la necesidad de los contactos-vitales con el entorno.
El individual ser animal en su primera auto-afirmación consciente ha de confiar en dos fuentes de conocimiento. Así como es nesciente y desamparado, una muy pequeña porción de desinformada conciencia superficial en un mundo desconocido para él, la secreta Fuerza-Consciente envía para él, a esta superficie, el mínimo de intuición necesaria para mantener su existencia y llevar a cabo las operaciones indispensables para la vida y la supervivencia. Esta intuición no es poseída por el animal, sino que lo posee y lo mueve; es algo que manifiesta de sí en el meollo de la sustancia vital y física de la conciencia bajo la presión de una necesidad y para la ocasión necesaria: pero al mismo tiempo un resultado superficial de esta intuición acumula y toma la forma de un instinto automático que trabaja en cualquier ocasión en que a ella se recurra; este instinto pertenece a la raza y es acordado al nacer a sus miembros individuales. La intuición, cuando ocurre o recurre, es infalible; el instinto es automáticamente acertado como una regla general, pero puede equivocarse, pues falla o yerra cuando la conciencia superficial o una mal desarrollada inteligencia interfiere o si el instinto continúa actuando mecánicamente cuando, debido la modificadas circunstancias, la necesidad o las circunstancias apremiantes ya no existen. La segunda fuente del conocimiento es el contacto superficial con el mundo fuera del natural ser individual; es este contacto él que es la primera causa de una consciente sensación y percepción-sensoria y, por ende, de inteligencia. Si no hubiese una conciencia subyacente, el contacto no crearía ninguna percepción ni reacción; eso se debe a que el contacto estimula, en un sentimiento y una respuesta superficial, lo subliminal de un ser ya vitalizado por el principio-vital subconsciente y sus necesidades primarías y que busca que una conciencia superficial empiece a formarse y desarrollarse. Intrínsecamente, el emerger de una conciencia superficial por fuerza de los contactos vitales se debe al hecho de que tanto el sujeto como el objeto del contacto por la fuerza-consciente ya existen en la latencia subliminal: cuando el principio-vital está listo, suficientemente sensitivo en el sujeto, la receptora del contacto, esta conciencia subliminal, emerge en una respuesta al estímulo que empieza a constituir una mente vital o viva, la mente del animal, y entonces, en el curso de la evolución, una inteligencia pensante. La conciencia secreta se traduce en la sensación y percepción superficiales, la fuerza secreta hace lo propio en el impulso superficial.
Si esta subyacente conciencia subliminal pasase a la superficie se produciría un encuentro directo entre la conciencia del sujeto y el contenido del objeto y el resultado sería un conocimiento directo; pero esto no es posible, primero, debido al veto u obstrucción de la Inconciencia y, segundo, debido a que la intención evolutiva consiste en desarrollarse lentamente a través de una imperfecta pero creciente conciencia superficial. Por lo tanto, la secreta conciencia-fuerza ha de limitarse a traducirse imperfectamente en unas superficiales vibración y operación vitales y mentales y está forzada por la ausencia, retroceso o insuficiencia de la conciencia directa para desarrollar órganos e instintos para un conocimiento indirecto. Esta creación de un conocimiento e inteligencia externos tiene lugar en una ya preparada estructura consciente indeterminada que es la más primitiva formación sobre la superficie. Al principio, esta estructura es sólo una formación mínima de la conciencia con una vaga percepción sensoria y un impulso-de-respuesta; pero en la medida en que aparecen más organizadas formas de vida, esto crece en una mente-vital y una inteligencia vital grandemente mecánicas y automáticas al principio y contraídas sólo a necesidades prácticas, deseos e impulsos. Toda esta actividad es, en su inicio, intuitiva e instintiva; la conciencia subyacente se traduce en el substratum superficial en movimientos automáticos de la materia consciente de la vida y el cuerpo: los movimientos mentales, cuando aparecen, están envueltos en estos automatismos, se producen como una notación mental subordinada dentro de la predominante notación-sensoria vital. Pero lentamente la mente inicia su tarea de liberarse; aún trabaja para el instinto-vital, la necesidad-vital y el deseo vital, pero emergen sus propias características especiales: observación, invención, recursos, intención, ejecución de propósitos, mientras la sensación y el impulso les añaden la emoción y aportan un más sutil y fino impulso y valor afectivos a la cruda reacción vital. La mente está todavía muy envuelta en la vida y sus supremas operaciones puramente mentales no son evidentes; acepta todavía un vasto fondo de instinto y vital intuición como su sostén, y la inteligencia desarrollada, aunque creciendo siempre tal como el animal asciende en la escala-vital, es una superestructura añadida.
Cuando la inteligencia humana se suma a la base animal, esta base aún sigue presente y activa, pero cambiada en gran medida, sutilizada y elevada por la voluntad e intención conscientes; la vida automática del instinto y la intuición vital disminuyen y no pueden mantener su original proporción predominante en la auto-consciente inteligencia mental. La intuición se torna menos puramente intuitiva: aunque todavía hay una fuerte intuición vital, su carácter vital está oculto por la mentalización, y la intuición mental es con mayor frecuencia una mezcla, no el artículo puro, pues se le añade una aleación para tornarla mentalmente fluida y útil. En el animal, la conciencia superficial también puede obstruir o alterar la intuición pero, debido a que su capacidad es menor, interfiere menos con la automática, mecánica e instintiva acción de la Naturaleza: en el hombre mental, cuando la intuición surge hacia la superficie, es atrapada de inmediato antes que llegue y es traducida en términos de inteligencia-mental con una glosa o interpretación mental añadida que oculta el origen del conocimiento. El instinto es también privado de su carácter intuitivo al ser asumido y mentalizado, y mediante ese cambio se torna menos seguro, aunque más asistido, cuando no reemplazado, por el plástico poder de adaptación de las cosas y auto-adaptación propia de la inteligencia. El emerger de la mente en la vida trae un inmenso incremento del alcance y capacidad de la evolutiva conciencia-fuerza; pero también trae un inmenso incremento en el alcance y capacidad del error. Pues la mente evolutiva remolca constantemente al error como si fuese su sombra, una sombra que se desarrolla con el creciente cuerpo de la conciencia y el conocimiento.
Si en la evolución la mente superficial estuviese siempre abierta a la acción de la intuición, no sería posible la intervención del error. Pues la intuición es un hilo de luz lanzado por la supermente secreta, y la consecuencia sería una verdad-conciencia que emerge, aunque limitada, pero segura en su acción. El instinto, si ha de formarse, sería plástico para la intuición y se adaptaría libremente al cambio evolutivo y al cambio de la circunstancia interior o ambiental. La inteligencia, si ha de formarse, se supeditaría a la intuición y sería su expresión mental precisa; su brillantez tal vez se modularía para adaptarse a una acción disminuida sirviendo como una función y movimiento menores, no como ahora, que son mayores, pero eso no sería inconstante por la desviación, no caería por sus partes de siniestra oscuridad en lo falso o falible. Pero esto no podría ser, porque el aferrarse de la Inconciencia a la Materia, a la sustancia superficial, en la que la mente y la vida han de expresarse, torna a la conciencia superficial obscura y no-responsiva a la luz interior; está impelida aún más a conservar este defecto, a sustituir cada vez más sus incompletas pero mejor captadas claridades propias por las incontables intimaciones interiores, porque un rápido desarrollo de la verdad-conciencia no es la intención de la Naturaleza. Pues el método escogido por ella es una evolución lenta y difícil de la Inconciencia que se desarrolla en la Ignorancia, y de la Ignorancia que se forma en un conocimiento mixto, modificado y parcial antes que pueda estar lista para la transformación en una verdad-conciencia y verdad-conocimiento superiores. Nuestra imperfecta inteligencia mental es una etapa necesaria de transición antes que pueda ser posible esta transformación superior.
En la práctica hay dos polos del ser consciente entre los cuales trabaja el proceso evolutivo, uno, una nesciencia superficial que tiene que cambiar gradualmente en conocimiento, el otro, una secreta Conciencia-Fuerza en la que está todo poder del conocimiento y que ha de manifestarse lentamente en la nesciencia. La nesciencia superficial plena de incomprehensión e inaprehensión puede cambiar en conocimiento porque la conciencia está allí envuelta en ella; si fuese intrínsecamente una entera ausencia de conciencia, el cambio sería imposible: pero aún funciona como una inconciencia que procura ser consciente; al principio es una nesciencia compelida por la necesidad e impacto externo del sentimiento y respuesta, y luego una ignorancia que se afana por conocer. El medio usado es un contacto con el mundo y sus fuerzas y objetos que, como el restregar de la yesca, crea una chispa de conciencia; la respuesta desde el interior es esa chispa que brota hacia la manifestación. Pero la nesciencia superficial, al recibir una respuesta desde una fuente subyacente del conocimiento, la somete y la cambia en algo oscuro e incompleto; hay una imperfecta captación o falsa impresión de la intuición que responde al contacto: empero, mediante este proceso empieza una iniciación de conciencia responsiva, una primera acumulación de inveterado o habitual conocimiento instintivo, y sobre eso sigue primero una primitiva y luego una desarrollada capacidad de conciencia receptiva, entendimiento, respuesta de acción, iniciación previsora de acción, --una conciencia evolutiva que es semi-conocimiento, semi-ignorancia--. Todo eso que es desconocido se encuentra sobre la base de lo que es conocido; pero como este conocimiento es imperfecto, como recibe imperfectamente y responde imperfectamente a los contactos de las cosas, puede haber una falsa impresión de los nuevos contactos al igual que una falsa impresión o deformación de la respuesta intuitiva, una doble fuente de error.
En estas condiciones resulta evidente que el Error es compañía necesaria, casi condición e instrumentación necesarias, un paso o etapa indispensables en la lenta evolución en pos del conocimiento en una conciencia que empieza desde la nesciencia y trabaja en la materia de una nesciencia general. La conciencia evolutiva ha de adquirir conocimiento por un medio indirecto que ni siquiera da una certeza fragmentaria; pues al principio sólo hay una figura o signo, una imagen o una vibración de carácter físico, creada por contacto con el objeto y una resultante sensación vital que ha de ser interpretada por la mente y el sentido y devuelta en una correspondiente idea o figura mentales. Las cosas así experimentadas y mentalmente conocidas han de relacionarse juntas; las cosas desconocidas han de ser observadas, descubiertas, adaptadas a la ya adquirida suma de experiencia y conocimiento. A cada paso se presentan diferentes posibilidades de hecho, significación, juicio, interpretación, relación; algunas han de comprobarse y rechazarse, otras, aceptarse y confirmarse: excluir el error es imposible sin limitar las posibilidades de adquisición de conocimiento. La observación es el primer instrumento de la mente, pero la observación misma es un complejo proceso abierto a cada paso a los errores de la ignorante conciencia observadora; la mala impresión del hecho por los sentidos y la mente-sensoria, la omisión, la selección y acoplamiento equivocados, los añadidos inconscientes efectuados por una impresión personal o una reacción personal, crean un cuadro compuesto falso e imperfecto; a estos errores se suman los errores de inferencia, juicio e interpretación de los hechos por la inteligencia: cuando ni siquiera los datos son seguros o perfectos, las conclusiones elaboradas sobre ellos deben también ser inseguras e imperfectas.
La conciencia en su adquisición de conocimiento parte de lo conocido a lo desconocido; construye una estructura de experiencia adquirida, de recuerdos, impresiones y juicios, un compuesto plan mental de las cosas que pertenece a la naturaleza de una movediza y siempre modificable fijación. En la recepción del nuevo conocimiento, lo que llega para ser recibido es juzgado a la luz del conocimiento pasado y adaptado a la estructura; si no puede adaptarse apropiadamente, es acoplado de cualquier modo o rechazado: pero el conocimiento existente y sus estructuras o normas pueden no aplicarse al nuevo objeto o nuevo campo del conocimiento, la adaptación puede ser una mala adaptación o el rechazo puede ser una respuesta errónea. A la mala impresión y a la equivocada interpretación de los hechos, se añade mala aplicación del conocimiento, mala combinación, mala construcción, mala representación, una complicada maquinaria del error mental. En toda esta ilusionada oscuridad de nuestras partes mentales trabaja una intuición secreta, un-impulso-de-la-verdad que corrige o apremia a la inteligencia para que corrija lo que es erróneo, para que se afane en pos de un cuadro verdadero de las cosas y un verdadero conocimiento interpretativo. Pero la intuición misma está limitada en la mente humana por la mala impresión mental de sus intimaciones y es incapaz de actuar por sus propios fueros; pues si se tratase de intuición física, vital o mental, ha de presentarse a fin de ser recibida, no desnuda y pura, sino ataviada con una cobertura mental o enteramente envuelta en una amplia vestidura mental; disfrazada de ese modo, su naturaleza verdadera no puede reconocerse ni entenderse su relación con la mente y su oficio, y su modo de trabajar es ignorado por la apresurada y semi-consciente inteligencia humana. Hay intuiciones de realidad, de posibilidad, de la determinante verdad detrás de las cosas, pero la mente las confunde a todas una con otra. El carácter del conocimiento humano es una gran confusión de material semi-captado y con el que se ensaya una construcción experimental, una representación o estructura mental de la figura del yo y las cosas, rígidas y caóticas, semi-formadas y dispuestas medio-revueltas, semi-verdaderas y semi-erróneas, mas siempre imperfectas.
El error por sí mismo, sin embargo, no importaría para la falsedad; sería sólo una imperfección de la verdad, una prueba, un ensayo de posibilidades: pues cuando no sabemos, han de admitirse posibilidades no probadas e inciertas y, aunque como resultado se construya una imperfecta o inapropiada estructura del pensamiento, con todo, puede justificarse abriéndose al nuevo pensamiento en inesperadas direcciones y su disolución y reconstrucción o el descubrimiento de alguna verdad que ocultó podría aumentar nuestra cognición o nuestra experiencia. A pesar de la mezcla creada, el crecimiento de la conciencia, la inteligencia y la razón podrían arribar, a través de esta verdad mixta, a una más clara y verdadera figura del auto-conocimiento y el conocimiento-del-mundo. La obstrucción de la inconciencia original y envolvente disminuiría, y una creciente conciencia mental alcanzaría una claridad y totalidad que capacitaría a los ocultos poderes del conocimiento directo y del proceso intuitivo para emerger, utilizaría los preparados e iluminados instrumentos y haría de la inteligencia-mental su verdadero agente y constructor-de-la-verdad en la superficie evolutiva.
Pero aquí interviene la segunda condición o factor de la evolución; pues esta búsqueda del conocimiento no es un impersonal proceso mental estorbado sólo por las limitaciones generales de la inteligencia-mental: el ego está allí: el ego físico, el ego vital inclinado, no al auto-conocimiento y al descubrimiento de la verdad de las cosas y la verdad de la vida, sino a la auto-afirmación vital; un ego mental está allí también inclinado a su propia auto-afirmación personal y utilizado y dirigido en gran medida por el impulso vital para su deseo-vital y propósito-vital. Pues en la medida en que la mente se desarrolla, también desarrolla una individualidad mental con un impulso personal de la tendencia-mental, un temperamento mental, una formación mental propia. Esta superficial individualidad mental es egocéntrica; mira el mundo, las cosas y los sucesos desde su propio punto de vista y los ve no como ellos son sino como le afectan: al observar las cosas les da el giro apropiado a su tendencia y temperamento, elige o rechaza, ordena la verdad de acuerdo con su preferencia o conveniencia mentales; la observación, el juicio, la razón, todos están determinados o afectados por esta personalidad-mental y asimilados a la necesidades de la individualidad y el ego. Aunque el alma tiende principalmente a una pura impersonalidad de la verdad y la razón, le resulta imposible una pura impersonalidad; hasta el más entrenado, estricto y vigilante intelecto falla al observar las vueltas y giros que da a la verdad en la recepción del hecho e idea y en la construcción de su conocimiento mental. Aquí tenemos una casi inextinguible fuente de distorsión de la verdad, una causa de falsificación, una voluntad inconsciente o semi-consciente para el error, una aceptación de ideas o hechos no por una más clara percepción de lo verdadero y lo falso, sino por preferencia, por adaptabilidad personal, por elección temperamental, por prejuicio. He aquí un fructífero semillero para el crecimiento de la falsedad o una puerta o muchas puertas a través de las cuales aquélla puede entrar a hurtadillas o mediante una usurpadora pero aceptable violencia. La verdad también puede entrar y sentar sus reales, no por sus propios fueros, sino por complacencia mental.
Según los términos de la psicología Sankhya podemos distinguir tres tipos de individualidad mental: la que es gobernada por el principio de la oscuridad y la inercia, la primogénita de la Inconciencia, la tamásica; la que es gobernada por una fuerza de la pasión y la actividad, cinética, rajásica; la que se echa en el molde del principio sáttwico de la luz, la armonía y el equilibrio. La inteligencia tamásica tiene su sede en la mente física; es inerte para con las ideas, --excepto para con aquéllas que recibe inertemente, ciegamente, pasivamente desde una reconocida fuente o autoridad--, obscura en su recepción, con reluctancia a agrandarse, recalcitrante al nuevo estímulo, conservadora e inmóvil; se apega a su recibida estructura del conocimiento y su poder único es la práctica repetitiva, pero es un poder limitado por lo acostumbrado, lo obvio, lo establecido y familiar y ya seguro; descarta todo lo que es nuevo y pueda perturbarla. La inteligencia rajásica tiene su sede principal en la mente vital y es de dos clases: una clase está a la defensiva ante la violencia y pasión, afirmativa de su individualidad mental y de cuanto está de acuerdo con ella, preferida por su volición, adaptada en su observación, pero agresiva para con todo cuanto es contrario a su ego-estructura mental o inaceptable para su intelectualidad personal; la otra clase es entusiasta en cuanto a las cosas nuevas, apasionada, insistente, impetuosa, a menudo móvil más allá de la mesura, inconstante y siempre inquieta, gobernada en su idea no por la verdad y la luz sino por el entusiasmo de la batalla intelectual, el movimiento y la aventura. La inteligencia sáttwica está ávida de conocimiento, tan abierta a él como pueda estarlo, cuidadosa en su consideración, verificación y equilibrio, en el ajuste y adaptación de su criterio a cuanto se confirme como verdad, recibiendo todo cuanto pueda asimilar, experta en la elaboración de la verdad dentro de una armoniosa estructura intelectual: pero debido a que su luz es limitada, como debe estarlo toda luz mental, es incapaz de ampliarse de modo tal que pueda recibir por igual toda la verdad y todo el conocimiento; tiene un ego mental, incluso uno iluminado, y está determinada por él en su observación, juicio, razonamiento, elección mental y preferencia. En la mayoría de los hombres hay predominancia de una de estas cualidades pero también una mezcla; la misma mente puede ser abierta, plástica y armónica en una dirección, cinética y vital, apresurada y prejuiciosa y desequilibrada en otro, e incluso en otra, obscura y no-receptiva. Esta limitación por parte de la personalidad, esta defensa de la personalidad y rechazo a recibir lo que resulta inasimilable, es necesaria para el ser individual pues en su evolución, en la etapa alcanzada, tiene una cierta auto-expresión, un cierto tipo de experiencia y uso de la experiencia que debe gobernar la naturaleza, al menos para la mente y la vida; ésa es, por el momento, su ley del ser, su dharma. Esta limitación de la conciencia mental por la personalidad y de la verdad por el temperamento y la preferencia mentales debe ser la regla de nuestra naturaleza en la medida en que el individuo no ha alcanzado universalidad, y aún no se prepara para la trascendencia-mental. Pero es evidente que esta condición es inevitablemente una fuente de error y en cualquier momento puede ser la causa de una falsificación del conocimiento, un semi-voluntario auto-engaño, un rechazo a admitir el conocimiento verdadero, una predisposición a aceptar el conocimiento erróneo como si fuese verdadero.
Esto en el campo de la cognición, pero la misma ley se aplica a la voluntad y la acción. Desde la Ignorancia se crea una conciencia errónea que da una errónea reacción dinámica al contacto de personas, cosas, sucesos; la conciencia superficial desarrolla el hábito de ignorar, interpretar equivocadamente, o rechazar las sugestiones para la acción o contra la acción que llegan desde la secreta conciencia recóndita, desde la entidad psíquica; en cambio responde a las no iluminadas sugestiones mentales y vitales, o actúa de acuerdo con las demandas o impulsos del ego vital. Aquí la segunda de las condiciones primarias de la evolución, la ley de un separado ser-vital afirmándose en un mundo que para él es un no-yo, descuella y asume una inmensa importancia. Es aquí donde la superficial personalidad vital o yo-vital afirma su dominio, y este dominio del ignorante ser vital es una principal fuente activa de discordia y desarmonía, una causa de vitales perturbaciones internas y externas, un incentivo de erróneas acciones y del mal. El natural elemento vital en nosotros, en la medida en que está incontrolado o no preparado o retiene su primitivo carácter, no se preocupa de la verdad ni de la conciencia correcta ni de la acción correcta; se preocupa de la auto-afirmación, del crecimiento-vital, de la posesión, de la satisfacción del impulso, de todas las satisfacciones del deseo. Esta principal necesidad y demanda del yo-vital parece omni-importante para él; la llevaría a cabo rápidamente sin consideración alguna con respecto a la verdad, la rectitud, el bien o cualquier otra consideración: pero debido a que la mente está allí y tiene estas concepciones, debido a que el alma está allí y tiene estas percepciones-anímicas, ese yo-vital procura dominar la mente y lograr que dicte un permiso y una orden de ejecución de su propia voluntad de auto-afirmación, un veredicto de verdad, rectitud y bien para sus propias afirmaciones, impulsos y deseos vitales; está preocupado con la auto-justificación a fin de tener lugar para la auto-afirmación plena. Mas si puede obtener el asentimiento de la mente, está muy presto a ignorar todas las normas erigiendo una sola, la satisfacción, el crecimiento, la fuerza, la grandeza del ego vital. El individuo-vital necesita lugar, expansión, posesión de su mundo, dominio y control de las cosas y los seres; necesita espacio-vital, un espacio al sol, auto-afirmación, supervivencia. Necesita estas cosas para sí y para aquellos a los que se asocia, para su propio ego y para el ego colectivo; los necesita para sus ideas, credos, ideales, intereses, imaginaciones: pues ha de afirmar estas formas de “Egoidad” (Nota del Trad.: El autor utiliza la palabra “I-ness”, usa el pronombre “I”, en vez de “self” que es el que utiliza cuando quiere referirse al Yo interior,”I” lo utiliza para referirse a la personalidad de superficie, al ego, por lo que se prefiere traducir “I-ness” por egoidad (aún cuando en castellano no existe esta palabra), y no por yoidad, que sería la traducción de “self-ness”. En la misma frase, el autor utiliza la palabra “my-ness”, que traducimos por “mismidad”) y “Mismidad” imponiéndolas en el mundo que lo rodea o, si no es lo suficientemente fuerte para ello, al menos ha de defenderlas y mantenerlas contra los demás con el máximo de su poder e ingenio. Puede tratar de hacer eso mediante métodos que piensa o escoge para pensarlos o representarlos como correctos; puede tratar de hacer eso mediante el desnudo uso de la violencia, el ardid, la falsedad, la agresión destructiva, el aplastamiento de otras formaciones-vitales: el principio es el mismo cualquiera que sea el medio o la actitud moral. Es no sólo en el reino de los intereses sino en el reino de las ideas y en el reino de la religión que el ser vital del hombre introdujo este espíritu y esta actitud de auto-afirmación, lucha, uso de violencia, opresión y supresión, intolerancia y agresión; impuso el principio del egoísmo-vital en el dominio de la verdad intelectual y en el dominio del espíritu. Dentro de su auto-afirmación la auto-afirmante vida trae consigo el odio y el disgusto hacia todo lo que obstruye el camino de su expansión o lastima su ego; desarrolla como medio o pasión o reacción de la naturaleza-vital la crueldad, la traición y todo género de maldad; su satisfacción del deseo y del impulso no repara en lo correcto ni en lo incorrecto, sino solamente en el cumplimiento del deseo y del impulso. Pues esta satisfacción está presta para afrontar el riesgo de la destrucción y la realidad del sufrimiento; pues la Naturaleza no pugna solamente por llegar a la auto-preservación sino también a la afirmación-vital y a la satisfacción-vital, a la formulación de la fuerza-vital y del ser-vital.
De eso no se sigue que se trate de todo lo que la personalidad vital es en su composición innata o que el mal esté en su naturaleza. Primeramente no se preocupa de la verdad ni del bien, pero puede apasionarse por la verdad y el bien, así como más espontáneamente se apasiona por la dicha y la belleza. En todo lo que es desplegado por la fuerza-vital hay desarrollado al mismo tiempo un secreto deleite en alguna parte del ser, un deleite en el bien y un deleite en el mal, un deleite en la verdad y en la falsedad, un deleite en la vida y una atracción por la muerte, deleite en el placer y deleite en el dolor, en nuestro propio sufrimiento y en el sufrimiento de los demás, pero también en nuestra propia dicha, bien y felicidad y en la dicha, bien y felicidad de los demás. Pues la fuerza de afirmación-vital afirma tanto al bien como al mal: tiene sus impulsos de ayuda y asociación, de generosidad, afecto, lealtad, desprendimiento; asume tanto el altruismo como el egoísmo, tanto se sacrifica como destruye a los demás, y en todos sus actos está la misma pasión por la afirmación-vital la misma fuerza de acción y realización. Es evidente en la vida subhumana que este carácter del ser vital y su tendencia de existencia en lo que denominamos bien y mal son inclinaciones y no el motivo principal; en el ser humano, dado que ha desarrollado un discernimiento mental, moral y psíquico, dicho motivo está sujeto a control o camuflaje, pero no cambia su carácter. El ser-vital, su fuerza-vital y su impulso en pos de la auto-afirmación son, ante la ausencia de una abierta acción del poder-anímico y del poder espiritual, Atmashakti, medio principal de concreción de la Naturaleza, y sin su apoyo ni la mente ni el cuerpo pueden utilizar sus posibilidades o realizar su objetivo aquí en la existencia. Es sólo si el ser vital interior o verdadero reemplaza a la personalidad-vital externa que el impulso del ego vital puede ser superado por completo y la fuerza-vital convertirse en la sirviente del alma y una poderosa instrumentación para la acción de nuestro verdadero ser espiritual.
Este es entonces el origen y naturaleza del error, la falsedad, la equivocación y el mal en la conciencia y voluntad del individuo; una limitada conciencia que surge de la nesciencia es la fuente del error, un personal apego a la limitación y al error nacido de ella es la fuente de la falsedad, una conciencia equivocada gobernada por el ego-vital es la fuente del mal. Pero es evidente que su existencia relativa es sólo un fenómeno proyectado por la Fuerza cósmica en su impulso hacia una auto-expresión evolutiva y es allí que hemos de buscar la significación del fenómeno. Pues el emerger del ego-vital es, como hemos visto, una maquinaria de la Naturaleza cósmica para la afirmación del individuo, para su auto-liberación de la indeterminada sustancia masiva del subconsciente, para la aparición de un ser consciente sobre un terreno preparado por la Inconciencia; el principio de la afirmación-vital del ego es la consecuencia necesaria. El ego individual es una ficción pragmática y efectiva, una versión del yo secreto dentro de los términos de la conciencia superficial, o un subjetivo sustituto del verdadero yo en nuestra experiencia superficial: está separado por la ignorancia del otro-yo y de la Divinidad interior, pero aún es empujado secretamente hacia una unificación evolutiva en la diversidad; detrás de sí, aunque finito, tiene el impulso del infinito. Pero esto en los términos de una conciencia ignorante se traduce dentro de la voluntad a expandirse, a ser una finitud ilimitada, a tomar dentro de sí cuanto puede, para entrar en todo y poseerlo, incluso para ser poseído si mediante eso puede sentirse satisfecho y creciendo en o a través de lo demás, o puede llevar consigo, por sujeción, el ser y poder de los demás u obtener de ese modo ayuda o impulso para su afirmación-vital, su deleite-vital, su enriquecimiento de la existencia mental, vital o física.
Pero debido a que efectúa estas cosas como un ego separado para su beneficio separado y no por consciente intercambio y reciprocidad no por unidad, surgen la discordia-vital, el conflicto y la desarmonía y a los productos de esta discordia-vital y desarmonía los llamamos error y mal. La Naturaleza los acepta porque son circunstancias necesarias de la evolución, necesarias para el crecimiento del ser dividido; son productos de la ignorancia, sostenidos por una conciencia ignorante que se funda en la división, por una voluntad ignorante que trabaja a través de la división, por un ignorante deleite de la existencia que asume la dicha de la división. La intención evolutiva actúa a través del mal como a través del bien; ha de utilizarlo todo porque constreñirse a un bien limitado aprisionaría y restringiría la pretendida evolución; usa cualquier material a su alcance y con él hace lo que puede; ésa es la razón de por qué vemos al mal aflorar de lo que llamamos bien y al bien hacer lo propio de lo que llamamos mal; y si encima vemos que lo considerado mal llega a ser aceptado como bien, que lo considerado bien se acepta como mal, ello ocurre porque nuestros criterios sobre ambos son evolutivos, limitados y mutables. La Naturaleza evolutiva, la terrestre Fuerza cósmica parece entonces al principio no tener preferencia por ninguno de estos opuestos, utilizándolos igual para sus fines. Empero es la misma Naturaleza, la misma Fuerza que agobió al hombre con el sentido del bien y el mal e insiste en su importancia: evidentemente, por lo tanto, este sentido también tiene un propósito evolutivo; también debe ser necesario, debe estar allí de modo que ese hombre pueda dejar ciertas cosas detrás de él, desplazarse hacia los demás, hasta que, a partir del bien y el mal él pueda emerger en algún Bien que es eterno e infinito.
¿Pero cómo ha de realizarse esta evolutiva intención de la Naturaleza, por qué poder, medio, impulso, por qué principio, proceso de selección y armonización? El método adoptado por la mente humana a través de las edades ha sido siempre un principio de selección y rechazo, y esto tomó las formas de una sanción religiosa, de una social o moral norma de vida o de un ideal ético. Pero éste es un método empírico que no entra en contacto con la raíz del problema porque no lleva a ver la causa y origen de la enfermedad que pretende curar; trata con los síntomas pero lo hace mecánicamente, sin saber qué función cumplen en el objetivo de la Naturaleza y qué es lo que en la mente y en la vida los sostiene y mantiene en la existencia. Es más, el bien y el mal humanos son relativos y las normas erigidas por las éticas son tan inciertas como relativas: lo que es prohibido por una religión u otra, lo que es considerado como bueno o malo por la opinión social, lo que se considera útil para la sociedad o dañino para ella, lo que alguna temporal ley humana admite o desaprueba, lo que es o se considera útil o perjudicial para uno o los demás, lo que está de acuerdo con éste o aquél ideal, lo que es estimulado o desalentado por un instinto que llamamos conciencia, --una amalgama de todos estos puntos de vista es la heterogénea idea determinante, constituye la sustancia compleja, de la moralidad--; en todos ellos está la mezcla constante de verdad y semi-verdad y error que persigue todas las actividades de nuestro mental y limitador Conocimiento-Ignorancia. Un control mental sobre nuestros deseos e instintos vitales y físicos, sobre nuestra acción personal y social, sobre nuestros tratos con los demás, es indispensable para nosotros como seres humanos, y la moral crea una norma por la que podemos guiarnos y establecer un control habitual; pero el control es siempre imperfecto y se trata de un expediente y no de una solución: el hombre sigue siendo lo que es y siempre fue, mezcla de bien y mal, de pecado y virtud, un ego mental con un imperfecto dominio de su naturaleza mental, vital y física.
El esfuerzo para seleccionar, para retener de nuestra conciencia y acción todo lo que nos parece bueno y rechazar todo lo que nos parece malo y de esa forma reformar nuestro ser, para reconstituirnos y modelarnos según la imagen de un ideal, es un motivo ético más profundo, porque se aproxima más a la verdadera salida; descansa sobre la sana idea de que nuestra vida es un devenir y que hay algo a lo que debemos devenir y ser. Pero los ideales elaborados por la mente humana son selectivos y relativos; modelar nuestra naturaleza rigurosamente de acuerdo con ellos es limitarnos y realizar una construcción donde debería haber crecimiento en su ser mayor. El reclamo verdadero, por encima de nosotros, es el del Infinito y Supremo; la auto-afirmación y auto-abnegación que nos impone la Naturaleza son movimientos hacia eso, y lo que hemos de descubrir es el camino correcto de auto-afirmación y auto-negación tomados juntos en lugar del equivocado, pues es ignorante, camino del ego y en lugar del conflicto entre el sí y el no de la Naturaleza. Si no lo descubrimos, el impulso de la vida será demasiado fuerte para nuestro estrecho ideal de perfección, su instrumentación se romperá y no llegará a consumarse y perpetuarse, o, a lo más, todo lo que lograremos será medio resultado o el abandonar la vida se presentará como único remedio, el único escape del, de otro modo, invencible abrazo de la ignorancia. Éste es el escape que usualmente señala la religión; una moralidad divinamente dictada, una búsqueda de piedad, rectitud y virtud como está fijado en un código religioso de conducta, una ley de Dios determinada por alguna inspiración humana, se presenta como una parte de los medios, la dirección, por los que podemos recorrer el sendero hacia la salida. Esta salida deja el problema como estaba; es sólo una vía de escape para el ser personal desde la irresuelta confusión de la existencia cósmica. En el antiguo pensamiento espiritual de la India había una más clara percepción de la dificultad; la práctica de la verdad, de la virtud, de la voluntad y obras correctas, se consideraba necesaria para la aproximación a la realización espiritual, pero en la realización misma el ser surge a una conciencia mayor del Infinito y Eterno y se despoja del agobio del pecado y la virtud, pues eso pertenece a la relatividad y a la Ignorancia. Detrás de esta mayor y más verdadera percepción está la intuición de que un bien relativo es una preparación impuesta por la Naturaleza-del.-Mundo sobre nosotros de modo que podamos trascenderla en pos del Bien verdadero que es absoluto. Estos problemas son de la mente y de la vida ignorante, no nos acompañan más allá de la mente; así como hay un cese de la dualidad de la verdad y del error en una Verdad-Conciencia infinita, de igual modo hay una liberación de la dualidad del bien y el mal en un Bien infinito, hay una trascendencia.
No puede haber escape artificial de este problema que siempre perturbó a la humanidad y del cual no descubrió un resultado satisfactorio. El árbol del conocimiento, del bien y del mal con sus frutos dulces y amargos está secretamente enraizado en la naturaleza misma de la Inconciencia de la que nuestro ser ha emergido y sobre la que aún está como suelo inferior y base de nuestra existencia física; ha crecido visiblemente sobre la superficie en las múltiples ramificaciones de la Ignorancia que todavía es la principal carga y condición de nuestra conciencia en su difícil evolución hacia una suprema conciencia y una integral conciencia. Mientras permanezca este suelo con las infundadas raíces en él y este aire y clima nutricios de la Ignorancia, el árbol crecerá y florecerá y exhibirá sus brotes duales y su fruto de naturaleza mixta. Se seguiría que no puede haber solución final hasta que hayamos volcado nuestra inconciencia en la conciencia mayor, hayamos hecho de la verdad del yo y del espíritu nuestra base-vital y hayamos transformado nuestra ignorancia en un conocimiento superior. Todos los otros recursos serán sólo sustitutos o ciegas salidas; la única solución verdadera es una completa y radical transformación de nuestra naturaleza. el conocimiento erróneo y la voluntad errónea son posibles porque la Inconciencia impone su original oscuridad en nuestra conciencia del yo y las cosas, y porque la Ignorancia se basa en una conciencia imperfecta y dividida y porque vivimos en esa oscuridad y división: sin conocimiento erróneo no podría haber error ni falsedad, sin error o falsedad en nuestras partes dinámicas no podría haber voluntad errónea en nuestros miembros; sin voluntad errónea no podría haber mala acción ni maldad: mientras duren estas causas, los efectos también persistirán en nuestra acción y en nuestra naturaleza. Un control mental puede ser solamente un control, no una cura; una enseñanza mental, una norma sólo puede imponer un canal artificial en el que nuestra acción gira mecánicamente o con dificultad e impone una formación reprimida y limitada en el curso de nuestra naturaleza. Un cambio total de la conciencia, un cambio radical de la naturaleza es el único medio y la única salida.
Dado que la raíz de la dificultad es una escindida, limitada y separativa existencia, este cambio debe consistir en una integración, una curación de la conciencia dividida de nuestro ser, y dado que la división es compleja y multilateral, no puede producirse un cambio parcial en un lado del ser como un sustituto suficiente para la transformación integral. Nuestra primera división es ésa creada por el ego y principalmente, más forzosamente, más vívidamente por nuestro ego-vital, que nos divide de los demás seres como no-yo y nos ata a nuestra ego-centricidad y a la ley de una auto-afirmación egoísta. Es en los errores de esta auto-afirmación que surgen primero el error y el mal: la conciencia errónea engendra errónea voluntad en los miembros, en la mente pensante, en el corazón, en la mente-vital y en el ser sensorio, en la conciencia-corporal misma; el error engendrará acción errónea de todos estos instrumentos, un múltiple error y una multi-ramificada maraña de pensamiento, voluntad, sensación y sentimiento. No podemos tratar correctamente a los otros mientras sigan siendo otros para nosotros, seres que son extraños a nosotros mismos y de cuya conciencia interior, necesidad-anímica, necesidad-mental, necesidad-afectiva, necesidad-vital o necesidad-corporal sabemos poco o nada. La porción mínima de imperfecta simpatía, conocimiento y buena voluntad que la ley, necesidad y hábito de asociación engendran, es demasiado pobre para lo que requiere una verdadera acción. Una mente más grande, un corazón más grande, una fuerza-vital más amplia y generosa pueden hacer algo para ayudarnos o ayudar a los demás y evitar las peores ofensas, pero esto también es insuficiente y no impedirá una mole de trastornos, perjuicios y colisiones de nuestro bien preferido con el bien de los demás. Por la naturaleza misma de nuestro ego e ignorancia nos afirmamos egoístamente incluso cuando más nos enorgullecemos de nuestro altruismo e ignorantemente incluso cuando nos enorgullecemos de nuestra comprensión y conocimiento. El altruismo tomado como una norma de vida no nos libera; es un potente instrumento de auto-agrandamiento y corrección del ego más estrecho, pero no lo cancela ni transforma en el verdadero yo uno con todos; el ego del altruista es tan poderoso y absorbente como el ego del egoísta y es a menudo más poderoso e insistente porque es un ego presuntuoso y exagerado. Ayuda menos todavía si obramos mal con nuestra alma, con nuestra mente, vida o cuerpo con la idea de subordinar nuestro yo al yo de los demás. Afirmar nuestro ser correctamente de modo que pueda convertirse en uno con todos es el principio verdadero, no mutilarlo ni inmolarlo. La auto-inmolación puede ser necesaria a veces, excepcionalmente, por una causa, en respuesta a alguna exigencia del corazón o por algún derecho o propósito elevado pero no puede hacerse regla o naturaleza de la vida: tal exageración, sólo alimentaría o exageraría el ego de los demás o magnificaría algún ego colectivo y no nos conduciría, como tampoco a la humanidad, hacia el descubrimiento y afirmación de nuestro ser verdadero o su ser verdadero. El sacrificio y la auto-entrega son ciertamente un verdadero principio y una necesidad espiritual, pues no podemos afirmar nuestro ser correctamente sin sacrificio o sin auto-entrega a algo mayor que nuestro ego; pero eso también debe hacerse con una correcta conciencia y voluntad fundadas en un conocimiento verdadero. Desarrollar la parte sáttwica de nuestra naturaleza, una naturaleza de luz, entendimiento, equilibrio, armonía, simpatía, buena voluntad, amabilidad, compañerismo, auto-control, acción correctamente ordenada y armonizada, es lo mejor que podemos hacer en los límites de la formación mental, pero es una etapa y no la meta de nuestro crecimiento del ser. Éstas son soluciones al paso, paliativos, medios necesarios para un trato parcial con esta dificultad enraizada, normas y artificios provisionales que nos dan ayuda y guía temporarias porque la solución verdadera y total está más allá de nuestra actual capacidad y sólo puede llegar cuando hayamos evolucionado suficientemente para verlo y convertirlo en nuestro principal esfuerzo.
La verdadera solución puede llegar solamente cuando por nuestro crecimiento espiritual podamos convertirnos en un solo yo con todos los seres, conocerlos como parte de nuestro yo, tratarlos como si fuesen nuestros otros yoes; pues entonces la división se cura, la ley de separada auto-afirmación que conduce por sí a la afirmación contra o a expensas de los otros se agranda y libera mediante el añadido a ella de la ley de nuestra auto-afirmación para con los demás y nuestro auto-descubrimiento en su auto-descubrimiento y auto-realización. Se ha convertido en norma de ética religiosa actuar con un espíritu de compasión universal, amar al prójimo como a uno mismo, obrar para con los otros como se quisiera que obraran los otros con uno, sentir la dicha y el pesar de los demás como si fuese propio; pero ningún hombre que viva en su ego es capaz verdadera y perfectamente de hacer estas cosas, sólo puede aceptarlas como una exigencia de su mente, aspiración de su corazón, esfuerzo de su voluntad para vivir por una norma elevada y modificar mediante un sincero esfuerzo su cruda naturaleza egoísta. Es cuando los demás llegan a conocerse y sentirse íntimamente como uno mismo que este ideal puede convertirse en una norma natural y espontánea de nuestra vida y realizarse en la práctica como en la norma. Pero aún la unidad con los demás no es suficiente de por sí, si es una unidad con ignorancia; pues entonces la ley de la ignorancia seguirá en vigor, y el error en la acción y la acción errónea sobrevivirán aunque disminuyan en grado y se suavicen en su incidencia y carácter. Nuestra unidad con los demás debe ser fundamental, no una unidad con sus mentes, corazones, yoes vitales, egos, --incluso aunque éstos lleguen a incluirse en nuestra conciencia universalizada--, sino una unidad en el alma y el espíritu, que sólo puede llegar por nuestra liberación en nuestra conciencia anímica y nuestro auto-conocimiento. Liberarnos del ego y realizar nuestros yoes verdaderos es la primera necesidad: todo lo demás puede alcanzarse como luminoso resultado, como consecuencia necesaria. Es ésa una razón de por qué debe aceptarse un reclamo espiritual como imperativo precediendo a todos los otros reclamos, intelectuales, éticos, sociales, que pertenecen al dominio de la Ignorancia. Pues la ley mental del bien mora en ese dominio y sólo puede modificar y paliar; nada puede ser un sustituto suficiente del cambio espiritual que puede realizar el verdadero e integral bien porque a través del espíritu podemos llegar a la raíz de la acción y de la existencia.
En el conocimiento espiritual del yo están los tres pasos de su auto-realización que son, al mismo tiempo, tres partes del conocimiento único. El primero es el descubrimiento del alma, no del alma externa del pensamiento, la emoción y el deseo, sino la secreta entidad psíquica, el divino elemento dentro de nosotros. Cuando resulta dominante sobre nuestra naturaleza, cuando somos conscientemente el alma y cuando la mente, la vida, y el cuerpo toman su verdadero lugar como sus instrumentos, tomamos conciencia de una guía interior que conoce la verdad, el bien, el verdadero deleite y la belleza de la existencia, controla el corazón y el intelecto mediante su ley luminosa y conduce nuestra vida y ser hacia la integridad espiritual. Incluso dentro de las obscuras obras de la Ignorancia tenemos un testigo que discierne, una luz viviente que ilumina, una voluntad que rechaza descarriarse y separa la verdad de la mente de su error, la íntima respuesta del corazón desde sus vibraciones ante un erróneo llamado y una errónea exigencia sobre él, el verdadero ardor y plenitud de desplazamiento de la vida desde la pasión vital y las turbias falsedades de nuestra naturaleza vital y sus obscuras auto-búsquedas. Éste es el primer paso de la auto-realización, para entronizar al alma, al divino individuo psíquico en el lugar del ego. El paso siguiente es tomar conciencia del yo eterno innato en nosotros y uno con el yo de todas las cosas. Esta auto-realización libera y universaliza; aunque nuestra acción aún proceda en la dinámica de la ignorancia, ya no traba ni lleva por mal camino, porque nuestro ser interior se aposenta en la luz del auto-conocimiento. El tercer paso es conocer el Ser Divino que es a la vez nuestro supremo Yo trascendente, el Ser Cósmico, fundamento de nuestra universalidad, y la Divinidad interior de la cual nuestro ser psíquico, el verdadero individuo evolutivo en nuestra naturaleza, es una porción, una chispa, una llama que crece dentro del Fuego eterno del cual se encendió y del cual es el testigo siempre vivo dentro de nosotros y el instrumento consciente de su luz, poder, dicha y belleza. Consciente del Divino como el Maestro de nuestro ser y acción, podemos aprender a convertirnos en canales de su Shakti, el Divino Poder, y actuar de acuerdo con sus dictados o su regla de luz y poder dentro de nosotros. Nuestra acción entonces no será dominada por nuestro impulso vital ni gobernada por una norma mental, pues actúa de acuerdo con la verdad permanente aunque plástica de las cosas, --no la que la mente construye, sino la superior más profunda y más sutil verdad de cada movimiento y circunstancia como la conoce el conocimiento supremo y la exige la suprema voluntad del universo--. La liberación de la voluntad sigue a la liberación del conocimiento y es su consecuencia dinámica; es el conocimiento que purifica, es la verdad que libera: el mal es el fruto de una ignorancia espiritual y desaparecerá sólo mediante el crecimiento de una conciencia espiritual y la luz del conocimiento espiritual. La división de nuestro ser del ser de los demás puede sólo remediarse eliminando el divorcio de nuestra naturaleza de la realidad-anímica interior, mediante la abolición del velo entre nuestro devenir y nuestro auto-ser, mediante la conexión del alejamiento de nuestra individualidad en la Naturaleza con el Ser Divino que es la Realidad omnipresente en la Naturaleza y por encima de ella.
Pero la última división por eliminar es la escisión entre esta Naturaleza y la Super-Naturaleza, que es el Auto-Poder de la Existencia Divina. Aún antes de que se elimine el Conocimiento-Ignorancia dinámico, mientras todavía quede como una inadecuada instrumentación del espíritu, la suprema Shakti o Super-naturaleza puede trabajar a través de nosotros y podemos tener conciencia de sus obras; pero ello ocurre entonces mediante una modificación de su luz y poder de modo que puede recibirse y asimilarse por parte de la naturaleza inferior de la mente, la vida y el cuerpo. Pero esto no es bastante; es menester una entera remodelación de lo que somos dentro de una modalidad y poder de la divina Super-naturaleza. La integración de nuestro ser no puede completarse a menos que exista esta transformación de la acción dinámica; debe haber una elevación y cambio de la modalidad total de la Naturaleza misma y no sólo alguna iluminación y transmutación de las modalidades interiores del ser. Una eterna Verdad-Conciencia debe poseernos y sublimar todas nuestras naturales modalidades dentro de sus propios modos del ser, conocimiento y acción; entonces puede pasar a ser la ley integral de nuestra naturaleza una espontánea verdad-conciencia, verdad-voluntad, verdad-sentimiento, verdad-movimiento y verdad-acción.
LA VIDA DIVINA, TOMO II, CAPITULO XIV – SRI AUROBINDO
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 17: ■ NUESTRO ESFUERZO CONSISTIÓ...... ■
Oh Llama vidente, tú llevas al hombre de las torcidas sendas a la verdad y conocimiento inmanentes.
Rig Veda
Yo purifico el cielo y la tierra mediante la Verdad.Rig Veda
Su éxtasis, en quien lo tiene, pone en movimiento los dos nacimientos, la auto-expresión humana y la divina, y se desplaza entre ellos.Rig Veda
Que los rayos invisibles de su intuición estén allí buscando la inmortalidad, penetrando ambos nacimientos; pues mediante ellos hace fluir en un solo movimiento las fuerzas humanas y las cosas divinas.Rig Veda
Que todos acepten tu voluntad cuando naciste dios viviente desde el árbol seco, que alcancen la divinidad y lleguen, por la velocidad de tus movimientos, a la posesión de la Verdad y la Inmortalidad.Rig Veda
Nuestro esfuerzo consistió en descubrir cuál es la realidad y significación de nuestra existencia como seres conscientes en el universo material y en qué dirección y hasta dónde esa significación, una vez descubierta, nos conduce, a qué futuro humano o divino. Nuestra existencia aquí puede ciertamente ser un inconsecuente capricho de la Materia misma o de alguna Energía que elabora la Materia, o puede ser un inexplicable capricho del Espíritu. O, además, nuestra existencia puede ser aquí una fantasía arbitraria de un Creador supra-cósmico. En ese caso no tiene significación esencial, --ninguna significación en absoluto si la Materia o una Energía inconsciente es la constructora de fantasías, pues entonces es a lo más la desperdigada descripción de una errante espiral de la Casualidad o la difícil curva de una ciega Necesidad--; sólo puede tener una ilusoria significación que se desvanece en la nada si es un error del Espíritu. Un creador consciente puede ciertamente haber puesto un significado a nuestra existencia, pero éste debe descubrirse mediante una revelación de su voluntad y no se halla auto-implícito en la auto-naturaleza de las cosas ni puede descubrirse allí. Mas si hay una realidad auto-existente de la cual nuestra existencia aquí es un resultado, entonces debe haber una verdad de esa Realidad que aquí se está manifestando, estructurando y evolucionando, y que será la significación de nuestro propio ser y vida. Cualquiera que sea esa Realidad, es algo que tomó sobre sí el aspecto de un devenir en el Tiempo, --un devenir indivisible, pues nuestro presente y nuestro futuro llevan en sí, transformado, hecho otro, el pasado que los creó, y el pasado y el presente ya contenidos y que ahora contienen en sí, invisibles para nosotros porque están aún no-manifestados, no-evolucionados--; su propia transformación en el futuro aún increado. La significación de nuestra existencia aquí determina nuestro destino: ese destino es algo que ya existe en nosotros como una necesidad y una potencialidad, la necesidad de nuestra secreta y emergente realidad del ser, una verdad de sus potencialidades que está siendo estructurada; ambas, aunque no realizadas aún, están incluso ahora implícitas en lo que ha sido ya manifestado. Si hay un ser que es devenir, una Realidad de la existencia que se desarrolla en el Tiempo, lo que ese ser, esa Realidad es secretamente es lo que nosotros hemos de devenir, y de esa manera, devenir es la significación de nuestra vida.
Es la conciencia y la vida las que deben ser las palabras claves para nuestro ser que de esa manera está siendo estructurado en el Tiempo; pues sin ellas, la Materia y el mundo de la Materia serían un fenómeno ininteligible, una cosa que sucedió precisamente por Azar o por una Necesidad inconsciente. Mas la conciencia tal como es, la vida tal como es no pueden ser el secreto de todo; pues ambas son muy claramente algo inacabado y aún en proceso. En nosotros la conciencia es la Mente, y nuestra mente es ignorante e imperfecta, un poder intermedio que ha crecido y aún crece hacia algo más allá de sí: hubo niveles inferiores de la conciencia que vinieron antes que ella y desde los cuales surgió, debe haber evidentemente niveles superiores a los que ella misma está ascendiendo. Antes de nuestro pensamiento, razonamiento y reflexión mentales hubo una conciencia no-pensante pero viviente y sensitiva, y antes de eso existió el subconsciente y el inconsciente; después de nosotros o en nuestros todavía no-evolucionados yoes es probable que esté aguardando una conciencia mayor, auto-luminosa, que no depende del pensamiento constructivo: nuestra mente-pensante imperfecta e ignorante no es ciertamente la última palabra de la conciencia, su última posibilidad. Pues la esencia de la conciencia es el poder de ser consciente de sí mismo y de sus objetos y en su verdadera naturaleza este poder debe ser directo, autorrealizado y completo: si en nosotros es incompleto, indirecto, irrealizado en sus obras, dependiente de elaborados instrumentos, es porque la conciencia aquí está emergiendo de una Inconciencia original veladora y está aún agobiada y envuelta con la primera Nesciencia propia del Inconsciente; mas debe tener el poder de emerger completamente, su destino debe ser evolucionar en su propia perfección que es su verdadera naturaleza. Su verdadera naturaleza es ser totalmente consciente de sus objetos, y de estos objetos el primero es el yo, el ser que está evolucionando aquí su conciencia, y el resto es lo que vemos como no-yo, --pero si la existencia es indivisible, eso también debe ser en realidad el yo--: el destino de la conciencia evolutiva debe ser, entonces, devenir perfecta en su conocimiento, enteramente consciente del yo y consciente-de-todo. Esta condición perfecta y natural de la conciencia es para nosotros una superconciencia, un estado que está más allá de nosotros y en el cual nuestra mente, si es transferida repentinamente a ella, no podría funcionar al principio; pero es hacia esa super-conciencia que nuestro ser consciente debe estar evolucionando. Pero esta evolución de nuestra conciencia hacia una superconciencia o hacia una conciencia suprema de sí misma es posible sólo si la Inconciencia, que es nuestra base aquí, realmente es ella misma una Superconciencia involucionada; pues lo que ha de estar en el devenir de la Realidad en nosotros debe estar ya allí involucionado o secreto en su comienzo. Podemos concebir que el Inconsciente sea un tal Ser o Poder involucionado cuando consideramos de cerca esta creación material de una Energía inconsciente y la vemos elaborar con curiosa construcción e infinito artificio la obra de una vasta Inteligencia involucionada y vemos, también, que nosotros mismos somos algo de esa Inteligencia evolucionando a partir de su involución, una conciencia emergiendo cuyo emerger no puede detenerse en el camino hasta que el Involucionado haya evolucionado y se haya revelado como una suprema Inteligencia totalmente auto-consciente y omni-consciente. A esto es a lo que hemos dado el nombre de Supermente o Gnosis. Pues eso evidentemente debe ser la Conciencia de la Realidad, el Ser, el Espíritu que está secreto en nosotros y se manifiesta aquí lentamente; de ese Ser nosotros somos los devenires y debemos crecer en su naturaleza.
Si la conciencia es el secreto central, la vida es la señal externa, el poder efectivo del ser en la Materia; pues es eso lo que libera a la conciencia y le da su forma o corporización de la fuerza y su efectuación en el acto material. Si alguna revelación o efectuación de sí en la Materia es el objetivo último del evolutivo Ser en su nacimiento, la vida es el signo exterior y dinámico y la señal de esa revelación y efectuación. Pero la vida también, como lo es ahora, es imperfecta y evolutiva; evoluciona a través del crecimiento de la conciencia tal como la conciencia evoluciona a través de mayor organización y perfección de la vida: una conciencia mayor significa una vida mayor. El hombre, el ser mental, tiene una vida imperfecta porque la mente no es el primero ni el supremo poder de la conciencia del Ser; aunque si la mente fuese perfeccionada, habría un algo todavía por realizar, no manifestado aún. Pues lo que está involucionado y emergente no es una Mente, sino un Espíritu, y la mente no es el dinamismo innato de la conciencia del Espíritu; la supermente, la luz de la gnosis, es su dinamismo innato. Entonces, si la vida se convirtió en una manifestación del Espíritu, es la manifestación de un ser espiritual en nosotros y la vida divina de una conciencia perfeccionada en un poder supramental o gnóstico del ser espiritual que debe ser la carga e intención secreta de la Naturaleza evolutiva.
Toda vida espiritual es, en su principio, un nacimiento en la vida divina. Es difícil fijar la frontera donde cesa la vida mental y empieza la vida divina, pues ambas se proyectan una dentro de la otra y hay un prolongado espacio de su existencia entremezclada. Una gran parte de este interespacio, --cuando el impulso vital no se aparta por completo de la tierra o el mundo--, puede verse como el proceso de una vida superior en formación. En cuanto la mente y la vida se iluminan con la luz del espíritu, invisten o reflejan algo de la divinidad, la secreta Realidad mayor, y esto debe aumentar hasta cruzar el interespacio y la existencia toda esté unificada en la plena luz y poder del principio espiritual. Pero para la plena y perfecta realización del impulso evolutivo, esta iluminación y cambio debe asumir y volver a crear al ser todo, a la mente, a la vida y al cuerpo: debe ser, no sólo una experiencia interior de la Divinidad, sino también una remodelación de la existencia interior y de la existencia exterior mediante su poder; debe tomar forma no sólo en la vida del individuo sino también como una vida colectiva de los seres gnósticos establecidos como un poder y forma supremos del devenir del Espíritu en la naturaleza terrena. Para que esto sea posible la entidad espiritual en nosotros debe haber desarrollado su propia perfección integrada no sólo del estado interior del ser sino también del poder saliente del Ser y, con esa perfección y como una necesidad de su acción completa, debe haber evolucionado su propia fuerza dinámica e instrumentación de la existencia externa.
Allí puede haber indudablemente una vida espiritual interior, un reino celestial dentro de nosotros que no dependa de manifestación externa alguna ni de instrumentación o fórmula del ser exterior. La vida interior tiene una suprema importancia espiritual y la vida exterior tiene valor sólo en la medida en que es expresiva del estado interior. Sin embargo, el hombre de realización espiritual viva, actúe y se conduzca, en todas las modalidades de su ser y accionar, tal como se dice en el Gita: “él vive y se mueve en Mí”; mora en la Divinidad, ha realizado la existencia espiritual. El hombre espiritual que vive en el sentido del yo espiritual, en la realización de la Divinidad dentro de él y por doquier, estaría viviendo interiormente una vida divina y su reflejo caería sobre sus actos externos de la existencia, incluso si no pasasen --o no pareciesen pasar-- más allá de la ordinaria instrumentación del pensamiento y acción humanos en este mundo de la naturaleza terrestre. Ésta es la verdad primera y la esencia del asunto; pero con todo, desde el punto de vista de una evolución espiritual, esto sólo sería una liberación y perfección individuales en una existencia externa inmodificada: para un cambio dinámico mayor en la naturaleza terrena misma, para un cambio espiritual del principio e instrumentación totales de la vida y la acción, la aparición de un nuevo orden de seres y de una nueva vida-terrena debe considerarse según nuestra idea de la consumación total, la consecuencia divina. Aquí el cambio gnóstico asume primaria importancia; todo lo precedente puede considerarse como una construcción y preparación de esta transformadora reversión de la naturaleza toda. Pues se trata de un modo gnóstico de vida dinámica que debe ser la realizada vida divina sobre la tierra, un modo de vida que desarrolla instrumentos superiores del conocimiento-del-mundo y de la acción-del-mundo para dinamizar la conciencia en la existencia física y asume y transforma los valores de un mundo de la Naturaleza material.
Pero siempre el fundamento total de la vida gnóstica debe ser, por su naturaleza misma, interior y no exterior. En la vida del espíritu está el espíritu, la Realidad interior, que ha construido y usa la mente, el ser vital y el cuerpo como su instrumentación; el pensamiento, el sentimiento y la acción no existen por sí mismos, no son un objeto sino los medios; sirven para expresar la Realidad divina manifestada dentro de nosotros: de otro modo, sin esta interioridad, sin este origen espiritual, en una conciencia demasiado exteriorizada o mediante sólo medios externos, no resulta posible una vida mayor o divina. En nuestra vida actual de la Naturaleza, en nuestra exteriorizada existencia superficial, es el mundo él que parece crearnos; mas en el giro hacia la vida espiritual somos nosotros quienes debemos crearnos a nosotros mismos y a nuestro mundo. Según esta nueva fórmula de creación, la vida interior se torna de primera importancia y el resto puede ser solamente su expresión y resultado. Esto es, ciertamente, lo que queda de relieve mediante nuestros afanes en pos de la perfección, la perfección de nuestra propia alma y mente y vida y la perfección de la vida de la especie. Pues recibimos un mundo que es oscuro, ignorante, material e imperfecto, y nuestro ser consciente externo es él mismo creado por las energías, la presión, las operaciones modeladoras de esa vasta y muda oscuridad, por el nacimiento físico, por el entorno, por una preparación a través de los impactos y choques de la vida; y con todo somos vagamente conscientes de algo que está allí en nosotros o que procura ser, algo distinto de lo hecho de esa forma, un espíritu auto-existente, auto-determinante, que empuja a la naturaleza hacia la creación de una imagen de su propia perfección oculta o Idea de perfección. Hay algo que crece en nosotros en respuesta a esta demanda, que pugna por llegar a ser la imagen de un Algo divino, y es impelido también a trabajar en el mundo exterior que le ha sido dado y rehacer eso también en una imagen mayor, en la imagen de su propio crecimiento espiritual, mental y vital, para hacer de nuestro mundo también algo creado de acuerdo con nuestra propia mente y espíritu auto-concebible, algo nuevo, armónico y perfecto.
Pero nuestra mente es obscura y parcial en sus nociones, desviada por apariencias superficiales opuestas, dividida entre varias posibilidades; es conducida en tres direcciones diferentes a cualquiera de las cuales puede brindar una preferencia exclusiva. Nuestra mente, en su búsqueda en pos de lo que debemos ser, se vuelca hacia una concentración sobre nuestro propio crecimiento y perfección interiores y espirituales, sobre nuestro propio ser individual y vida interior; o se vuelve hacia una concentración sobre un desarrollo individual de nuestra naturaleza superficial, sobre la perfección de nuestro pensamiento y acción externa dinámica o práctica en el mundo, sobre algún idealismo de nuestra relación personal con el mundo que nos rodea; o se vuelve más bien hacia una concentración sobre el mundo externo mismo, para mejorarlo, adaptarlo mejor a nuestras ideas y temperamento, o a nuestra concepción de lo que debería ser. Por un lado está el reclamo de nuestro ser espiritual, que es nuestro verdadero yo, una realidad trascendente, un ser del Ser Divino, no creado por el mundo, capaz de vivir en sí, de elevarse fuera del mundo hacia la trascendencia; por el otro lado está la demanda del mundo que nos rodea que es una forma cósmica, una formulación del Ser Divino, un poder de la Realidad disfrazado. Está también la demanda dividida o doble de nuestro ser de la Naturaleza que se equilibra entre estos dos términos, depende de ellos y los conecta; pues aparentemente está hecho por el mundo y con todo, debido a que su verdadero creador está en nosotros y la instrumentación del mundo que parece hacerlo es sólo el medio usado en primer término, es realmente una forma, una disfrazada manifestación de un ser espiritual mayor dentro de nosotros. Es esta demanda la que media entre nuestra preocupación por una perfección interior o liberación espiritual y nuestra preocupación con el mundo externo y su formación, insiste en una relación más feliz entre los dos términos y crea el ideal de un individuo mejor en un mundo mejor. Mas es dentro de nosotros donde la Realidad debe fundarse y ser la fuente y fundamento de una vida perfeccionada; ninguna formación externa puede reemplazarla: debe existir el verdadero e interior yo realizado si ha de existir la verdadera vida realizada en el mundo y en la Naturaleza.
En el crecimiento en una vida divina el espíritu debe ser nuestra primera preocupación; hasta que lo hayamos revelado y evolucionado en nuestro yo fuera de sus envolturas y disfraces mentales, vitales y físicos, extrayéndolo con paciencia desde nuestro propio cuerpo, como dice el Upanishad, hasta que hayamos construido en nosotros una vida interior espiritual, es obvio que no puede ser posible ninguna otra vida divina. A menos, ciertamente, que sea una deidad mental o vital la que percibimos y seríamos, --pero aun entonces el ser mental individual o el ser del poder y la fuerza y deseo vitales en nosotros debe crecer en una forma de esa deidad antes que nuestra vida pueda ser divina en ese sentido inferior, la vida del superhombre infra-espiritual, del semidiós mental o del Titán vital, Deva o Asura--. Una vez creada esta vida interior, convertir todo nuestro ser vital, nuestro pensamiento, sentimiento y acción en el mundo en un poder perfecto de esa vida interior, debe ser otra preocupación nuestra. Sólo si vivimos en esa modalidad más honda y mayor en nuestras partes dinámicas, puede haber una fuerza para crear una vida mayor o puede el mundo rehacerse ya sea en algún poder o perfección de la Mente y la Vida o en el poder y perfección del Espíritu. Un mundo humano perfeccionado no puede ser creado por hombres ni compuesto de hombres que son imperfectos. Incluso si todas nuestras acciones fueran escrupulosamente reguladas por la educación o por la ley o por una maquinaria social o política, lo que se conseguirá es un regulado patrón de las mentes, un fabricado patrón de las vidas, un cultivado patrón de conducta; pero una conformidad de esta clase no puede cambiar, no puede recrear al hombre por dentro, no puede cincelar ni perfilar un alma perfecta ni un hombre pensante perfecto ni un ser viviente perfecto o creciente. Pues el alma, la mente y la vida son poderes del ser y pueden crecer pero no pueden ser recortados ni hechos; un proceso o formación externos pueden ayudar o pueden expresar al alma, la mente y la vida pero no pueden crearlas ni desarrollarlas. Uno ciertamente puede ayudar al ser para que crezca, no por un intento de manufacturación, sino lanzando sobre él estimulantes influencias o prestándoles las propias fuerzas del alma, la mente o la vida; pero aun así el crecimiento debe todavía llegar desde dentro de él, determinando desde allí lo que se hará con estas influencias y fuerzas, y no desde fuera. Esta es la primera verdad que nuestro celo y aspiración creadores han de aprender, de otro modo, todo nuestro humano esfuerzo está predestinado a girar en un fútil círculo y puede sólo concluir en un éxito que es un bello fracaso.
Ser o devenir algo, traer algo al ser es la labor total de la fuerza de la Naturaleza; conocer, sentir y hacer son energías subordinadas que tienen un valor porque ayudan al ser en su parcial auto-realización a expresar lo que él es y lo ayudan también en su impulso a expresar lo todavía no realizado que él ha de ser. Pero el conocimiento, el pensamiento y la acción, --ya sean religiosos, éticos, políticos, sociales, económicos, utilitarios o hedonísticos, ya sean una forma o construcción mental, vital o física de la existencia--, no pueden ser la esencia u objeto de la vida; son sólo actividades de los poderes del ser o de los poderes de su devenir, símbolos dinámicos de sí, creaciones del espíritu corporizado, sus medios de descubrir o formular lo que busca ser. La tendencia de la mente física del hombre consiste en ver de otro modo o poner cabeza abajo el verdadero método de las cosas, pues toma como esencial o fundamental las fuerzas o apariencias superficiales de la Naturaleza; acepta su creación mediante un proceso visible o exterior como la esencia de su acción y no ve que es sólo una apariencia secundaria y encubre un proceso secreto mayor: pues el proceso oculto de la Naturaleza consiste en revelar al ser a través de la producción de sus poderes y formas, su presión externa es sólo un medio de despertar al ser involucionado a la necesidad de esta evolución, de esta auto-formación. Cuando la etapa espiritual de su evolución llega a alcanzarse, este proceso oculto debe convertirse en el proceso total; atravesar el velo de las fuerzas y llegar a su principal resorte secreto, que es el espíritu mismo, es de cardinal importancia. Devenir nosotros mismos es lo único por hacer; pero lo verdadero de nosotros es lo que está dentro de nosotros, y superar nuestro externo yo corporal, vital y mental es la condición para este ser supremo que es nuestro verdadero y divino ser, para auto-revelarse y ponerse en actividad. Sólo podemos encontrarlo creciendo y viviendo interiormente; una vez hecho eso, crear desde allí la mente, vida y cuerpo espirituales o divinos y a través de esta instrumentación llegar a la creación de un mundo que será el entorno verdadero de una vida divina, --éste es el objetivo final que la Fuerza de la Naturaleza ha puesto ante nosotros--. Ésta es, entonces, la primera necesidad, que el individuo, cada individuo, descubrirá al espíritu, a la divina realidad dentro de él y la expresará en todo su ser y vida. Una vida divina debe ser primera y principalmente una vida interior; pues dado que lo exterior debe ser la expresión de lo interior, no puede haber divinidad en la existencia externa si no hay divinización del ser interior. La Divinidad mora en el hombre velada en su centro espiritual; no puede existir una cosa tal como la auto-superación para el hombre o una superior salida para su existencia si en él no está la realidad de un yo y espíritu eternos.
Ser y ser plenamente es el objetivo de la Naturaleza en nosotros; mas ser plenamente es ser totalmente consciente del propio ser: la inconciencia, semi-conciencia o conciencia deficiente es un estado del ser que no está en posesión de sí; es existencia, pero no plenitud del ser. Ser total e integralmente consciente de uno mismo y de toda la verdad del propio ser es la condición necesaria para la verdadera posesión de la existencia. Esta auto-captación es lo que significa el conocimiento espiritual: la esencia del conocimiento espiritual es una auto-existente conciencia intrínseca; toda su acción del conocimiento, en verdad toda su acción de cualquier índole, debe ser esa conciencia formulándose. Todo otro conocimiento es conciencia olvidadiza de sí y pugnando por retornar a su propia conciencia de sí y a su contenido; es auto-ignorancia afanándose por transformarse en auto-conocimiento.
NOTA: Así comienza el capítulo de “La Vida Divina” escrita por Sri Aurobindo.
Este es el homenaje que quiere rendir La Segunda Fundación a la gran experiencia con que nos gratificó la Madre en el Congreso recientemente celebrado.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 18: ■ CARTA A BARIN ■
Pondicherry, Abril 1920
Mi querido Barin,
He recibido tus tres cartas -y otra hoy- pero hasta el momento no he conseguido responderte. Es incluso un milagro que te esté escribiendo ahora, porque ¡no escribo cartas más que todos los “treinta y seis” del mes! y menos aun en bengalí: eso no me ha ocurrido ni una sola vez en cinco o seis años. Si llego a terminar esta carta y a echarla al correo, el “milagro” será completo.
Hablemos ahora de tu yoga. Tú quisieras que yo tomara su responsabilidad y yo estoy dispuesto a hacerlo, pero eso significa encomendarse a Aquel que nos mueve a uno y otro, de forma visible o invisible, por Su divina Shakti (Su Voluntad Creadora). Y debes saber que entonces te hará seguir necesariamente la vía del yoga que Él Mismo me ha indicado, y que yo llamo la vía del “Yoga integral”.
Después de mi llegada a Pondicherry, mi inestabilidad espiritual terminó. El Maestro del mundo, que está en cada uno de nosotros, me dio entonces todas las instrucciones necesarias para mi camino; me hizo conocer la teoría completa, las diez partes del cuerpo de este yoga. Durante estos diez últimos años, él me ha hecho vivir las experiencias que me han permitido desarrollarlo, pero este proceso aún no ha terminado. Puede durar aún dos años más y, hasta entonces, no podré sin duda volver a Bengala. Pondicherry es el lugar que me ha sido asignado para la Realización de mi yoga, con excepción de uno de sus aspectos, el de la acción. El centro de mi acción está en Bengala, pero yo espero que su círculo se extenderá a toda la India, luego a la tierra entera.
Te escribiré más adelante para decirte en qué consiste este yoga o bien hablaremos, si tú vienes aquí. En este terreno es mejor expresarse de viva voz. Por el momento sólo puedo decirte que su principio fundamental consiste en armonizar y unificar el conocimiento (jnana), las obras (karma) y el amor (bhakti) en su totalidad, elevándolos por encima del mental hasta una total perfección en el plano supramental.
Los antiguos yogas tenían una laguna: no se preocupaban más que del mental y del Espíritu, y se contentaban con experiencias espirituales al nivel mental. Ahora bien, el mental no puede captar más que fragmentos; no puede abarcar al Todo invisible, al Infinito. Para alcanzarlo, no dispone de ningún medio excepto el samadhi, el moksha, el nirvana, etc. Es cierto que algunos llegan a esta liberación sin forma ni atributos, pero ¿cuál es el fruto? ¿Qué cambio producen en la humanidad? El Brahman, el Yo, el Divino, ¡están presentes eternamente! pero lo que Dios quiere para el hombre, es que él Lo encarne aquí abajo, a la vez en sí mismo y en la colectividad, que Lo realice en la vida.
Los antiguos sistemas de yoga no han podido armonizar ni unificar la vida material y la vida espiritual; han rechazado el mundo considerándolo como una ilusión (maya), o como un juego transitorio, lo que ha provocado, como consecuencia el ocaso de la fuerza de vida, la degeneración de la India. “Estos pueblos perecerían si yo no realizara las obras”, dice el Gita. Y “estos pueblos” de la India han caído realmente en la decadencia. Algunos sannyasis,(ascetas) algunos sadhus (santos), renunciando al mundo alcanzan la realización y la liberación; algunos bhaktas (devotos) danzan en un éxtasis de amor no pudiendo contener la ola de felicidad, pero durante este tiempo toda una raza, amorfa y embrutecida, está sumergida en una profunda inercia; ¿se le puede llamar a eso realización espiritual? Si el resto del colectivo humano queda al margen de la liberación.
Sin duda, es necesario conocer primero, en el plano mental, todas las experiencias posibles, aunque sean parciales, iluminar e inundar el mental de la luz y del gozo del Espíritu, pero enseguida es necesario ir más arriba, porque, si no se asciende a mayor altura, es decir hasta el plano supramental, no se puede penetrar hasta el último secreto del mundo ni resolver el enigma que plantea. En el Supramental, la Ignorancia que conduce a oponer Materia y Espíritu, la vida material y la vida espiritual, desaparece. Allí, el mundo no aparece más como una ilusión. Es el Juego eterno de Dios, la manifestación eterna del Yo. Así es posible conocer a Dios, poseerlo totalmente, hacer lo que dice el Gita: “Conocerme integralmente, íntimamente”.
El físico, el vital, el mental, el Supramental y el Ananda son los cinco planos del Espíritu y, escalando progresivamente estos planos, el hombre, en su evolución espiritual, se aproxima a la Perfección suprema. Cuando se alcanza el Supramental, resulta más fácil elevarse hasta este Ananda indivisible e infinito, establecerlo firmemente en sí y realizarlo, no sólo fuera del tiempo en el Parabrahman, sino en el propio cuerpo, en la vida, en el mundo. Así, el ser integral, la consciencia integral y el gozo integral se abren y toman forma en la vida. Ésta es la clave misma de mi yoga, su principio fundamental.
Este proceso no se efectúa sin esfuerzo. Al cabo de quince años, no he llegado más que al más bajo de los tres niveles del Supramental y me esfuerzo por hacer ascender hasta este nivel todas las actividades inferiores del ser. Pero una vez logrado eso, estoy convencido de que Dios otorgará a otros, a través de mí, la posibilidad de realizar el Supramental sin dificultades demasiado grandes. Será entonces cuando mi acción verdadera podrá comenzar. No estoy impaciente por ver mi obra cumplida: lo que deba llegar llegará cuando Dios lo quiera. Y ya no me siento llevado a agitarme como un loco ni a volcarme en la acción con la única fuerza del pequeño ego. Aunque lo que he emprendido no pueda ser realizado, no me turbaré: ésta no es mi obra, sino la de Dios. No responderé, así pues, a ninguna otra llamada; me moveré solo cuando Dios me empuje a ello.
Sé que Bengala no está preparada. Esta ola de espiritualidad en la que el país se halla sumergido no es más, en su conjunto, que la espiritualidad del pasado bajo una forma nueva; no es la verdadera transformación. Estos son los signos de una no-realización, de una falta de madurez, pero eso no me preocupa. Dejemos que el impulso espiritual se exprese libremente en el país, bajo la forma que quiera y en tantas sectas como quiera. Más adelante, “ya veremos”. No estamos más que en la infancia de una Nueva Era o, más bien, en el estado embrionario; esto no es sino una primera aproximación y no el comienzo.
Vayamos ahora a Motilal y su grupo. Lo que Motilal ha aprendido a mi lado es el fundamento del yoga, su base misma: el don de sí, la equidad de alma etc..., que se esfuerza en poner en práctica sin conseguirlo. Ahora bien, una de las particularidades de este yoga es que la base permanece frágil hasta que no se alcanza un cierto grado de realización. Ahora Motilal quiere llegar más alto. Estaba atado anteriormente a un buen número de viejas creencias; aunque se ha liberado de algunas, a otras todavía les tiene un gran apego. Así, él creía firmemente en la necesidad de renuncia al mundo y quería fundar un Aurobindo Math (Monasterio Aurobindo). Ahora se ha dado cuenta, intelectualmente, de que esta renuncia no es necesaria, pero en el fondo, está todavía profundamente marcado por las huellas del pasado. Por eso él aconseja en este momento permanecer en el mundo practicando el desapego y el ascetismo. Ha comprendido que es indispensable renunciar al deseo; sin embargo, no ha llegado a conciliar plenamente esta renuncia y las delicias del ananda. Además, ha adoptado mi yoga en función del temperamento bengalí, es decir, enfocado no tanto bajo el ángulo del conocimiento como bajo el de las obras y la devoción; y aunque un cierto conocimiento haya florecido en él, le queda todavía mucho por descubrir. Aunque las brumas de su pensamiento no son tan densas como antes, todavía no han sido totalmente disipadas. No ha podido romper los límites de sus principios sátvicos (ego virtuoso) y todavía no se ha liberado de su ego. En una palabra, su desarrollo continúa, pero no ha culminado. Por mi parte, yo no precipito el movimiento; ¡que Motilal se desarrolle según su naturaleza! No quiero formar a todo el mundo con el mismo molde. La verdadera Cosa, que es idéntica en todos, debe expresarse de mil maneras y desarrollarse de múltiples formas; todo debe crecer desde dentro y yo no quiero moldear a nadie en su exterior. Motilal ha captado lo esencial, el resto ya vendrá.
La Deva Sangha es así pues la comunidad de aquellos que aspiran a la vida divina. Motilal, después de haber fundado en Chandernagor un grupo, que es el germen de dicha comunidad, se esfuerza en este momento por crear otros similares por todo el país. Pero si la sombra del ego viene a caer sobre una empresa de este género, la comunidad corre el riesgo de transformarse en secta. Naturalmente se puede caer en la tentación de pensar que esta comunidad, tal como es hoy en día, es ya lo que está llamada a ser un día, y que todo debe girar alrededor de este centro único; si no se pertenece al grupo, se está fuera del redil y, si se forma parte pero se expresa una opinión diferente de las ideas corrientes, ¡se es acusado de desviarse del camino correcto! Si Motilal comete este error, en una cierta medida al menos -cosa que yo no puedo afirmar- no ocurre nada grave; se retractará de su error. Él y su pequeño grupo han hecho bien las cosas y continúan haciéndolo. Hasta el momento nadie ha estado capacitado. La divina Shakti actúa a través de él, de eso no hay duda.
Probablemente te preguntarás: “¿Qué necesidad tenemos de una comunidad? ¡Somos libres y vivimos en todo y en todos. Que todo sea uno sin distinción y que ocurra lo que tenga que ocurrir en el seno de esta vasta unidad!” Sí, pero esto no es más que un aspecto de la verdad. No nos preocupamos sólo del Absoluto sin forma, queremos también conseguir el dominio de la vida y de las formasy formulaciones de la vida. Sin formas, no habría verdadero movimiento de vida; es el Sin-Forma el que ha tomado forma y si ha asumido así nombres y formas, no lo ha hecho por un capricho de Maya: Él ha tomado forma porque la forma es indispensable. Por eso no queremos rechazar ninguna de las actividades del mundo: política, comercio, vida social, poesía, arte, literatura, todo tendrá su lugar; pero a cada una de estas actividades debemos darle un alma y una forma nuevas.
Nosotros podemos perfectamente mezclarnos con otros; pero que sea para atraerlos al Camino y manteniendo intactos el espíritu y la forma del ideal de la Vida Divina; si no, nos extraviaremos y el verdadero trabajo no será hecho. Si cada uno, dondequiera que esté, actúa así en tanto que individuo separado, seguramente se podrá lograr alguna cosa, pero si actúa como miembro de una comunidad, el resultado será infinitamente superior. No obstante, el momento aún no ha llegado. Si se le da forma a esta comunidad demasiado pronto, no podrá corresponder a lo que nosotros queremos. Al principio, los miembros se dispersarán. Aquellos que comparten nuestro ideal, unidos en una misma aspiración, trabajarán en lugares diversos. Más tarde, podrán crear una especie de agrupación espiritual en la que, modelando sus acciones según el Espíritu y las necesidades de la época, se reunirán, no para formar una sociedad rígida y limitada, como la sociedad de otros tiempos o una estructura fija, sino para actuar con total libertad, como un mar que se expande a voluntad en sus innumerables variaciones, abrazando esto, inundando aquello, absorbiéndolo todo. Así se establecerá poco a poco la verdadera comunidad espiritual. Tal es por el momento mi visión de las cosas, pero es necesario darle tiempo para madurar. Esto es lo que me fue revelado en Alipore (carcel) en el transcurso de mis meditaciones y ahora toma forma en mí. Ya veremos a qué conducirá. El resultado está en manos de Dios. Que se cumpla Su voluntad. El pequeño grupo de Motilal no es más que un ensayo. Juntos, buscan los medios de hacer negocios y de lanzarse a la industria, la agricultura, etc. Yo les doy la Fuerza y velo por ellos. Puede haber ahí materiales para el futuro y podrán, probablemente, sacarse sugerencias útiles. No juzgues según las limitaciones, defectos o cualidades que observes en el presente: están todos aún en el estado puramente inicial y experimental.
A este respecto, quisiera comunicarte -brevemente- algunas reflexiones que son el fruto de una larga observación. En mi opinión, la causa esencial del debilitamiento de la India no es ni la sujeción, ni la pobreza, ni la falta de espiritualidad o la ausencia de ideal, sino el declive del poder de pensar y el ascenso de la Ignorancia en la patria del Conocimiento. Por todas partes observo la incapacidad, la repulsa o la fobia a pensar. Sea lo que sea lo que haya podido ocurrir en la Edad Media, en el presente, este estado de espíritu es el signo de una profunda degeneración. La Edad Media fue la noche, la época en la que se veía triunfar al ignorante; el mundo moderno ve la victoria del pensador. Es aquel que reflexiona, busca, el que trabaja más, el que puede sondear las profundidades del universo y descubrir la verdad, y su poder de acción se ve otro tanto acrecentado. Si se considera Europa, se perciben dos cosas: la presencia de un océano de pensamientos, vasto e ilimitado, y el juego de una fuerza prodigiosa, impetuosa y, sin embargo, disciplinada. En ello reside todo el poder de Europa, un poder tal que podría devorar el mundo como habrían podido hacerlo nuestros tapasvi de antaño cuyo poder inquietaba, aterraba incluso, a los dioses y les inspiraba respeto. Se dice que Europa corre hacia su perdición; mi impresión no es ésta. Todas esas revoluciones y conmociones son las fases preliminares de una nueva creación.
Ahora, mira a la India. Aparte de algunos gigantes solitarios, no se encuentra por todas partes más que gente de espíritu simple, dicho de otro modo, esos Indios medios, que no quieren ni pueden pensar, desprovistos de toda energía y sujetos solamente a crisis de excitación pasajera. En la India, se busca la facilidad en todo, tanto en el pensamiento como en la expresión. En Europa, se busca el pensamiento profundo, la expresión profunda. Incluso el trabajador ordinario reflexiona y quiere saberlo todo: no se contenta con conocimientos superficiales, sino que quiere ir al fondo de las cosas. Ahí está toda la diferencia. Sin embargo, la energía y el poder de reflexión propios de Europa adolecen de una limitación fatal: cuando se aplican al campo espiritual, pierden toda capacidad de percepción. En este terreno, para ella todo son enigmas, metafísicas nebulosas y alucinaciones yóguicas, todo es “como en una nube de humo en la que se frotan los ojos, sin distinguir nada”. Pero actualmente Europa está haciendo un esfuerzo real para superar esta limitación. En cuanto a nosotros, tenemos el sentido espiritual -heredado de nuestros ancestros- y cualquiera que posee este don dispone de tal Conocimiento y de tal Fuerza que de un soplo podría sacudir como cabaña de paja todo este poder prodigioso de Europa. Pero para captar esta Fuerza, esta Shakti, es preciso tener uno mismo la fuerza. Ahora bien, nosotros no somos adoradores de la Shakti, sino adoradores de la facilidad, y no es a través de la facilidad como se adquiere la Fuerza. Nuestros ancestros adquirieron su vasto conocimiento y edificaron una gran civilización sumergiéndose en un inmenso océano de pensamientos. Pero progresivamente la laxitud y la fatiga se instalaron; la intensidad del pensamiento disminuyó y, con ella, la corriente de la Shakti. Nuestra civilización se ha convertido en una estructura fija; nuestra religión no es más que beatería y prácticas exteriores; nuestra espiritualidad no es más que un débil resplandor, una ola de exaltación pasajera. Y mientras sea así, no puede esperarse una resurrección duradera de la India.
Quiero hacer brillar el sol del Conocimiento sobre el océano de esta Fuerza y encontrar en esta inmensidad de Luz el tranquilo éxtasis de la Unidad, del Amor y de la Felicidad infinitos. No es preciso que tenga miles de discípulos. Si puedo encontrar un centenar de hombres desarrollados en todos los planos de su ser, desprovistos de egoísmo mezquino y que sean los instru-mentos de Dios, me resultará suficiente. No tengo ninguna fe en la forma habitual del guru tal como se practica y no quiero ser considerado como tal. Mientras logren despertar y manifestar la divinidad que duerme en ellos y consigan vivir una vida divina, ya sea a mi lado o al de otro, estaré satisfecho. Porque son esos los hombres que levantarán el país.
En cuanto a los saddhus (santos) y a los personajes de los que me hablas, la impresión que me producen es, lo confieso, un tanto extraña -digamos que no encuentro en ellos lo que busco. Dayananda posee poderes asombrosos y sus discípulos, que son analfabetos, se dedican a la escritura automática, lo cual es un prodigio. ¡Bien!, pero no se trata más que de facultades psíquicas. A mí me gustaría conocer primero la calidad de su ser interior y saber qué grado de desarrollo han alcanzado. Hay otro que, por medio de un simple toque, puede sumergir a la gente en una embriaguez extática. ¡Bien!, pero ¿a qué conduce todo ello? Aquel que deguste esta embriaguez, ¿podrá erigirse en pilar de la Nueva Era, de la Era de la Unidad divina? ¡Ésa es la cuestión! Veo que tienes dudas al respecto, yo también.
Leyendo las profecías de estos santos personajes, no he podido evitar sonreír -pero no por burla o incredulidad; por mi parte, no tengo ningún conocimiento de un porvenir lejano. La luz que Dios me envía de cuando en cuando ilumina justo el paso que tengo que dar y yo me guío, entonces, por ella. Pero me pregunto qué esperan esos sadhus (santos) de mí ¿Puedo encontrar un lugar en tal noble asamblea? Me temo que al verme se sentirían decepcionados y, yo mismo, corro el riesgo de sentirme como un pez fuera del agua. Yo no soy ni un sannyasin ni un saddhu ni un santo, ni siquiera un hombre religioso. No tengo ni religión ni regla de conducta ni virtudes particulares. Estoy sumergido en la vida del mundo y gozo de los placeres que él me ofrece: como carne y bebo vino, tengo malas costumbres y me muevo a mi antojo -en suma “¡soy un tántrico del vama marga!” ¿Puedo relacionarme con esos grandes personajes y avatares? Si me vieran, me tomarían probablemente por un avatar de Kali o de cualquier aspecto demoníaco de la diosa Kali, de eso que los cristianos llaman el Anticristo. Parece que las falsas ideas circulan acerca de mí; si la gente se decepciona, no puedo hacer nada.
La razón de esta carta extraordinariamente larga es que yo, yo también, “llevo mi saco lleno”, pero creo que este saco mío está tan lleno como la red de SAN PEDRO, repleto de tesoros arrancados al Infinito. No voy a abrirlo en este momento. Si lo hiciera prematuramente, todo mi botín se perdería (Sri Aurobindo aquí alude al Evangelio de San Juan, cuando El Cristo se aparece por ultima vez a los Apostoles y les muestra como pescar los 153 grandes peces). No tengo la intención por el momento de volver a Bengala, no porque Bengala no esté preparada, sino porque yo no lo estoy. Un hombre que no está maduro en medio de hombres que tampoco lo están ¿qué obra puede realizar?
Tu Sedja (hermano)
Nota: hemos extractado la carta para hacerla menos larga, si estáis interesados en conocerla en su totalidad, solo tenéis que pedirlo, y si queréis profundizar en la relación misteriosa entre San Juan y Sri Aurobindo preguntarnos que es lo que sabemos de esta colaboración.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TEMA 19: ■ LA FE DEL GUERRERO ARIO ■
La respuesta del Maestro Divino a la primera turbación del apasionado examen de consciencia de Arjuna, por su repugnancia a participar en la masacre, por su sentimiento de pesar y de pecado, por su aflicción ante lo que le parecia a sus sentidos una vida vacía y desolada, por su duda y pronóstico en cuanto los deplorables efectos de lo que le parecía una mala acción; la respuesta del Maestro Divino es y fue una reprobación enérgica. Todas estas reacciones, le dice, no son más que una confusión de la mente y una ilusión, debilidad de corazón y cobardía, una degradación de la virilidad del guerrero y del héroe. Esto no es lo propio del hijo de Prithâ; jamás debería, de esa manera, el campeón y principal esperanza de una causa justa, abandonarla en el preciso momento de crisis y de peligro, ni tolerar que un inesperado estupor, por debilidad de su corazón y de sus sentidos, el ofuscamiento de su razón, y el derrumbamiento de su voluntad, le traicionen hasta el punto de hacerle deponer sus armas divinas y rechazar la obra que Dios le confió. Ésta no es la actitud esperada y adoptada por el hombre ario; este sombrío estado de ánimo no le llovió del cielo, ni puede conducir al cielo; y sobre la tierra se convierte en una degradación de la gloria que está reservada al coraje, al heroísmo y a las acciones nobles. ¡Que arroje lejos de él esta piedad enfermiza y auto-indulgente, que reaccione y aplaste a sus enemigos!
Esta sería, podría decirse, la respuesta de héroe a héroe, pero no la de un Maestro divino a su discípulo, de quien esperaríamos más bien que le animara a la bondad, a la santidad, a la abnegación y a retirarse de los objetivos y senderos mundanos. Pero la Gîtâ dice expresamente que Arjuna acaba de deslizarse con esa conducta hacia una posición de debilidad nada edificante, - “sus ojos, cargados de aflicción y rompiendo en lágrimas, su corazón, desbordado por la tristeza y el desánimo” porque está invadido por la piedad, krpayâvistam. ¿Pero no es la piedad una debilidad divina? ¿No es la piedad una emoción divina que en ningún caso debería desalentarse con reprobaciones tan duras? ¿O estamos ante a un mero evangelio de la guerra y de las acciones heroicas, ante una fe en un poder y en una fuerza arrogantes propios de Nietzsche, o ante una lección de dureza hebraica o teutona, que entiende la piedad como una debilidad, admitida por el héroe noruego, que agradece a Dios que le haya concedido un corazón insensible?, y No; la enseñanza de la Gîtâ brota de una fe genuina hindú la compasión ha figurado siempre en su espíritu como uno de los elementos más comprensivos de la naturaleza divina. El Maestro Divino mismo, enumerando en un capítulo posterior las cualidades de la naturaleza divina en el hombre, cita entre ellas la compasión a las criaturas, la bondad, la liberación de la ira y del deseo de matar y hacer daño, y la considera al mismo nivel que la intrepidez, el entusiasmo y la energía. La brutalidad, la dureza, la crueldad, la satisfacción en el exterminio de los enemigos y el amasamiento inicuo de la riqueza y las posesiones, por el contrario, son cualidades asúricas; proceden de la violenta naturaleza de los titanes, que niegan la Divinidad en el mundo, y al Divino en el hombre, y no rinden tributo más que al Deseo como su única divinidad. Así pues, la debilidad de Arjuna no merece la censura desde tal punto de vista.
“¿De dónde te ha llegado esta debilidad, esta vergüenza y esta obscuridad del alma en un momento de dificultad y de peligro?” inquiere Krishna de Arjuna. Esta pregunta hace entrever la verdadera naturaleza que ha inducido a Arjuna a desviarse de sus cualidades heroicas. Hay una compasión divina que desciende a nosotros de las alturas, pero para el hombre cuya naturaleza no la posee, ni ha sido vaciada en su molde, pretender ser superior, dominador o superhombre, constituye una locura y una insolencia, porque sólo se es superhombre cuando uno manifiesta la más elevada naturaleza del Divino en la humanidad. Esta compasión observa con amor, sabiduría y una vigilancia serena, la batalla y la lucha, la resistencia y la debilidad del hombre, sus virtudes y vicios, sus alegrías y sufrimientos, su sabiduría e ignorancia, su prudencia y locura, sus aspiraciones y fracasos, y participa en todas las situaciones para aliviar y curar. En el santo y en el filántropo puede adoptar la forma de la plenitud del amor o de la caridad; en el pensador y en el héroe asume la amplitud y la potencia de una sabiduría y de una fuerza compasivas. Es esta compasión, en el guerrero ario el alma de su gentileza, la que rechaza quebrar la caña homicida, pero a su vez asiste y protege al débil y al oprimido, al herido y al vencido. Pero es también la compasión divina la que derriba al tirano despiadado y al opresor altivo, no con cólera ni con odio –(porque éstas no forman parte de las elevadas cualidades divinas; la cólera de Dios contra el pecador, Su rencor al malvado, son fabulaciones de creencias semi-instruidas; y lo mismo ocurre con la tortura eterna de los infiernos que tales creencias han inventado)-, sino, como comprendió claramente la antigua espiritualidad hindú, con tanto amor y compasión por el titán poderoso, inducido a error por su fuerza y herido por sus pecados, como por los desgraciados y oprimidos, que tienen que ser amparados de su violencia e injusticia.
Pero no es ésta la compasión que manifiesta Arjuna al rechazar su obra y su misión. No es ésta la compasión, sino una impotencia cargada de piedad por sí mismo, un retroceso ante el sufrimiento mental que su acción debe causarle, -“Yo no veo lo que podría despojarme de este dolor que reseca mis sentidos.”-( susurra Arjuna autocompadeciendose). Para un ario la autocompasión es lo más bajo e indigno de cuanto puede decirse de él. Su piedad por los demás constituye también una forma de auto-indulgencia; es el horror físico de los nervios inspirado por el acto de matar, es el encogimiento emocional y egoísta del corazón ante la destrucción de los Dhritarâshtrians porque son “su propio pueblo”, y porque sin ellos la vida se tornaría vacía. Esta piedad es una debilidad de la mente y de los sentimientos –una debilidad que muy bien puede ser conveniente para hombres en un estado inferior de desarrollo, quienes, si no fueran débiles serían duros y crueles, porque les hace cambiar las expresiones más duras de su sensibilidad egoísta por otras más amables; les es preciso apelar al tamas, principio de la debilidad, para ir en auxilio de sattwa, principio de la luz, y sofocar así la fuerza y los excesos de sus pasiones rajásicas. Pero este comportamiento no es propio del hombre ario desarrollado, que tiene que evolucionar, no por la debilidad, sino por una ascensión continua de fuerza en fuerza. Arjuna es el hombre divino, el hombre dominador en vías de formación y, como tal, ha sido elegido por los dioses. Le ha sido encomendada una misión; tiene a Dios junto a él en su carro; empuñado el arco celestial, Gandiva; delante, los campeones de la iniquidad, quienes se oponen a que el Divino conduzca el mundo. No es a él a quien corresponde determinar lo que se hará o no a tenor de sus emociones y movimientos pasionales, ni retroceder ante una destrucción necesaria al atender el clamor de su corazón o de su razón egoísta, ni declinar ejecutar su labor porque le aporte dolor y la sensación de vaciedad a su vida, o porque, por la ausencia de miles de personas que deben perecer, sus concebibles efectos carezcan de valor ante sus ojos. Todo esto supone, por debilidad, despojarse de su naturaleza superior. Él no debe fijarse más que en la obra que hay que llevar a cabo, kartavyam karma; no tiene que escuchar más que la orden divina infundida a través de su naturaleza guerrera y no debe interesarse más que por el mundo y por el destino de la humanidad que le pide, como hombre enviado por los dioses, que la asista en su marcha, y dejar libre su camino de los siniestros ejércitos que la asedian.
En su respuesta a Krishna, Arjuna admite la reprobación, aun cuando proteste contra la orden que recibe, y la rechace. Es consciente de su debilidad y sin embargo se sujeta a ella. Está de acuerdo en que es su pobreza de espíritu la que le ha despojado de su naturaleza verdadera y heroica; toda su consciencia está aturdida en su visión del bien y del mal, y en este desorden acepta al Amigo divino como su maestro; pero los apoyos emocionales e intelectuales sobre los que él basaba su sentido de rectitud, han sido enteramente barridos y no puede aceptar una orden que parece atraer sólo a su antiguo punto de vista y que no le proporciona una base nueva para la acción. Intenta, además, justificar su rechazo a actuar, y pone delante como excusa las quejas de sus nervios y de su ser sensorial, que retroceden ante el exterminio y su secuela de goces sangrientos; los derechos de su corazón, que le hacen replegarse ante el dolor y la vaciedad de la vida, que constituirían el efecto su acción; el derecho de sus conceptos morales habituales, que quedan horrorizados por la necesidad de matar a sus gurús, Bhisma y Drona; los derechos de su razón que no ven más que resultados desagradables y ninguna ventaja en la obra terrible y violenta que le es asignada. Está decidido, sobre sus antiguas bases de pensamiento y motivos, a no combatir, y espera en silencio la respuesta a las objeciones que le parecen irrefutables. Son a estos derechos del ser egoísta de Arjuna a los que Krishna se propone, en primer lugar, reducir a la nada para conceder espacio a la ley superior, que trasciende todos los motivos de acción egoístas.
La respuesta del Maestro procede en dos líneas diferentes; la primera es breve y está fundamentada en las ideas más elevadas de la cultura general aria, en la que Arjuna ha sido educado; la segunda, es otra explicación pero más amplia, basada en un conocimiento más íntimo que permite el acceso a verdades más profundas del ser humano, el cual constituye el verdadero punto de partida de la enseñanza de la Gîtâ. La primera se apoya en concepciones filosóficas y morales del Vedanta, y en las ideas sociales de deber y de honor que establecieron los fundamentos éticos de la sociedad aria. Arjuna ha intentado justificar su rechazo por razones de orden ético y racional, pero lo que en realidad ha hecho es encubrir con palabras de aparente racionalidad la rebeldía de sus emociones ignorantes e indisciplinadas. Ha hablado de la vida física y de la muerte del cuerpo como si éstas fueran realidades primarias, pero tales realidades no son esenciales para el sabio o el pensador. El dolor por la muerte corporal de los amigos y parientes es una desgracia no ratificada por la sabiduría y el conocimiento verdaderos. El hombre ilustrado no se aflige por los vivos, ni tampoco por los muertos; sabe que el sufrimiento y la muerte no son más que simples incidentes en el curso de la historia del alma. La realidad es el alma, no el cuerpo. Todos esos reyes de hombres, por cuya muerte próxima llora Arjuna, han vivido ya anteriormente, y de nuevo tomarán posesión de un cuerpo humano; porque del mismo modo que el alma pasa físicamente por la niñez, la juventud y la edad madura, así también pasa de un cuerpo a otro. La mente calma y sabia, el dhîra, el pensador que observa la batalla de la vida establemente sin dejarse distraer o cegar por sus sensaciones y emociones, no es engañado por las apariencias personales o materiales; no permite que la llamada de la sangre, de sus nervios y de su corazón nuble su juicio, o contradiga a su conocimiento. Él ve, más allá de los hechos aparentes de la vida del cuerpo y de los sentidos, el hecho real de su ser, y se eleva, por encima de los deseos físicos y emocionales de la naturaleza ignorante, hacia la única y verdadera meta de la existencia humana.
¿Cuál es este hecho real, esta meta más elevada? El hecho de que la vida humana y la muerte se repitan a través de los eones de los grandes ciclos del mundo, no es más que un largo proceso por el que el ser humano se prepara y se hace apto para la inmortalidad. ¿Y cómo debe prepararse? ¿Qué hombre está capacitado para ello? Es aquél que deja de observarse como una vida y un cuerpo, aquél que no acepta las experiencias materiales y sensoriales del mundo en su propio valor o en el que les atribuye el hombre físico, aquél que se conoce a sí mismo y a todos los demás como almas, aquél que aprende a vivir en su alma y no en su cuerpo, y que en sus relaciones con los demás los trata también como almas y no como simples seres físicos. Porque inmortalidad no significa sobrevivir a la muerte -esto pertenece ya a toda criatura dotada de una mente-, sino trascender la vida y la muerte; significa esa ascensión por la que el hombre deja de vivir como cuerpo animado por la mente, para vivir finalmente como espíritu y en el Espíritu. Cualquiera que esté sujeto a la tristeza y a la aflicción, cualquiera que sea esclavo de las sensaciones y emociones, absorbido por los contactos con las cosas transitorias, no puede ser apto para la inmortalidad. Todo esto debe ser soportado hasta su conquista, hasta que el hombre liberado no experimente dolor alguno, hasta que sea capaz de acoger todos los acontecimientos materiales del mundo, gozosos o tristes, con una igualdad de alma, sabia y calma, como los acoge el Espíritu eterno, tranquila, en lo más secreto de nosotros. Ser perturbado por la aflicción y el horror, como lo fue Arjuna, ser desviado por ellos del camino que hay que recorrer, ser vencido por la auto-compasión, ser intolerante al dolor y retroceder ante una circunstancia tan insignificante como inevitable, como es la muerte del cuerpo, es la prueba de una ignorancia . No es así como el ario, con una solidez tranquila, debe escalar hacia la vida inmortal.
No existe tal cosa como la muerte, ya que es el cuerpo el que muere, y el cuerpo no es en absoluto el hombre. Lo que verdaderamente es, no puede salir fuera de la existencia, aunque cambie las formas por las cuales aparece; e igualmente, lo que no existe, no puede entrar en el ser. El alma es y no puede dejar de ser. Esta oposición entre lo que es y lo que no es, este equilibrio entre el ser y el devenir, que constituyen el punto de vista mental de la existencia, se resuelven finalmente en la realización por el alma del Yo único e imperecedero, por quien ha sido desplegado todo este universo. Los cuerpos finitos tienen un fin, pero Eso que posee y utiliza el cuerpo es infinito, ilimitado, eterno e indestructible; abandona el cuerpo anterior inservible y toma otro nuevo, de la misma manera que un hombre cambia su vestimenta raída por otra nueva. Y ¿qué hay en todo esto como para tener motivos de lamentarse, angustiarse u horrorizarse? Eso es no-nacido, no muere, ni es algo que llegue a la existencia en un momento dado y a continuación desaparezca para no volver jamás. No tiene nacimiento, es antiguo, sempiterno; no es matado cuando se mata al cuerpo. ¿Cómo puede ser matado el espíritu inmortal? Las armas no pueden lesionarlo, ni el fuego, quemarlo, ni el agua, empaparlo, ni el viento, secarlo. Eternamente estable, inmóvil, penetrándolo todo, es por siempre y para siempre. No se manifiesta como el cuerpo, ya que es superior a toda manifestación; no puede ser analizado por el pensamiento, pues que está por encima de toda inteligencia; no está sujeto al cambio ni a la modificación, como lo están la vida, sus órganos y sus objetos, sino que está más allá de los procesos cambiantes de la mente, de la vida y del cuerpo. Y sin embargo, es la Realidad que todo lo demás se esfuerza por representar.
Incluso si la verdad de nuestro ser fuera menos sublime, menos vasta, menos intangible en la muerte y en la vida, si el yo estuviese constantemente sujeto al nacimiento y a la muerte, incluso entonces la muerte de los seres tampoco debería ser una causa de dolor, porque es una circunstancia inevitable para la manifestación propia del alma. Su nacimiento es una aparición fuera de un estado en el que el alma no es inexistente sino solamente no manifiesta a nuestros sentidos mortales; y la muerte es un retorno a este mundo o estado no manifiesto y de donde reaparecerá de nuevo en el mundo físico. El barullo montado por la mente física y los sentidos físicos sobre la muerte y el terror que ésta inspira, ya sea en el lecho del enfermo o en el campo de batalla, es la más ignorante de las reacciones nerviosas. Llorar a los muertos es afligirse de una manera ignorante por quienes no hay motivo alguno para llorar, ya que no han salido de la existencia, ni han sufrido ningún cambio de estado doloroso o terrible, puesto que, después de la muerte, ni están menos vivos,
